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viernes, 19 de agosto de 2011

La Transfiguración de Cristo - El Icono de la Transfiguración (video)

Icono de la Transfiguración. Teófano el Griego, 1403 ( Moscú, Galería Tetriakov)

Hoy 6 de agosto según el calendario juliano que se utiliza en las Iglesias Orientales de rito bizantino se celebra una fiesta muy importante para todo el Oriente Cristiano: La Transfiguración de Nuestro Señor Jesucristo en el Monte Tabor.

Y para nuestra Comunidad Católica Bizantina Madre de Dios del Portal de Iver, es también un día muy especial ya que son las fiestas patronales del Monasterio de la Transfiguración (en cercanías de la ciudad de Pigüé, provincia de Buenos Aires, Argentina), y muy especialmente festejamos esta primer fiesta para la Parroquia de la Transfiguración de Cristo, a pocos meses de su creación por parte de nuestro querido Patriarca Sviatoslav Shevchuk.

Quiero compartir aquí una pequeña reflexión (*) al respecto del Padre Emilianos, monje ortodoxo del Monasterio de Simonos Petras en el Monte Athos, y a continuación un video con una explicación del Icono de la Transfiguración.

LA TRANSFIGURACIÓN DE CRISTO


Cerro Curamalal, Sierras de la Ventana - Paisaje del entorno del Monasterio Bizantino de Pigüé

Cuando, "antes de la Cruz" el Teántropo toma consigo, para acompañarle al monte, a los tres discípulos, no se ha cambiado a sí mismo delante de ellos, no ha asumido en lo externo una forma, una naturaleza, que antes no tuviese, no se ha vuelto resplandeciente con una gloria que le resultase extraña, por efecto de una luz proveniente de otra parte. Su persona perfecta y teándrica no ha sufrido ningún cambio o transformación, sino, según los Santos Padres, Cristo abrió los ojos a los discípulos: "Pasaron de la carne al espíritu", escribe San Máximo el Confesor. Y San Juan Damasceno:

"No se transfigura asumiendo lo que no era, sino mostrando a sus discípulos lo que era, abriéndoles los ojos, y de ciegos como estaban los convierte en vidente (...). Permaneciendo siempre el mismo en su identidad, se muestra ahora a sus discípulos bajo un aspecto diverso respecto al que antes se manifestaba". 

Por un instante Cristo les concede contemplar la gloria de su divinidad, que estaba unida hipostáticamente, "sin confusión", sin cambio, sin división y sin separación" a su naturaleza humana (definición de fe del IV Concilio Ecuménico de Calcedonia). Revela a los ojos "abiertos" de los apóstoles la gloria inaccesible e insoportable que había "velado" por condescendencia bajo el velo de la carne, en la sombra de su cuerpo,  y muestra la carne transparente como cristal. San Gregorio Palamas enseña:

"El poder divino brillaba como a través de láminas de vidrio, resultando diáfano a cuantos habían purificado el ojo del corazón"(San Gregorio Palamás, Primera homilía sobre la Transfiguración, PG 151, 433C).

Muestra, por un instante, el estado permanente que adquirirá su cuerpo después de la Resurrección y que los cuerpos de los santos poseen en el Reino de los Cielos, para ayudar a los apóstoles y prepararlos a la prueba de su Pasión:

"Antes de la Cruz, Señor, tomando contigo a los discípulos sobre una alta montaña, te transfiguraste ante ellos, iluminándoles con los rayos de tu majestad. Por amor hacia los hombres y por tu poder soberano querías mostrarles el esplendor de la Resurreccion". (Kondakio de la fiesta)

Esta luz increada, esta única gloria y energía del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, "belleza del siglo futuro y eterno" emanada del cuerpo de Cristo como de una fuente de irradiación, se convierte en "el reflejo de la carne semejante a Dios (homóteos), y le permite ver desde entonces el reino de Dios venido "con poder", como el Señor les había prometido antes de llevarlos a la montaña:

"Os aseguro que entre los aquí presentes algunos no gustarán la muerte hasta que vean venir con poder el Reino de Dios" (Mc 9,11).

En el mundo creado, el sol envía su luz sobre todas las criaturas para darles vida; igualmente la luz increada se comunica a los vestidos del Señor, "blancos como la nieve" (Mt 17, 2), pues una cosa es la unión con Dios "según la hipóstasis" y otra la participación " por gracia", "por energía u operación":

"Su rostro resplandecía como el sol, pues se identifica, según la hipóstasis, con la luz inmaterial, y por esto se convierte en el Sol de Justicia; pero sus vestidos se vuelven blancos como la nieve, pues recibien la gloria por revestimiento  y no por unión, por relación y no según la hipóstasis" (San Juan Damasceno, homilía sobre la Transfiguración, 4, PG 96, 552C).

Según San Máximo, estos vestidos blancos "resplandecientes" (Mt 9, 3), "fulgurantes" (Lc 9, 29), son los logoi de la creación, las raíces ontológicas de las cosas que han encontrado su realización, su recapitulación, en la persona teándrica del Logos de Dios encarnado (San Máximo el Confesor, Ambigua, 28, PG 91, 1128BD).

Los elementos del mundo natural liberados de la pesadez de la carne, cesan de cubrir a Cristo, como pesados vestidos de invierno, volviéndose ligeros, luminosos, pneumatóforos ( portadores de Espíritu), y comunican a los hombres la irradiación de la gloria de Dios.

VIDEO EXPLICATIVO DEL ICONO DE LA TRANSFIGURACIÓN


Este video está guionado y dirigido por el Padre Sami Bou Chalhoub, sacerdote de la Iglesia Greco Católica Melquita, una de las Iglesias Católicas Orientales de rito bizantino, es decir, es una iglesia particular (sui iuris) de la Iglesia Católica que goza de autonomía y está en plena comunión con el Papa de Roma.

La Iglesia Greco Católica Melquita se origina con el establecimiento del cristianismo en el Medio Oriente. La palabra cristiano comenzó a utilizarse por primera vez en la ciudad de Antioquía, la sede histórica de la iglesia Melquita. La mayoría de sus fieles son de lengua árabe. Luego del Cisma de Oriente vuelven a reunificarse con Roma en el año 1724.




Pueden pinchar aquí para ver el post sobre la fiesta de la Transfiguración de NSJ publicado en Teóforos el año pasado:




Nota:

(*) Extraído del libro Luz en la Noche, Emilianos de Simonos Petras, Ed. Narcea.