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martes, 19 de abril de 2011

Comentario a la Oración de San Efrén, parte III

La humildad es el fundamento y la cima de las virtudes, invisibles a nuestros ojos. Es una especie de sensibilidad de todo el ser hacia la resurrección.

Aunque nada podamos saber de la inasequible humildad, podemos aprender mucho de la paciencia ante las humillaciones. Lo que buscamos en la abstinencia, lo hallaremos en la paciencia ante las inevitables vicisitudes y tragedias de la existencia, como dicen los monjes a los que permanecen en el mundo. La paciencia es, en efecto, un monacato interiorizado. Por lo tanto lo contrario del abatimiento que con tanta frecuencia procede del deseo, en cierto modo adolescente, de tenerlo todo lo antes posible (la paciencia condujo a Teresa de Lisieux a transfigurar esa impaciencia en exigencia de santidad). La paciencia confía en el tiempo. No sólo en el tiempo ordinario en el que la muerte tiene la última palabra, en el tiempo que desgasta, separa y destruye, sino también en el tiempo mezclado de eternidad que nos ofrece la Resurrección. El tiempo que conduce a la muerte es el de la angustia; el tiempo que conduce a la resurrección de la esperanza. De este modo, la paciencia está atenta a las maduraciones a veces paradójicas como la del grano que muere para dar fruto abundante. Sabe, en efecto, que las experiencias de muerte pueden convertirse en etapas, casi rupturas de nievel iniciáticas, que nos lanzan al pie de la cruz vivificante y hacen rebrotar en nosotros el agua viva del bautismo. Cuando parece que Dios se retira, cuando la mirada del otro me petrifica o se petrifica en la muerte, cuando se vienen abajo las esperanzas personales y colectivas, la paciencia confía. Está próxima a la caridad de la cual San Pablo nos dice que "Todo, lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta" (1Co 13,7).
Los padres evocaron con frecuencia la "paciencia de Job"; Dostoiesvky y Berdiaev, evocaron también la rebelión, no en el vacío sino en una especie de fe. Job rechaza las amables teodiceas de los teólogos de salón, pero sabe que Alguien le busca a través de la experiencia misma del mal.
El poeta tiene razón:

"Cada átomo de silencio
es una oportunidad
de un fruto maduro".

Y todo culmina en el "amor" que es la síntesis de todas las "virtudes", cuya esencia es Cristo. Liberarse por medio de la paciencia y de la esperanza, de las "pasiones" impacientes y desesperadas, permite adquirir poco a poco la apatheia, que no es la impasibilidad estoica, sino la libertad interior y la participación del "amor loco" de Dios en sus criaturas.
Simeón el Nuevo Teólogo decía del hombre que se santifica que se convierte en "un pobre lleno de amor fraterno". Pobre, porque se desprende de sus papeles, de su importancia social (o eclesiástica), de sus personajes neuróticos, porque se abre simultaneamente a Dios y a los demás, sin separar oración y servicio. Entonces es cuando puede discernir la persona del prójimo, bajo las máscaras de fealdad y pecado, como lo hace Jesús en los evangelios, y así pacificar a quienes se odian y quisieran destruir el mundo.
La escena del juicio en el capítulo 25 de San Mateo, muestra que el ejercicio del amor activo -alimentar, acoger, vestir, albergar, curar, poner en libertad- no tiene necesidad alguna de hacer ondear la bandera de Dios, pues el hombre es para el hombre un sacramento de Cristo, "hombre-máximo". Un sacramento secreto y concreto.
Abba Antonio añade: "La vida y la muerte dependen de nuestro prójimo. En efecto, si nos ganamos a nuestro hermano, nos ganamos a Dios. Pero si escandalizamos a nuestro hermano, pecamos contra Cristo".
Isaac el Sirio decía: "Hermano, esto es lo que te mando: Que el peso de la compasión incline en ti la balanza hasta que experimentes en tu corazón la misma compasión que Dios siente por el mundo".


Señor Rey, concédeme poder ver mis pecados y no juzgar a mi hermano, porque tú eres bendito por los siglos de los siglos, amén.


La última petición, denuncia y desenmascara una de las formas horribles del pecado, en el plano personal y en el colectivo: justificarse condenando , odiar, despreciar, descalificar con la buena conciencia del justo.
"Ver los propios pecados" obedece a la primera exhortación del Evangelio: "Arrepentíos porque ha llegado el Reino de Dios". Es cierto que con la aparición de la luz, las tinieblas se alejan de nosotros. El hombre que se descubre de esta manera, cuya inteligencia y corazón -identificados con la Biblia- se convierten , reconoce su error, la pérdida a la cual ha arrastrado a otros, la nada que le acecha,; incluso comienza a apoderarse de él, el abismo sobre el que ha lanzado unos tablones ridículos y rotos. Esta es la parte positiva del "recuerdo de la muerte" del que hablan los ascetas: poner al desnudo la angustia fundamental que rechazamos y que se manifiesta en el odio al hermano, en la frenética necesidad de juzgarle y en definitiva de condenarle. Pero si el "recuerdo de la muerte" se ve atravesado no ya por el ridículo sino por la fe, ésta descubre, de manera aún más profunda, a Cristo, el pecado, la muerte. No me siento juzgado, sino salvado, ya no juzagaré, sino que salvaré.

"Ver los propios pecados" no quiere decir contabilizar transgresiones sino sentirse asfixiado, ahogado, perdido y gesticular en vano por esa pérdida, traicionar al amor, burlándose de tanto como se desprecia. Es asfixiarse en las aguas de la muerte para que se conviertan en bautismales. Morir en Cristo para renacer con su aliento y hacer pie en la casa del Padre. "Vale más ver los propios pecados que resucitar a los muertos" dice un viejo adagio. Porque ver los propios pecados significa pasar por la más dura de las muertes, mientras que después del renacer "bautismal", la vida se multiplica sin que nos demos cuenta, porque nos convertimos en "pacificadores" de la existencia. Aunque sea preciso "verter la sangre del corazón", como decía el starets Silvano del Monte Athos, para zarandear ciertas negaciones, resquebrajar la piedra de algunos corazones y poder implorar la salvación universal.

Quien ve los propios pecados y no juzga a su hermano llega a ser capaz de amar de verdad. El hombre hecho a imagen de Dios, es secreto y amor, pero ese amor puede convertirse en odio. Respeto el secreto, no espero nada a cambio. Obtener el amor, es pura gracia.
Entonces hay que bendecir, intentando ser no un hombre de posesión -que posee y que es poseído-, sino alguien que hace el bien. Reciprocidad de la bendición es bendecir sin límites a Dios que nos bendice, bendecirlo todo en su luz, sin olvidar que la bendición, para que no se quede en "palabras vanas", ha de ir acompañada de buenas obras. Hay que hacer operante la bendición recibida en el fondo de uno mismo, someterse para siempre para que pueda crecer, para que se convierta en bendición.

