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lunes, 1 de septiembre de 2014

Confesiones del Padre Lázaro: de profesor universitario ateo a monje copto por la intercesión milagrosa de la Madre de Dios




Quiero compartir esta serie de videos, sobre el Padre Lázaro El Anthony. Un profesor universitario australiano y ateo, que se convierte al cristianismo por una gran intercesión de la Madre de Dios, ante un icono milagroso, en una Iglesia Ortodoxa Serbia.

Una historia verdaderamente notable la del Padre Lázaro El Anthony, quien vive en soledad en la montaña de Al-Qalzam (Egipto). En una cueva de esta montaña, vivió el gran ermitaño, fundador y padre de la vida monástica, San Antonio el Grande (Abba Antonio). A los pies de la montaña se encuentra el Monasterio de San Antonio (Deir Mar Antonios), el más antiguo monasterio cristiano activo en el mundo, fundado en el año 356 d.C, justo después de la muerte del santo.

El Padre Lázaro nació en Tasmania y había trabajado como profesor universitario de literatura y filosofía en Australia; muy a menudo la predicación contra el cristianismo en muchas de sus clases, era algo común. Pasó cerca de cuarenta años de su vida como un ateo, derivado de su filosofía marxista.

Luego de que su madre fuera diagnosticada con cáncer terminal, y de su muerte, comenzó a darse cuenta de que se había esclavizado a sí mismo a las cosas, a la promesa de la felicidad ilusoria; y comenzó a entender la verdadera paradoja de la existencia: que nada se puede ordenar o preveer. En última instancia, abandonó su vida en Australia y fue en busca de Dios y de la libertad. Finalmente su peregrinación lo llevó a una vida como monje cristiano copto. Se reunió con Su Santidad el Papa Shenouda III, quien lo llevó a donde está hoy.

En esta entrevista traducida al español, el Padre Lázaro cuenta su conversión, las gracias extraordinarias que ha recibido y recibe de la Madre de Dios, y de los santos, sus únicas compañía en el desierto de Egipto.

Les sugiero mirar los videos en el orden que los puse. Es interesantísima tanto su experiencia de vida, como los consejos que da. Imperdibles. Bendito sea Dios por lo que ha obrado en su vida.
 

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* Iglesias coptas:

El término "copto" designa a los cristianos de Egipto pertenecientes a las iglesias coptas. Existen dos iglesias principales, una católica (minoritaria), y otra ortodoxa (mayoritaria), además de otras vertientes de congregaciones coptas protestantes. Para efectos litúrgicos, los coptos católicos y ortodoxos utilizan el idioma copto y un calendario copto propio.

El idioma copto es la lengua descendiente del egipcio demótico, el idioma egipcio hablado en el último periodo del Antiguo Egipto. Su escritura surge en el siglo II y se utilizó coloquialmente como lengua principal hasta el siglo VIII. A partir de la conquista musulmana empezó a declinar siendo sustituido progresivamente por el árabe. Hacia el siglo XVI había desaparecido prácticamente como lengua hablada, aunque continuó usándose como lengua litúrgica por el clero de las Iglesias Coptas. Tiene un alfabeto propio, derivado principalmente del griego y de algunos signos demóticos.






viernes, 22 de noviembre de 2013

Sobre el monje y el fin de la vida monástica - Por el Padre Dionisio del Monte Athos.



Jean-Ives Leloup, religioso dominico, profesor de Filosofía
de las Religiones en París, realizó numerosas entrevistas a los
monjes durante los viajes que organizaba al Monte Athos.
La siguiente es una entrevista al Padre Dionisio,
monje responsable de los huéspedes del monasterio de Simonos Petras.

Jean, llevaba en su corazón aquella pregunta que puso en marcha a tantos hombres
y mujeres hacia los grandes monasterios de la antigüedad cristiana:
“¿Cómo me salvaré? ¿Qué hay que hacer para salvarse?”. El que pregunta
cómo salvarse, retoma a su vez la pregunta de los judíos
después de la predicación de Pedro el día de Pentecostés.
Verdaderamente Jesús es el Mesías, el Señor, el Salvador, el Resucitado.
¿Cómo acercarse a él, cómo recibirlo, cómo vivir de él?
¿Cómo hacer de nuestro ser todo entero, espíritu, alma y cuerpo,
una confesión gozosa de su señorío y del don de su Espíritu?.
En las respuestas se ve reflejada la sabiduría profundamente
espiritual de esos hombres que parecen anclados en el pasado,
pero que son en realidad la luz que interpreta
la oscuridad de nuestro tiempo.

Monasterio de Simonos Petras, Monte Athos, Grecia.

¿Qué es un monje?

Es aquel que quiere seguir a Cristo hasta el fin. Se deja conducir cada día por el Espíritu Santo y su obediencia lo hace conforme a Cristo obediente. Es un recién nacido, un niño vuelto hacia el Padre, un hombre en la Trinidad.

¿Cómo llegar a ser monje?

