Translate to your language

lunes, 1 de agosto de 2011

Starets y Paternidad Espiritual. Video Entrevista completo con un santo starets.

San Serafin de Sarov
La paternidad espiritual es uno de los elementos más importantes de la vida espiritual del Oriente Cristiano.
Todos seguramente conocemos alguna figura destacada del monaquismo oriental, aquellos padres o guías espirituales, generalmente ancianos, llamados starets por los eslavos o geronta por los griegos. Podemos mencionar en primer lugar a San Serafin de Sarov, ya que hoy se celebra en el rito bizantino el Hallazgo de sus reliquias en el año 1903.

San Serafin fue un monje de la Iglesia Ortodoxa Rusa, y poseyó aquellas virtudes propias de la antigua tradición que, heredada de los Padres de la Iglesia, es fortísima en el Oriente: la vida monástica, la dirección espiritual, la ascesis y el retiro lejos de los hombres. Llevó una vida totalmente consagrada a Dios y a los hermanos. Dios lo enriqueció con numerosos dones, algunos extraordinarios, y él supo, a costa de perseverantes y humildes sacrificios, hacerlos fructificar en rededor suyo.

 Podemos citar también al starets San Siluan del Monte Athos y a su discípulo Sophrony Sakharov, al starets Paisios del Monte Athos, y a tantos otros que hasta el día de hoy, en la actualidad siguen ejerciendo esta misión fruto del Espíritu, desde el silencio, hombres dotados de grandes dones como el de profecía y discernimiento de los espíritus, entre otros.

San Siluan del Monte Athos
Es bien sabido con qué energía ya los maestros del monacato primitivo hicieron hincapié en la necesidad de la dirección espiritual, de la apertura de la conciencia, o mejor, de la apertura del alma, que es mucho más que la simple confesión de los pecados. En efecto, para orientar al padre espiritual y para que su dirección sea efectiva, no sólo se le deben manifestar las faltas y caídas, sino también -y ante todo- los logismoi, esto es, los pensamientos, las inclinaciones, las sugestiones, los impulsos interiores. No hubo doctrina más común entre los monjes antiguos. San Antonio era tan exigente en esta materia, que no dudaba en afirmar que el hermano debe aclarar absolutamente todo a su "anciano"; incluso, si fuera posible, cuántos pasos ha dado y cuántas gotas de agua ha bebido. San Basilio no permite que nadie, en el cenobio, tenga escondido "en su fuero interno ningún movimiento del alma; todos los monjes deben descubrir los secretos de su corazón a aquellos hermanos que han recibido la misión de cuidar a los enfermos con simpatía y comprensión". Y esta declaración hay que hacerla cuánto antes mejor. Pues, cuando el logismoi ha repercutido en un acto externo u obtenido el consentimiento de la voluntad, la manifestación del alma llega demasiado tarde, el pecado que se quería evitar está ya cometido, y lo único que puede hacer el padre espiritual es intentar curar las llagas del alma. Es preciso atacar al enemigo en cuanto empieza a manifestarse, hay que aplastar la cabeza de la serpiente apenas asoma, matar a los hijos de Babilonia apenas nacidos, extirpar los malos hierbajos antes de que empiecen a echar raíces.

No sólo es un privilegio, sino un estricto deber, del hombre que se retira a la soledad, el llamar a la puerta de los varones espirituales en busca de dirección. Está escrito: "Pregunta a tu padre y te lo dirá". Nuestro maestros consideraban este precepto como si se dirigiera particularmente a los monjes. Y no admitían excepción de ninguna clase. Los escritos legados por el monacato primitivo nos permiten comprobar cómo los monjes noveles sometían a la crítica de los ancianos espirituales sus prácticas ascéticas, sus planes, sus intenciones; cómo les confiaban sus caídas, sus tentaciones, las sugerencias de sus pasiones. Incluso a veces, solos o formando pequeños grupos, emprendían largos viajes a pie a fin de consultar sus problemas interiores con los padres más eminentes por su díacrisis. ¡Ay de aquellos que rechazaban la dirección espiritual o no eran plenamente sinceros con sus "ancianos"!. Se exponían a caer en las ilusiones, exageraciones y errores funestos. Ya San Antonio se veía obligado a declarar: "He visto a monjes que, después de muchos años de trabajos, cayeron y llegaron hasta la locura por haber contado con sus propias obras y no haber aceptado el mandamiento de Dios que dice: 'Interroga a tu padre y te lo enseñará' ".

