Translate to your language

Mostrando entradas con la etiqueta Oración de Jesús. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Oración de Jesús. Mostrar todas las entradas

martes, 23 de julio de 2019

Monacato Bizantino femenino. Testimonio Vocacional.


En la entrada a las cuevas de un monasterio Ortodoxo en Kiev, Ucrania (Китаевская Пустынь)

Soy la Hermana Raquel, pecadora, monja bizantina por gracia de Dios.  Comencé a escribir este blog hace algunos años. En aquel tiempo visitaba frecuentemente un pequeño monasterio de rito bizantino, el Monasterio de la Transfiguración de Cristo, ubicado entre la ciudad de Pigüé y el Cerro Cura Malal, en el Sur de la Provincia de Buenos Aires, Argentina. Allí, con la ayuda de los monjes, fui introduciéndome en este fascinante mundo del Oriente Cristiano y recibí el llamado a la vocación monástica bizantina. 


He vivido los últimos años en Ucrania, en el Monasterio del Santo Manto Protector (Pokrov) en la ciudad de L’viv.  Allí con la bendición de la Higúmena (Madre superiora) pude seguir de una manera más formal mis pasos en la vida monástica dentro del rito bizantino. Luego de 4 años de formación (postulantado y noviciado),  y ya como monja rasófora, viajé al norte de Hungría, en donde estuve viviendo por un corto período en otro monasterio bizantino, hasta que el Señor me trajo nuevamente a la Argentina.

Pero…por qué irse tan lejos, a Ucrania?....Bueno, ese camino me lo fue señalando Nuestro Señor, a medida que iba conociendo más acerca del monacato bizantino y la imposibilidad de recibir en mi país, la formación más adecuada, es decir, que se conforme lo más posible a lo que el Señor había puesto en mi corazón. Mi padre espiritual, Hieromonje Dionisio, fue confirmando cada inspiración, y bendiciendo cada paso que iba tomando. Cuando él creyó que había llegado el momento, fui puesta bajo la protección paternal de nuestro Obispo, Mons. Daniel Kozelinski, Obispo-Eparca de la Iglesia Greco Católica Ucraniana en Argentina.

Había vivido toda mi vida hasta cerca de los 30 años en el rito latino. Pero la Providencia me llevó un día de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo a ese pequeño monasterio de monjes bizantinos, en el campo, cercano a las sierras. Y la solemnidad de aquella celebración de la Divina Liturgia de Navidad me tocó profundamente, incluso aunque el idioma con el que rezan es antiguo eslavo eclesiástico, no me importó, estaba impactada.  Esa forma de orar llegaba a mi corazón aunque no entendiera nada. Sentí que en aquel humilde monasterio vivía por primera vez la experiencia de sentir un poco lo que debería ser el Cielo. La liturgia cantada, el incienso, los iconos, todo me parecía tan celestial y a la vez tan cercano. Todo fluía de una manera tal, que hacía que mi alma y mi corazón sólo pensaran en Dios, olvidándome de todo. 

No sabía mucho acerca del rito bizantino. Tan solo una pequeña introducción en una charla que uno de los monjes había dado en mi parroquia latina unas semanas antes.  Fue un retiro de Adviento al que asistí providencialmente, y en el que me impactó la convicción y la fuerza con que ese monje nos transmitía el mensaje de Cristo. Recuerdo particularmente la charla acerca de tantos santos mártires que con su vida dieron testimonio de Cristo cuando Europa del Este estaba bajo el regimen comunista. Y me preguntaba: ¿Y yo, qué he hecho hasta ahora por Cristo?

