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sábado, 26 de octubre de 2013

La Oración de Jesús. Por el Archimandrita Sophrony - Parte I


Archimandrita Sophrony (Sakharov)
El Archimandrita Sophrony (Sakharov) nace en Moscú en 1896,
donde estudia Bellas Artes. A causa de la situación revolucionaria de su país,
huye al extranjero y se establece en París en el año 1922, dedicándose a la pintura.
Tras experimentar al Dios personal de la fe cristiana,
abandona el misticismo oriental de su primera juventud.
En 1925 llega al Monte Athos e ingresa como monje en el
monasterio ruso de Haghiou Panteleimonos (San Pantaleón).
En dicho cenobio conoce a Silouan, del que se convierte en discípulo.
Ordenado diácono en 1930 y sacerdote en 1941, regresa a Francia al finalizar la
Segunda Guerra Mundial y se dedica a transmitir el mensaje de su padre espiritual.
En 1959 se establece en Inglaterra y funda el monasterio de San Juan Bautista, en Essex.
Escribe su autobiografía espiritual, como así también la vida y
edita las obras de su maestro San Silouan el Athonita.
Muere el 11 de julio de 1993, a los 96 años de edad.


En nuestros días, la oración del nombre de Jesús ha encontrado una amplia difusión por todo el mundo. Muchos escritos han aparecido sobre ella que merecen un examen atento. Sin embargo, paralelamente, se han emitido también no pocas ideas absurdas sobre esta oración. Por esta razón he decidido redactar un corto tratado sobre el particular, con el fin de, por una parte, prevenir a los que la practican con fervor de no exponerse por caminos poco trillados y, por otra, fijar los fundamentos teológicos y ascéticos de esta extraordinaria cultura del espíritu.

La teoría de esta oración puede ser expuesta en pocas páginas, pero su aplicación práctica en la ascesis cristiana está unida a tantas dificultades que ya desde su comienzo los Padres y los doctores de la Iglesia aconsejaban a los que desean esta forma de unión con Dios acercarse a ella con temor, y buscar un guía de amplia experiencia en este esfuerzo ascético. No espero en modo alguno agotar este importantísimo tema, sino que me limitaré a exponer aquí algo de las enseñanzas que recibí durante mi estancia en la Santa Montaña, primero en el monasterio de San Pantaleón y luego en la soledad de “eremo”. Es imposible en esta exposición evitar repeticiones de lo que ya ha sido escrito por otros autores. Creo, sin embargo, que semejantes repeticiones  no sólo no resultarán excesivas, sino que incluso son necesarias para que el tema reciba una luz complementaria en otro contexto.
El Señor, en las últimas horas de su vida, nos dijo: “Hasta ahora nada habéis pedido al Padre en mi nombre. Pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea colmado…Yo os aseguro: lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo dará” (Jn 16, 24 y 23). Estas palabras muestran los fundamentos dogmáticos y ascéticos de la invocación del Nombre.

No hay duda alguna de que los discípulos de Cristo observaron este mandamiento. Con toda seguridad, los discípulos ya tenían experiencia de la fuerza de su Nombre cuando fueron enviados, como “ovejas entre lobos” (cf. Mt 10, 16), a traer la paz a los hombres, a curar sus enfermedades y a anunciar la llegada del Reino de Dios: “Regresaron los setenta y dos alegres, diciendo: Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre” (Lc 10, 17). Y en otra ocasión: “Tomando Juan la palabra, dijo: Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre” (Lc 9, 49).
Así pues, el recurso a la oración del Nombre de Jesús se remonta a tiempos apostólicos. No se nos ha conservado la formulación literal de estas palabras, pero todo el Nuevo Testamento atestigua que los discípulos realizaron extraordinarios milagros con la invocación del Nombre de Jesús.
Pero ¿qué entendemos por este Nombre divino?. ¿Es necesario para orar “en su Nombre” conocer el significado, las propiedades, la naturaleza de este “Nombre”?. Sí, es incluso indispensable para que “nuestro gozo sea colmado” (cf. Jn 15, 11 ).

Las profundidades de la vida en Cristo son insondables; para poder asimilarlas es necesario un largo proceso y una gran tensión de todas nuestras fuerzas. Y la comprensión del contenido y del sentido del Nombre de Dios sólo se adquiere gradualmente. Una sola invocación ocasional puede llenar nuestro corazón de alegría, y eso ya es inestimable, Pero no debemos quedarnos a medio camino. Nuestra vida aquí en la tierra es corta y conviene aprovechar cada una de sus horas para que nuestro conocimiento de Dios crezca. Cuando se aúnan la alegría del corazón y la luz del entendimiento, nos acercamos a la perfección.

Yo me encontré con esta grandiosa cultura de la oración en la Santa Montaña. Naturalmente, ansiaba saber cómo los Padres entendían este importante aspecto de la ascética cristiana. Llegué al Monte Athos en 1925. Pocos años antes se había originado una tempestuosa disputa acerca de la naturaleza del Nombre de Dios. En el ardor de la controversia, semejante a la polémica del siglo XIV sobre la naturaleza de la Luz del Tabor, se dieron en las dos partes contendientes conductas que desdecían de personas que habían confiado su alma en manos del Todopoderoso. Esta controversia presenta analogías con los debates seculares entre nominalismo y realismo, idealismo y racionalismo. Estos últimos se apaciguaron durante años para volver a renacer bajo otras formas. Nos hallamos ante dos disposiciones naturales distintas: por un lado, los profetas y poetas; y, por otro, los eruditos y tecnócratas. Pero no pretendo extenderme en la cara exterior de lo que sucedió entonces, sino que prefiero concentrar mi atención en lo esencial del problema, a fin de comprender el imperecedero conocimiento que viene de los Alto, y del que fueron juzgados dignos los santos ascetas, amantes de la oración.

La vida de cada uno de nosotros se encuentra estrechamente asociada a nuestra concepción del mundo, de nosotros mismos y de Dios. La oración en sus grados más elevados requiere el conocimiento más exacto posible del Ser divino. “Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado plenamente lo que seremos. Sabemos por experiencia que, cuando se manifieste, seremos semejantes a Él, porque “lo veremos tal cual es (1 Jn 3.2). Y nosotros sabemos también, gracias a la experiencia milenaria de todo el género humano, que el intelecto natural, por sí mismo y en nuestro estado de pecado, no puede ir más allá de ciertas conjeturas en lo que se refiere al  conocimiento de Dios. De modo parecido a lo que sucede en la vida de cada uno de nosotros, Dios se revela gradualmente en la humanidad; tal como aparece en la Biblia, Él se ha manifestado “de una manera fragmentaria y de muchos modos” (Heb 1, 1) a los Padres y a los Profetas, con fuerza y profundidad crecientes. La primera mención de la invocación del Nombre de Dios es todavía bastante oscura: “También a Seth le nació un hijo, al que puso por nombre Enós. Este fue el primero en invocar el nombre de Yahvé” (Gen 4, 20). Después de esto, Dios se reveló a Abrahán, a Isaac y a Jacob extendiendo sin cesar el horizonte del Nombre: “Me aparecí a Abrahán, a Isaac y a Jacob como El-Sadday; pero no me di a conocer a ellos con mi nombre de Yahvé” (Ex 6, 3). Dios se nombra a sí mismo como Dios de Abráhan, de Isaac y de Jacob. A Moisés se le apareció en una zarza ardiendo y se le reveló como: “Yo soy el que soy” (Yahvé)”.  (Ex 3, 14). Esta revelación que Dios hizo de sí mismo la completó más tarde: “Descendió Yahvé en forma de nube y Moisés se puso allí junto a Él. Moisés invocó el nombre de Yahvé. Yahvé pasó por delante de él y exclamó: “Yahvé, Yahvé, Dios misericordioso y clemente, tardo a la cólera y rico en amor y fidelidad, que mantiene su  amor por mil generaciones, que perdona la iniquidad, la rebeldía y el pecado, pero no los deja impunes; que castiga la iniquidad de los padre en los hijos y en los hijos de los hijos hasta la tercera y cuarta generación” (Ex 34, 5-7).