Renunciando a sí mismo. Es necesario que el grano sea enterrado para que dé fruto. Es necesario ayunar, velar, conservarse puro, adquirir la humildad y orar sin cesar.

¿Cómo orar sin cesar?

Este es un don de Dios y hay que pedírselo. “Si  vosotros que sois malos sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, cuánto más vuestro Padre Celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan”. Hay que rogar a la Madre de Dios y a los santos que intercedan por nosotros.

¿Qué ocurre cuando se ora sin cesar?
“No soy yo quien vive sino que Cristo vive en mí”.
La respiración de Jesús en nosotros, es el Espíritu Santo que dice: “Abba” y que ora por todos los hombres.


¿Cómo orar por todos los hombres?

Orar por todos los hombres, aun por los enemigos, es el amor mismo de Dios que está en nuestro corazón, es el fruto de la oración. Hay que cantar los oficios, leer los salmos, meditar los Evangelios, y decir sin cesar: “Señor, ten piedad”. Entonces, el corazón se purifica, se vuelve humilde y puede, recién, orar por todos los hombres, por los pecadores. Puede llegar a derramar lágrimas y a dar su sangre.

¿Cómo amar a los enemigos?

Primeramente, ¿quiénes son nuestros enemigos?. El monje no tiene otros enemigos que los demonios. Orar por ellos nos es imposible, debemos combatirlos, pero combatirlos por el amor. Es estar crucificado con Jesús. Con él descendemos a los infiernos. Un corazón puro, solamente un corazón de niño,  puede triunfar del poder de las tinieblas. Es necesario que no haya odio, ni engaño en el corazón, pues él debe ser el trono de la luz y del amor. He aquí lo que somos: trono de Dios y templos del Espíritu Santo. Si somos así, entonces amamos a nuestros enemigos. Pero, a menudo, hay algo más que Dios en nuestro corazón. No somos humildes y el Amor no puede vivir en nosotros; y en vez de orar, juzgamos a los demás, y llegamos a ser presa de nuestros pensamientos.

¿Qué es la experiencia del Espíritu Santo?

Cuando estamos muertos a nosotros mismos, es cuando Cristo vive en nosotros. Entonces caminamos en la luz, somos dioses por la gracia, hombres nuevos.

¿Qué es la “hesiquía”?

Es el silencio en nuestro corazón, en nuestro espíritu y en nuestro cuerpo.  El que jamás hace su propia voluntad, permanece en silencio ante Dios. Se borra a sí mismo, en su cuerpo, en su espíritu y en su corazón, delante de Dios. Este hombre puede, entonces, ir a la ciudad y vivir en medio del ruido que estará siempre delante de Dios. Pero esto es muy raro, es necesario comenzar por el silencio, lejos del mundo, lejos de todas las preocupaciones y gustar, ante todo, cuán bueno es el Señor. El que no sabe callarse ante el Señor en su celda, ¿cómo podrá escucharlo en medio del ruido de la ciudad?. Muchos monjes, ni siquiera en su celda conocen la hesiquía, hablan mucho y se pierden en sus recuerdo e imaginaciones;  se preocupan demasiado pensando en la mañana, lo que es contrario al mandamiento del Señor: “Deteneos, y sabed que Yo soy Dios”.

¿Conduce la hesiquía a la apatheia?

Sí. La apatheia es el fin. Entonces el hombre es como Dios, y ya no hay en él malos pensamientos, ya no es más esclavo de ninguna pasión, se ha convertido  en amor, sin emociones ni deseos: él Es. Su oración, entonces, es verdaderamente eficaz, porque ora con el corazón mismo de Dios que crea y salva al mundo.

Pero, ¿quién conocer este estado?

Si no existiera el testimonio de los santos, desesperaríamos de conocer este estado bienaventurado, prometido por Cristo.

¿Tienen los santos un lugar importante en vuestra vida?

Sí. La Madre de Dios y todos los santos. Ellos están más cerca nuestro que nuestros vecinos, que nuestros compañeros de trabajo, son verdaderos seres vivos. Gregorio Palamas está en el corazón de mi corazón, es el don que el Monte Athos le ha hecho a Dios.

¿Cómo discernir la voluntad de Dios?

Si un pensamiento viene de Dios, es una luz en el corazón, nos hace más humildes y progresamos en el amor. Si este pensamiento, por el contrario, hace que estemos satisfechos de nosotros mismos y nos lleva a juzgar al prójimo, es que viene del enemigo.
Si hay en ti una gran paz y un amor por todos los hombres, el Espíritu Santo habita en ti. El enemigo detesta la hesiquía. No te extrañe que esta paz llegue en medio de tribulaciones y dificultades. Entonces comprenderás las palabras de San Pablo: “¿Quién nos separará del amor de Jesucristo?”.

Cristo dijo que no tenía ni una piedra donde apoyar su cabeza. ¿Acaso el Monte Athos no puede llegar a ser un lugar donde el monje pueda reposar la suya?

Para mí, el Monte Athos es como un cohete, como un ascensor. Yo no me detengo en el ascensor. No estoy aquí sino para ir al Cielo. No me duermo en el ascensor, sino que recuerdo a aquel que me espera en la puerta.


