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viernes, 10 de junio de 2011

Pentecostés: Descenso del Espíritu Santo, es la Fiesta de la Santísima Trinidad


por Hieromonje Diego (Flamini)




¡Rey Celestial, Consolador,* Espíritu de la Verdad,* que estás en todo lugar y todo
lo llenas.* Tesoro de Bienes y Dador de Vida,* ven y habita en nosotros,
* y purifica, Oh Bueno, nuestras almas!



Esta gran solemnidad de la Iglesia tiene un inmenso significado para los cristianos: de acuerdo a lo que relatan las Sagradas Escrituras, con el descenso del Espíritu Santo - Dios - nace la Iglesia, Cuerpo de Cristo, construida sobre la Roca que es Cristo, y edificada por el Espíritu Santo. Ahora bien, para los cristianos, celebrar los misterios de Dios, no significa sólo recordarlos, o meditar en ellos, lo cual es bueno, sino que por medio de la Liturgia, esos misterios se hacen presentes ante nosotros, renovando para nuestro beneficio la presentación, la aparición de lo que se celebra delante de los que asistimos con el corazón arrepentido, gozoso, y con fe.

En nuestra tradición bizantina, cuando celebramos el descenso del Espíritu Santo, vemos revelada a la Trinidad Santa por completo: Cristo, Nuestro Dios, nos había prometido que enviaría a otro Abogado delante del Padre. El Espíritu Bueno y Dador de Vida es, al decir de los Santos Padres, el Alma de la Iglesia, Cuerpo de Cristo; es el Alma de nuestra alma y Dador generosísimo de todo lo que poseemos.

Vemos al ícono de la Santísima Trinidad, que recoge el relato del libro del Génesis, sobre la visita de los Tres Enviados que se presentaron ante Abraham y Sara, que sentados a la Mesa, comparten un cordero como alimento…Miramos otra vez, y comprendemos la invitación, ya no de Abraham y Sara, sino de los Tres que dialogan suavemente entre sí:

“Ved a los hombres – dice el Padre- hambrientos y sedientos de Nuestro Amor Verdadero”

“Padre, déjame ir a buscarlos – dice el Hijo, sentado en medio de los Dos – yo los llamaré vestido como ellos, y no tendrán miedo. Los rescataré con mi brazo fuerte. Mi regazo está lleno de tu Amor: los lavaré y los presentaré ante ti. No me apena alejarme de este Banquete, Oh Luz sin principio ni fin, porque Tú estás en Mí: volveré y beberé la Copa contigo”

“Déjame ir a Mí – dice el Espíritu – seré todo en todos, para que te confiesen en unidad. Gemiré desde ellos hacia Ti, y así serán según nuestro Amor, consustancial e indivisible. ¡Sea ésta la fuerza de los hombres bienaventurados!”

“Bien, salid, Amados de mi Amor, sea vuestra Voluntad, que es la Mía”

El Hijo, sin alejarse del Padre, viene a nosotros y nos dice:


“Yo soy la Palabra del Padre, el Verbo de Dios, Dios verdadero de Dios verdadero: me ves en el centro porque soy Aquel en cuyas manos todo fue puesto. Estoy a la mesa como el que sirve, y lo que te ofrezco es mi Cuerpo y mi Sangre, mi corazón crucificado y resucitado ¿quieres comer de este manjar? Lava tus manos de sus malas obras, vístete de fiesta y de nuestra Gracia, para que no te avergüences al sentarte con nosotros, y que no acabes fuera del Banquete… Apresúrate, no tardes, que la Cena está servida: descálzate de tus pasos errados y ponte las sandalias del perdón, para que tu senda hasta la Mesa se aligere a cada paso; Ilumina tus pasos con la lámpara del Temor divino, así tendrás esperanza aún cuando pudieres tropezar. Ya mismo levántate, ponte la Túnica de la humildad, para que ninguna espina te enzarce en el recorrido”.

“¿Ves a mi Padre?¿Lo conoces? Mi Rostro está vuelto hacia Él sin cesar, y no puedo ni quiero dejar de contemplarlo. Yo soy todo lo que es Él, soy la Palabra salida de Él, que es la Boca, y vuelta hacia Él como Alabanza eterna…para esto he bajado hasta ti, para que vengas Conmigo hasta Él, lo mires sin cesar y encuentres en sus ojos Casa y Alimento, Lumbre y Vestido”.

“¿Ves al Espíritu Santo? Él también salió del Padre, es el Aliento, y todo lo que es mío, también es del Espíritu, Dios verdadero. Todo lo que Él toca, cobra Vida: deja que entre hasta la médula de tus huesos, y serás una nueva creatura, por nuestra triple Bondad: Cree en nosotros, y abre de par en par tus puertas. ¡corre hacia mis brazos, pequeño, imagen mía, y gózate en nuestra mutua semejanza eterna!”