Así Dios, al comienzo se reveló a Moisés como persona, como único y verdadero Ser, con atributos todavía desconocidos. Más tarde la Revelación manifiesta las propiedades de este Yo soy como Dios misericordioso y amigo del hombre. Pero esto todavía resultaba vago, y Moisés era consciente del carácter incompleto del conocimiento al que había llegado.

Los profetas tampoco consiguieron la plenitud que buscaban. Pero escuchemos las palabras de Isaías: “Así dice Yahvé, vuestro libertador,  el Santo de Israel: …Yo soy el Señor desde el principio y lo seré hasta el final para que me conocierais y creyerais y comprendierais que yo soy Dios. Antes de mí no fue formado ningún dios, y ninguno existirá después” (Is 43, 14M 41, 4; 43, 10). Este Dios, “el Primero y el Último”, se reveló como Absoluto personal y viviente; no como una “omni-totalidad” abstracta, ni como una “mónada” transpersonal o algo parecido. Es, pues, evidente que el espíritu de los Profetas de Israel estaba dirigido hacia el Ser primero, hacia Aquél que Es desde el comienzo. Es precisamente esta disposición la que caracteriza al hombre, imagen del Absoluto. El anhelo del hombre no se detiene en ningún estado o ser intermedio, sea el que sea. 

Según la narración bíblica, cada nueva revelación se aceptaba como una manifestación de Dios y como una intervención personal e inmediata. Así, el Nombre divino mismo era vivido como una Presencia de Dios. En el Nombre se contenían dos fuerzas: por una parte, la presencia del Dios viviente y, por otra, un conocimiento sobre Él. De ahí el temor a invocar el Nombre de Dios en vano (cf. Ex 20, 7). En la medida en que se enriquecía la revelación de los atributos divinos y de sus obras, el conocimiento de Dios en general se hacía más profundo. Pero a pesar del convencimiento de los israelitas de ser el pueblo elegido, de que el Altísimo, hasta  la aparición de Cristo, se revelaba personalmente a Israel, los Profetas no cesaron de gemir y de suplicar que Dios viniese a su tierra y trajera el conocimiento completo de sí mismo; conocimiento hacia el cual el espíritu del hombre aspira de modo insaciable.
Dios se revela como Providencia, como Liberador, Salvador y bajo otras formas, pero en el espíritu de los hombres todo estaba cubierto por un velo. En un momento trágico de su vida, Jacob regresó de su estancia con Labán al lugar de su nacimiento; allí vivía todavía Esaú, con quien Jacob temía encontrarse. De noche se quedó solo, apartado del campamento, y luchó con Dios. No habían sido fáciles para él los años pasados con Labán y ahora temía el encuentro con Esaú. Buscaba una bendición y una protección, pero en su encarnizada lucha se querelló contra Dios y le acusó (Gn 32, 24).

La misma lucha se encuentra en la vida de los profetas Elías y Jonás. Elías dijo al Señor: “¡Basta ya, Yahvé! ¡Toma mi vida, porque no soy mejor que mis padre!...Ardo en celo por Yahvé, Dios Sebaot, porque los hijos de Israel te han abandonado, han derribado tus altares, y han pasado a espada tus profetas; solamente quedo yo y buscan mi vida para quitármela” (1 Re 19, 4 y 10). En su queja, Jonás habla a Dios: “Señor, Tú me enviaste con insistencia a anunciar a los ninivitas que su ciudad sería destruída a causa de su impiedad e iniquidad; pero yo sabía que no lo harías porque bien sabía yo que Tu eres un Dios clemente y misericordioso, tardo en cólera y rico en amor, que se arrepiente del mal. Ahora, pues, Yahvé, puesto que mi profecía no se ha realizado y yo me avergüenzo, te suplico que me quites la vida, porque mejor me es la muerte que la vida” (Jon 4, 2-3). 

El caso de Job es aún más sorprendente: “¡Perezca el día en que nací, y la noche que dijo: Un varón ha sido concebido!... Lo manchen tinieblas y sombras…, la oscuridad de él se apodere, no se añada a los días del año… Y aquella noche hágase lúgubre, impenetrable a los clamores de alegría. Maldíganla los que maldicen el día..., la luz espere en vano y no vea los párpados del alba. Porque no me cerró las puertas del vientre donde estaba, ni ocultó a mis ojos el dolor. ¿Por qué no morí cuando salí del seno o no expiré al salir del vientre…? Pues ahora estaría acostado y tranquilo, en el gran reposo del no-ser… Allí acaba la agitación de los malvados… También están tranquilos los cautivos…, chicos y grandes son allí lo mismo en su condición de no-ser, y el esclavo es libre de su dueño. ¿Para qué dar a luz a un desdichado, la vida a los que tienen amargada el alma, a los que ansían la muerte que no llega,… y exultan cuando alcanzan la tumba, a un hombre cuyo camino está cerrado al conocimiento de Dios, y a quien Dios por todas partes cerca? (Job 3, 3ss).

En nuestros destinos particulares se encuentra algo del destino de los Profetas. Israel luchó con Dios; ¿quién de nosotros no ha tenido también conflictos con Él?. El mundo entero está sumido en la desesperación y no encuentra salida, abrumado por combates sin fin. Toda la tierra le hace responsable de sus sufrimientos. La vida no es algo simple y no es fácil penetrar en las profundidades del sentido del ser.

Don fortuito, don engañoso
vida, ¿para qué me has sido dada?
¿Por qué extraño destino,
a la muerte, estás condenada?.
¿Quién desde su poder y de su ira,
de la nada me ha sacado?
¿Quién de pasión mi alma ha llenado
y de duda mi espíritu ha agitado?.

Así, con profunda pena, escribe el poeta expresándose con palabras parecidas a las de Job.
Quedarse siempre abrumado por la oscuridad de la ignorancia es a la vez humillante y deprimente. Nuestro espíritu busca un diálogo inmediato con Él. ¿Quién me sacó del reposo del no-ser, y me arrojó a esta tragicomedia absurda e innoble?. Nosotros queremos saber quién tiene la culpa, ¿nosotros o Él, nuestro Creador?. Nosotros creemos que hemos llegado a este mundo sin quererlo e, incluso, contra nuestro parecer. ¿Quién de nosotros se acuerda de haber sido preguntado en algún momento, si quería nacer, habiendo anticipado obviamente lo que sería? ¿Tuvimos la posibilidad de rehusar este don? ¿Tenemos razón cuando acusamos a Dios de insensatez? (cf. Job 1, 22).