Desde ese día  cuanto más conocía acerca del Oriente Cristiano, más se iba afianzando mi vocación. 
Pero me llamaba a su vez mucho la atención todo lo referente a las Iglesias Ortodoxas. Cada documental de monasterios de monjes y monjas ortodoxas que encontraba en internet, era una gran alegría para mí, y me los he visto todos. Vivía escuchando música bizantina. Comencé a rezar la Oración de Jesús, a rezar ante los santos iconos. Resumiendo: dejándolo todo me fui a vivir a la ciudad más cercana al monasterio bizantino de monjes. Trabajaba, y vivía en una pequeña casa como una monja, era como mi pequeño monasterio bizantino, aunque tenía la bendición de los monjes, no era algo oficial. En una de las habitaciones armé un gran rincón de oración, como un pequeño iconostasio con muchos iconos. Fue una etapa hermosa, de trabajo, de oración, de aprendizaje, visitas los domingos al monasterio y charlas con mi padre espiritual. 

Fui absorbiendo el rito bizantino de la manera más natural: viviéndolo.  

Descubrí el gran tesoro que hay en nuestra Iglesia Católica, quien respira con dos pulmones: Oriente y Occidente, es decir una Iglesia universal compuesta por 24 Iglesias “Sui Iuris” en plena y perfecta comunión. La parte Occidental de tradición latina, y la parte Oriental representada por 23 Iglesias, a las cuales pertenece la Iglesia Greco Católica Ucraniana.  A esta Iglesia comencé a pertenecer por mi cercanía al Monasterio de la Transfiguración de Cristo. Todas estas Iglesias forman parte del patrimonio de la Iglesia de Cristo, y si bien poseen tradiciones culturales, teológicas y litúrgicas diferentes, así como estructura y organización territorial propias, profesan la misma y única doctrina y fe, manteniéndose, por lo tanto, en comunión completa entre sí y con la Santa Sede. 

Se fue abriendo paulatinamente un mundo casi desconocido,  que me ponía más en contacto con las raíces de nuestra fe, al origen del cristianismo, a los Santos Padres, a esos primeros monjes que comenzaron a  vivir en los desiertos de Palestina y Egipto para seguir a Cristo dejando el mundo atrás. La alegría de descubrir el lugar que tiene el monaquismo en Oriente, considerado como el alma misma de las Iglesias Orientales, y los monjes como punto de referencia para todos los bautizados, en la medida de los dones que el Señor ha ofrecido a cada uno, presentándose así como una síntesis emblemática del cristianismo.

El Oriente Cristiano desempeña un papel único y privilegiado, por ser el marco originario de la Iglesia primitiva.

Fue una etapa de mucha sed de Dios que saciaba más y más a medida que era fiel a este camino del volver a las fuentes, de familiarizarme con un rito que lejos de ser algo anticuado o pasado de moda, me hizo contemplar una Tradición llena de vida, porque su fuente es Cristo, fuente de Vida, quien es el mismo, ayer, hoy y lo será por siempre.

El llamado de San Juan Pablo II en Orientale Lumen, hicieron eco en mi corazón, haciéndolas parte importante de ésta búsqueda y vocación.

Orientale Lumen es una carta apóstolica con un contenido riquísimo sobre el Oriente Cristiano y el monaquismo oriental como modelo para descubrir aquellos valores importantes que expresan la aportación del Oriente Cristiano al camino de la Iglesia de Cristo hacia el Reino. En ella se anima a los católicos orientales, a buscar incansablemente la Unidad de los cristianos, a dar a conocer la plenitud del tesoro de su venerable y antigua tradición a los hermanos de rito latino, a responder al grito de los hombres de hoy que quieren encontrar un sentido a su vida,  ofreciéndoles su propio modo de acoger, comprender y vivir la fe en el Señor Jesús, el amor con que realizan el culto litúrgico, principalmente la celebración eucarística, centro de la vida de todo fiel, cuyo fin es la participación en la naturaleza divina mediante la comunión en el misterio de la Santísima Trinidad.  