¡Oh Tres que sois Uno, entrad a mi pobre morada desprovista de bienes y dadme la Vida!

¡Oh Uno que eres Tres, apiádate de mí, sálvame y llévame al Banquete de tu Luz!. (*)


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Este domingo próximo celebramos en el rito bizantino Pentecostés Fiesta de la Santísima Trinidad. (el icono que se venera en esta fiesta es el icono de la Santísima Trinidad)

 La particularidad del Servicio en el día de Pentecostés, es la lectura de rodillas (genuflexiones) de las oraciones especiales, escritas por San Basilio el Grande. Estas oraciones se leen durante el Servicio Vespertino, que se oficia luego de la Divina Liturgia.

 El lunes siguiente es llamado Lunes de Pentecostés Día del Espíritu Santo. 



Oración al Espíritu Santo: Rey Celestial, Consolador, Espíritu de la Verdad, que estás en todo lugar y todo lo llenas. Tesoro de Bienes y Dador de Vida. Ven y mora en nosotros, y purifícanos de toda mancha, y salva, Oh Bueno, nuestras almas.

Молитва Святому Духу: Царю Небесный, Утешителю, Душе истины, Иже везде сый и вся исполняяй, Сокровище благих и жизни Подателю, прииди и вселися в ны, и очисти ны от всякия скверны, и спаси, Блаже, души наша. 








martes, 19 de abril de 2011

Comentario a la Oración de San Efrén, parte III

La humildad es el fundamento y la cima de las virtudes, invisibles a nuestros ojos. Es una especie de sensibilidad de todo el ser hacia la resurrección.

Aunque nada podamos saber de la inasequible humildad, podemos aprender mucho de la paciencia ante las humillaciones. Lo que buscamos en la abstinencia, lo hallaremos en la paciencia ante las inevitables vicisitudes y tragedias de la existencia, como dicen los monjes a los que permanecen en el mundo. La paciencia es, en efecto, un monacato interiorizado. Por lo tanto lo contrario del abatimiento que con tanta frecuencia procede del deseo, en cierto modo adolescente, de tenerlo todo lo antes posible (la paciencia condujo a Teresa de Lisieux a transfigurar esa impaciencia en exigencia de santidad). La paciencia confía en el tiempo. No sólo en el tiempo ordinario en el que la muerte tiene la última palabra, en el tiempo que desgasta, separa y destruye, sino también en el tiempo mezclado de eternidad que nos ofrece la Resurrección. El tiempo que conduce a la muerte es el de la angustia; el tiempo que conduce a la resurrección de la esperanza. De este modo, la paciencia está atenta a las maduraciones a veces paradójicas como la del grano que muere para dar fruto abundante. Sabe, en efecto, que las experiencias de muerte pueden convertirse en etapas, casi rupturas de nievel iniciáticas, que nos lanzan al pie de la cruz vivificante y hacen rebrotar en nosotros el agua viva del bautismo. Cuando parece que Dios se retira, cuando la mirada del otro me petrifica o se petrifica en la muerte, cuando se vienen abajo las esperanzas personales y colectivas, la paciencia confía. Está próxima a la caridad de la cual San Pablo nos dice que "Todo, lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta" (1Co 13,7).
Los padres evocaron con frecuencia la "paciencia de Job"; Dostoiesvky y Berdiaev, evocaron también la rebelión, no en el vacío sino en una especie de fe. Job rechaza las amables teodiceas de los teólogos de salón, pero sabe que Alguien le busca a través de la experiencia misma del mal.
El poeta tiene razón:

"Cada átomo de silencio
es una oportunidad
de un fruto maduro".

Y todo culmina en el "amor" que es la síntesis de todas las "virtudes", cuya esencia es Cristo. Liberarse por medio de la paciencia y de la esperanza, de las "pasiones" impacientes y desesperadas, permite adquirir poco a poco la apatheia, que no es la impasibilidad estoica, sino la libertad interior y la participación del "amor loco" de Dios en sus criaturas.
Simeón el Nuevo Teólogo decía del hombre que se santifica que se convierte en "un pobre lleno de amor fraterno". Pobre, porque se desprende de sus papeles, de su importancia social (o eclesiástica), de sus personajes neuróticos, porque se abre simultaneamente a Dios y a los demás, sin separar oración y servicio. Entonces es cuando puede discernir la persona del prójimo, bajo las máscaras de fealdad y pecado, como lo hace Jesús en los evangelios, y así pacificar a quienes se odian y quisieran destruir el mundo.
La escena del juicio en el capítulo 25 de San Mateo, muestra que el ejercicio del amor activo -alimentar, acoger, vestir, albergar, curar, poner en libertad- no tiene necesidad alguna de hacer ondear la bandera de Dios, pues el hombre es para el hombre un sacramento de Cristo, "hombre-máximo". Un sacramento secreto y concreto.
Abba Antonio añade: "La vida y la muerte dependen de nuestro prójimo. En efecto, si nos ganamos a nuestro hermano, nos ganamos a Dios. Pero si escandalizamos a nuestro hermano, pecamos contra Cristo".
Isaac el Sirio decía: "Hermano, esto es lo que te mando: Que el peso de la compasión incline en ti la balanza hasta que experimentes en tu corazón la misma compasión que Dios siente por el mundo".