Y he aquí que yo escucho otra voz: “Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida” (Jn 8, 12). “Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba el que crea en mí, como dice la Escritura: De su seno correrán ríos de agua viva” (Jn 7, 37-38). ¿No deberíamos aceptar con fe la llamada de Cristo y luchar resueltamente por obtener el Reino del amor inmutable del Padre? ¿Y seguir el camino que Él, Cristo, nos ha mostrado? Si no nos ha sido dado crear algo “de la nada”, la idea misma de eternidad no puede reducirse a una creación de nuestra mente. Su presencia en el alma sería ontológicamente imposible sin la llamada de la misma eternidad. Si observamos con atención la realidad que nos rodea, advertiremos que a toda necesidad real le corresponde en el orden cósmico la posibilidad de satisfacerla; sólo hay que encontrar el camino. En la historia del progreso científico, muchas ideas que antes parecían audaces se realizan ante nuestros ojos como banales realidades cotidianas. ¿Por qué pues dudar de que mi sed de bendita inmortalidad y de unión con el Creador encontrará su realización?.

¡Cómo cambia radicalmente todo cuando el corazón se abre súbitamente a la llamada de Cristo! Cualquier instante de nuestra vida se convierte en algo precioso y adquiere un sentido profundo. Sufrimientos y alegrías se aúnan admirablemente en esta nueva ascesis. Ante nuestros ojos se alza una escala que llega hasta el cielo (cf. Gn 28, 12). “En adelante no te llamarás Jacob sino Israel; porque has sido fuerte contra Dios, y vencerás a los hombres” (Gn 32. 28-29), pero no preguntes mi nombre, pues es admirable y tú todavía no eres capaz de comprenderlo. Y sin embargo tú eres bendito. “El sol salió…pero él cojeaba del muslo” (Gn 32, 31): el camino hacia el conocimiento perfecto aún no había sido revelado, pero una anticipación había sido dada. Ésta se profundizará en la percepción de los Profetas, quienes proferirán palabras inflamadas sobre el acontecimiento futuro del Verbo: entonces la Luz perfecta, en la que no hay ninguna tiniebla, se nos aparecerá con toda su fuerza.

Estar en conflicto con Dios es un riesgo y puede llevar a la perdición, pero también puede fortalecernos para vencer al “hombre viejo”, deformado por el orgullo luciferino. Vencer con la humildad: “Y vencerás a los hombres”. ¿Cómo? Con la humildad. “Y dijo Jacob: ¡Oh, Dios de mi padre Abrahán, y dios de mi padre Isaac…, líbrame de la mano de mi hermano, de la mano de Esaú, porque lo temo, no sea que venga y nos ataque, a la madre junto con los hijos” (Gn 32, 10 y 12). “Jacob levantó los ojos y al ver que venía Esaú con cuatrocientos hombres…Jacob se les adelantó y se inclinó en tierra siete veces, hasta llegar donde su hermano. Esaú, a su vez, corrió a su encuentro, lo abrazó, se le echó al cuello, lo besó y ambos lloraron” (Gn 33, 1-4). Esaú estaba contrito, porque había odiado a Jacob a causa del engaño por el que le había robado la bendición de su padre, que le pertenecía a él. En Jacob-Israel se nos ha dado un ejemplo de humilde arrepentimiento. 

¿No será la crisis espiritual que se vive en todo el mundo la preparación de un nuevo gran renacimiento? Pues lo que se realiza en las almas particulares puede producirse también en muchos espíritus. Y esto puede llegar como una potente inundación; brillar como un rayo en medio de las tinieblas de la noche. La porción de historia que nos ha sido reservada puede y debe convertirse en un periodo que permita asimilar la profundidad del ser en todas sus dimensiones. A la luz de esta esperanza, nuestros mismos sufrimientos, si los pasamos por la oración, que alcanza los límites extremos de la tierra, contribuyen al despliegue majestuoso de este cuadro ante nuestros ojos: “El día al día comunica el mensaje, y la noche a la noche trasmite la noticia” (Sal 19,3). “Del límite del cielo, ella (la oración) se alza y su movimiento llega hasta el horizonte; y nada se interpone a su calor (de la oración)” (cf. Sal 19, 7). La oración nos conforta y nos alegra. Ella es el canal a través del cual recibimos la revelación de lo Alto.

Que el nombre del Señor nuestro Dios sea bendito ahora y siempre.





Notas:
Extraído de "La Oración. Experiencia de la Eternidad". Archimandrita Sophrony. Ed. Sigueme.

jueves, 1 de agosto de 2013

San Serafin de Sarov, imagen de la Santa Rusia


Hoy celebramos en el rito bizantino el Hallazgo de las Reliquias de San Serafin de Sarov en el año 1903. Tambien hoy el Blog Teóforos cumple 3 años. Cuando comenzé con el blog se lo encomendé a San Serafín de Sarov, un gran santo, monje, sacerdote, starets de la Iglesia Ortodoxa Rusa, y uno de los santos patronos del Monasterio Bizantino de la Transfiguración de Pigüé en Argentina, junto a San Sergio de Radonezh.

En este post quiero compartir un poco más acerca de su vida, y un resumen de sus enseñanzas o instrucciones espirituales.

Icono de San Sergio de Radonezh y San Serafin de Sarov

BREVE RESEÑA DE LA VIDA DEL SANTO:

Serafín de Sarov, ru. Серафим Саровский (Serafim Saróvskiy), en el mundo Прохор Исидорович Машнин (Prójor Isidórovich Mashnín), un monje ortodoxo, un stárets, uno de los santos más venerados en la Iglesia ortodoxa. Nació el 19 de julio de 1759 en la ciudad de Kursk en Rusia.

Siendo niño resultó indemne después de caer de un campanario, más tarde se curó de un mal grave por una aparición de la Virgen, y después de ello adquirió la habilidad de ver a los ángeles.

En 1777 ya es un novicio en el monasterio de Sarov. En 1786 tomó los hábitos y recibió el nombre de Serafín.

Profesión monástica de San Serafin de Sarov

 Durante muchos años llevó una vida de ermitaño en un bosque remoto. Por su vida santa en 1831 mereció con sus alumnos ver, por la segunda vez en su vida, la aparición de la Virgen, acompañada por Juan el Bautista y Juan el Evangelista.

Falleció en 1833 mientras oraba arrodillado en su celda en el monasterio de Sarov.

Serafín de Sarov fue beatificado por la Iglesia Ortodoxa Rusa el 29 de enero de 1903. Sus reliquias descansan en el monasterio de Divyevo cerca de Nízhniy Nóvgorod.


SAN SERAFÍN DE SAROV, UN GRAN SANTO, REFLEJO DEL ALMA RELIGIOSA RUSA.

A pesar de la multitud de peregrinos que se acercaban a verlo, el reverendísimo Serafín (en ruso “Serafim”) de Sarov siempre se dirigía con cariño a todos y para cada uno tenía una palabra de consuelo.


El nombre de Serafín, uno de los santos rusos más venerados, antes de tomar el hábito era Prójor Mashnín. Nació en 1754 en la familia de un comerciante de la ciudad de Kursk dedicado al negocio del ladrillo. A los tres años el niño perdió a su padre y su educación corrió a cargo de la madre, una mujer muy religiosa. Siguiendo su ejemplo, Serafín se convirtió en una persona profundamente piadosa.