“Así pues, si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Aspirad a las cosas de arriba, no a las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está oculta con Cristo en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida vuestra, entonces también vosotros apareceréis gloriosos con él” (Col 3, 1-4).

San Pablo describe muy bien aquí, la paradoja de nuestra condición. Estamos muertos, no existimos más para el mundo, nuestro hombre viejo ha sido crucificado, hemos renunciado a nuestras ambiciones, al orgullo, al odio, y poco a poco nos hacemos participantes de la vida del resucitado. Vivimos con él, vueltos hacia el Padre en el Espíritu Santo. Tal es la vida del cristiano y la vida del monje.

EL MONJE ES UN CRISTIANO

El monje es un cristiano que quiere vivir al máximo las exigencias y la vocación de su bautismo. Como en todos los cristianos, debe convertirse en otro Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre. El Espíritu Santo, el Reino de Dios, es el objeto de nuestro deseo. Debemos dejarnos transformar por él para ser recreados a imagen y semejanza de Dios. Somos todos pecadores llamados a ser santos. Todos  hemos sido sacados de la nada para participar de la vida de aquel que ES.
El monje, más que nadie, es consciente del camino que lo conducirá de las tinieblas a la luz, y este camino es Jesucristo.

El monje no tiene sino un deseo, renunciar a sí mismo y seguir a Jesucristo adonde quiera que él vaya… y él va hacia el Padre. Él va hacia la resurrección a través del sufrimiento, de la muerte, del abandono de la Cruz. Pero nosotros nada tememos porque el Espíritu Santo, desde Pentecostés, está con nosotros. Él nos da la fuerza y la humildad de Jesús y el amor que él derrama en nuestros corazones nos llena de gozo, aún si tuviéramos que sufrir, y atravesar toda suerte de tribulaciones.
Si uno aprende carpintería, es para llegar a ser carpintero. Si estudias el Evangelio y no lo pones en práctica, ¿de qué te sirve?.

Si uno aprende carpintería, no es para llegar a ser herrero. Si estudias el Evangelio, la Biblia, las vidas de los santos, no es para vivir el mundo, sino para vivir como Cristo.

Nuestro padre San Basilio, tiene todavía otra imagen: “Cuando un herrero tiene que hacer un hacha, piensa primero en el que le confió su ejecución y guarda su recuerdo presente en su espíritu. Reflexiona luego, en el tamaño y en la forma del objeto y realiza el trabajo según la voluntad del que se lo encargó, pues si pierde de vista todo esto, hará otra cosa distinta de la que le ordenaron.
Lo mismo ocurre con el cristiano cuando orienta toda su actividad, sea cual fuere, hacia el cumplimiento de la voluntad de Dios, hacia el objetivo que es de todos, la divinización. Haciendo sus actos con perfección, permanece fiel al pensamiento del que lo manda; cumple estas palabras: “Pongo a Yahvé ante mí sin cesar; porque él está a mi diestra no vacilo” (Sal 16, 8), y observa el precepto: “Por tanto, ya comáis, ya bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo toda para gloria de Dios” (1 Cor 10, 31).

SEREMOS DEIFICADOS

Somos huéspedes de paso, “nosotros somos ciudadanos del cielo” (Flp 3, 20), entonces, ¿cómo puedes afligirte por las cosas de la tierra y tener preocupaciones mundanas. “Allí donde está tu tesoro, allí también está tu corazón”. “Cualquiera que venga a mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío” (Lc 14, 26). Cristo no quiere que nos hagamos esclavos de cualquier cosa y quiere que estemos libres de afecciones aun las más profundas y legítimas, por un más grande amor.
¿Qué cosa hay más grande que haber sido llamados a ser Dios?. ¿A ser, por la gracia, lo que Él es por naturaleza?. La divinización del hombre, tal es el fin. “Dios se hizo hombre para que el hombre llegue a ser Dios”. 

El fin de la vida monástica, es lograr un corazón puro, dócil a la voluntad de Dios: allí está la libertad de los hijos de Dios.

Mientras estemos en pecado, no seremos libres. Es necesario renunciar a todo lo que no es divino y seremos hombres. Rechazar el engaño, la hipocresía, el orgullo, el odio. Dejar vivir en ti el Espíritu de Jesús y encontrarás tu verdadera identidad.

El fin de nuestra vida está en el cumplimiento de los mandamientos del Señor. “Amar a Dios, amar a nuestro prójimo”. Si vivimos esto con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y con todo nuestro espíritu, seremos deificados, seremos semejantes a Cristo. Dios es amor, Dios es luz. El hombre creado a su imagen, debe llegar a ser todo amor y todo luz.