Señor Rey, concédeme poder ver mis pecados y no juzgar a mi hermano, porque tú eres bendito por los siglos de los siglos, amén.


La última petición, denuncia y desenmascara una de las formas horribles del pecado, en el plano personal y en el colectivo: justificarse condenando , odiar, despreciar, descalificar con la buena conciencia del justo.
"Ver los propios pecados" obedece a la primera exhortación del Evangelio: "Arrepentíos porque ha llegado el Reino de Dios". Es cierto que con la aparición de la luz, las tinieblas se alejan de nosotros. El hombre que se descubre de esta manera, cuya inteligencia y corazón -identificados con la Biblia- se convierten , reconoce su error, la pérdida a la cual ha arrastrado a otros, la nada que le acecha,; incluso comienza a apoderarse de él, el abismo sobre el que ha lanzado unos tablones ridículos y rotos. Esta es la parte positiva del "recuerdo de la muerte" del que hablan los ascetas: poner al desnudo la angustia fundamental que rechazamos y que se manifiesta en el odio al hermano, en la frenética necesidad de juzgarle y en definitiva de condenarle. Pero si el "recuerdo de la muerte" se ve atravesado no ya por el ridículo sino por la fe, ésta descubre, de manera aún más profunda, a Cristo, el pecado, la muerte. No me siento juzgado, sino salvado, ya no juzagaré, sino que salvaré.

"Ver los propios pecados" no quiere decir contabilizar transgresiones sino sentirse asfixiado, ahogado, perdido y gesticular en vano por esa pérdida, traicionar al amor, burlándose de tanto como se desprecia. Es asfixiarse en las aguas de la muerte para que se conviertan en bautismales. Morir en Cristo para renacer con su aliento y hacer pie en la casa del Padre. "Vale más ver los propios pecados que resucitar a los muertos" dice un viejo adagio. Porque ver los propios pecados significa pasar por la más dura de las muertes, mientras que después del renacer "bautismal", la vida se multiplica sin que nos demos cuenta, porque nos convertimos en "pacificadores" de la existencia. Aunque sea preciso "verter la sangre del corazón", como decía el starets Silvano del Monte Athos, para zarandear ciertas negaciones, resquebrajar la piedra de algunos corazones y poder implorar la salvación universal.

Quien ve los propios pecados y no juzga a su hermano llega a ser capaz de amar de verdad. El hombre hecho a imagen de Dios, es secreto y amor, pero ese amor puede convertirse en odio. Respeto el secreto, no espero nada a cambio. Obtener el amor, es pura gracia.
Entonces hay que bendecir, intentando ser no un hombre de posesión -que posee y que es poseído-, sino alguien que hace el bien. Reciprocidad de la bendición es bendecir sin límites a Dios que nos bendice, bendecirlo todo en su luz, sin olvidar que la bendición, para que no se quede en "palabras vanas", ha de ir acompañada de buenas obras. Hay que hacer operante la bendición recibida en el fondo de uno mismo, someterse para siempre para que pueda crecer, para que se convierta en bendición.

La oración de San Efrén sugiere de manera clara lo que es la ascesis: ayunar, pero no tan sólo de alimento corporal, sino también de lo que embota el alma, para que no vivamos solamente de pan (de imágenes, de ruido, de excitaciones) sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Ayunar de las pasiones, del deseo de dominar y de condenar para alcanzar la libertad de la que nos habla San Juan Clímaco: "Sé rey en tu corazón, reina en las alturas de la humildad, diciendo a la risa: ven, y que venga; a las dulces lágrimas: venid y que vengan, y al cuerpo, servidor en lugar de tirano: haz esto, y que lo haga".




Notas:
Extraído de "Unidos en la oración". Olivier Clément. Ed. Narcea.



jueves, 24 de marzo de 2011

Ascesis en la Gran Cuaresma. Liturgia de los Dones Presantificados. Comentario a la Oración de San Efrén, parte I.