A la edad de siete años Prójor se cayó desde un campanario pero sobrevivió al accidente. Es el primer milagro de los que se le atribuyen. Tres años después Prójor tuvo una aparición de la Virgen, que volvió a visitarlo en varias ocasiones en los momentos difíciles y de enfermedad.


Con la bendición de su madre, el joven se dirigió en peregrinaje a la ciudad de Kiev. En esa ciudad, la antigua capital del Estado ruso, se ubica uno de los monasterios principales del mundo ortodoxo, la lavra de las Cuevas. Durante esa peregrinación le fue anunciado el lugar de su futura vida religiosa: el monasterio de Sarov (una ciudad situada en la provincia de Nizhni Nóvgorod).

En noviembre del año 1778 llegó al monasterio y se quedó a servir en él. Finalmente, en agosto del año 1786 Prójor se convirtió en el hermano Serafín, uno de los monjes más devotos y humildes de la parroquia.


Permaneció muchos años en el monasterio y en el 1794 con el permiso de su abad se retiró a un frondoso bosque. En una pequeña ermita sin comodidades vivió dieciséis años, en los que solo se acercaba al monasterio para la comunión de los domingos. Durante un tiempo se alimentó solamente a base de hierbas y más tarde empezó a cultivar hortalizas.

 En su lucha contra las tentaciones, Serafín intensificó sus plegarias y actos píos: en los hombros llevaba cilicios; en la cintura, un cinturón de hierro. Durante tres años guardó voto de silencio y solía dormir sobre piedras.


En una ocasión el ermitaño fue atacado por salteadores que le propinaron una brutal paliza. Recibió golpes mortales pero otro milagro le salvó la vida. No tardaron en encontrar a los bandidos pero Serafín rogó que no les tocaran. Pronto los delincuentes se arrepintieron y pidieron el perdón de Serafín, quien inmediatamente se lo otorgó.


Serafín permaneció en la ermita hasta 1810, año en el que regresó al monasterio y a la vida secular. Para aquel momento la fama de sus milagros empezó a difundirse rápidamente por Rusia y a su celda comenzaron a acudir peregrinos.

Al principio recibía a pocas personas pero en el año 1825 se le apareció la Virgen y le indicó que aplicara todas sus fuerzas a ayudar y consolar a la gente. Desde aquel entonces las puertas de su celda permanecieron abiertas para todo el mundo. Entre los peregrinos estuvo el emperador de Rusia Alejandro I.


Además de la importancia que tuvo el monje en la relevancia que adquirió el monasterio de Sarov, la figura del padre Serafín fue determinante también en el proceso de formación de uno de los más destacados recintos religiosos rusos: el monasterio femenino de la Santísima Trinidad de Divyevo, en la provincia de Nizhni Nóvgorod.

Monasterio femenino en Divyevo, fundado por San Serafín

Hacia el final de su vida, Serafín se convirtió en stárets, maestro y consejero de gran veneración en la Iglesia ortodoxa. Además era profeta: predijo, en particular, el periodo de la persecución de la Iglesia ortodoxa y su futura resurrección. Efectivamente, el clero ruso fue cruelmente perseguido tras la revolución bolchevique del año 1917 y la resurrección paulatina comenzó en los años 50 del siglo XX. Serafín de Sarov predijo también la muerte violenta de la familia imperial rusa, profecía que se hizo realidad a principios del siglo XX. El último emperador, Nicolás II, su familia y sus sirvientes fueron fusilados por los bolcheviques en el año 1918. El santo también predijo que Rusia resurgiría a partir del año 2003 y que volvería a ser una gran potencia mundial.


 A unos cien años de esta fecha, en el año 1903, los jerarcas de la Iglesia ortodoxa rusa decidieron abrir la tumba de Serafín, que falleció en el año 1833 y estaba sepultado en el monasterio de Sarov. Se celebró la ceremonia de “recuperación de las reliquias”, en la que los restos óseos fueron descritos detalladamente y devueltos a su sepultura. A pesar del tiempo transcurrido tras el fallecimiento del monje, al monasterio de Sarov continuaban llegando peregrinos en búsqueda de consuelo físico y moral y al lado de la tumba ocurrían milagros con sanaciones súbitas de enfermos.

Todo cambió con la llegada al poder de los bolcheviques, que profesaban el ateísmo beligerante. En el año 1920 la tumba de Serafín de Sarov fue abierta y sus restos exhumados y enviados al Museo de Religión y Ateísmo, que se encontraba, primero, en Moscú y después en Leningrado (actual San Petersburgo). En 1990 en la catedral de Kazán, sede entonces del Museo de la Religión, fueron hallados en uno de los depósitos unos restos humanos sin identificar que no figuraban en el inventario del museo. Una comisión especial de expertos y del clero ruso comparó los restos óseos con la descripción que se hizo en el año 1903. Se llegó a la conclusión de que las reliquias olvidadas durante 70 años pertenecían al santo.

Los restos fueron devueltos a la Iglesia ortodoxa rusa y de nuevo descansan en la iglesia principal del monasterio de la Santísima Trinidad de Divyevo, donde vuelven a ser el destino de numerosos peregrinos.

Desde septiembre del año 2007 Serafín de Sarov es además el santo patrón de los trabajadores de la industria militar atómica de Rusia. Su protección a este gremio se debe a que en la época soviética la ciudad de Sarov no existía oficialmente: fue excluida de todas las estadísticas e informes. Su nombre secreto era Arzamás-16 y ahí se fabricó en 1949 la primera bomba atómica de la URSS.


INSTRUCCIONES ESPIRITUALES.



BREVE COMENTARIO: Símbolo viviente, el starets Serafin de Sarov no escribió nada. Sin embargo, nos quedan de él algunas instrucciones espirituales. Primitivamente, incluídas en una biografía manuscrita, redactada en 1837 por un hieromonje de Sarov, Sergio, ellas no fueron impresas más que dos años más tarde, como apéndice a un pequeño opúsculo titulado: "Una breve percepción de la vida de un starets  del Desierto de Sarov, Marcos, monje y anacoreta" (se trataba de uno de los eremitas, contemporáneos del Padre Serafín, que vivieron al mismo tiempo que él, en el bosque de Sarov). En cuanto a la biografía del santo, propiamente dicha, recién en 1841, ocho años después de su muerte, recibiría el "imprimatur" del Santo Sínodo, como resultado de las numerosas tratativas efectuadas por el Metropolita Filareto de Moscú.
Este mismo prelado, deseando apresurar su publicación, había revisado los "consejos Espirituales", tal como lo testimonia una carta escrita a su vicario y amigo, el archimandrita  Antonio, Higúmeno de la Lavra de la Trinidad y San Sergio.
Dada la enorme cantidad de citas, resulta evidente que el espíritu de starets, estaba sumergido efectivamente (según una expresión que le era muy cara), en las Sagradas Escrituras. La numeración de los salmos se sigue segun la Biblia griega que poseía San Serafín, pero la traducción está tomada de la Biblia de Jerusalén, fuera de algunas excepciones.