Los sacramentos nos comunican la vida de Dios y las obras de la vida monástica no tienen otro objeto que hacernos cada vez más receptivos al don de Dios. El monje debe abandonar todo lo que no es amor, todo lo que no es luz. Esto es renunciar al mundo. Que no haya en nosotros lugar para la vanidad, la ambición, los celos, y Satanás no tendrá ningún trono ni  lugar en nosotros para extender su reino.
La regla del monje es el Sermón de la Montaña. El Espíritu Santo nos concede vivir las bienaventuranzas. Tratar de vivirlas, es tomar poco a poco la forma de Dios y la forma del servidor, es llegar a ser otro rostro del Hijo en quien el Padre puso toda su complacencia.


PERMANECED EN MI AMOR

“Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”. Adquirir la dulzura y la humildad de Cristo: tal es nuestro objetivo. La dulzura y la humildad nos conducen al corazón de Cristo en la Trinidad. Allí está la ciencia divina que nos vino a enseñar. El monje olvida toda otra ciencia para adquirir ésta. De este modo confía conseguir la sabiduría de su Maestro.

Hagas lo que hagas, no olvides que estás en la presencia de Dios. Examina tus pensamientos, vela sobre tus acciones. Hay que pensar con Él, marchar con Él, amar con Él. El monje es aquel que jamás está sin Dios. Su corazón está habitado por el nombre de Jesús y busca realizar el mandamiento: “Permaneced en mi amor”.

Todo lo que se hace sin amor, no sirve para nada. Puedes ayunar, velar, vestirte de harapos, pero si no tienes el amor de Dios en ti, eso no sirve para nada. Así no recibirás la herencia  y no llegarás a ser hijo de Dios. Si no has dejado el mundo y sus poderes por amor de Dios, has dejado todo, pero no has encontrado nada. ¿Para qué? Es necesario, por empezar, entregar tu corazón, olvidarte de ti mismo y entonces, habrás recibido el Espíritu Santo. 

Es fácil renunciar al mundo exterior, pero renunciar al mundo interior, he aquí una obra difícil. Sería imposible no aceptar más pensamientos ni preocupaciones mundanas sin la asistencia del Espíritu  Santo que transforma el corazón del monje y lo hace puro y libre para Dios.

EN LA FE

Todos los trabajos de la vida monástica no tienen otro fin que divinizarnos.
¿Cómo adquirir la humildad y el amor de Cristo?. Este es el problema que deberá resolver, a lo largo de su vida, el joven que entre con nosotros. Lo que nos diviniza, ante todo, es la fe, la esperanza y la caridad.

La fe cura nuestra inteligencia; ella le revela al ser que buscaba en las cosas fragmentadas. La fe, es la visión del Creador y así nos vemos libres de la fascinación de las criaturas.  La fe nos enseña a pensar como Dios, a ver todo bajo su luz. Ella, verdaderamente, diviniza nuestra inteligencia.        
                  
“El que cree tiene vida eterna”, dice el Señor. El que cree en el amor de Dios, ¿cómo no va a cambiar su visión del mundo y de sí mismo?. En la fe, todo se le aparece transfigurado, todo es signo de su presencia, tanto en los acontecimientos dolorosos, como en los agradables. Sólo en la fe puede percibirse el sentido profundo, el designio de Dios que a través dela prueba, nos diviniza.
La fe nos prepara a la dichosa visión de Dios, pero ya desde aquí abajo, nos abre el cielo y en ella podemos alabar al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo y confesar a Jesucristo, verdadero Dios, y verdadero hombre.

“Recuerda a Jesucristo resucitado”. El monje no se acuerda ni de su familia, ni del mundo ni de su pasado. No recuerda más que a su Señor. Él estaba muerto y ahora está resucitado. El monje no busca llegar a un equilibrio psicosomático, según la sabiduría humana. Tampoco aprende a enfrentar la muerte como Sócrates  y los filósofos. No, él quiere participar de la vida de aquel que venció a la muerte. Quiere compartir la vida del Resucitado. El monje quiere ser un resucitado con Cristo y no es sino el Espíritu Santo que le puede dar parte en esta vida. Por eso, suplica al Padre, sin cesar, que le conceda y conceda a todos los hombres lo que les prometió.


REENCONTRAR LA UNIDAD

El monje no busca especializarse en nada, pues en el monasterio tendrá que cambiar frecuentemente de oficio. Su obra es la oración continua. Lo que hace, debe “salarlo”  con la oración y todo se le transformará en camino hacia el Padre, ya sea el servicio en el refectorio, como la lectura en su celda.
El monje busca en todo la unidad, con los otros y en sí mismo. Su corazón, su alma, su espíritu, sus impulsos, todo debe ser reunificado en el amor de Dios. El que cumple el mandamiento: “Amarás al Señor con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas”, está curando sus divisiones internas y encuentra la unidad a imagen de Dios uno. Puede, entonces, llegar a ser un artífice de la paz y predicar a los otros el deseo del Señor: “Que todos sean uno”.

Nosotros somos una multitud de personajes, llevamos sobre nuestro rostro una cantidad de máscaras. La vida monástica, en cambio, simplifica y si no nos hace más simples, habría que huir de ella, porque entonces no estaríamos consagrados a la búsqueda de lo único necesario. Nuestro ser no estaría unificado ni simplificado por Él.