Ya estamos transitando la Gran Cuaresma, por eso quiero retomar los posts de mi blog, comentando un poco sobre cómo vivimos este tiempo los católicos de rito bizantino.

La Gran Cuaresma es un tiempo especial de Gracia y conversión. Tiempo en que nuestra Santa Iglesia nos propone la intensificación de la ascesis.
Encontré una breve explicación sobre el tema de la ascesis en los escritos de un obispo ruso, San Ignacio Brianchaninov (1807-1876), y que me ha sido de gran utilidad para que iluminada mi inteligencia, mi corazón se vea movido a practicarla durante la Cuaresma. Ciertamente no es para mí un camino fácil,  soy una principiante, más para cualquiera que quiera someterse a éstas prácticas ascéticas, no debe olvidar que no tendrían sentido si se las realiza carentes de espíritu evangélico:

 "En el Paraíso, luego de la transgresión del mandamiento de Dios por nuestros ancestros, la maldición de la tierra figura entre los castigos a los cuales el hombre fue sometido. Maldito sea el suelo a causa de ti, dijo Dios a Adán. A fuerza de penas obtendrás de él subsistencia, todos los días de tu vida. Producirá para ti espinas y cardos, y comerás la hierba de los campos. Con el sudor de tu rostro comerás tu pan (Gn. 3, 17-19).

Esta maldición pesa hasta el presente sobre la tierra, como cada uno puede darse cuenta. La tierra no cesa de producir cizaña aunque ella no sirve de alimento para la persona.  
El castigo pronunciado por Dios tiene también un sentido espiritual. En efecto, el decreto divino castigando al hombre se cumplió rigurosamente tanto sobre el plano espiritual como sobre el plano material.

Los santos Padres comprenden el término “tierra” en el sentido de “corazón”. Debido a la maldición que la ha herido, la tierra no cesa de producir de si mísma, de su naturaleza corrompida, espinas y cardos; lo mismo el corazón, envenenado por el pecado, no cesa de engendrar de si mismo, de su naturaleza corrompida, sentimientos y pensamientos pecaminosos. Si el pan material se obtiene con el sudor de la frente, es por una labor ardua de alma y del cuerpo que es sembrado en el corazón del hombre el trigo celestial que nos procura la vida eterna; es aún por un intenso esfuerzo que crece, que se lo siega, que se lo vuelve apto para el consumo y que se lo conserva. El trigo celestial es la Palabra de Dios. El trabajo de sembrar la palabra de Dios en el corazón exige de tales esfuerzos que se lo llama “hazaña ascética”. El hombre está condenado a comer de la tierra, en medio de aflicciones, todos los días de su vida terrena, y conseguir su pan con el sudor de su frente. Aquí, por el término “tierra”, se debe entender la sabiduría carnal por la cual el hombre separado de Dios se dirige habitualmente durante su vida sobre la tierra; guiado por ella, está sometido a continuas preocupaciones y reflexiones concernientes a las cosas terrenales, a incesantes aflicciones y decepciones, a una constante agitación. Sólo un servidor de Cristo se alimenta durante su vida sobre la tierra del pan celestial con el sudor de su frente, luchando continuamente contra la sabiduría carnal y trabajando sin cesar en cultivar las virtudes.



Para cultivar la tierra, se tiene necesidad de diversas herramientas de hierro –arados, rastrillos y layas- con las cuales el suelo es removido, mullido y ablandado; lo mismo nuestro corazón, sede de sentimientos y sabiduría carnales, tiene necesidad de ser trabajado por el ayuno, las vigilias, las genuflexiones y otras obras agobiantes para el cuerpo, para que el predominio de los sentimientos carnales y pasionales ceda el paso a los sentimientos espirituales, y para que la influencia de los pensamientos carnales y pasionales sobre el espíritu pierda ese irresistible poder que tiene en aquellos que rechazan la ascesis o la descuidan.
La ascesis corporal es necesaria para volver a la tierra del corazón apta para recibir las simientes espirituales y para producir frutos de la misma especie. 

Abandonar o descuidar las labores ascéticas, es volver al suelo inepto para ser sembrado y producir fruto. Exagerarlas o colocar la esperanza en ellas es igualmente dañino o incluso más que abandonarlas. El abandono de las observancias ascéticas corporales vuelve al hombre semejante a un animal, dando rienda suelta y ofreciendo un vasto campo de acción a las pasiones del cuerpo, pero su exageración lo vuelve semejante a los demonios, ya que favorece y refuerza la predisposición a las pasiones del alma. Aquellos que relajan la ascesis corporal se esclavizan a la glotonería, la lujuria y la cólera en sus formas groseras. Aquellos que practican una ascesis corporal excesiva, que hacen de ella un uso poco razonable o que ponen en ella toda su esperanza con la idea de que les confiere mérito y dignidad a la mirada de Dios, caen en la vanidad, la presunción, la arrogancia, el orgullo, el endurecimiento, el desprecio del prójimo, la denigración y la condena de los demás, el rencor, el odio, la blasfemia, el cisma, la herejía, la ceguera espiritual y la ilusión demoníaca.  