Los Apotegmas de los Padres del Desierto nos permiten vislumbrar cómo se realizaba en la práctica esta dirección, puesto que muchos de ellos no son otra cosa que la escueta narración de una consulta hecha a un padre espiritual. Se nos habla simplemente de una visita, de una pregunta y de una respuesta. A lo que parece, aun suponiendo que la narración abrevia, todo transcurría en pocas palabras. La austeridad de la profesión monástica, el temor a hablar inútilmente, y sin duda, también el deseo de ser claro, de facilitar el recuerdo de la respuesta y hacerla más eficaz, el respecto que imponía un ministerio considerado como de orden superior, todo ayudaba a imponer una gran sobriedad y gravedad. Son realmente impresionantes consultas. Y es que, además de las razones a que acabamos de aludir, había una causa superior que excluía toda palabrería, toda chanza, toda superficialidad: la convicción profunda de que las palabras de los ancianos eran verdaderamente inspiradas, esto es, que Dios mismo hablaba por su boca. Siendo así las cosas, no se debía discutir con ellos. Los que iban a consultarles, se limitaban a recoger con inmensa reverencia sus palabras como verdaderos oráculos. A lo más, cuando éstos se revestían de formas oscuras y sibilinas, se podía pedir una explicación; pero incluso ésta se daba en estido conciso. Sólo cuando el padre espiritual prefería responder en forma de apólogo, el discurso se alargaba un poco. Pero nunca se discutía. Si el discípulo se mostraba terco, el anciano espiritual se limitaba a pedir a Dios que tocara su corazón o a excogitar alguna estrategma para hacerle entrar en razón y volver al buen camino.

Es así, que hasta el día de hoy en las Iglesias Orientales, la paternidad espiritual es considerada como el servicio exterior más importante del monaquismo al mundo.

Santos Antonio y Teodosio de las Grutas de Kiev
Los grandes starets sabían ver en otro hombre su propiedad exclusiva, inconfundible y sabían dar a este hombre, y a otro, y a otro más la posibilidad de ser también él mismo y no la réplica de este starets o, peor aún, su repetición estereotipada. Tomemos un ejemplo de la historia de la Iglesia de la Rus' de Kiev: el de Antonio del monasterio de las Cuevas de Kiev, y Teodosio. Este fue educado por aquél, pero Antonio era asceta y Teodosio fundó la vida cenobítica. Diríase: ¿cómo pudo Antonio prepararlo para que fuese un hombre que él mismo no había querido ser y para que hiciese lo que él mismo no hubiese hecho, a lo que Dios no le había llamado? En este caso hay que distinguir muy bien entre el deseo de hacer a un hombre semejante a uno y el  deseo de hacerlo semejante a Cristo.
Lo propio de un starets es un bendito don, es la genialidad espiritual, y por eso nadie de nosotros puede pensar en comportarse como starets. Pero existe también un intermedio: la paternidad (en occidente esta figura es conocida mas bien como director o guía espiritual).

Es importante aclarar aquí, que si bien los "ancianos" o starets son padres o maestros espirituales generalmente de edad avanzada, este ministerio no está supeditado solamente a ellos. Es cierto que por su edad y experiencia de vida ascética son quienes más tienen dones especiales frutos de una vida entera de lucha y sacrificios, pero tambien es cierto que es pura gracia divina, en toda la historia de la Iglesia ha habido mucho de ellos que quizás ni conocían las obras de los Santos Padres, pero que el Espíritu mismo los instruía y les daba discernimiento y una sabiduría aún quizás sin haber llegado a la vejez. Pero teniendo en cuenta que la espiritualidad es la manifestación de lo que se opera misteriosamente en nosotros por la acción del Espíritu Santo, un padre espiritual puede serlo también quien sepa vigilar esta acción en su hijo espiritual, y despierte su obra, protegiéndolo contra las tentaciones o caídas, contra las faltas de fe. Por lo tanto, un sacerdote, que recibió la gracia del sacerdocio, tiene tanto el derecho como la bendita fuerza de administrar los sacramentos de la Eucaristía, el Bautismo y la Comunión, como así también de la Confesión y con éste de guiar hacia la reconciliación con Dios.