La oración de San Efrén sugiere de manera clara lo que es la ascesis: ayunar, pero no tan sólo de alimento corporal, sino también de lo que embota el alma, para que no vivamos solamente de pan (de imágenes, de ruido, de excitaciones) sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Ayunar de las pasiones, del deseo de dominar y de condenar para alcanzar la libertad de la que nos habla San Juan Clímaco: "Sé rey en tu corazón, reina en las alturas de la humildad, diciendo a la risa: ven, y que venga; a las dulces lágrimas: venid y que vengan, y al cuerpo, servidor en lugar de tirano: haz esto, y que lo haga".




Notas:
Extraído de "Unidos en la oración". Olivier Clément. Ed. Narcea.



jueves, 7 de abril de 2011

Comentario a la Oración de San Efrén, parte II



"Aleja de mí el espíritu de pereza y de abatimiento, de dominio y de palabras vanas".

Hay un camino. Tú eres el camino. Pero hay obstáculos en ese camino que definen nuestra fundamental condición de pecado, esa que Jesús recordó a los que querían lapidar a la mujer adúltera.
La "pereza" no es la clinofilia d'Oblomov, la de las mañanas de vacaciones sino que significa el olvido, del que los ascetas dicen que es el "gigante del pecado". El olvido es la incapacidad de sorprenderse, de maravillarse, de ver. El no-despertar, una especie de sonambulismo, tanto el de la agitación como el de la inercia, sin otro criterio que el de la utilidad, la rentabilidad, la relación calidad precio. Es el ruido interior y exterior, que para unos será la agenda demasiado llena en la que cada momento se engrana con el siguiente y para otros, la agenda demasiado vacía, la violencia y las drogas blandas o duras. Es el no comprender que el otro existe de manera tan interior como yo, no pararse por nada, ni ante la emoción de una música o de una rosa y no dar gracias por nada porque tengo derecho a todo. Ignorar que todo se enraíza en el misterio y que el misterio habita en mí. Olvidara Dios y a la creación de Dios. No saberse aceptar como una criatura que tiene un destino infinito. Olvidar la muerte  y el posible sentido más allá de esa muerte; es una neurosis espiritual que nada tiene que ver con la sexualidad -que se convierte en un medio para olvidar- sino con el rechazo a la "luz de la vida" que da sentido al otro, al mínimo grano de polvo, a mí mismo.

Este olvido, que llega a ser colectivo, abre los caminos del horror. Entonces decimos que Dios no existe, se acentúa nuestra neurosis y los ángeles perversos de la nada invaden el escenario de la historia. Señor y dueño de mi vida, despiértame.
Esa "pereza", esa anestesia del todo el ser, su insensibilidad, la cerrazón del corazón, la exasperación del sexo, del intelecto, conduce al "abatimiento", a lo que los ascetas denominan "acedia", al hastío de la vida y a la desesperanza. ¿Para qué hacer nada?. Se da entonces la fascinación del suicidio, la burla universal. Estoy de vuelta de todo, todo me da igual, heme aquí cínico o adormecido. Muy viejo y sin espíritu de infancia.
También se puede poner los pies en polvorosa y huir con el espíritu de "dominio" y de las "palabras vanas". Necesitamos esclavos y enemigos, los inventamos, podemos incluso sacralizarlos, como lo mostró René Girard. Dominar es sentirse dios, tener enemigos es hacerlos responsables de la propia angustia. Torturar a otro, porque siempre es el que tiene la culpa, violar su cuerpo y quizás violar también su alma, tenerlo a nuestra merced, al borde del aniquilamiento, pero sin permitirle escapar con la muerte, es hacer la experiencia de una especie de omnipotencia, casi divina. En él, me odio como ser mortal. Pisotéandole, pisoteo mi propia muerte. Hemos conocido a reyes-dioses y a tiranos  divinizados, en el ejercicio del poder se rodea de una aureola de sacralidad a la cual las naturalezas "feminoides", como las llamaba Proudhon, son particularmente sensibles.

Por eso los primeros cristianos, se negaban a decir al precio de su vida, que el César era Señor. Sólo Dios es Señor. Otros cristianos, en nuestro siglo, se han negado a adorar la raza o la clase y lo han pagado caro. Al recordar que hay que dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César, Cristo exorcizó la sacralidad del dominio. A través de los siglos, los cristianos no siempre lo han hecho; por ejemplo, santificaron un emperador que había matado a su hijo y a su mujer, porque creían que había puesto el domino al servicio de Dios. Tenemos la esperanza, realizada a veces, de que un poder se convierte en servicio. Ilusión costosa casi siempre.

¿Hasta qué punto está contaminada la misma Iglesia por el espíritu de dominio?.
En cuanto a las "palabras vanas", -la expresión es evangélica-, designan cualquier ejercicio del pensamiento y de la imaginación que se substrae del silencio, al asombro y a la angustia de ser, al misterio. Conciernen a cualquier aproximación al hombre que intenta explicarlo o reducirlo, ingnorando en él lo inexplicable y lo irreductible, y a toda  aproximación a la creación que desprecie sus ritmos y su belleza. Apropiación y no emoción. Fantasmas de un arte que ya no quiere ser nupcial.

Pertenecemos a una civilización de "palabras vanas", de imágenes vanas, en la que necesidades hipertrofiadas, piratean de deseo, en la que el dinero modela los sueños, en la que la publicidad se convierte en lo opuesto a la ascesis, que es la disminución voluntaria de las necesidades para compartir y dejar libre el deseo. Sin embargo, en espera de una palabra de vida, calibrando su peso de silencio y de muerte desenmascarada, hay una palabra de resurrección.

"Concédeme a mí tu siervo, espíritu de castidad, de humildad, de paciencia y de amor".

En cada petición, nos reconocemos "siervos", criaturas creadas de nuevo por un Soplo que asciende de lo más profundo de nosotros mismos. La oración no es una simple meditación; es encuentro, entrada en relación, "conversación", decían los antiguos monjes. Porque Dios nos habla a través de la Escritura, de los seres y de las cosas, de las situaciones de nuestra existencia y a través de su presencia con palabras de silencio, llenas de dulzura, toques de fuego en el corazón (y no palabrería inventada, impúdica e ilusoria). Sólo una oración así puede romper el círculo mágico de la filautía, del narcisismo metafísico, del espíritu de "dominio" y de suficiencia. Las "virtudes" que enumera la oración y que coexisten para unirse, se enraízan así en la fe. En ésta perspectiva, la "virtud" no es simplemente moral, sino que participa de la humanidad de Cristo, humanidad deificada donde las virtualidades de lo humano están plenamente realizadas por la unión con los nombres que reflejan. 