Estimamos en su justo valor las prácticas corporales –son instrumentos indispensables para adquirir las virtudes- pero nos cuidamos de tomar dichas herramientas por virtudes, por miedo a caer en la ceguera y privarnos de progresos espirituales por una falsa concepción del obrar cristiano.
La ascesis corporal es necesaria incluso a los santos que se han convertido en templos del Espíritu Santo, a fin de que, dejado sin freno, su cuerpo no vuelva a los movimientos pasionales y no sea la causa de la aparición en un hombre santificado, de sentimientos y pensamientos obscenos, tan inconvenientes para un templo espiritual de Dios, “no hecho por mano del hombre”. Esto es lo que ha manifestado el santo apóstol Pablo cuando dice de si mismo: Trato duramente mi cuerpo y lo tengo sometido, por miedo que después de haber proclamado el mensaje a los demás, no sea yo mismo eliminado (1 Col. 9, 27)."

Durante los miércoles y viernes de la Gran Cuaresma, como así las fiestas que caen durante este tiempo, se celebra en el Rito Bizantino, la Liturgia de los Dones Presantificados. San Gregorio El Grande, Papa de Roma, conocido en Oriente como "El Diálogo", por el estilo dialogado de sus libros, compuso esta celebración penitencial. Cabe señalar que no se celebra la Divina Liturgia eucarística los días de semana durante la Gran Cuaresma. Para ayudar a los fieles a sostener su esfuerzo espiritual durante la Cuaresma, se oficia la Liturgia de los Dones Presantificados. Este oficio es muy antiguo. Se sabe de él en forma oficial en los cánones eclesiásticos del siglo séptimo, lo que obviamente indica que su desarrollo fue mucho más temprano. A grandes rasgos se puede decir que es como una sumatoria, de lo que sería en el Rito Latino, de Vísperas y una celebración de la Palabra con comunión, ya que no se consagran los Dones Sagrados, pero hasta allí llega la similitud. La Gran Entrada es reemplazada por una procesión sileciosa mientras los fieles están postrados y cantan: "Hoy las Fuerzas Celestiales celebran junto con nosotros, pues ahora entra el Rey de la Gloria". Es decir que la Liturgia de los Dones Presantificados es un rito litúrgico sin consagración, y constituye un Oficio Divino de Comunión, para el cual el pan y el vino se consagran previamente (en la Liturgia de San Basilio del domingo precedente o en la Liturgia de San Juan Crisóstomo del sábado anterior). 

Durante la Liturgia de los Dones Presantificados, luego de la Pequeña Entrada, de que el coro cante el himno  "Luz Gozosa", y de los prokímenos y lecturas, el sacerdote dice la Oración de San Efrén el Sirio, a la que a cada parte le sigue una postración.
En el Monasterio de la Transfiguración del Señor, la hacemos así:
El sacerdote dice la oración y todos hacen la postración.

Señor y Soberano de mi vida, no me des espíritu de ocio, de indiscreción, de ambición y de locuacidad. 
Postración.
Más concédeme espíritu de castidad, de humildad, de paciencia y de amor, a mí, siervo tuyo.
Postración.
Sí, Señor y Rey, concédeme el ver mis pecados y no juzgar a mi hermano, porque eres bendito por los siglos de los siglos. Amin.
Postración.
Se hace toda la oración tres veces, y por último toda la oración seguida de una sola postración.

Como pueden apreciar, ésta es una oración penitencial de un rico contenido, y en ella encontramos las más bellas y sentidas palabras para comunicarnos con Dios. Esta oración penitencial (metánica) de San Efrén el Sirio, conocido en el siglo IV con el sobrenombre de arpa del Espíritu Santo, nos muestra a la vez los obstáculos y el camino para llegar al extraño y difícil "amor" que es la "síntesis de todas las virtudes".
En éste post y en los siguientes, quiero compartir con ustedes un interesante comentario del teólogo ortodoxo Olivier Clément, sobre ésta oración (1):


ORACIÓN DE SAN EFRÉN


Icono de San Efrén el Sirio
Señor y dueño de mi vida,
aleja de mí el espíritu de pereza y 
de abatimiento, de dominio,
de palabras vanas; concédeme a mí 
tu siervo, espíritu de castidad, de humildad,
de paciencia y de amor;
Señor Rey, concédeme poder ver
mis pecados y no juzgar a mi hermano,
porque tu eres bendito por los siglos 
de los siglos. Amén.


