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| En la entrada a las cuevas de un monasterio Ortodoxo en Kiev, Ucrania (Китаевская Пустынь) |
Soy la Hermana Raquel, pecadora, monja bizantina por gracia de Dios. Comencé a escribir este blog hace algunos años. En aquel tiempo visitaba frecuentemente un pequeño monasterio de rito bizantino, el Monasterio de la Transfiguración de Cristo, ubicado entre la ciudad de Pigüé y el Cerro Cura Malal, en el Sur de la Provincia de Buenos Aires, Argentina. Allí, con la ayuda de los monjes, fui introduciéndome en este fascinante mundo del Oriente Cristiano y recibí el llamado a la vocación monástica bizantina.
He vivido los últimos años en Ucrania, en el Monasterio del Santo Manto Protector (Pokrov) en la ciudad de L’viv. Allí con la bendición de la Higúmena (Madre superiora) pude seguir de una manera más formal mis pasos en la vida monástica dentro del rito bizantino. Luego de 4 años de formación (postulantado y noviciado), y ya como monja rasófora, viajé al norte de Hungría, en donde estuve viviendo por un corto período en otro monasterio bizantino, hasta que el Señor me trajo nuevamente a la Argentina.
Pero…por qué irse tan lejos, a Ucrania?....Bueno, ese camino me lo fue señalando Nuestro Señor, a medida que iba conociendo más acerca del monacato bizantino y la imposibilidad de recibir en mi país, la formación más adecuada, es decir, que se conforme lo más posible a lo que el Señor había puesto en mi corazón. Mi padre espiritual, Hieromonje Dionisio, fue confirmando cada inspiración, y bendiciendo cada paso que iba tomando. Cuando él creyó que había llegado el momento, fui puesta bajo la protección paternal de nuestro Obispo, Mons. Daniel Kozelinski, Obispo-Eparca de la Iglesia Greco Católica Ucraniana en Argentina.
Había vivido toda mi vida hasta cerca de los 30 años en el rito latino. Pero la Providencia me llevó un día de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo a ese pequeño monasterio de monjes bizantinos, en el campo, cercano a las sierras. Y la solemnidad de aquella celebración de la Divina Liturgia de Navidad me tocó profundamente, incluso aunque el idioma con el que rezan es antiguo eslavo eclesiástico, no me importó, estaba impactada. Esa forma de orar llegaba a mi corazón aunque no entendiera nada. Sentí que en aquel humilde monasterio vivía por primera vez la experiencia de sentir un poco lo que debería ser el Cielo. La liturgia cantada, el incienso, los iconos, todo me parecía tan celestial y a la vez tan cercano. Todo fluía de una manera tal, que hacía que mi alma y mi corazón sólo pensaran en Dios, olvidándome de todo.
No sabía mucho acerca del rito bizantino. Tan solo una pequeña introducción en una charla que uno de los monjes había dado en mi parroquia latina unas semanas antes. Fue un retiro de Adviento al que asistí providencialmente, y en el que me impactó la convicción y la fuerza con que ese monje nos transmitía el mensaje de Cristo. Recuerdo particularmente la charla acerca de tantos santos mártires que con su vida dieron testimonio de Cristo cuando Europa del Este estaba bajo el regimen comunista. Y me preguntaba: ¿Y yo, qué he hecho hasta ahora por Cristo?
Desde ese día cuanto más conocía acerca del Oriente Cristiano, más se iba afianzando mi vocación.
Pero me llamaba a su vez mucho la atención todo lo referente a las Iglesias Ortodoxas. Cada documental de monasterios de monjes y monjas ortodoxas que encontraba en internet, era una gran alegría para mí, y me los he visto todos. Vivía escuchando música bizantina. Comencé a rezar la Oración de Jesús, a rezar ante los santos iconos. Resumiendo: dejándolo todo me fui a vivir a la ciudad más cercana al monasterio bizantino de monjes. Trabajaba, y vivía en una pequeña casa como una monja, era como mi pequeño monasterio bizantino, aunque tenía la bendición de los monjes, no era algo oficial. En una de las habitaciones armé un gran rincón de oración, como un pequeño iconostasio con muchos iconos. Fue una etapa hermosa, de trabajo, de oración, de aprendizaje, visitas los domingos al monasterio y charlas con mi padre espiritual.