 Sobre Dios

Dios es el fuego que calienta e inflama a los corazones y las entrañas. Por eso si sentimos frío en nuestros corazones, éste proviene del diablo (porque él es frío); llamemos al Señor y Él vendrá y calentará nuestro corazón con un amor perfecto, no solo hacia Él, sino también hacia nuestros prójimos. Y por el calor de Su rostro huirá el frío del que odia el bien.

Donde está Dios no hay mal. Todo lo que proviene de Dios es útil, trae paz y lleva al hombre a condenar sus defectos y a ser humilde.

Dios demuestra Su amor a los hombres no solo cuando hacemos el bien, sino también cuando Lo ofendemos con nuestros pecados. ¡Con qué enorme paciencia soporta Él nuestras faltas! Y cuando nos castiga, ¡con qué misericordia lo hace! El beato Isaac dice: "No llames Justo a Dios, porque en tus hechos no se ve Su justicia. Es verdad que David Lo llamaba justo y derecho, pero el Hijo de Dios nos hizo ver que Dios es aún más benigno y misericordioso. ¿Dónde esta Su justicia? Fuimos pecadores y Cristo murió por nosotros" (san Isaac el Sirio, discurso 90).

Las causas de la venida de Cristo:
  1. El amor de Dios al género humano "De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a Su Hijo Unigénito" (Jn. 3:16).
  2.  Restablecimiento en el hombre caído de la imagen y semejanza Divinas.
  3. La salvación de las almas humanas: "Porque no envío Dios a Su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvado por Él" (Jn. 3:17).
Nosotros, en concordancia con los objetivos de Nuestro Salvador, debemos vivir de acuerdo a Su Divina enseñanza, para salvar con esto nuestras almas.

La fe

Según dice San Antíoco, la fe es el comienzo de nuestra unión con Dios: el creyente verdadero es una piedra del templo Divino, preparado para el edificio de Dios Padre, elevado a la altura con la fuerza de Jesucristo, o sea, con Su cruz y con la ayuda de la Gracia del Espíritu Santo.

"La fe sin obras es muerta" (Jac. 2:26). Obras de la fe son: el amor, la paz, la paciencia, la benevolencia, la humildad, llevar la cruz y vivir espiritualmente. La fe verdadera no puede quedar sin obras buenas. Quien cree sinceramente, invariablemente hace también obras de bien.

La Esperanza

Todos, los que tienen una firme esperanza en Dios, se elevan a Él y se iluminan con el resplandor de la luz eterna.

Si el hombre no se ocupa demasiado de sí mismo por el amor a Dios y para las obras de virtud sabiendo que Dios se ocupa de él, entonces su esperanza es verdadera y sabia. En cambio, si el hombre confía solamente en sí mismo y sus actos y se dirige a Dios solo cuando tiene grandes e inesperadas dificultades y solo cuando ve la insuficiencia de sus medios empieza a confiar en la ayuda de Dios, entonces tal esperanza es vana y falsa. La verdadera esperanza busca sólo al Reino de Dios y está segura de que todo lo necesario para la vida temporal le será dado siempre. El corazón no puede tener paz hasta que logre tal esperanza. Ella es la que lo apacigua totalmente y le da alegría. Sobre este tipo de esperanza dijo nuestro Salvador: "Venid a Mí todos los que estáis trabajados y cargados, y Yo os haré descansar" (Mt. 11:28).

El amor a Dios

Aquel que logra un perfecto amor a Dios vive esta existencia como si no perteneciera a este mundo. Ya que él se siente extraño para lo visible y espera con paciencia lo invisible. El se cambió por entero en el amor a Dios y dejo todos sus vínculos mundanos.

El que ama realmente a Dios con todo su ser, se considera como peregrino y extranjero en esta tierra ya que ve sólo a Dios debido a su tendencia a buscarlo.

La preocupación por el alma. El cuerpo del hombre se parece a una vela prendida. La vela debe quemarse y el hombre debe morir. Pero su alma es inmortal y por esto nuestra preocupación debe ser mayor por el alma que por el cuerpo: "¿Qué aprovechara al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiera su alma? O ¿qué recompensa dará el hombre por su alma?" (Mt. 16:26), por la cual nada en el mundo puede servir de recompensa. Si un alma, por sí sola, es más preciosa que todo el mundo y el reino terrenal, entonces, es sin duda más precioso el Reino de los Cielos. Consideramos el alma como lo más valioso porque - como dice san Macario el Grande - Dios no se dignó a comunicarse ni a unirse con Su naturaleza espiritual a ninguna criatura visible, a excepción del hombre, al cual ama más que a todas Sus criaturas.

Amor al prójimo

A los prójimos hay que tratarlos amablemente, no hay que mostrar nunca ni siquiera disgusto, aún si nos ofenden. Si nos alejamos de alguien o lo ofendemos, sentimos como una piedra sobre nuestro corazón. Hay que animar el espíritu de un hombre triste o abatido con palabras de amor. Cuando vez a tu hermano pecando - cúbrelo, como aconseja san Isaac el sirio: "Extiende tu capa sobre el pecador y cúbrelo."

Con respecto a nuestros prójimos, debemos ser puros de palabra y pensamiento y tratarlos a todos por igual; si no convertiremos nuestra vida en algo inútil. Hay que saber amar al prójimo no menos, que a nosotros mismos, según el mandamiento del Señor: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Lc. 10:27). Pero no de manera tal que el amor al prójimo exceda los límites y nos aleje del cumplimiento del primer y más importante mandamiento: el de amar a Dios. El mismo Señor nos enseña: "El que ama a padre o madre mas que a mí, no es digno de Mí; el que ama a hijo o hija mas que a mí, no es digno de Mí" (Mt. 10:37).

La misericordia

Hay que ser misericordioso hacia los pobres y los peregrinos; sobre esto se preocupaban mucho los Padres y las grandes luminarias de la Iglesia. Con respecto a esta virtud tenemos tratar, por todos los medios, de cumplir los siguientes mandamientos de Dios: "Sed misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso" y "Misericordia quiero, y no sacrificio" (Lc. 6:36; Mt. 9:13). Los sabios escuchan estas palabras salvadoras y los necios no las escuchan; por eso la recompensa no será igual, como fue dicho: "El que siembra escasamente, también segara escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segara" (2 Cor. 9:6).

Que el ejemplo de Pedro Dador de pan, quien por un pedazo de pan ofrecido a un mendigo, recibió el perdón de todos sus pecados (lo que le fue mostrado en una visión), nos inspire a ser misericordiosos con los prójimos, ya que incluso una pequeña limosna ayuda mucho a obtener el Reino de Dios.

Hay que ofrecer la limosna con buena disposición del alma; como dice san Isaac el Sirio: "Si das algo a quien te lo pide, que la alegría de tu rostro preceda a tu dádiva y con palabras benignas consuela su pena."

No juzgar y perdonar las ofensas


No se debe juzgar a nadie, incluso aunque hayas visto con tus propios ojos sus pecados y sus transgresiones a los mandamientos de Dios. Como dice la palabra Divina: "No juzguéis, para que no seáis juzgados" (Mt. 7:1). "¿Tu quién eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio Señor esta en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme" (Rom. 14:4). Es mucho mejor recordar las palabras del Apóstol: "El que piensa estar firme, mire que no caiga" (1 Cor. 10:12).