Castidad está lejos de designar sólo la continencia, como desearía una acepción moralizadora y encogida; más bien evoca integración e integridad. El hombre casto no vive dislocado, arrastrado como una paja por las olas de un eros impersonal. El monje para quien la castidad significa continencia (aunque no toda continencia sea casta), consume su eros en el ágape, en el encuentro del Dios Vivo, infinitamente personal, en la inagotable admiración -primero dolor luego asombro- hacia el Crucificado vencedor de la muerte. A partir de ese momento puede encontrarse con los demás con una atención desinteresada, anciano-niño, "bello anciano" atraído por la no-separación crística. 
La castidad para el hombre y la mujer que se aman con un amor noble y fiel es en Cristo unido a su Iglesia, en Dios que se desposa con la humanidad y con la tierra, a la luz de la uni-diversidad trinitaria, la transformación, -agápica también- de eros en un encuentro, en expresión de ternura y en recíproco descubrimiento. El niño, pequeño huésped desconocido, o el huésped inesperado o demasiado conocido, surgen siempre a tiempo para impedir que la pasión se encierre en ella misma en una parodia de absoluto.

Casta es una palabra, un pensamiento, una expresión que atraviesa, con toda franqueza y realismo la pureza fundamental, el respeto de los cuerpos, la unión de la vida en un misterio que la pacifica y unifica. La Biblia vomita el éxtasis impersonal de la prostitución sagrada;  en el "Cantar de los cantares" pone el acento en un encuentro deseado, perdido, encontrado, porque Dios es el "siempre buscado" decía Gregorio de Nisa, a partir de una humilde fidelidad, ya que Dios es el siempre fiel.

La "humildad" inscribe la fe en la existencia cotidiana. No poseo nada que no me haya sido dado. Precario, con frecuencia a punto de romperse, el hilo de mi existencia sólo se aguanta y se consolida gracias a la extraña voluntad de Otro. La humildad "es un don del mismo Dios y un don que procede de Él", dice San Juan Clímaco, "porque se dijo: aprended, no de un ángel ni de un hombre, sino de mí -de mí permaneciendo en vosotros, de iluminación y de mi actuación en vosotros- que soy manso y humilde de corazón, de pensamiento y de espíritu y vuestras almas encontrarán la paz en sus combates y el descanso de su pensamientos". Humilde es el publicano de la parábola que no pretende la virtud, él, el "colaborador" despreciado, y sólo cuenta con la misericordia de Dios; mientras que el fariseo, demasiado perfecto, seguro de él mismo, orgulloso de su virtud, no tiene sitio para él y para Dios en el mundo: él lo ocupa todo. El hombre humilde, al contrario, hace sitio, se abre a la gratuidad de la salvación, la acoge agradecido revistiendo su corazón con un vestido de fiesta.

Humildad -humus: no destrucción, sino fecundidad. La humildad es activa, labra la tierra, la prepara para que produzca el ciento por uno cuando haya pasado el Sembrador.

La humildad es una virtud que se ve en los demás, pero que es imposible de descubrir en uno mismo. Quien diga: soy humilde, será un pobre vanidoso. Se llega a ser humilde sin pretenderlo, por medio de la obediencia, el desprendimiento, el respeto del misterio en su gratuidad, la apertura, en definitiva, a la gracia.  Sobre todo, por el "temor de Dios", que no es el terror del esclavo ante un amo que castiga, sino el miedo inesperado a perder la vida en la ilusión, en la potencia del yo, en la ampulosidad de la nada de las "pasiones". El "temor de Dios" nos hace humildes, nos libra del temor del mundo -soy libre porque ya no tengo nada, dice un personaje del Primer Círculo de Soljenitsyn-, se transforma poco a poco en ese temor maravillado que proporciona todo gran amor. La humildad se expresa en la capacidad de atención a los demás, a las vetas de madera, al escorpión que encontramos en el peldaño de la escalera, incluso a esa nube efímera en un instante tan bello. La humildad permite la atención, la capacidad de "ver los secretos de la Gloria de Dios ocultos en los seres".


(continúa en próximo post)




Notas:
Extraído de "Unidos en la oración". Olivier Clément. Ed. Narcea.


jueves, 24 de marzo de 2011

Ascesis en la Gran Cuaresma. Liturgia de los Dones Presantificados. Comentario a la Oración de San Efrén, parte I.

Ya estamos transitando la Gran Cuaresma, por eso quiero retomar los posts de mi blog, comentando un poco sobre cómo vivimos este tiempo los católicos de rito bizantino.

La Gran Cuaresma es un tiempo especial de Gracia y conversión. Tiempo en que nuestra Santa Iglesia nos propone la intensificación de la ascesis.
Encontré una breve explicación sobre el tema de la ascesis en los escritos de un obispo ruso, San Ignacio Brianchaninov (1807-1876), y que me ha sido de gran utilidad para que iluminada mi inteligencia, mi corazón se vea movido a practicarla durante la Cuaresma. Ciertamente no es para mí un camino fácil,  soy una principiante, más para cualquiera que quiera someterse a éstas prácticas ascéticas, no debe olvidar que no tendrían sentido si se las realiza carentes de espíritu evangélico:

 "En el Paraíso, luego de la transgresión del mandamiento de Dios por nuestros ancestros, la maldición de la tierra figura entre los castigos a los cuales el hombre fue sometido. Maldito sea el suelo a causa de ti, dijo Dios a Adán. A fuerza de penas obtendrás de él subsistencia, todos los días de tu vida. Producirá para ti espinas y cardos, y comerás la hierba de los campos. Con el sudor de tu rostro comerás tu pan (Gn. 3, 17-19).

Esta maldición pesa hasta el presente sobre la tierra, como cada uno puede darse cuenta. La tierra no cesa de producir cizaña aunque ella no sirve de alimento para la persona.  
El castigo pronunciado por Dios tiene también un sentido espiritual. En efecto, el decreto divino castigando al hombre se cumplió rigurosamente tanto sobre el plano espiritual como sobre el plano material.

Los santos Padres comprenden el término “tierra” en el sentido de “corazón”. Debido a la maldición que la ha herido, la tierra no cesa de producir de si mísma, de su naturaleza corrompida, espinas y cardos; lo mismo el corazón, envenenado por el pecado, no cesa de engendrar de si mismo, de su naturaleza corrompida, sentimientos y pensamientos pecaminosos. Si el pan material se obtiene con el sudor de la frente, es por una labor ardua de alma y del cuerpo que es sembrado en el corazón del hombre el trigo celestial que nos procura la vida eterna; es aún por un intenso esfuerzo que crece, que se lo siega, que se lo vuelve apto para el consumo y que se lo conserva. El trigo celestial es la Palabra de Dios. El trabajo de sembrar la palabra de Dios en el corazón exige de tales esfuerzos que se lo llama “hazaña ascética”. El hombre está condenado a comer de la tierra, en medio de aflicciones, todos los días de su vida terrena, y conseguir su pan con el sudor de su frente. Aquí, por el término “tierra”, se debe entender la sabiduría carnal por la cual el hombre separado de Dios se dirige habitualmente durante su vida sobre la tierra; guiado por ella, está sometido a continuas preocupaciones y reflexiones concernientes a las cosas terrenales, a incesantes aflicciones y decepciones, a una constante agitación. Sólo un servidor de Cristo se alimenta durante su vida sobre la tierra del pan celestial con el sudor de su frente, luchando continuamente contra la sabiduría carnal y trabajando sin cesar en cultivar las virtudes.