Fui absorbiendo el rito bizantino de la manera más natural: viviéndolo.
Descubrí el gran tesoro que hay en nuestra Iglesia Católica, quien respira con dos pulmones: Oriente y Occidente, es decir una Iglesia universal compuesta por 24 Iglesias “Sui Iuris” en plena y perfecta comunión. La parte Occidental de tradición latina, y la parte Oriental representada por 23 Iglesias, a las cuales pertenece la Iglesia Greco Católica Ucraniana. A esta Iglesia comencé a pertenecer por mi cercanía al Monasterio de la Transfiguración de Cristo. Todas estas Iglesias forman parte del patrimonio de la Iglesia de Cristo, y si bien poseen tradiciones culturales, teológicas y litúrgicas diferentes, así como estructura y organización territorial propias, profesan la misma y única doctrina y fe, manteniéndose, por lo tanto, en comunión completa entre sí y con la Santa Sede.
Se fue abriendo paulatinamente un mundo casi desconocido, que me ponía más en contacto con las raíces de nuestra fe, al origen del cristianismo, a los Santos Padres, a esos primeros monjes que comenzaron a vivir en los desiertos de Palestina y Egipto para seguir a Cristo dejando el mundo atrás. La alegría de descubrir el lugar que tiene el monaquismo en Oriente, considerado como el alma misma de las Iglesias Orientales, y los monjes como punto de referencia para todos los bautizados, en la medida de los dones que el Señor ha ofrecido a cada uno, presentándose así como una síntesis emblemática del cristianismo.
El Oriente Cristiano desempeña un papel único y privilegiado, por ser el marco originario de la Iglesia primitiva.
Fue una etapa de mucha sed de Dios que saciaba más y más a medida que era fiel a este camino del volver a las fuentes, de familiarizarme con un rito que lejos de ser algo anticuado o pasado de moda, me hizo contemplar una Tradición llena de vida, porque su fuente es Cristo, fuente de Vida, quien es el mismo, ayer, hoy y lo será por siempre.
El llamado de San Juan Pablo II en Orientale Lumen, hicieron eco en mi corazón, haciéndolas parte importante de ésta búsqueda y vocación.
Orientale Lumen es una carta apóstolica con un contenido riquísimo sobre el Oriente Cristiano y el monaquismo oriental como modelo para descubrir aquellos valores importantes que expresan la aportación del Oriente Cristiano al camino de la Iglesia de Cristo hacia el Reino. En ella se anima a los católicos orientales, a buscar incansablemente la Unidad de los cristianos, a dar a conocer la plenitud del tesoro de su venerable y antigua tradición a los hermanos de rito latino, a responder al grito de los hombres de hoy que quieren encontrar un sentido a su vida, ofreciéndoles su propio modo de acoger, comprender y vivir la fe en el Señor Jesús, el amor con que realizan el culto litúrgico, principalmente la celebración eucarística, centro de la vida de todo fiel, cuyo fin es la participación en la naturaleza divina mediante la comunión en el misterio de la Santísima Trinidad.