Cuando hay en ti otros deseos que no son ni el de Dios ni el de seguirle según su voluntad, pierdes la paz.  La vida monástica nos libra de los deseos: “Sin deseos sobre la tierra” alcanzaremos la bienaventurada “hesiquía”.

 A los Evangelios y a los Padres de la Iglesia, se los conoce demasiado intelectualmente; no es posible entenderlos sino  por la vida y por la experiencia. Debemos vivir lo que han vivido los Apóstoles y los Padres. Es necesario estar llenos del Espíritu Santo como ellos, para comprender algo del cristianismo. La experiencia cristiana es el seguimiento de Cristo, vivir su muerte y su resurrección en nuestra propia carne.

La humildad y la gloria de Cristo es el mismo misterio y constituye toda la vida del monje. Por la humildad adquirir el Espíritu Santo; por la cruz, entrar en la resurrección. Esto es seguir a Cristo.


LA VERDADERA ESPERANZA

El monje debe cuidarse de no retornar a Egipto y ser como el perro del que habla San Pedro: apenas lavado vuelve a su vómito.

Cuando el Señor purifica nuestra memoria para no recordar más nuestra vida pasada, ni a nuestros padres, ni a nuestros amigos, nos concede una gran gracia. Desde la mujer de Lot, hasta esta palabra del Evangelio: “Maldito aquel que se vuelve atrás”, Dios nos muestra que Él va delante de nosotros. Solamente hay que recordar nuestro pecado y su misericordia, es decir, su cruz y su resurrección. ¡Cuántos monjes, después de muchos años de vida monástica, se deleitan todavía con los recuerdos de sus años jóvenes!.

Que Dios purifique nuestra memoria a fin de que estemos vueltos enteramente a Él y conozcamos la verdadera esperanza. Ella no busca apoyo ni en los conocimientos del hombre, ni en sus amistades; la verdadera esperanza no cuenta sino con la misericordia de Dios y, tú lo sabes, es sólo por la misericordia de Dios que seremos salvos.


LA IGLESIA, LUGAR DE AMOR Y DE FE

No hay vida monástica fuera de la Iglesia. La Iglesia es el lugar de la divinización del hombre. Si tú quieres ser uno con Dios, no vayas a otra parte. El zen, el yoga y todas esas cosas no hacen más que fortalecer en tí, el hombre viejo pero no pueden hacer nacer el hombre nuevo. Hoy, se considera mucho el equilibrio psíquico como norma de santidad. La gracia no contradice la naturaleza, es cierto, pero yo conozco hombres cuyo equilibrio psíquico era dudoso y tenían un verdadero deseo de Dios y un auténtico amor al prójimo.

La Iglesia no es una Iglesia de perfectos, sino de hombres que atienden a su salvación, no con sus propios esfuerzos o con sus técnicas milagrosas, sino con la misericordia de Otro.
El amor de Dios es el que nos salva y nos deifica. La Iglesia es el lugar en que este amor se nos comunica. ¿Por qué buscarlo en otra parte?.

Pero los orgullosos no aman a la Iglesia.  Hay que ser humilde, hay que ser un niño para aceptar que Dios pase por los sacramentos, por estos pobres signos sensibles, y por los hombres, estos pobres hombres que no están, generalmente, a la altura de los misterios que celebran ni de la palabra que anuncian.

La Iglesia, es la carne de Jesucristo, y los orgullosos rechazan siempre a la Encarnación. Sólo el ladrón reconoció en este hombre crucificado a su lado, al Señor de la gloria.

Hay que contemplar a la Iglesia con los ojos de la fe para discernir en ella la comunicación del Espíritu Santo y del Reino futuro. Si el monje no tuviera los ojos de la fe, sería como un ateo que no ve en ella sino pompas inútiles, hipocresía y escándalo.

La Iglesia es también la Iglesia de los santos. Los frescos, el iconostasio, están allí para recordarnos su presencia. La Iglesia del cielo y la Iglesia de la tierra no están separadas. No hay más que una Iglesia. Cuando el monje ve su mediocridad y su impotencia, entonces se vuelve hacia los santos y, con su ayuda, no desespera. 




Film documental Un día en la vida de un monasterio de monjes en Abjasia:




Documental en español Monte Athos:






Notas:
Título original "Paroles du Mont Athos". Les editions du Cerf, París, Francia.
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                     

miércoles, 4 de enero de 2012

El Monacato Bizantino


EL MONACATO BIZANTINO
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Antes de abordar el estudio del Monacato Bizantino, es conveniente destacar, sobre todo para los lectores de origen occidental, que dentro de las Iglesias Ortodoxas, ya sean de origen helénico o eslavo, no existen instituciones monásticas o religiosas equivalentes a las Órdenes o Congregaciones tan importantes en el Mundo Occidental. En la mentalidad de aquellos hombres y mujeres que abrazan la vida monástica en el seno de la Iglesia Ortodoxa, no se consideran más que como miembros de una gran Hermandad de ascetas.    En los días del Monacato primigenio, no había grados intermedios entre el postulante y el monje profeso; la institución de dos grados de ascetismo anteriores al de “Plenamente Monje” cambió paulatinamente con el correr de los siglos el carácter de la Profesión monástica dentro de las Iglesias Ortodoxas, convirtiendo a esa simple acción de los comienzos, en una acción progresiva.  En la actualidad, así como en los últimos siglos, el monje que avanza hacia el grado superior de la vida monástica lo hace, generalmente, avanzando grado por grado, hasta alcanzar el tercer nivel y convertirse en “Plenamente Monje” o perfecto monje al cabo de varios años. Los grados del monacato ortodoxo-bizantino son tres:          