Starets Paisios del Monte Athos
Entonces el ser "starets" es concedido por la gracia de Dios, es un fenómeno carismático. Pero la "paternidad" consiste en que una persona (que puede ser sacerdote o no) engendra para la vida espiritual a otra persona. Ésta, habiendo escrutado a aquélla, vio -como reza un viejo proverbio- el resplandor de una vida eterna en sus ojos y en su rostro y por eso pudo acercársele y pedir que fuese su pedagogo y director. Lo segundo que distingue al padre es que éste parece ser de una misma sangre y un mismo espíritu que su discípulo y puede conducirlo.

La obediencia en esta relación padre-hijo tiene un papel muy importante.

La obediencia supone que el hijo espiritual, después de haberse elegido un pedagogo en quien cree incondicionalmente y en quien ve lo que busca, no sólo atiende a cada palabra de éste, sino que también hace el caso al tono de su voz y procura, a través de todo en que se minifiesta la personalidad de este starets y su experiencia espiritual, hacerla suya y sobrepasar a sí mismo, rebasar los límites de la medida que hubiera podido alcanzar con sus propios esfuerzos.

La obediencia es ante todo el don de atender. Atender aplicando no sólo el oído, sino también la inteligencia, todo el ser, abriendo el corazón y contemplando piadosamente el misterio espiritual de otro hombre. Y el padre espiritual, si es que puede serlo para uno, debe mostrar una profunda piedad por lo que en uno obra el Espíritu Santo. El padre espiritual debe ser capaz de ver en el hombre la inalienable belleza de la imagen de Dios. A veces esto puede costar esfuerzos, atenciones serias y actitud piadosa hacia aquel que acude a él. Si es incluso un hombre deteriorado por el pecado, el padre espiritual debe ver en él un icono damnificado por las condiciones de vida, por la negligencia o por el sacrilegio de los hombres; debe ver en él un icono y admirar lo que de este icono queda. Y sólo por eso, sólo por la divina belleza que tiene, debe trabajar para eliminar cuanto deforma esta imagen de Dios. Pero si el director espiritual no es capaz de ver en el hombre esta belleza celestial, ver que empieza a materializar ya su vocación de hacerse Hombre Dios según la imagen de Cristo, no puede dirigirlo. Por eso al hombre no lo construyen, no lo hacen, sino que le ayudan a crecer a medida de su propia vocación.

Aquí cabe aclarar un poco más la acepción del vocablo "obediencia". Por lo general hablamos de la obediencia como de la supeditación, la sujeción y muy a menudo incluso del avasallamiento al confesor, al que completamente en vano y en perjuicio del sacerdote mismo hemos llamado "padre espiritual" o "starets". Entretanto, la verdadera obediencia que consiste en prestar la atención con todas las fuerzas del alma compromete por igual tanto al director espiritual como al dirigido. El director espiritual debe atender con toda su experiencia, con todo su ser, con todas sus oraciones ,y más aún, con toda la acción que realiza en él la gracia del Espíritu Santo lo que este último obra en la persona que se le ha confiado al director espiritual.

Este debe seguir los caminos del Espíritu Santo en esta persona, debe venerar lo que Dios obra, sin procurar educarla según su propia imagen o tal como cree que debe desarrollarse, y no convertirla en víctima de su dirección espiritual. Se necesita la mansedumbre por ambas partes. Esperamos la mansedumbre por parte del hijo espiritual, pero ¡cuánta mansedumbre debe tener el director espiritual para no irrumpir jamás en el dominio sagrado, para tratar el alma humana tal como fue ordenado a Moisés tratar la tierra alrededor de la zarza ardiendo! En potencia o en realidad cada hombre es ya esta zarza y cuanto lo rodea es una tierra santa que el director espiritual puede pisar sólo habiendo desatado el calzado. Debe sentirse como el publicano que está a la puerta del templo, mira en el templo y sabe que es un dominio del Dios vivo, que es un lugar santo, y él tiene derecho a entrar únicamente si el mismísimo Dios se lo manda y le sugiere qué hacer y qué decir.