Para cultivar la tierra, se tiene necesidad de diversas herramientas de hierro –arados, rastrillos y layas- con las cuales el suelo es removido, mullido y ablandado; lo mismo nuestro corazón, sede de sentimientos y sabiduría carnales, tiene necesidad de ser trabajado por el ayuno, las vigilias, las genuflexiones y otras obras agobiantes para el cuerpo, para que el predominio de los sentimientos carnales y pasionales ceda el paso a los sentimientos espirituales, y para que la influencia de los pensamientos carnales y pasionales sobre el espíritu pierda ese irresistible poder que tiene en aquellos que rechazan la ascesis o la descuidan.
La ascesis corporal es necesaria para volver a la tierra del corazón apta para recibir las simientes espirituales y para producir frutos de la misma especie. 

Abandonar o descuidar las labores ascéticas, es volver al suelo inepto para ser sembrado y producir fruto. Exagerarlas o colocar la esperanza en ellas es igualmente dañino o incluso más que abandonarlas. El abandono de las observancias ascéticas corporales vuelve al hombre semejante a un animal, dando rienda suelta y ofreciendo un vasto campo de acción a las pasiones del cuerpo, pero su exageración lo vuelve semejante a los demonios, ya que favorece y refuerza la predisposición a las pasiones del alma. Aquellos que relajan la ascesis corporal se esclavizan a la glotonería, la lujuria y la cólera en sus formas groseras. Aquellos que practican una ascesis corporal excesiva, que hacen de ella un uso poco razonable o que ponen en ella toda su esperanza con la idea de que les confiere mérito y dignidad a la mirada de Dios, caen en la vanidad, la presunción, la arrogancia, el orgullo, el endurecimiento, el desprecio del prójimo, la denigración y la condena de los demás, el rencor, el odio, la blasfemia, el cisma, la herejía, la ceguera espiritual y la ilusión demoníaca.  

Estimamos en su justo valor las prácticas corporales –son instrumentos indispensables para adquirir las virtudes- pero nos cuidamos de tomar dichas herramientas por virtudes, por miedo a caer en la ceguera y privarnos de progresos espirituales por una falsa concepción del obrar cristiano.
La ascesis corporal es necesaria incluso a los santos que se han convertido en templos del Espíritu Santo, a fin de que, dejado sin freno, su cuerpo no vuelva a los movimientos pasionales y no sea la causa de la aparición en un hombre santificado, de sentimientos y pensamientos obscenos, tan inconvenientes para un templo espiritual de Dios, “no hecho por mano del hombre”. Esto es lo que ha manifestado el santo apóstol Pablo cuando dice de si mismo: Trato duramente mi cuerpo y lo tengo sometido, por miedo que después de haber proclamado el mensaje a los demás, no sea yo mismo eliminado (1 Col. 9, 27)."

Durante los miércoles y viernes de la Gran Cuaresma, como así las fiestas que caen durante este tiempo, se celebra en el Rito Bizantino, la Liturgia de los Dones Presantificados. San Gregorio El Grande, Papa de Roma, conocido en Oriente como "El Diálogo", por el estilo dialogado de sus libros, compuso esta celebración penitencial. Cabe señalar que no se celebra la Divina Liturgia eucarística los días de semana durante la Gran Cuaresma. Para ayudar a los fieles a sostener su esfuerzo espiritual durante la Cuaresma, se oficia la Liturgia de los Dones Presantificados. Este oficio es muy antiguo. Se sabe de él en forma oficial en los cánones eclesiásticos del siglo séptimo, lo que obviamente indica que su desarrollo fue mucho más temprano. A grandes rasgos se puede decir que es como una sumatoria, de lo que sería en el Rito Latino, de Vísperas y una celebración de la Palabra con comunión, ya que no se consagran los Dones Sagrados, pero hasta allí llega la similitud. La Gran Entrada es reemplazada por una procesión sileciosa mientras los fieles están postrados y cantan: "Hoy las Fuerzas Celestiales celebran junto con nosotros, pues ahora entra el Rey de la Gloria". Es decir que la Liturgia de los Dones Presantificados es un rito litúrgico sin consagración, y constituye un Oficio Divino de Comunión, para el cual el pan y el vino se consagran previamente (en la Liturgia de San Basilio del domingo precedente o en la Liturgia de San Juan Crisóstomo del sábado anterior). 

Durante la Liturgia de los Dones Presantificados, luego de la Pequeña Entrada, de que el coro cante el himno  "Luz Gozosa", y de los prokímenos y lecturas, el sacerdote dice la Oración de San Efrén el Sirio, a la que a cada parte le sigue una postración.
En el Monasterio de la Transfiguración del Señor, la hacemos así:
El sacerdote dice la oración y todos hacen la postración.

Señor y Soberano de mi vida, no me des espíritu de ocio, de indiscreción, de ambición y de locuacidad. 
Postración.
Más concédeme espíritu de castidad, de humildad, de paciencia y de amor, a mí, siervo tuyo.
Postración.
Sí, Señor y Rey, concédeme el ver mis pecados y no juzgar a mi hermano, porque eres bendito por los siglos de los siglos. Amin.
Postración.
Se hace toda la oración tres veces, y por último toda la oración seguida de una sola postración.

Como pueden apreciar, ésta es una oración penitencial de un rico contenido, y en ella encontramos las más bellas y sentidas palabras para comunicarnos con Dios. Esta oración penitencial (metánica) de San Efrén el Sirio, conocido en el siglo IV con el sobrenombre de arpa del Espíritu Santo, nos muestra a la vez los obstáculos y el camino para llegar al extraño y difícil "amor" que es la "síntesis de todas las virtudes".
En éste post y en los siguientes, quiero compartir con ustedes un interesante comentario del teólogo ortodoxo Olivier Clément, sobre ésta oración (1):


ORACIÓN DE SAN EFRÉN


Icono de San Efrén el Sirio
Señor y dueño de mi vida,
aleja de mí el espíritu de pereza y 
de abatimiento, de dominio,
de palabras vanas; concédeme a mí 
tu siervo, espíritu de castidad, de humildad,
de paciencia y de amor;
Señor Rey, concédeme poder ver
mis pecados y no juzgar a mi hermano,
porque tu eres bendito por los siglos 
de los siglos. Amén.


Esta oración de San Efrén el Sirio (306-373), marca el ritmo de los oficios de Cuaresma. Se repite tres veces, haciendo tres grandes metanías que son prosternaciones hasta tocar el suelo con la frente. Metanía (metanoia) designa justamente la penitencia como el regreso de todo lo que pueda suponer un alejamiento de la realidad.

"Señor y dueño de mi vida".