No hay que sentir ni odio ni ira a una persona que está enemistada con nosotros, por el contrario hay que amarlo y tratar de hacerle tanto bien como nos sea posible, como Dios nos enseña: "Amad a vuestros enemigos... haced bien a los que os aborrecen" (Mt. 5:44). Si tratamos con todas nuestras fuerzas de cumplir este mandamiento podemos tener la esperanza de que la luz Divina brille en nuestros corazones, que nos ilumine el camino hacia el Jerusalén Celestial.

¿Por qué acusamos a nuestros prójimos? Es porque no tratamos de conocernos a nosotros mismos. Quien esta ocupado en conocerse a sí mismo no tiene tiempo para criticar las faltas de los demás. Júzgate a ti mismo - y dejaras a juzgar a los demás. Condena la mala acción, pero no a aquel que la comete. Asimismo hay que considerarse como el peor de los pecadores y perdonar cualquier acción mala del prójimo. Hay que odiar únicamente al diablo pues éste fue quien lo sedujo. Además una acción del prójimo puede parecernos mala pero ser en realidad una buena obra por sus buenas intenciones. Por otro lado la puerta de la penitencia está abierta para todos y no se puede saber quien entrará primero por ella: si tú, quien acusa o el juzgado por ti.

La penitencia


El que desea salvarse, debe tener su corazón siempre dispuesto al arrepentimiento y la contrición: "Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciaras tu, oh Dios" (Sal. 51:17). Con el espíritu humilde, el hombre puede evitar con facilidad todas las trampas astutas del diablo, quien se esfuerza a alterar el espíritu del hombre y sembrar sus cizañas, según las palabras Evangélicas: "¿Señor, no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña? Él les dijo: Un enemigo ha hecho esto" (Mt. 13:27-28). Cuando el hombre trata de tener el corazón humilde y guarda paz en sus pensamientos, todas las maquinaciones del enemigo son vanas. Ya que donde hay paz en los pensamientos reposa el mismo Dios; se dijo: en la paz esta Su lugar (Sal.76:2).

Nosotros, durante toda la vida, ofendemos la grandeza Divina con nuestras caídas en pecado; por eso debemos pedirle con humildad perdón al Señor por nuestros pecados.

El ayuno

Nuestro Señor Jesucristo, Jefe de las hazañas espirituales y Salvador Nuestro, antes de empezar la hazaña de la redención del genero humano, se fortificó con un prolongado ayuno. Todos los ascetas antes de comenzar a trabajar para el Señor, se armaban con ayunos y sólo en ayuno empezaban el camino de la cruz. Sus progresos en el ascetismo medían con sus éxitos en el ayuno.

Con todo esto, los santos ascetas sorprendían a todos al no conocer la debilidad, siempre permanecían briosos, fuertes y listos para la acción. Las enfermedades entre ellos eran muy raras y sus vidas eran muy prolongadas.

Mientras el cuerpo del ayunante se vuelve ligero y más delgado, la vida espiritual se perfecciona y se muestra en fenómenos sobrenaturales. Entonces el espíritu actúa como en un cuerpo incorpóreo. Los sentidos externos se cierran y la mente, apartándose de lo terrenal, se eleva hacia el cielo y se sumerge completamente en la contemplación del mundo espiritual. Pero no todos pueden seguir esta regla muy severa de contención en todo y de privación de todo lo que puede servir para aliviar las dolencias. "El que sea capaz de recibir esto, que lo reciba" (Mt. 19:12).

Se debe ingerir una cantidad de comida para que el cuerpo se fortifique y sea un ayudante y amigo del alma en hacer el bien; en caso contrario un cuerpo debilitado puede debilitar el alma. Los días miércoles y viernes, especialmente durante las cuatro abstinencias anuales, sigue el ejemplo de los Padres y come una sola vez por día y el Ángel del Señor estará siempre contigo.

La paciencia y la humildad

Siempre hay que soportar todo lo que pasa y recibirlo como enviado por Dios y con agradecimiento. Nuestra vida es un minuto en comparación con la eternidad. Por esto, como dice el apóstol: "las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse" (Rom. 8:18).

Soporta en silencio cuando te ofende un enemigo y sólo al Señor abre en ese caso tu corazón. Al que te humilla o denigra tu honor, trata por todos los medios de perdonarlo con todo tu corazón, según la palabra Evangélica: "Al que tome lo que es tuyo, no pidas que te lo devuelva" (Luc. 6:30).

Cuando la gente nos insulta, debemos considerarnos indignos de halagos y debemos pensar que si fuéramos dignos, todos nos respetarían. Debemos siempre portarnos humildemente con todos los hombres, como nos dice san Isaac el Sirio: " Sé humilde y veras la Gloria de Dios en ti."

Las enfermedades

El cuerpo es el esclavo del alma, que es la reina. Por eso, ocurre a menudo que por la misericordia Divina nuestro cuerpo se debilita con enfermedades y con ellas nuestros vicios pierden fuerza y el hombre vuelve en sí. Además la misma enfermedad corporal puede ser consecuencia de nuestras pasiones y nuestros vicios. A quien soporta la enfermedad con paciencia y agradecimiento la enfermedad se le computa como una hazaña espiritual o incluso más que esto.

Un monje anciano, que sufría de hidropesía, decía a los hermanos, que lo venían a curar: "Padres oren para que mi alma no sufra de semejante enfermedad. Ruego a Dios que no me libere de mi actual dolencia de repente ya que mientras mi persona externa se consume, el hombre interno se renueva" (2Cor 4:16).

La paz del alma

La paz del alma se logra sufriendo penas. Las Escrituras dicen: "Pasamos por el fuego y por el agua, y nos sacaste a abundancia" (Sal. 66:12). Para los que desean complacer a Dios, el camino transcurre a través de muchas penas. ¿Cómo podemos alabar a los santos mártires por sus sufrimientos que pasaron por Dios si no sabemos siquiera aguantar una fiebre?

Para lograr la paz interna nada es mejor a permanecer en silencio, preferentemente conversando consigo mismo y muy poco con los demás. Es señal de vida espiritual cuando una persona penetra en su mundo interior y trabaja secretamente en su corazón.

Esta paz, como un tesoro invaluable, dejo nuestro Señor Jesucristo a sus discípulos antes de Su muerte, diciendo: "La paz os dejo, Mi paz os doy" (Jn. 14:27). También el apóstol lo dice: "La paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús" (Filip. 4:7). "Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor" (Heb. 12:14).

Por ello debemos dirigir todos nuestros pensamientos, deseos y actos para el recibimiento de la paz Divina y siempre clamar con la Iglesia: "Señor Dios nuestro, Tu nos darás paz" (Is. 26:12).

Es necesario, por todos los medios, tratar de conservar la paz del alma y no indignarse por las ofensas de otra gente. Para eso es menester evitar la ira y con atención proteger la mente y el corazón de vacilaciones incorrectas.

Las ofensas hay que soportarlas con indulgencia y aprender a tomarlas como si no nos afectaran. Este ejercicio puede darle la calma a nuestro corazón y hacerlo morada del Mismo Dios.

Vemos un ejemplo de tal ausencia de ira en la vida de san Gregorio el Milagroso. Una ramera le exigía públicamente que le pagara por un supuesto pecado cometido con ella. Él no se enojó con ella y le dijo mansamente a su amigo:" Dale enseguida el precio que ella exige." La mujer, tan pronto recibió el pago injusto, se tornó poseída por un demonio. Entonces el Santo, con oraciones, expulsó al demonio de ella.