A- Rasoforo    
 B- Stavroforo     
C- Megaloskemos (o skema monje/a).    

Los antiguos ritos de profesión fueron modificándose poco a poco como consecuencia directa del carácter progresivo que fue adquiriendo con los siglos la Profesión monástica. Hay tres partes esenciales dentro del Rito:     

A- la toma formal de los Votos     
B- la realización de la Tonsura monástica     
C- la entrega del Hábito     

Sin embargo ninguno de los tres actos mencionados formaron parte de la esencia del monacato de los primeros siglos.  En la Iglesia Ortodoxa, si bien los Votos son formales y explícitos, no existe una fórmula  escrita de profesión a ser subscripta por el candidato a la admisión dentro de algunos de los tres grados del monacato. La fórmula de profesión escrita es peculiar de Occidente, y data de los tiempos de San Benito. -Regula, Cap. 58 -.  Los Votos, los cuales en total son cuatro: 

1- Estabilidad
2- Obediencia
3- Pobreza 
4- Castidad 

Son tomados al candidato a través de preguntas realizadas por el Higúmeno; las repuestas a dichas preguntas constituyen en sí mismos los Votos del monje. Este cuestionario es realizado antes de la admisión a los grados intermedios del monacato.  El hombre o mujer que se presenta para ser admitido formalmente dentro del grado inferior de la vida monástica, debe en modo general aunque no invariablemente, declarar su firme determinación a perseverar en la vida de ascetismo ante el Higúmeno, sin embargo esta costumbre varía entre los distintos monasterios. En lo que refiere a la Tonsura, en vez de ser conferida ceremonialmente como en los primeros días del monacato cenobítico, es actualmente realizada con la admisión a cualquiera de los tres grados del monacato bizantino.  El hábito monástico, consta de distintas partes, y solo pueden usar la totalidad del hábito los monjes o monjas del más alto rango, sin embargo, algunas partes de ese hábito son portadas por aquellos de menor jerarquía. Es evidente que a medida que un monje o monja vaya ascendiendo en los grados de la vida monástica, va a usar más partes del hábito completo. Es de destacar que muy pocos monjes llegan a alcanzar el hábito completo, ya que para ser merecedor de portarlo deberá atravesar muchos años de dura ascesis.  Una de los detalles que a menudo llaman la atención de los occidentales, es que en el monacato oriental no hay diferencia entre el hábito del monje y el de la monja, con la excepción evidente de la toca de la monja. Por tal razón monjes y monjas usan la totalidad o partes de un mismo hábito monástico.  En cuanto al término de prueba que es requerido para ser admitido dentro del grado intermedio o más alto del monacato, es de cómo mínimo tres años; y es de destacar que dentro de la vida monástica ortodoxa-bizantina no existe nada equivalente al noviciado de las Órdenes o Congregaciones Religiosas occidentales. El postulantado comúnmente dura unos pocos días o semanas y durante ese período el candidato vive junto a los monjes hasta que finalmente es admitido en el grado inferior del monacato.  Un monje que ha pasado tres años de su vida dentro de la primera escala de la vida monástica tiene la opción de permanecer dentro de aquel grado por el resto de su vida, o por el contrario, seguir avanzando hacia la plenitud de su estado monástico. 


Los tres grados de ascetismo monástico bizantino
   
  

 En los primeros días del Monacato, no había sino un solo Grado de Monjes, una sola Tonsura, y un solo Hábito, en los numerosos Monasterios de Oriente. Las Novelas (*) de Justiniano del año 535, fueron las que codificaron las costumbres existentes, como ser la Novela V, la cual estipula que el término de postulantado deberá extenderse por un período de tres años, término durante el cual, el Postulante, deberá continuar llevando sus vestimentas laicales, y luego de este período, si es aceptado por el Higúmeno, el recibirá la Tonsura y el Hábito; pero la costumbre de que el postulante lleve puesta las ropas laicales no duraría mucho tiempo, porque poco tiempo después de la época de las Novelas de Justiniano, se hizo habitual en los Monasterios, que el Candidato, luego de un breve postulantado, comience a vestir una porción del Hábito propio de los Monjes Profesos. Esta nueva costumbre introdujo, en la práctica, un grado inferior dentro del Monacato Bizantino. El permiso dado a los Postulantes a usar el hábito monástico, fue entendido, como un tácita expresión de determinación a permanecer en la vida monástica de ascetismo, sujeto a la aprobación del Higúmeno.  
 