Y las siguientes palabras del Santo Padre, en particular, resonaron en mi interior:
“CON RESPECTO AL MONAQUISMO, TENIENDO EN CUENTA SU IMPORTANCIA EN EL CRISTIANISMO DE ORIENTE, DESEAMOS QUE VUELVA A FLORECER EN LAS IGLESIAS ORIENTALES CATÓLICAS Y SE APOYE A LOS QUE SE SIENTAN LLAMADOS A LLEVAR A CABO ESE AFIANZAMIENTO. EN EFECTO, EXISTE UN VÍNCULO INTRÍNSECO ENTRE LA ORACIÓN LITÚRGICA, LA TRADICIÓN ESPIRITUAL Y LA VIDA MONÁSTICA EN ORIENTE. PRECISAMENTE POR ESTO, TAMBIÉN PARA ELLOS UNA REANUDACIÓN BIEN FORMADA Y MOTIVADA DE LA VIDA MONÁSTICA PODRÍA SIGNIFICAR UN VERDADERO FLORECIMIENTO ECLESIAL. (…) ESE DESEO SE REFIERE TAMBIÉN A LOS TERRITORIOS DE LA DIÁSPORA ORIENTAL, DONDE LA PRESENCIA DE MONASTERIOS ORIENTALES DARÍA MAYOR SOLIDEZ A LAS IGLESIAS ORIENTALES EN ESOS PAÍSES, PRESTANDO, ADEMÁS, UNA VALIOSA APORTACIÓN A LA VIDA RELIGIOSA DE LOS CRISTIANOS DE OCCIDENTE”. (OL, 27)
Fue como si el Espíritu me estuviera confirmando no sólo ese llamado que me movió a cambiar mi vida radicalmente, sino también marcándole un rumbo: viajar al corazón de una Iglesia Oriental, vivir en un monasterio bizantino, recibir una formación formal de la manera más auténtica, genuina y pura posible.
Quiero vivir la Ortodoxia dentro de la Iglesia Católica universal, y vivirla como monja católica bizantina, sólo pido discernimiento para conocer la Voluntad divina, y seguirla,"lo que Dios quiera, como Dios quiera, donde Dios quiera".
Qué importante es escuchar la Voz de Dios en nuestro interior y seguirla. Siempre me pregunto cómo sería mi vida hoy si no hubiera respondido a Su llamado. Todo ese mundo de santas relaciones que establecí con tanta gente hoy no existiría: vienen ahora a mi mente los rostros alegres de cada una de mis hermanas ucranianas y todos los momentos que compartimos juntas, charlas con Su Beatitud Sviatoslav, charlas espirituales con el Starets Olexander de la Lavra de la Santa Dormición, la enorme cantidad de nuevas amistades que me regaló el Señor, laicos, monjes y monjas de Ucrania, Bielorusia, Polonia, Latvia, Rusia, Rumania, Hungría, Austria, Croacia, Bosnia, Francia, Alemania, Suiza, Italia, Estados Unidos, Canadá, Australia; y la gran cantidad de santuarios, iglesias, monasterios y lugares santos que pude conocer.
Aunque generalmente nos tomamos nuestro buen tiempo, lo digo por experiencia, el Señor realmente escribe derecho en renglones torcidos. El Señor es fiel, y cuando nos decidimos, el granito de arena que ponemos lo convierte en montañas. Es tan grande el sin fin de bendiciones y sorpresas que nos regala cada día, que todo lo que hayamos vivido hasta ese momento, se transforma, cobra un sentido especial al ponerlo humildemente en sus manos, a la luz de la Resurrección. Y así sin mirar atrás, podemos avanzar presurosos hacia la meta, con entusiasmo y vigilantes, con alegría, paz, humildad, porque Él hace nuevas todas las cosas.
Publicado en la Fiesta de San Antonio de las Cuevas de Kiev.
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| Con Su Beatitud Sviatoslav Shevchuk, Patriarca de la Iglesia Greco Católica Ucraniana, y mis hermanas. Lavra de la Santa Dormición, Univ, Ucrania. |
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| Con la Hermana Olga, luego de tocar las campanas en la Fiesta de Pascua de Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Monasterio del Santo Manto Protector (Pokrov) de la Madre de Dios, L'viv, Ucrania. |
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| Monasterio del Santo Manto Protector de las monjas de regla estudita en la ciudad de L'viv, Ucrania. |
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