Y las siguientes palabras del Santo Padre, en particular, resonaron en mi interior:

“CON RESPECTO AL MONAQUISMO, TENIENDO EN CUENTA SU IMPORTANCIA EN EL CRISTIANISMO DE ORIENTE, DESEAMOS QUE VUELVA A FLORECER EN LAS IGLESIAS ORIENTALES CATÓLICAS Y SE APOYE A LOS QUE SE SIENTAN LLAMADOS A LLEVAR A CABO ESE AFIANZAMIENTO. EN EFECTO, EXISTE UN VÍNCULO INTRÍNSECO ENTRE LA ORACIÓN LITÚRGICA, LA TRADICIÓN ESPIRITUAL Y LA VIDA MONÁSTICA EN ORIENTE. PRECISAMENTE POR ESTO, TAMBIÉN PARA ELLOS UNA REANUDACIÓN BIEN FORMADA Y MOTIVADA DE LA VIDA MONÁSTICA PODRÍA SIGNIFICAR UN VERDADERO FLORECIMIENTO ECLESIAL. (…) ESE DESEO SE REFIERE TAMBIÉN A LOS TERRITORIOS DE LA DIÁSPORA ORIENTAL, DONDE LA PRESENCIA DE MONASTERIOS ORIENTALES DARÍA MAYOR SOLIDEZ A LAS IGLESIAS ORIENTALES EN ESOS PAÍSES, PRESTANDO, ADEMÁS, UNA VALIOSA APORTACIÓN A LA VIDA RELIGIOSA DE LOS CRISTIANOS DE OCCIDENTE”. (OL, 27)

Fue como si el Espíritu me estuviera confirmando no sólo ese llamado que me movió a cambiar mi vida radicalmente, sino también marcándole un rumbo: viajar al corazón de una Iglesia Oriental, vivir en un monasterio bizantino, recibir una formación formal de la manera más auténtica, genuina y pura posible. 

Quiero vivir la Ortodoxia dentro de la Iglesia Católica universal, y vivirla como monja católica bizantina, sólo pido discernimiento para conocer la Voluntad divina, y seguirla,"lo que Dios quiera, como Dios quiera, donde Dios quiera". 

Qué importante es escuchar la Voz de Dios en nuestro interior y seguirla. Siempre me pregunto cómo sería mi vida hoy si no hubiera respondido a Su llamado. Todo ese mundo de santas relaciones que establecí con tanta gente hoy no existiría: vienen ahora a mi mente los rostros alegres de cada una de mis hermanas ucranianas y todos los momentos que compartimos juntas, charlas con Su Beatitud Sviatoslav, charlas espirituales con el Starets Olexander de la Lavra de la Santa Dormición, la enorme cantidad de nuevas amistades que me regaló el Señor, laicos, monjes y monjas de Ucrania, Bielorusia, Polonia, Latvia, Rusia, Rumania, Hungría, Austria, Croacia, Bosnia, Francia, Alemania, Suiza, Italia, Estados Unidos, Canadá, Australia; y la gran cantidad de santuarios, iglesias, monasterios y lugares santos que pude conocer. 

Aunque generalmente nos tomamos nuestro buen tiempo, lo digo por experiencia, el Señor realmente escribe derecho en renglones torcidos. El Señor es fiel, y cuando nos decidimos, el granito de arena que ponemos lo convierte en montañas. Es tan grande el sin fin de bendiciones y sorpresas que nos regala cada día, que todo lo que hayamos vivido hasta ese momento, se transforma, cobra un sentido especial al ponerlo humildemente en sus manos, a la luz de la Resurrección. Y así sin mirar atrás, podemos avanzar presurosos hacia la meta, con entusiasmo y vigilantes, con alegría, paz, humildad, porque Él hace nuevas todas las cosas.


Publicado en la Fiesta de San Antonio de las Cuevas de Kiev.