Ceremonia de admisión de jóvenes postulantes a la vida monástica  
 

El tercer grado a ser implantado, fue el grado intermedio, el cual se estima data de finales del siglo VIII , San Teodoro Studita en su Testamento habla ya del Pequeño Hábito, que no era otro que el que portaban el grado intermedio de monjes, señalándolo como de reciente introducción y prohibiendo a los Higúmenos otorgarlos a sus Monjes. En contrario a su desaprobación, sin embargo, la costumbre de conferir el Pequeño Hábito a un grado intermedio de monjes, continúa hasta los presentes días sin que nadie lo cuestione desde aquella época.   Los monjes del grado inferior (Rasóforos) son considerados como verdaderos monjes, aunque de manera aún imperfecta. El Monje del grado más elevado (Skemamonje)  es considerado - única y propiamente - como el Perfecto Monje (o Perfectamente Monje), es decir: aquel que alcanzó el más puro estado de la Vida Monástica; pese a esta consideración, el Monje de grado intermedio (Stavroforo) también es considerado muchas veces como Monje Perfecto, puesto a que como éste, también pasó el término canónico de prueba (3 años) y también al igual que un Skemamonje, ha tomado el compromiso público de sus Votos. Comparativamente muy pocos monjes alcanzan el más alto grado de la Vida Monástica, excepto en su lecho de muerte.   Como mencionamos anteriormente, los Monjes del grado inferior del monacato son llamados Rasóforos entre los griegos (que se origina de la conjunción de dos palabras griegas Rasón o Túnica y Foros que significa portador, es decir que porta la Túnica) o Ryasonosets  entre los eslavos, y es considerado como un Principiante en el ascetismo, hasta que él haya completado el término de tres años de prueba. Los Monjes del grado intermedio son conocidos como Stavroforos entre los griegos  (que se origina también por la conjunción de dos palabras griegas Stavros = Crucifijo y Foros que significa portador, es decir que porta el Crucifijo) o Krestonosets entre los eslavos, puesto que llevan colgados sobre el Hábito una cruz de madera, también este grado de monjes son conocidos bajo el nombre de Microskemos (que se origina obviamente de la conjunción de dos palabras griegas Micros = Pequeño y Skemos = Hábito, es decir el que viste el Pequeño Hábito). El Monje del grado más alto de ascetismo, quién solo posee el derecho a vestir el Hábito completo, es decir el Gran y Angélico Hábito, o Skema, es conocido entre los griegos como Megaloskemos (que se origina de la unión de dos palabras griegas Megalo = Gran  y  Skemos = Hábito) pero los rusos se refieren a ellos como Skimnik, porque llevan el Gran Skemos.   

   
Hacia una más completa clasificación de los monjes según su grado de ascetismo





1- RASOFORO:  Si bien él es menos que el “Perfectamente Monje”, él es más que un Novicio en el sentido occidental del término después de haber pasado el término mínimo de prueba. El está sujeto, como al igual que los Monjes de los grados superiores, a observar las Reglas del Monasterio, por haber recibido la Tonsura Monástica, y una porción del Hábito Monástico; así como también su propia conciencia y la opinión pública bien le imponen a éste la obligación moral de continuar dentro de la Vida Monástica.  El Archimandrita Meletios Sakellaropoulos dice que en los presentes días (esto lo decía a comienzos del siglo XX, pero aún hoy su comentario es válido) que los llamados Rasóforos al haber manifestado su acuerdo a continuar la vida dentro del Monasterio, y al haber recibido la Tonsura, son Monjes y están sujetos a las regulaciones propias del gobierno de su Monasterio, por tal motivo, si un Rasóforo dejara el Monasterio a fin de contraer matrimonio, el deberá ser excomulgado.   Muchos Rasóforos, ya sean Monjes o Monjas, después de cumplir sus tres años de prueba, se contentan en permanecer de por vida en el más bajo grado de la Vida Monástica. Un detalle interesante de la Vida Monástica Ortodoxa femenina reside en que ni las Iglesias Helénicas, ni Eslavas, permiten a una mujer convertirse en Stavrofora o Megaloeskema (Skemamonja) hasta no haber alcanzado la edad de 40 años, sin embargo, ellas pueden recibir la Tonsura y asumir el Rasón o Rasa, antes de alcanzar esa edad; entre los monjes las cosas son bien distintas, puesto que uno puede toparse con Monjes Stavroforos tan jóvenes como de 25 años.   Los candidatos a las Ordenes Sagradas, deberán o estar ya casados, o pertenecer al grado inferior de la Vida Monástica antes de su Ordenación al Subdiaconado. En el caso de la Ordenación de Monjes, habitualmente, se realizan luego de la admisión al grado de Rasóforos. Si bien la Ordenación es un impedimento para un posterior matrimonio, ello no implica que el Monje recién ordenado, se vea obligado a entrar en alguno de los grados superiores dentro de la escala de la Vida Monástica Bizantina si no lo desea. Un Rasóforo que detente el rango de Archimandrita, puede ser elegido como Higúmeno, o él puede ser nombrado Superior de un Monasterio que esté directamente bajo Jurisdicción Patriarcal. No es infrecuente que un Obispo sea elegido dentro del grado de los Rasóforos, sin embargo lo más común es que sea seleccionado dentro del grado de los Stavrosforos, y lo que efectivamente es muy raro es que un Obispo sea electo dentro del grado más elevado del Monacato como ser los Megaloeskemos o Skemamonjes.   A los postulantes que viven dentro de una Institución Monástica, se le es permitido usar la Rasa y el Skouphos o Skufia (especie de gorro típico de los monjes) antes de ser formalmente admitidos dentro del grado de los Rasóforos. 
 