"Señor" evoca el misterio inaccesible del "Dios más allá de Dios" hyperthéos. Ese Dios que no me resulta un extraño, me hace existir gracias a su Voluntad, anima mi barro con su Soplo, me llama y pide mi respuesta, se convierte por su encarnación en el "dueño de mi vida". Él da sentido a mi vida, incluso y sobre todo cuando ese sentido se me va de las manos. "Dueño" aquí, a pesar de subrayar la transcendencia, no significa tirano sino Padre sacrificial y libertador que quiere adoptarme en su Hijo y respeta infinitamente mi libertad. Su Hijo encarnado, en quién está totalmente presente, nace en un establo, se deja asesinar por nuestra cruel libertad, resucita, pero sólo se revela a quienes le aman. Precisamente ese "dueño" crucificado es el dueño de la vida. Solamente Él puede liberar nuestra libertad y transfigurar con un soplo vivificante la oscura pasión de nuestras vidas. La grandeza de ese Rey consiste en hacerse nuestro siervo. "Estoy entre vosotros como el que sirve."
Por lo tanto, mi relación con ese dueño no es de servidumbre, sino de confianza libre. Es el "dueño de mi vida" porque es fuente, porque la recibo de Él continuamente, porque es el que da y el que perdona, es decir que continúa dándonos con superabundancia un porvenir renovado. "Ve y no peques más". Existo gracias a ese amor infinitamente discreto que me eleva sobre cualquier condicionamiento y necesidad, que se hace siervo para que quienes quieran ser sus siervos se conviertan en sus amigos. La ascesis que acentúa la Cuaresma será de auténtica liberación si se realiza en la dinámica de la fe. Y la fe, en primer lugar, es el riesgo de la confianza. En Tí, dueño de la vida que se revela en un rostro, pongo toda mi confianza. En tu Palabra, en tu Presencia ya que no eres un simple ejemplo, eres el no-separado que te conviertes en nuestro lugar, un lugar de no-muerte: "Venid a mí todos lo que estáis cargados y cansados y yo os aliviaré". Reposar, ponerse por partida doble en lo divino y en lo humano. Eres un lugar para nosotros, huérfanos de la tierra natal, de costumbres sensatas, de civilizaciones ásperas y duras pero de silencio y lentitud, para nosotros nómadas sin poesía de las megápolis; eres el lugar de la vida, su dueño. En ese lugar, cavaremos las catacumbas de las que emergerán las catedrales del futuro. 





Notas:

(1) Extraído de "Unidos en la oración". Olivier Clément. Ed. Narcea.




miércoles, 22 de diciembre de 2010

Inmaculada y Purísima Concepción de la Madre de Dios en el seno de Santa Ana

Hoy 9 de diciembre según el calendario juliano, se celebra la "Inmaculada y Purísima Concepción de la Madre de Dios en el seno de Santa Ana".

El tiempo del cumplimiento de la salvación se aproximaba, y el Creador de todo se disponía a renovar la creación. El que saca de la nada, a punto de hacerse hombre, quiso descender a nosotros por una Escala de pureza, libre de mancha y llena de virtudes. 

La que habría de decir “hágase en mí según tu palabra”, había sido convenientemente preparada para tener un arbitrio más libre. Estériles sus padres según la carne e impedidos por la edad, recibieron la fecundidad por la bondad de Dios. El seno de Ana está en nada y vacío, y la chispa de la benevolencia divina crea un Mundo Nuevo, no por lo que contiene, sino por lo que está destinado a llevar. 

Hoy el Espíritu aletea en el seno vacío de Ana, que se une a la nada de Joaquín. Así como Adán fue creado, sin pecado, de la tierra, y la tierra fue sacada de la nada, sin mérito previo, por la infinita condescendencia divina vemos que la Nueva Creación repite el portento y aspira a superarlo. Porque la que comienza a existir  libre del defecto, está libre del mal efecto. 

Y la Madre de Dios y siempre Virgen, es la Nueva Eva, el Nuevo Edén y tierra fértil donde la Semilla de Dios hizo crecer el árbol de la Vida Eterna. María, la Nueva creada, es el inicio de la Nueva Creación. El Verbo, Engendrado por el Padre sin principio, es nacido de Madre que no conoció pecado; Pura la Semilla, pura la Tierra; El Padre, Fuente de toda santidad que la cubre con la sombra del Espíritu, la Madre, fuente toda agraciada de la que mana el Agua de la Vida. ¡Regocijémonos y alegrémonos en el Señor que da la vida, y alabemos a la Madre Purísima concebida!.

Y en honor a mi querida Madre del Cielo, la Toda Santa, la llena de Gracia, la Purísima y Benditísima Virgen María, en este precioso día en el que celebramos el inicio de la Nueva Creación y el comienzo de nuestra salvación, comparto con ustedes este muy conocido Himno a la Madre de Dios, compuesto por San Nectario de Égina: Агни Парфене, más conocido como el Agni Parthene (del griego Αγνή Παρθένε que significa "Oh Virgen Pura"). En este video está cantado por los monjes de un monasterio ortodoxo en Valaam, Rusia, y es la versión que más me gusta. Espero que a ustedes también. 

Añado al final la letra en ruso (porque en griego está en todos lados y es fácil de conseguir al igual que la traducción en español. Ésta última no me gusta como está traducida, voy a tratar de conseguir una buena traducción, lo dejo pendiente para próximos posts.) 

 

Que la Madre de Dios del Portal de Iver los bendiga!.  




Агни Парфене 


Марие, Дево Чистая, Пресвятая Богородице,
Радуйся Невесто Неневестная.
Царице Мати Дево, Руно всех покрывающее,
Радуйся Невесто Неневестная.
Превысшая Небесных Сил, Нетварное Сияние.
Радуйся Невесто Неневестная.
Ликов девичьих Радосте, и Ангелов Превысшая,
Радуйся Невесто Неневестная.
Небес Честная Сило, и Свете паче все светов,
Радуйся Невесто Неневестная.
Честнейшая Владычице всех Небесных Воинств,
Радуйся Невесто Неневестная.
Всех праотцев Надеждо, пророков Исполнение,
Радуйся Невесто Неневестная.
В подвизех Ты - Помоще, Кивоте Бога Слова,
Радуйся Невесто Неневестная.
И девам - Ликование, и матерем - Отрадо,
Радуйся Невесто Неневестная.
Целомудрия Наставнице, душ наших Очищение,
Радуйся Невесто Неневестная.
Покрове ширший облака, и страждущих Пристанище,
Радуйся Невесто Неневестная.
Немощных Покров и Заступнице, Надеждо ненадежных,
Радуйся Невесто Неневестная.
Марие - Мати Христа - Истиннаго Бога,
Радуйся Невесто Неневестная.
Ааронов Жезле Прозябший, Сосуде тихой радости,
Радуйся Невесто Неневестная.
Всех сирых и вдов Утешение, в бедах и скорбех - Помоще,
Радуйся Невесто Неневестная.
Священная и Непорочная, Владычице Всепетая,
Радуйся Невесто Неневестная.
Приклони ко мне милосердие Божественнаго Сына,
Радуйся Невесто Неневестная.
Ходайце спасения, припадая взываю Ти:
Радуйся Невесто Неневестная.


domingo, 19 de diciembre de 2010

San Nicolás, Arzobispo de Myra (+ 345)

Hoy domingo 30º después de Pentecostés, 6 de diciembre según el calendario juliano, celebramos en el rito bizantino a San Nicolás, Arzobispo de Myra (+ 345).

Reliquias de San Nicolás, en Bari.