Con Su Beatitud Sviatoslav Shevchuk, Patriarca de la Iglesia Greco Católica Ucraniana, y mis hermanas. Lavra de la Santa Dormición, Univ, Ucrania.
Así rezamos la Oración de Jesús en distintas melodías, con mis hermanas estuditas. El Padre Luca, hieromonje estudita, actualmente párroco de la Universidad Católica Ucraniana en la ciudad de L'viv, y quien iba a nuestro monasterio para enseñarnos canto bizantino durante los años que viví en Ucrania, tuvo un día la gran idea de grabarnos, y lo subió a su canal de youtube. La introducción la dice mi querida compañera de celda, la Hermana Olga, la más joven del monasterio, iconógrafa y quien me enseñó a hacer chotkys o rosarios ortodoxos, para rezar la Oración de Jesús:





Con la Hermana Olga, luego de tocar las campanas en la Fiesta de Pascua de Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Monasterio del Santo Manto Protector (Pokrov) de la Madre de Dios, L'viv, Ucrania.

Monasterio del Santo Manto Protector de las monjas de regla estudita en la ciudad de L'viv, Ucrania.







e-mail:   raquel_argentina@hotmail.com 

 Mi cuenta de Facebook (mensaje privado por messenger): Hermana Raquel (Рахиль Антонія)




viernes, 18 de julio de 2014

Sobre la Oración Santa y deificante, según Simeón de Tesalónica.




El siguiente es un extracto del libro de la Filocalia(*).
La Filocalia no presenta el perfil biográfico de este autor. Solamente se sabe de él que, después de haber sido monje, fue arzobispo de Tesalónica, alrededor de los años 1410 y 1425, y que murió en 1429.
En compensación, se conservan sus numerosos escritos, los cuales conforman el vol.CLV de la Patrología Griega de Migne. Ellos comprenden: una gran obra dogmático-litúrgica de 373 capítulos; cinco opúsculos, de los cuales cuatro tratan la misma temática que la obra antedicha, mientras el restante es de carácter ascético; ochenta y tres respuestas a cuestiones presentadas por el metropolitano de la Pentápolis, Gabriel; poesías y oraciones.
Los dos escritos retomados por la Filocalia pertenecen a la obra mayor y corresponden a los capítulos 296 y 297 de la segunda parte, titulada: Sobre los ritos sagrados (PG  534d-549a).
Para profundizar en la época y doctrina de este autor que, además de teólogo, fue, sobre todo, liturgista y “puede ser considerado el doctor por excelencia del simbolismo litúrgico”, cf. Dictionnaire de Théologie catholique, t. 14, 2976-2984 (M. Jugie).



SOBRE LA ORACIÓN SANTA Y DEIFICANTE

En qué consiste esta oración divina.

La invocación de nuestro Salvador, hecha en los siguientes términos: “Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador” es oración, voto, confesión de fe, dadora del Espíritu Santo, otorgadora de dones divinos, purificación del corazón y expulsión de los demonios, morada de Jesucristo, fuente de reflexiones espirituales y pensamientos divinos, redención de los pecados, medicina de las almas y los cuerpos, otorgadora de iluminación divina, manantial de la misericordia de Dios, causa de revelaciones e iniciaciones divinas en humildad y en la única salvación, porque lleva consigo el nombre saludable de nuestro Dios, el único que es invocado sobre nosotros, el nombre de Jesucristo, Hijo de Dios y, como dice el Apóstol, es imposible que en ningún otro seamos salvados (1).

Precisamente por eso es oración, pues con ella buscamos la misericordia divina; 

es voto, porque nos ofrecemos a Cristo mediante su invocación; es confesión, porque al declarar su fe en esos términos, Pedro fue llamado bienaventurado (2); 

es dispensadora del Espíritu, pues ninguno dice: Señor Jesús, si no está en el Espíritu Santo (3); 

es otorgadora de los dones divinos, porque por ella Cristo dijo a Pedro: A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos (4); 

es purificación del corazón, porque ve e invoca a Dios mientras Él purifica al vidente; 

es expulsión de los demonios, porque en el nombre de Jesús fueron y son expulsados todos los demonios; 

es morada de Cristo porque, mediante su recuerdo, Él está en nosotros, es decir, habita en nosotros y nos colma de alegría. Ciertamente, se ha dicho: Me he acordado de Dios y me he alegrado (5); 