  
2- STAVROFORO: (o Microskemo) Sus Votos ya fueron tomados públicamente antes de recibir la Tonsura y el Pequeño Hábito. Entrar dentro del grado intermedio de la Vida Monástica es, al menos en teoría, únicamente un paso o estadio en la carrera monástica, en la cual la verdadera meta es el ascetismo más estricto en una vida anacorética. Pero en este estadio intermedio de la Vida Monástica, el monje debe esforzarse por plasmar en si mismo los ideales más modernos del Monacato Cenobítico, introducidos por San Pacomio, San Basilio y San Teodoro Studita, ideales opuestos al ideal de austero ascetismo eremítico propiciado por San Antonio,  y en los cuales están abocados los monjes del grado superior del Monacato Oriental (los Skemamonjes).    


   
3- SKEMAMONJE: (o Megaloskemo) Se trata del Monje del Grado más elevado al que se puede aspirar dentro del Monacato Bizantino, también es llamado Skimnik en los Monasterios Eslavos. Estos monjes están exigidos a seguir estrictos ayunos, y a ocupar la mayor parte de su tiempo en oración, y a guardar mayor silencio que los Monjes de grados inferiores. El comer carne (roja) le está totalmente vedado, y únicamente le es permitido beber un poco de vino cuando visita el Monasterio los días Sábados y Domingos. Algunas veces estos monjes se abstienen incluso de comer pescado, pasando a tener una dieta estrictamente vegetariana. Ellos comen una comida al día, pero su ayuno es aún más estricto durante la Cuaresma y otras temporadas de ayunos especiales.  Los días Lunes, Miércoles y Viernes suelen ser observados como días de ayuno, o sea que se privan de alimentos durante tres días a la semana. No es usual admitir a un Monje a este grado ascetismo y de estricta Vida Monástica, hasta que no haya vivido algunos años - treinta entre los rusos - en una estricta vida observancia en el ascetismo cenobítico como Monje Stavroforo. Existen, como es obvio, ocasionales excepciones a esta regla; por ejemplo: Un Rasóforo puede convertirse en un Skemamonje sin primero haber sido Stavroforo, si es que el Higúmeno y el Gerontas (padre confesor) o también llamado Starets entre los rusos, aprueban esa situación; y en ciertas ocasiones, realmente excepcionales, un Hermano Laico, quien haya sido considerado como postulante, en un sentido técnico, puede acceder directamente al más alto grado del Monacato y convertirse en un Skemanonje o Megaloskemos, sin primero haber sido Rasóforo, ni Stavroforo; si es que él prueba su aptitud e idoneidad para llevar una vida de estricto ascetismo por largos años de piedad y fidelidad en el Monasterio. El Megaloskemos o Skemamonje puede ocupar una celda en el Monasterio o Skita, pero tomando sus alimentos aparte y dejando rara vez la reclusión de su celda, excepto para ir a la Capilla Monástica, o para llevar una vida Semi-eremítica con otros monjes en una Kaliva o Kellion, o también para convertirse en un Hesicasta o Ermitaño. Cuando un Monje sacerdote, o Hieromonje, se convierte en Megaloskemos o Skemamonje, puede seguir celebrando la Divina Liturgia, pero si se trata de un Obispo, él no puede mantener el ejercicio de sus funciones Episcopales ni sacerdotales. Un Obispo que recibe el Gran Hábito, en la suposición de la aproximación de su pronto deceso, deberá resignar toda jurisdicción episcopal,  y si aún él se recuperara, deberá seguir llevando la vida de un Anacoreta o Solitario por el resto que le quede de vida. También puede darse el caso inverso, en el que un Skemamonje pueda ser, en caso de una muy especial necesidad, ser tomado de su Vida Eremítica y ser consagrado al Oficio Episcopal, y por ende, detentar el gobierno de una Diócesis, sin embargo este caso es realmente excepcional y rara vez ocurre. 
 

  
Video votos monásticos en Optina Pustin, Rusia - 1


 


Video votos monásticos en Optina Pustin, Rusia -2 
 
       



NOTAS:    
(1) Publicado en  www.pro-ortodoxia.com.ar       
(*) Novelas: leyes constitucionales dictadas por los Emperadores Bizantinos