He aquí un modelo universal de la caridad: arzobispo de la ciudad de Myra en la región de Licia, actual Turquía, se distinguió por la caridad, ya que hizo muchas obras para salvar la vida de los fieles. Su recuerdo y devoción ha quedado en la Iglesia Universal. En el siglo XI, para evitar la destrucción de las reliquias por parte de los turcos, las reliquias fueron trasladadas a Bari, Italia, por lo cual en Occidente conocemos a este santo como “San Nicolás de Bari”.

¡Santo Padre y Jerarca Nicolás, ruega a Dios por nosotros!.

Estos son el tropario y el kondakio que se cantan en esta fiesta:



Tropario, tono 4º 
Canon de fe e icono de mansedumbre* maestro de abstinencia* te has revelado a tu rebaño* por la verdad de tus obras.* Así ganaste, por tu humildad, exaltación* y riquezas por tu pobreza,* Padre y Jerarca Nicolás,* ruega a Cristo Dios* que salve nuestras almas.

Kondakio, tono 3º 
En Myra, Oh Santo, te distinguiste como celebrante de los misterios sagrados,* puesto que cumpliste, Venerable, el Evangelio de Cristo,* ofreciste tu alma por tu pueblo,* y salvaste a los inocentes de la muerte.* Por eso fuiste santificado,* como gran iniciado de la gracia divina.

Aquí hay un tropario cantado por un coro australiano, el St Nicholas Chorale, dirigido por Symon Kohut, bellísimo:

Biografía 

San Nicolás de Myra o San Nicolás de Bari apodado "el Taumaturgo" o "el Milagrero", es un Santo muy venerado por los cristianos ortodoxos, (especialmente por los rusos). El por su amor y su entrega al Señor recibió la gracia de ayudarnos rápidamente con el poder del Espíritu Santo en los momentos más difíciles. 

Nació en Asia Menor a fines del tercer siglo, desde su temprana edad era profundamente religioso. Su tío, el obispo de la ciudad de Pátara viendo la fe del joven, se preocupo por él y lo ordenó sacerdote, siendo joven. Después de la muerte de sus padres Nicolás heredó una gran fortuna, la cual la puso al servicio de los necesitados. Él trataba de ayudar los necesitados en forma anónima, para que no se lo agradezcan.
En la ciudad de Pátara vivía un hombre rico, quien tenía tres hijas. Cuando sus hijas crecieron (llegando a la mayoría de edad), su padre perdió sus negocios y quedó arruinado. Entonces se le ocurrió la idea de utilizar la belleza de sus hijas (prostituirlas) para conseguir los medios para sustentarse. San Nicolás supo de sus planes y decidió  ayudarlos. Se acercó sigilosamente en la noche a la casa del comerciante arruinado y tiró por la ventana una bolsita con monedas de oro. Cuando él encontró la bolsita pudo financiar la dote para casar a su hija mayor. Poco tiempo después tiró la segunda bolsita con monedas de oro y con esta plata casó a su segunda hija. Cuando el Santo tiró la tercera bolsita con monedas de oro para la hija menor, el comerciante lo esperaba. Arrodillándose delante de San Nicolás, él le agradecía llorando por la salvación de su familia del tremendo pecado y deshonor. Después el comerciante mejoró sus negocios y empezó a ayudar a la gente imitando a su benefactor. 

El Santo quiso visitar los Santos Lugares. El viaje con el barco fue tranquilo, pero el Santo supo por revelación divina que encontrarían una tormenta y lo dijo a sus compañeros de viaje. Y pronto empezó la tormenta y la nave se convirtió en un juguete de las olas. Sabiendo que él era sacerdote todos le pidieron a rezar y con las oraciones del Santo el viento se calmó y todos se salvaron y cuando uno de los tripulantes se cayó y murió con la oración del Santo resucitó. 

Después el Santo pensaba irse al desierto y vivir lejos en soledad. Pero el Señor le indicó que lo necesitaba en el mundo y obedeciendo regresó a su patria y a servir a la gente.
No queriendo vivir en la ciudad donde la gente lo conocía y lo elogiaba, el Santo se fue a la cercana ciudad de Mira que era la sede episcopal. San Nicolás vino como un pobre. Amando la Iglesia él iba todos los días. En aquel tiempo falleció el obispo de la ciudad de Mira y todos los obispos se reunieron para elegir al sucesor. No se ponían de acuerdo hasta que uno de ellos aconsejó: “El Señor Mismo debe mostrar Su elección. Recemos, ayunemos y esperaremos la decisión de Dios.” El Señor reveló al obispo que aquel quien entrará primero a la Iglesia debía ser el obispo. El obispo comentó a los otros obispos la revelación y antes de la Divina Liturgia se paró en la entrada esperando al preferido del Señor. Según su costumbre Nicolás entró primero para rezar. Cuando el entraba el obispo le dijo que lo acompañe. Le tomó la mano y le comunicó la Voluntad del Señor de que fuera  obispo de Mira. El Santo obedeció la Voluntad del Señor y olvidándose de sí mismo, se convirtió en el padre de los huérfanos y de los pobres, defensor de los ofendidos y benefactor de todos. Fue una persona de carácter suave, no se enojaba, se vestía con ropa sencilla y comía una vez por día. 
 Cuando empezó la persecución del emperador Diocleciano (284-305) el santo fue encarcelado. En la cárcel con sus palabras y su ejemplo fortalecía a los otros cristianos que sufrían junto con él. Pero el Señor no quiso que él muriese como mártir. El nuevo emperador Constantino fue bueno con los cristianos y les dio el derecho de expresar abiertamente su fe. 

Así el santo regreso a su obispado. Es difícil enumerar las personas que él ayudó y los milagros que hizo. Entre otros milagros cuando en su obispado empezó una severa hambruna el santo se presentó en sueños a un comerciante, quien estaba en Italia con su barco comprando pan, trigo, y comida, el santo le entregó en su sueño monedas de oro y le ordenó  navegar hacia su ciudad para traerle comida. Al despertarse el comerciante capitán, viendo en sus manos las monedas de oro se asustó y para cumplir lo que le ordenaba el santo, trajo la comida al país hambriento del santo, contando a todos la visión milagrosa que lo trajo hasta su región. 

En aquella época en la Iglesia había disturbios a raíz de la herejía del Arrianismo, que negaba la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo. Para apaciguar la Iglesia, el emperador Constantino llamó al primer Concilio Ecuménico en Nicea, el año 325. Entre los 318 obispos asistentes estuvo también San Nicolás (Obispo de Myra). El Concilio Ecuménico condenó al arrianismo y fueron compuestos los primeros siete artículos del Credo, en el cual se expuso en palabras exactas la fe ortodoxa, la fe en el Señor Jesucristo, quien es el Hijo de Dios, tiene la misma naturaleza de Dios Padre y no es su mejor criatura. Durante los debates del Concilio, cuando San Nicolás escuchó las blasfemias de Arrio, se indignó tanto que le abofeteó delante de todos. El Concilio le retiró su cargo como obispo por violar el orden. Pero algunos obispos tuvieron una visión en la cual veían al Señor Jesucristo entregando a San Nicolás el Evangelio y la Theotokos lo cubría con su velo. Todos los obispos del Concilio comprendieron que el arrianismo es desagradable a Dios y devolvieron su cargo a San Nicolás. 