Una de las tareas del padre espiritual consiste en educar al hombre en la libertad espiritual, en la regia libertad de los hijos de Dios. No debe mantenerlo en el infantilismo toda vida, haciéndolo acudir a él por cualquier bagatela, sino que debe enseñarle a que él mismo oiga lo que el Espíritu Santo reza con verbos inefables en su corazón. Pensemos en lo que significa la "humildad". "Humildad" es la conformidad, quiere decir, que el hombre se ha conformado con la voluntad de Dios, entregándosele sin reserva, con plenitud y alegría y diciendo: "Señor, haz lo que quieras conmigo". Y en consecuencia se ha conformado también con todas las circunstancias de su propia vida. Todo -lo bueno y lo terrible- es don concedido por Dios. Dios nos ha llamado a ser sus mensajeros en la tierra y nos envía adonde están las tinieblas para que seamos luz, adonde está la desesperanza para que seamos esperanza, adonde la alegría se ha extinguido para que seamos alegría, etcétera. Y nuestro puesto no está sólo donde existe serenidad -en el templo, cuando se celebra la liturgia y donde estamos protegidos por la presencia de Dios-, sino también allí donde nos encontramos solos como presencia de Cristo en la oscuridad del mundo deformado.

San Teófano el Recluso
Por otra parte el vocablo latino "humildad" es derivado del vocablo "humus", cuyo significado es "tierra vegetal". San Teofano  el Recluso escribe a este propósito: piensen lo que es la tierra. Yace silenciosa, abierta, indefensa, vulnerable frente al cielo. Del cielo recibe la aridez, los rayos del Sol, la lluvia y el rocío, pero recibe también lo que llamamos abonos, o sea, estiércol y cuanto echamos en ella. ¿Y qué pasa? Aporta frutos, y cuanto más soporta lo que nosotros llamamos humillación, ofensa, tanto mayores son los frutos. Pues la humildad estriba en abrirse ante Dios en plenitud y no protegerse en absoluto contra Él, contra la acción del Espíritu Santo, contra la imagen de Jesucristo, contra Su doctrina; la humildad estriba en ser vulnerables a Su gracia igualmente que lo somos a las manos de los hombres, a sus palabras hirientes, a sus hechos crueles, a sus mofas. La humildad estriba en entregarnos a Dios para que tenga derecho, según nuestro propio deseo, a obrar con nosotros lo que El quiera, en aceptarlo todo, en abrirnos y en dar la libertad al Espíritu Santo para conquistarnos.

Si también el padre espiritual va a aprender la humildad en este sentido: ver la belleza sempiterna en el hombre y conocer el puesto que le corresponde (y este puesto es tan sagrado, tan divino: el del padrino del novio que asiste al encuentro de los novios), podrá ser realmente acompañante de su hijo espiritual, podrá marchar sobre los pasos de él, protegiéndolo, apoyándolo y no irrumpiendo jamás en el dominio del Espíritu Santo. En este caso la dirección espiritual se hace parte de la espiritualidad, parte del crecimiento de la santidad a que está llamado cada uno de nosotros y que cada padre espiritual debe ayudar a consumarlo a sus hijos espirituales.

______________________________________________

Quiero agradecer enormemente a todos los que visitan este blog. Hoy Teóforos cumple un año de vida. Aprovecho para saludar a nuestros seguidores. Y para culminar este post, les comparto como obsequio aniversario, este video del Starets Tadej, un monje ortodoxo serbio, considerado por muchos como santo. Dio esta entrevista un año antes de su muerte. (+1914-2003). Hace un tiempo había visto este video en youtube, pero sólo se encontraba subtitulado una pequeña parte de la entrevista. Ahora con gran alegría encontré la entrevista completa subtitulada en español. Observen su mirada, sus expresiones, su komboskini (rosario ortodoxo) en su mano, orando constantemente la Oración de Jesús. En la entrevista contesta preguntas sobre muchos temas de la actualidad. Espero que les guste. Dios los bendiga.
En Cristo y María Santísima. Raquel del Monasterio Católico Bizantino.

Al final de la entrevista hay una frase del starets que no está traducida, y dice lo siguiente:

"En la manera que son tus pensamientos, es la manera en que será tu vida" (Monje Tadej)



Entrevista con un santo starets - Parte 1


Entrevista con un santo starets - Parte 2



Entrevista con un santo starets - Parte 3



Entrevista con un santo starets - Parte 4




Notas:

Para esta publicación se tomaron ciertos conceptos y partes de: 
- " El monacato primitivo"  Editorial BAC.
- LA ESPIRITUALIDAD Y LA DIRECCIÓN ESPIRITUAL. Antonio, Metropolitano de Sourozh. Informe pronunciado el 19 de mayo de 1987 en la Conferencia Eclesiástica Científica Internacional "La teología y la espiritualidad de la Iglesia Ortodoxa Rusa" reunida en el Departamento Editorial del Patriarcado de Moscú.