Si es imposible evitar indignarse, como mínimo hay que detener la lengua, según la palabra del rey David: "Estaba yo quebrantado, y no hablaba" (Sal. 77:4).

Podemos seguir en este caso los ejemplos de san Spiridón de Trimifun y de san Efremo el Sirio. El primero soportó una ofensa así: una vez, tras ser llamado por el rey de Grecia, quería entrar en el palacio y uno de los servidores, tomándolo por un mendigo, no lo dejaba entrar, se reía de él y hasta lo abofeteó. San Spiridón que era manso, le presentó la otra mejilla, como indica el Evangelio (Mt. 5:39). San Efremo, que vivía en el desierto, se quedó sin comida una vez cuando su discípulo rompió sin querer por el camino la vasija que la contenía. El santo, viéndolo muy triste, le dijo: "No te aflijas, hermano, si la comida no quiso llegar a nosotros, iremos hacia ella." Y el santo fue, se sentó al lado de la vasija rota y comió lo que se había caído. ¡Hasta tal punto era su mansedumbre y su falta de ira!

Para mantener la paz del alma, hay que apartar de uno la tristeza y tratar de tener el espíritu alegre, según la palabra del sabio Sirah: "La tristeza mató a muchos y no hay utilidad en ella" (Sir. 30:25).

Para conservar la paz del alma hay que evitar también criticar a la gente. Con el silencio y la condescendencia hacia el hermano se conserva la paz del alma. Encontrándose en este estado es posible recibir revelaciones Divinas.

Para no caer en la condenación de los prójimos, no hay que aceptar malos comentarios de nadie, estar como muerto para esos dichos y escuchar nuestro interior.

Para la paz espiritual hay que entrar en sí mismo más a menudo y preguntarse: ¿Dónde estoy? Además hay que estar atento para que los sentidos corporales, sobre todo la vista, sirvan al hombre interno y no lo distraigan con objetos sensuales o sensoriales. Hay que recordar que los dones de gracia lo reciben solamente aquellos que trabajan internamente y cuidan sus almas.

Las hazañas espirituales

A los discípulos que trataban de hacer hazañas excesivas, san Serafín les decía, que soportar mansamente y sin quejas las ofensas son nuestras pesadas cadenas y pesas y nuestra vestimenta pesada hecha de áspero material (que algunos monjes usaban para dominar su cuerpo).

No hay que emprender hazañas desmedidas y hay que tratar de que nuestro cuerpo nos sea fiel y nos ayude en ser virtuosos. No hay que desviarse ni a la derecha, ni a la izquierda, tomando el camino del medio (Sabid. 4:27), dándole al espíritu lo espiritual y al cuerpo lo corporal, lo necesario para mantener nuestra vida temporal. Tampoco hay que negarle a la vida social lo que ella exige, como dicen las Sagradas Escrituras: "Dad al Cesar lo que es de Cesar, y a Dios lo que es de Dios" (Mt. 22:21).

Hay que ser condescendiente con nuestra alma por sus debilidades e imperfecciones y soportar sus fallas, así como las de nuestros prójimos; pero no podemos tornarnos perezosos y debemos obligarnos permanentemente a mejorar.

Si comiste de más o hiciste otra cosa por debilidad humana, no te turbes y no le agregues mal al mal, sino con empeño trata de corregirte y guardar la paz del alma, como dijo el apóstol: "Bienaventurada el que no se condena a sí mismo en lo que aprueba" (Rom. 14:22). El mismo sentido tienen las palabras del Salvador: "Si no os volvéis y os hacéis como niños, no entrareis en el Reino de los Cielos" (Mt. 18:3).

Cualquier éxito lo debemos atribuir al Señor y decir con el profeta: "No a nosotros, no a nosotros Señor, si no a Tu nombre da la Gloria" (Sal. 115).

La pureza del corazón

Tenemos que proteger siempre nuestro corazón de pensamientos e impresiones indecentes, como dice el autor de las Parábolas: "Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida" (Prov. 4:23).

De una larga protección del corazón, nace en éste la pureza, para la cual es accesible ver al Señor, según la afirmación de la Verdad eterna: "Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios" (Mt. 5:8).

Lo mejor que tenemos en el corazón no lo debemos mostrar sin necesidad, ya que lo obtenido sólo está a salvo de los enemigos visibles e invisibles cuando es conservado como tesoro en el fondo del corazón. No le descubras a todos los secretos de tu corazón.

Como reconocer los movimientos del corazón

Cuando el hombre recibe algo Divino se alegra en su corazón; en cambio cuando recibe algo diabólico, se siente confundido y turbado.

Cuando el corazón del cristiano recibe algo Divino no necesita confirmar por otro medio que esto proviene del Señor; se convence solo de que proviene del Señor ya que siente en sí los frutos espirituales: "amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza" (Gal. 5:22-23). En cambio el corazón por el diablo, aunque se disfrace de Ángel de luz (2 Cor. 11:14) o presente pensamientos de la mejor apariencia, siempre sentirá algo incierto, inquietud en los pensamientos y confusión de los sentidos.

El diablo, que "como un león, se esconde en su cueva" (Sal. 10:9), en secreto pone sus redes de pensamientos sucios e indecentes. Apenas los notamos, debemos destruirlos con la oración y pensamientos piadosos.

Necesitamos una gran atención y esfuerzos para que durante el canto de los salmos, nuestra mente este de acuerdo con el corazón y la boca y para que en nuestra oración no se mezclen malos olores con el incienso. Dios rechaza al corazón con pensamientos impuros.

Durante día y noche, siempre, con lagrimas, acudamos a la misericordia Divina, para que Él purifique nuestros corazones de cualquier pensamiento malo, para poder ofrecerle dignamente los dones de nuestro servicio. Hacemos bien cuando no aceptamos pensamientos malos inducidos por el diablo.

El espíritu impuro tiene influencia fuerte solo sobre los apasionados, a los purificados de pasiones los toca solo en forma parcial o externa. Una persona joven no puede no turbarse por pensamientos corporales. Pero él debe rezar al Señor Dios para que se apague el fuego de pasiones viciosas desde el principio. Entonces la llama no se fortalecerá.

La excesiva preocupación por lo mundano

La preocupación excesiva por las cosas de la vida es característica para un hombre no creyente y pusilánime. ¡Y pobre de nosotros, si pensando en nosotros mismos, no depositamos la esperanza en Dios, que se preocupa de nosotros! Si los bienes visibles que usamos en el presente no se lo atribuimos a Él, ¿cómo podemos esperar de Él los bienes prometidos para el futuro? No seamos así poco creyentes y busquemos mejor en primer término al Reino de Dios y todas estas cosas nos serán añadidas, según la palabra del Salvador (Mt. 6:33).

La tristeza

Cuando el espíritu malo de la tristeza se apodera del alma, la llena de amargura y desagrado, no le deja orar con la dedicación necesaria, dificulta la lectura de escritos espirituales, la priva de bondad, mansedumbre y buen humor en las relaciones con la gente y rechaza toda conversación. Porque el alma, llena de tristeza, se vuelve como alienada y exaltada, no puede recibir con tranquilidad ningún consejo bueno, ni contestar mansamente a las preguntas. Ella huye de la gente, como si fueron ellos los causantes de su estado y no entiende que su enfermedad es interna. La tristeza es un gusano en el corazón, que roe a su propia madre.