Esta oración de San Efrén el Sirio (306-373), marca el ritmo de los oficios de Cuaresma. Se repite tres veces, haciendo tres grandes metanías que son prosternaciones hasta tocar el suelo con la frente. Metanía (metanoia) designa justamente la penitencia como el regreso de todo lo que pueda suponer un alejamiento de la realidad.

"Señor y dueño de mi vida".

"Señor" evoca el misterio inaccesible del "Dios más allá de Dios" hyperthéos. Ese Dios que no me resulta un extraño, me hace existir gracias a su Voluntad, anima mi barro con su Soplo, me llama y pide mi respuesta, se convierte por su encarnación en el "dueño de mi vida". Él da sentido a mi vida, incluso y sobre todo cuando ese sentido se me va de las manos. "Dueño" aquí, a pesar de subrayar la transcendencia, no significa tirano sino Padre sacrificial y libertador que quiere adoptarme en su Hijo y respeta infinitamente mi libertad. Su Hijo encarnado, en quién está totalmente presente, nace en un establo, se deja asesinar por nuestra cruel libertad, resucita, pero sólo se revela a quienes le aman. Precisamente ese "dueño" crucificado es el dueño de la vida. Solamente Él puede liberar nuestra libertad y transfigurar con un soplo vivificante la oscura pasión de nuestras vidas. La grandeza de ese Rey consiste en hacerse nuestro siervo. "Estoy entre vosotros como el que sirve."
Por lo tanto, mi relación con ese dueño no es de servidumbre, sino de confianza libre. Es el "dueño de mi vida" porque es fuente, porque la recibo de Él continuamente, porque es el que da y el que perdona, es decir que continúa dándonos con superabundancia un porvenir renovado. "Ve y no peques más". Existo gracias a ese amor infinitamente discreto que me eleva sobre cualquier condicionamiento y necesidad, que se hace siervo para que quienes quieran ser sus siervos se conviertan en sus amigos. La ascesis que acentúa la Cuaresma será de auténtica liberación si se realiza en la dinámica de la fe. Y la fe, en primer lugar, es el riesgo de la confianza. En Tí, dueño de la vida que se revela en un rostro, pongo toda mi confianza. En tu Palabra, en tu Presencia ya que no eres un simple ejemplo, eres el no-separado que te conviertes en nuestro lugar, un lugar de no-muerte: "Venid a mí todos lo que estáis cargados y cansados y yo os aliviaré". Reposar, ponerse por partida doble en lo divino y en lo humano. Eres un lugar para nosotros, huérfanos de la tierra natal, de costumbres sensatas, de civilizaciones ásperas y duras pero de silencio y lentitud, para nosotros nómadas sin poesía de las megápolis; eres el lugar de la vida, su dueño. En ese lugar, cavaremos las catacumbas de las que emergerán las catedrales del futuro. 





Notas:

(1) Extraído de "Unidos en la oración". Olivier Clément. Ed. Narcea.




martes, 23 de noviembre de 2010

Остров: Ostrov - Subtítulos en español mejorados y corregidos

Título: La isla
Título original: Остров (Óstrov)
País: Rusia
Año: 2006
Productora: Pavel Lungin Studio
Director: Pavel Lungin
Guión: Dmitri Sobolev
Reparto: Pyotr Mamonov, Dmitry Dyuzhev, Viktor Suhorukov, Nina Usatova

Sinopsis: (*1)
En 1942, el marinero Anatoly es capturado por los nazis y obligado a cometer un imperdonable acto de barbarie. Treinta años más tarde corren rumores de un hombre santo, conocido como el Padre (Otets) Anatoly, quien vive en una isla casi desierta, es capaz de hacer milagrosas curaciones y puede ver el futuro. Así acuden a él muchas personas, para ser curados de algún mal, o para solucionar algún problema en sus vidas.
El Padre Anatoly (Pyotr Mamonov) es un monje , podría decirse "yurodivi" , o "loco por Cristo", aunque éstos solían peregrinar, y no tenían un lugar fijo donde vivir (*2). Anatoly sin embargo a escogido en lugar de vivir en el monasterio junto con la comunidad religiosa, vivir en la bodega donde se almacena el carbón para calefaccionar el monasterio. Es difícil para los monjes entender al Padre Anatoly. Pasa la jornada recolectando carbón y va y viene en viajes interminables para almacenar el producto. Gentes de lugares lejanos vienen a buscar a un santo cuyo "secretario" es Anatoly. El tiene un extraño comportamiento, cuando va al oficio no ora frente al altar o cara a los íconos sino que ora de costado o en lugar de orar silva o hace ruidos extraños. Pone en aprietos a sus hermanos en la fe, les hace bromas pesadas y parece que se burla de ellos. Lo cierto es que nadie ha comprendido que esta locura voluntaria y humilde esconde a un gran penitente y a un gran santo. Anatoly carga con una cruz, un pecado de su juventud, un hecho que no se borra de su mente y que le provoca día a día a orar con el salmista: "Porque mi iniquidad reconozco y mi pecado está ante mí sin cesar; contra Tí solo pequé, y lo malo ante Tí realicé, de modo que sea enderezado por tus palabras y prevalezcas cuando juzgues Tú".
Esta película encarna muy bien la espiritualidad del cristianismo ortodoxo, en especial de la vida monástica.
Nos invita a la oración y al arrepentimiento, y a buscar una sincera conversión para procurar la salvación de nuestra alma.