En otros milagros del santo, el emperador condenó a muerte, a raíz de una falsa denuncia, a tres jefes militares. Acordándose de los milagros de San Nicolás, ellos le pidieron que les ayude. Después de rezar, el santo se presentó en un sueño al emperador ordenándole dejar en libertad a sus fieles servidores, y que en caso contrario sería castigado. "¿Quién eres tu que te atreves a exigirme algo así a mí?- le preguntó el emperador-, "Soy Nicolás, el obispo de Myra" le contestó el santo. Y el emperador revisó el caso y con honor dejó en libertad a los jefes militares.
Una vez navegaba un barco de Egipto a Libia. Se levantó una gran tormenta y el barco estaba a punto de naufragar. Algunos se acordaron de San Nicolás y en sus oraciones le pidieron ayuda. Y vieron que el santo llegó apurado sobre la mar enfurecida, subió al barco y tomó el timón. La tormenta se calmó y el barco llegó bien al puerto. 

San Nicolás falleció en la mitad del siglo IV, siendo anciano. Pero con su muerte no se terminó su ayuda, por el contrario se incrementó. Durante más de mil quinientos años él es quien ayuda rápidamente a todos los que le piden rezando. Hay muchos libros sobre su ayuda y el amor de los ortodoxos sigue aumentando.
Cuando en el año 1087 los sarracenos devastaron la región de Licia, San Nicolás se presentó a un devoto sacerdote, en la ciudad de Bari (Italia) y le ordenó trasladar sus reliquias a esta ciudad. Esta orden del santo fue rápidamente ejecutada y desde entonces sus reliquias se encuentran en la iglesia de esta ciudad. Las reliquias despiden un miro curativo. El recuerdo de este hecho se celebra el 22 de mayo según el calendario actual.  

Antes de enseñar a los niños a esperar ansiosamente a "Papa Noel" en Navidad para premiar su buen comportamiento con un costoso regalo, costumbre totalmente pagana que nada tiene que ver con la espera de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo, más bien en esta época de Adviento, de espera del Nacimiento de Nuestro Señor, enseñémosle sobre este gran santo, San Nicolás de Myra, a celebrar y a practicar con su ejemplo la caridad que lo caracterizó durante toda su vida, y preparemos todos juntos nuestros corazones, con la intercesión poderosa de este santo, para adorarlo en el Pesebre como los pastores, con sencillez y humildad, en el momento en que verdaderamente se hace presente ante nosotros este Misterio del Verbo que se reviste de carne, este Misterio del Dios con nosotros : en la Liturgia de su Natividad.


Desde Occidente se propagó la imagen de San Nicolás, Papa Noel o Santa Claus,  y la historia fantasiosa y distorsionada que se ha propuesto nada tiene que ver con la fe cristiana,  con la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo.  La verdad es que San Nicolás sí existió y para Gloria de Dios y edificación de su Pueblo, fue un gran santo, cuya vida es digna de dar a conocer a todo el mundo como ejemplo de caridad, y especialmente como un modelo de hombre santo a nuestros niños.



 








Nota:
La biografía extraída de http://es.orthodoxwiki.org/

martes, 23 de noviembre de 2010

Остров: Ostrov - Subtítulos en español mejorados y corregidos

Título: La isla
Título original: Остров (Óstrov)
País: Rusia
Año: 2006
Productora: Pavel Lungin Studio
Director: Pavel Lungin
Guión: Dmitri Sobolev
Reparto: Pyotr Mamonov, Dmitry Dyuzhev, Viktor Suhorukov, Nina Usatova

Sinopsis: (*1)
En 1942, el marinero Anatoly es capturado por los nazis y obligado a cometer un imperdonable acto de barbarie. Treinta años más tarde corren rumores de un hombre santo, conocido como el Padre (Otets) Anatoly, quien vive en una isla casi desierta, es capaz de hacer milagrosas curaciones y puede ver el futuro. Así acuden a él muchas personas, para ser curados de algún mal, o para solucionar algún problema en sus vidas.
El Padre Anatoly (Pyotr Mamonov) es un monje , podría decirse "yurodivi" , o "loco por Cristo", aunque éstos solían peregrinar, y no tenían un lugar fijo donde vivir (*2). Anatoly sin embargo a escogido en lugar de vivir en el monasterio junto con la comunidad religiosa, vivir en la bodega donde se almacena el carbón para calefaccionar el monasterio. Es difícil para los monjes entender al Padre Anatoly. Pasa la jornada recolectando carbón y va y viene en viajes interminables para almacenar el producto. Gentes de lugares lejanos vienen a buscar a un santo cuyo "secretario" es Anatoly. El tiene un extraño comportamiento, cuando va al oficio no ora frente al altar o cara a los íconos sino que ora de costado o en lugar de orar silva o hace ruidos extraños. Pone en aprietos a sus hermanos en la fe, les hace bromas pesadas y parece que se burla de ellos. Lo cierto es que nadie ha comprendido que esta locura voluntaria y humilde esconde a un gran penitente y a un gran santo. Anatoly carga con una cruz, un pecado de su juventud, un hecho que no se borra de su mente y que le provoca día a día a orar con el salmista: "Porque mi iniquidad reconozco y mi pecado está ante mí sin cesar; contra Tí solo pequé, y lo malo ante Tí realicé, de modo que sea enderezado por tus palabras y prevalezcas cuando juzgues Tú".
Esta película encarna muy bien la espiritualidad del cristianismo ortodoxo, en especial de la vida monástica.
Nos invita a la oración y al arrepentimiento, y a buscar una sincera conversión para procurar la salvación de nuestra alma.

Quiero dedicar este post a la película "Ostrov" (La isla). Se convirtió en mi película favorita, desde que la vi el año pasado por primera vez, y me quedó la tarea pendiente de conseguir subtítulos en español.

Hace un año no se conseguían subtítulos más que en inglés, y ahora ya hay en varios sitios subtítulos en español, pero la traducción no es muy buena para mi gusto, sobre todo en las partes donde hay oraciones, y algo que a mí en particular no me gusta es ver todos los nombres referentes a Dios en minúsculas (señor jesucristo, dios, madre de dios, etc).

Así que estuve mejorando un poco los subtítulos, comparando con los subtítulos en inglés que en general es una traducción mucho más fiel.
También corregí algunas partes donde hay oraciones típicas de los oficios litúrgicos bizantinos.
Hay una parte en que Otets Anatoly reza el salmo 1 (Katisma 1º):

1 "¡Bienaventurado el varón que no anda en consejo de impíos, y que en camino de pecadores no pone pie,
y en sitial de pestilentes no se sienta,
2 más en la ley del Señor está su voluntad, y a su ley se aplica día y noche!.
3 Y será como árbol plantado junto a corrientes de agua, que su fruto da a su tiempo,
y su hoja no decae; y todo aquello que hace resulta.
4 ¡No así los impíos, no así! más como polvo son, el que barre el viento de la faz de la tierra.
5 Por eso no se levantarán los impíos en el juicio, ni los pecadores en el consejo de los justos.
6 Porque conoce el Señor el camino de los justos, y el camino de los impíos se pierde".