es fuente de reflexión y pensamientos espirituales, porque Cristo es tesoro de toda sabiduría y toda ciencia (6), y dona ambas a aquellos en quienes habita; 

es redención de los pecados porque: Lo que desates en la tierra será desatado en el Cielo (7); 

es medicina de las almas y los cuerpos, pues se dijo: En el nombre de Jesucristo, levántate y camina(8); y también: Eneas, Jesucristo te cuida (9); 

es dadora de iluminación divina, porque Cristo es la luz verdadera (10) y hace participar de su esplendor y su gracia a quienes lo invocan, según estas conocidas palabras: Que el resplandor del Señor nuestro Dios esté sobre nosotros (11), y: Quien me sigue, tendrá la luz de la vida (12); 

es manantial de misericordia divina, porque nosotros buscamos misericordia y el Señor es misericordioso, tiene compasión de todos aquellos que lo invocan, y toma venganza con quienes claman día y noche (14); 

es causa de revelaciones e iniciaciones divinas para los humildes, porque ellas fueron otorgadas al pescador Pedro según la revelación del Padre que está en los Cielos (15); también Pablo fue atrapado por Cristo y oyó revelaciones (16);  la oración siempre opera estas cosas; ella es la única salvación; en palabras del Apóstol: es imposible que seamos salvados de alguna y otra manera (17): Éste es el Cristo, el Salvador del mundo (18).

De ahí que, en el último día, toda lengua confesará y proclamará, quiérase o no, que Jesucristo es el Señor para la gloria de Dios Padre (19). Tal es el signo de nuestra fe, porque somos y nos llamamos cristianos; tal el testimonio de nuestra pertenencia a Dios pues, como hemos indicado, está escrito que todo espíritu que proclama Señor a Jesucristo, diciendo que ha venido al mundo en carne verdadera, es Dios (20), mientras el espíritu que no confiesa esto no proviene de Dios, más bien es el anticristo, el espíritu que no reconoce a Jesucristo (21)

En consecuencia, es preciso que todo aquel que cree confiese incesantemente ese nombre, ya sea para proclamar la fe, ya sea por la caridad de nuestro Señor Jesucristo de la cual nada debe separarnos (22), ya sea por la gracia que viene de su nombre también la remisión, la redención, la medicina, la santificación, la iluminación y, sobre todo, la salvación.

En efecto, según ese nombre divino, los Apóstoles hicieron y mostraron maravillas. El evangelista dice: éstos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios –he aquí la fe- y para que creyendo tengáis la vida en su nombre (23), he aquí la salvación y la vida.



Todos los cristianos – sacerdotes, monjes, laicos- deben orar según ciertas determinaciones, en forma acorde con su posibilidad, y en el nombre de Jesucristo.




Todo fiel pronuncie siempre ese nombre a modo de oración: que lo haga tanto con el intelecto como con la lengua, esté quieto o camine, permanezca sentado o acostado (24); incluso, si está diciendo o haciendo alguna otra cosa, que se esfuerce siempre en ello. Encontrará, así, gran serenidad y alegría como saben por experiencia aquellos que se entregan a esa oración. 

Sin embargo, como se trata de una obra que supera a todos los que viven en el siglo presente y a los monjes que se encuentran en medio de ruidosas actividades, se hace necesaria la presencia de algo determinado, es decir, se necesita que todos tengan una indicación exacta de cómo practicar dicha oración, según las propias posibilidades; ya se trate de sacerdotes, monjes o laicos.

Es sabido, los monjes poseen una deuda ineludible con la oración, pues están ordenados a ella, incluso si se encuentran inmersos en el ruido de sus servicios. Ellos deben esforzarse en forma permanente por saldar su deuda, rezando incesantemente (25) al Señor, aunque estén sumergidos en el rumor y la confusión, o se encuentre en la denominada “prisión del intelecto”, algo que, en verdad, éste es. En todo caso, deben esforzarse siempre por no descuidar esa oración para no ser atrapados por el Enemigo, sino más bien recomenzar insistentemente la tarea, y deleitarse al hacerlo. 