Quiero dedicar este post a la película "Ostrov" (La isla). Se convirtió en mi película favorita, desde que la vi el año pasado por primera vez, y me quedó la tarea pendiente de conseguir subtítulos en español.

Hace un año no se conseguían subtítulos más que en inglés, y ahora ya hay en varios sitios subtítulos en español, pero la traducción no es muy buena para mi gusto, sobre todo en las partes donde hay oraciones, y algo que a mí en particular no me gusta es ver todos los nombres referentes a Dios en minúsculas (señor jesucristo, dios, madre de dios, etc).

Así que estuve mejorando un poco los subtítulos, comparando con los subtítulos en inglés que en general es una traducción mucho más fiel.
También corregí algunas partes donde hay oraciones típicas de los oficios litúrgicos bizantinos.
Hay una parte en que Otets Anatoly reza el salmo 1 (Katisma 1º):

1 "¡Bienaventurado el varón que no anda en consejo de impíos, y que en camino de pecadores no pone pie,
y en sitial de pestilentes no se sienta,
2 más en la ley del Señor está su voluntad, y a su ley se aplica día y noche!.
3 Y será como árbol plantado junto a corrientes de agua, que su fruto da a su tiempo,
y su hoja no decae; y todo aquello que hace resulta.
4 ¡No así los impíos, no así! más como polvo son, el que barre el viento de la faz de la tierra.
5 Por eso no se levantarán los impíos en el juicio, ni los pecadores en el consejo de los justos.
6 Porque conoce el Señor el camino de los justos, y el camino de los impíos se pierde".

También hay una parte en que Otets Anatoly ora llorando y suplicando al Señor con el salmo 50, y como es bastante largo, hay una parte solamente traducida, después él se va alejando y sigue rezando este salmo, luego hay un primer plano y sigue con otra parte del mismo salmo:

"Rocíame con el hisopo, y estaré puro; lávame y más que la nieve me blanquearé..."

Con respecto a la Oración de Jesús, la traducción más exacta del ruso es: 
"Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador", y que es la forma más usada para orar (en cambio estaba traducida como: "oh señor, ten piedad de este pecador").

En otra parte de la película cuando oran primero el Padre Filaret, luego el Padre Job, y finalmente el Padre Anatoly, de quien se escucha perfectamente de su voz toda la oración que se canta en la Divina Liturgia luego de la consagración, en la Memoria de la Virgen y de los santos, y que es el "Digno es": "Dostóino iest' iáko voístiny, blazhíti tia bogoróditsu, prisnoblazhénnuiu, i máter Boga náshego...", que estaba traducida solo una parte de esta manera: "oh madre de dios, eternamente bendita y no profanada,más honrada que los querubines, y más gloriosa que los serafines, te aumentamos." Por lo que la cambié por una mejor traducción:

"Digno es y conforme a la verdad*, bendecirte Gestadora de Dios*,
siempre bienaventurada y muy inmaculada*, y Madre de nuestro Dios.*
Más honorable que los querubines* y más gloriosa sin par que los serafines*,
sin corrupción a Dios Verbo diste a luz*, verdadera Madre de Dios te engrandecemos*."