También hay una parte en que Otets Anatoly ora llorando y suplicando al Señor con el salmo 50, y como es bastante largo, hay una parte solamente traducida, después él se va alejando y sigue rezando este salmo, luego hay un primer plano y sigue con otra parte del mismo salmo:

"Rocíame con el hisopo, y estaré puro; lávame y más que la nieve me blanquearé..."

Con respecto a la Oración de Jesús, la traducción más exacta del ruso es: 
"Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador", y que es la forma más usada para orar (en cambio estaba traducida como: "oh señor, ten piedad de este pecador").

En otra parte de la película cuando oran primero el Padre Filaret, luego el Padre Job, y finalmente el Padre Anatoly, de quien se escucha perfectamente de su voz toda la oración que se canta en la Divina Liturgia luego de la consagración, en la Memoria de la Virgen y de los santos, y que es el "Digno es": "Dostóino iest' iáko voístiny, blazhíti tia bogoróditsu, prisnoblazhénnuiu, i máter Boga náshego...", que estaba traducida solo una parte de esta manera: "oh madre de dios, eternamente bendita y no profanada,más honrada que los querubines, y más gloriosa que los serafines, te aumentamos." Por lo que la cambié por una mejor traducción:

"Digno es y conforme a la verdad*, bendecirte Gestadora de Dios*,
siempre bienaventurada y muy inmaculada*, y Madre de nuestro Dios.*
Más honorable que los querubines* y más gloriosa sin par que los serafines*,
sin corrupción a Dios Verbo diste a luz*, verdadera Madre de Dios te engrandecemos*."

Casi al final de la película, cuando Otets Anatoly hace un exorcismo a una mujer, usa una oración muy conocida, y también puse la versión que rezo por las noches, y que está dentro de las "Oraciones por la noche", o al ir a acostarse, y que recomiendan lo siguiente:

"En el momento de dormir, se besa la Santa Cruz. Haz la señal de la cruz en tu cuerpo desde la cabeza a los pies. También haz la Santa señal alrededor tuyo, expulsando los demonios, diciendo esta oración  en honor de la Santa Cruz". Ésta es exactamente la misma oración que reza Otets Anatoly como oración de exorcismo:

"Levántese Dios y sean disipados sus enemigos, y huyan de su presencia los que lo aborrecen; desaparezcan como el humo, como se derrite la cera al calor del fuego, así perezcan los enemigos de la vista de los que aman a Dios, y que hacen la señal de la Cruz en sí mismos, que claman  con regocijo: Regocíjate, oh venerable, vivificadora Cruz del Señor expulsando a los demonios por la fuerza de Aquel que estaba crucificado sobre Tí, Nuestro Señor Jesucristo, que bajó al Hades y pisoteó la fuerza del diablo y que nos dio a Ti, gloriosa Cruz para expulsar a cualquier adversario, oh honorable y vivicadora Cruz del Señor, ayúdame junto con la Santa Soberana Virgen Deípara y con todos los santos por los siglos. Amin.

(y que se culmina diciendo antes de dormir: "En tus manos, Señor Jesucristo, Dios mío, encomiendo mi espíritu; bendíceme, apiádate de mí y concédeme la Vida Eterna. Amin.)


Otras oraciones, como el Trisagio que es común a todas las oraciones, como por ejemplo Tercia y Sexta, antes de la Divina Liturgia, también estaban cambiadas, el Gloria empezaba así:
"La gloria esté con el padre, y con el hijo, y con el espíritu santo, por siempre jamás. Amén."

 Y las cambié por como oramos en español en el rito bizantino:

"Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amin".

Como así también el comienzo de estas oraciones:  "Slava tiebie, Bozhe nas, slava tiebie" la traducción exacta es "Gloria a Tí Dios Nuestro, Gloria a Tí" y estaba traducida como: "La gloria esté contigo, oh señor, la gloria esté contigo". Pequeños detalles, pero que mejoran la calidad de los subtítulos en español.

Éstos son sólo unos ejemplos, de ésta manera fui adaptando los subtítulos (principalmente en lo que se refiere a oraciones, pero también cambié algunas partes de diálogos cuya traducción no era muy buena, y que en inglés por ejemplo sí estaban más entendibles), que seguramente pueden mejorarse más aún. Los subí a este sitio para que los puedan descargar:


(los subtítulos son un archivo .srt)

Esta es la versión original de la película sin subtítulos, para que puedan agregarle los subtítulos corregidos:




Por último, un pequeño detalle a tener en cuenta para que funcionen bien los subtítulos: el nombre tanto de la película como de los subtítulos deben guardarlos en la misma carpeta y ponerles exactamente el mismo nombre de archivo, de esta manera al abrir la película se cargarán los subtítulos automáticamente.

También hay otra versión en youtube con subtítulos en español bajados de www.allsubs.org. No es la mejor, pero es una opción más:





 Bueno amigos, espero que les haya sido de utilidad,  Muchas gracias. Saludos a todos. Dios los bendiga. Aquí pueden ver el trailer oficial de la película Ostrov (La isla) con subtítulos en inglés:







*1)Sinopsis en parte confeccionada, con la ayuda de 
http://cinecatolicoespiritual.blogspot.com/.
(*2)Yurodivi:  En la historia de la Iglesia Rusa existe una categoría de santos llamados «locos por Cristo».Algo semejantes a un San Juan de Dios de la Iglesia Occidental. Aquellos hombres llevaban, en ruso, el nombre de «yurodivi», lo que significa algo entre loco y místico. El objeto de dicha locura es la humillación, tratándose de una locura simulada por razones ascéticas, o, sencillamente, la consecuencia de ser auténticos «pobres de espíritu». En ambos casos, el resultado es idéntico: la aspiración de una sabiduría nueva, sobrenatural, de una «sabiduría de corazón» que se manifiesta por la paz del alma, el amor de los enemigos, el don de la oración ferviente y, a veces, por un conocimiento profético del porvenir o de los pensamientos secretos del hombre.  Para el pueblo ruso, los «locos por Cristo» han sido siempre (y son hasta hoy día) la imagen viva de aquellos pequeños, de aquellos «pobres de espíritu» de aquellos «niños», a quienes están revelados los misterios del Reino de Dios. Son portadores de la sabiduría sobrenatural, que aparece solamente después de haber humillado lo que se llama la «razón natural». La «locura de la Cruz» predicada por San Pablo, la sabiduría misteriosa y oculta en Dios, es eso lo que venera el cristiano ruso en sus «locos por Cristo», acordándose de que «antes eligió Dios la necedad del mundo para confundir a los sabios...» (I Cor I, 27-29.) Extracto de un texto de Jorge Tzebrikov. (Extraído de http://www.pro-ortodoxia.com.ar/)