Los sacerdotes deben ocuparse de la oración como de una obra apostólica y un anuncio divino, porque ésta es capaz de dar cumplimiento a las divinas operaciones y producir el amor de Cristo.

Los que viven en el mundo deben ejercitarla según sus posibilidades, como su propio signo y símbolo de fe, como vigilancia y santificación; también como medio para expulsar toda clase de tentaciones.

En consecuencia, es preciso que todos, sacerdotes, laicos y monjes, piensen en Cristo en primer lugar, que al despertar se acuerden de Él antes que de cualquier otra cosa, y ofrezcan eso a Cristo como primicia de todo pensamiento, como un sacrificio. En efecto, antes de cualquier otro pensamiento es necesario acordarse de Cristo que nos ha salvado y nos ha amado tanto, porque somos y nos llamamos cristianos y nos hemos revestido de Él por el bautismo (26); hemos sido signados con su ungüento perfumado, hemos participado y participamos de su santa Carne y de su Sangre, somos sus miembros (27) y su templo (28), nos hemos revestido de Él (29) y Él habito en nosotros. Por tanto, debemos amarlo y recordarlo siempre. 

Así, cada uno posee un tiempo y un número determinado de invocaciones para cumplimentar, acorde con sus posibilidades, cual si tuviera una deuda.

Lo dicho es suficiente para nuestro argumento y representa una enseñanza también para aquellos que en esa materia tienen mayores exigencias.


 ______________________________________________________

Sobre el poder de la oración:



Hace un par de años descubrí una serie ortodoxa rusa espectacular "Tres Parábolas". Se trata de tres historias cortas que tienen un profundo contenido espiritual, y a la vez tienen muchas partes cómicas, con las cuales me he reído y disfrutado mucho.  Hay varios personajes que se repiten en las distintas historias que se desarrollan en torno a un monasterio, donde se destacan el Higúmeno y un novicio, una loca por Cristo que siempre permanece en la entrada del monasterio. También hay otros personajes secundarios que vuelven a aparecer en otras historias, tales como una señora, llamada María y un borracho.
Este video sobre el poder de la oración, es la 3º parábola de la 2º parte, y es lo único que hay por el momento con subtítulos en español.

Y a continuación los links de la serie completa. La primera la encontré en inglés e italiano. La segunda parte, sólo en ruso. Cada una tiene una duración de 1 hora aproximadamente, y está dividida en 3 historias a modo de parábolas, con una enseñanza explicada al final de cada una.

Las Tres Parábolas. Parte 1:

  

Las Tres Parábolas. Parte 2:




Notas:
(*) Extraído de la Filocalia. Volumen cuarto. Ed. Lumen.
(1)Cf. Hch 4,12.
(2)Cf. Mt 16, 17.
(3) 1 Co 12. 3.
(4) Mt 16, 19.
(5) Sal 76, 4.
(6)Cf. Col 2,3.
(7)Cf. Mt 16, 19; 18, 18.
(8)Cf. Hch 9, 34.
(9) Hch 9, 34.
(10)Cf. Jn 1, 9.
(11) Sal 89, 17.
(12) Jn 8, 12.
(13)Cf. Sal 85, 5; 144, 8.
(14)Cf. Lc 18, 7.
(15)Cf. Mt 16, 17.
(16)Cf.2 Cor 12, 2 y ss.
(17)Cf. Hch 4, 12.
(18)Cf. Jn 4, 42.
(19) Flp 2, 11.
(20) 1 Jn 4, 2.
(21)Cf. 1 Jn 4, 3.
(22)Cf. Rm 8, 35.
(23) Jn 20, 31.
(24)Cf. Dr 6,6 y ss.
(25)Cf. 1 Ts 5, 17.
(26)Cf. Ga 3, 27.
(27)Cf. 1 Cor 12, 27.
(28)Cf. 2 Cor 6. 16.
(29)Cf. Ga 3, 27.