Casi al final de la película, cuando Otets Anatoly hace un exorcismo a una mujer, usa una oración muy conocida, y también puse la versión que rezo por las noches, y que está dentro de las "Oraciones por la noche", o al ir a acostarse, y que recomiendan lo siguiente:

"En el momento de dormir, se besa la Santa Cruz. Haz la señal de la cruz en tu cuerpo desde la cabeza a los pies. También haz la Santa señal alrededor tuyo, expulsando los demonios, diciendo esta oración  en honor de la Santa Cruz". Ésta es exactamente la misma oración que reza Otets Anatoly como oración de exorcismo:

"Levántese Dios y sean disipados sus enemigos, y huyan de su presencia los que lo aborrecen; desaparezcan como el humo, como se derrite la cera al calor del fuego, así perezcan los enemigos de la vista de los que aman a Dios, y que hacen la señal de la Cruz en sí mismos, que claman  con regocijo: Regocíjate, oh venerable, vivificadora Cruz del Señor expulsando a los demonios por la fuerza de Aquel que estaba crucificado sobre Tí, Nuestro Señor Jesucristo, que bajó al Hades y pisoteó la fuerza del diablo y que nos dio a Ti, gloriosa Cruz para expulsar a cualquier adversario, oh honorable y vivicadora Cruz del Señor, ayúdame junto con la Santa Soberana Virgen Deípara y con todos los santos por los siglos. Amin.

(y que se culmina diciendo antes de dormir: "En tus manos, Señor Jesucristo, Dios mío, encomiendo mi espíritu; bendíceme, apiádate de mí y concédeme la Vida Eterna. Amin.)


Otras oraciones, como el Trisagio que es común a todas las oraciones, como por ejemplo Tercia y Sexta, antes de la Divina Liturgia, también estaban cambiadas, el Gloria empezaba así:
"La gloria esté con el padre, y con el hijo, y con el espíritu santo, por siempre jamás. Amén."

 Y las cambié por como oramos en español en el rito bizantino:

"Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amin".

Como así también el comienzo de estas oraciones:  "Slava tiebie, Bozhe nas, slava tiebie" la traducción exacta es "Gloria a Tí Dios Nuestro, Gloria a Tí" y estaba traducida como: "La gloria esté contigo, oh señor, la gloria esté contigo". Pequeños detalles, pero que mejoran la calidad de los subtítulos en español.

Éstos son sólo unos ejemplos, de ésta manera fui adaptando los subtítulos (principalmente en lo que se refiere a oraciones, pero también cambié algunas partes de diálogos cuya traducción no era muy buena, y que en inglés por ejemplo sí estaban más entendibles), que seguramente pueden mejorarse más aún. Los subí a este sitio para que los puedan descargar:


(los subtítulos son un archivo .srt)

Esta es la versión original de la película sin subtítulos, para que puedan agregarle los subtítulos corregidos:




Por último, un pequeño detalle a tener en cuenta para que funcionen bien los subtítulos: el nombre tanto de la película como de los subtítulos deben guardarlos en la misma carpeta y ponerles exactamente el mismo nombre de archivo, de esta manera al abrir la película se cargarán los subtítulos automáticamente.

También hay otra versión en youtube con subtítulos en español bajados de www.allsubs.org. No es la mejor, pero es una opción más:





 Bueno amigos, espero que les haya sido de utilidad,  Muchas gracias. Saludos a todos. Dios los bendiga. Aquí pueden ver el trailer oficial de la película Ostrov (La isla) con subtítulos en inglés:







*1)Sinopsis en parte confeccionada, con la ayuda de 
http://cinecatolicoespiritual.blogspot.com/.
(*2)Yurodivi:  En la historia de la Iglesia Rusa existe una categoría de santos llamados «locos por Cristo».Algo semejantes a un San Juan de Dios de la Iglesia Occidental. Aquellos hombres llevaban, en ruso, el nombre de «yurodivi», lo que significa algo entre loco y místico. El objeto de dicha locura es la humillación, tratándose de una locura simulada por razones ascéticas, o, sencillamente, la consecuencia de ser auténticos «pobres de espíritu». En ambos casos, el resultado es idéntico: la aspiración de una sabiduría nueva, sobrenatural, de una «sabiduría de corazón» que se manifiesta por la paz del alma, el amor de los enemigos, el don de la oración ferviente y, a veces, por un conocimiento profético del porvenir o de los pensamientos secretos del hombre.  Para el pueblo ruso, los «locos por Cristo» han sido siempre (y son hasta hoy día) la imagen viva de aquellos pequeños, de aquellos «pobres de espíritu» de aquellos «niños», a quienes están revelados los misterios del Reino de Dios. Son portadores de la sabiduría sobrenatural, que aparece solamente después de haber humillado lo que se llama la «razón natural». La «locura de la Cruz» predicada por San Pablo, la sabiduría misteriosa y oculta en Dios, es eso lo que venera el cristiano ruso en sus «locos por Cristo», acordándose de que «antes eligió Dios la necedad del mundo para confundir a los sabios...» (I Cor I, 27-29.) Extracto de un texto de Jorge Tzebrikov. (Extraído de http://www.pro-ortodoxia.com.ar/)