Quien venció a sus pasiones también venció a la tristeza. En cambio, el vencido por las pasiones no evitara la tristeza. Como un enfermo se distingue por el color de su rostro, el poseído por una pasión se manifiesta por la tristeza. Quien ama al mundo no puede evitar la tristeza. El que desprecia el mundo está alegre siempre. Así como el fuego purifica al oro, la tristeza por Dios (el arrepentimiento) purifica al corazón pecador.

La vida activa y la contemplativa

El hombre consta de alma y cuerpo y por eso su camino de vida debe comprender las acciones corporales y las del alma, de vidas activa y contemplativa.

La vida activa está compuesta por el ayuno, la contención, la vigilia, la oración, el arrodillamiento y otros esfuerzos corporales, que constituyen un camino estrecho y penoso de sacrificios, que lleva a la vida eterna, según el Evangelio (Mt. 7:14).

La vida contemplativa incluye el direccionamiento de la mente hacia Dios, el corazón atento, la oración concentrada, con lo que se llega a la contemplación de objetos espirituales.

El que desea tener una vida espiritual, debe empezar por la vida activa, porque sin la vida activa no podrá entrar en la vida contemplativa.

La vida activa sirve para purificarnos de las pasiones viciosas y nos eleva a un escalón de una perfección de acción, que nos abre el camino a la vida contemplativa. Solamente los purificados de pasiones y perfectos pueden acercarse a esta otra vida(la contemplativa), como se ve de la Sagrada Escritura: "Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios" (Mt. 5:8) y de las palabras de san Gregorio el Teólogo: "Hacia la contemplación pueden acercarse, sin peligro, solo los perfectos, por su experiencia."

Si no tenemos un maestro para dirigirnos a la vida contemplativa, hay que guiarse por las Sagradas Escrituras, ya que el mismo Señor Jesucristo nos ordena aprender de Ellas: "Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros les parece que en ellas tenéis la vida eterna" (Jn. 5:39).

No se debe dejar la vida activa ni siquiera después de haber tenido tanto éxito y haber llegado a la contemplativa porque ésta es ayudada y enaltecida por la vida activa.

La luz de Cristo


Para recibir y sentir en el corazón la luz de Cristo, hay que alejarse lo más posible de las acciones visibles. Luego de purificar el alma con la penitencia y obras de bien, y con una fe sincera en el Crucificado, cerrando los ojos, hay que sumergir la mente en el interior del corazón, clamar y llamar, sin cesar, el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Entonces, en la medida del esfuerzo y del ardor del espíritu hacia el Bienamado (Luc. 3:22), el hombre encuentra en el nombre invocado una dulzura que provoca sed de conocimiento superior.

Cuando el hombre internamente ve la luz eterna su mente se torna limpia y libre de imágenes sensoriales. Estando todo concentrado en la admiración de la belleza no creada, olvida todo lo sensorial, no se quiere ver tampoco a sí mismo, quiere esconderse en el núcleo de la tierra, solo para no perder a este verdadero Bien: a Dios.

La adquisición del Espíritu Santo

(Extraído de las conversaciones con Motovilov).



La verdadera finalidad de nuestra vida cristiana consiste en la adquisición del Espíritu Santo de Dios. El ayuno, la vigilia, la oración, la limosna y toda obra de bien, hecha en nombre de Cristo, son medios para recibir el Divino Espíritu Santo. Sólo las obras de bien hechas por Cristo nos traen los frutos del Espíritu Santo.

Algunos dicen que la escasez de aceite en las lámparas de las vírgenes insensatas hace referencia a la escasez de virtudes (parábola de las diez vírgenes, Mt. 25:1-12). Esta interpretación no es del todo correcta. ¿Tienen ellas falta de virtudes si, a pesar de ser nominadas insensatas, son llamadas vírgenes ? La virginidad es una virtud altísima, como un estado similar al angelical y podría por sí sola suplir a otras virtudes Yo pienso humildemente que les faltaba precisamente gracia del Santísimo Espíritu Santo. Ellas obraban bien pero creían, por errores espirituales, que en eso solo consiste el cristianismo. Cuando hicieron una obra de bien creyeron que hicieron también una obra Divina y no se preocuparon si recibieron la Gracia de Dios o si la alcanzaron. Justamente era la gracia del Espíritu Santo, simbolizada por el aceite, la que hacía falta a las Vírgenes necias. Ellas son llamadas "necias" porque se olvidaron del fruto necesario de la virtud, que es la gracia del Espíritu Santo, sin la cual nadie puede ni podrá salvarse ya que "toda alma es vivificada por el Espíritu Santo y elevada por la pureza y es iluminada por la Unidad de la Trinidad de manera sagrada y misteriosa" (Antífona antes del Evangelio en el servicio matutino). El Espíritu Santo Mismo viene a habitar en nuestras almas; y esta residencia y la coexistencia en nosotros del Todopoderoso, de su Unidad Trinitaria con nuestro espíritu, no nos son dadas más que a condición de trabajar, por todos los medios en nuestro poder, para la obtención del Espíritu Santo y esto prepara en nuestro cuerpo y nuestra alma una morada digna de este encuentro, un trono para la coexistencia del Dios que todo creó con nuestro espíritu. Como dice la palabra inmutable de Dios: "Habitaré y caminaré en medio de ellos; seré su Dios y ellos serán mi pueblo" (2 Cor. 6:16; Lv. 26:11-12; Ez. 37:27).

Este es el aceite que las prudentes tenían en sus lámparas, que fue capaz de alumbrar por muchas horas y que les permitió a éstas vírgenes recibir la llegada del Esposo a medianoche y entrar con Él al castillo del goce eterno. Las Vírgenes necias, al ver que la luz de sus lámparas estaba por extinguirse, fueron al mercado en busca de aceite, pero no tuvieron tiempo de regresar pues la puerta se había cerrado. El mercado es nuestra vida. La puerta del palacio, cerrada e impidiendo el acceso al Esposo es nuestra muerte humana; las vírgenes prudentes y necias son las almas cristianas. El aceite no simboliza nuestras acciones buenas sino la gracia del Espíritu Santo que obtenemos por ellas, gracia que transforma lo perecedero en imperecedero, la muerte del alma en vida espiritual, las tinieblas en luz, el establo donde están encadenadas como bestias y animales nuestras pasiones, en templo de Dios, en un radiante castillo de alegría eterna por Jesucristo, Nuestro Señor, Creador y Salvador.

Grande es la compasión que Dios tiene por nuestra desgracia, es decir por nuestra negligencia hacia Su solicitud cuando dijo: "Mira que estoy de pie junto a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo" (Ap. 3:20); por "puerta" debemos entender el curso de nuestra vida aún no detenido por la muerte.

Video corto sobre la vida de San Serafin de Sarov - en español:




 Video documental Monasterio femenino de Divyevo fundado por San Serafin:






Notas:

- wikipedia
- Rusopedia
- San Serafin de Sarov, Irina Gorainof, Ed.Paulinas

sábado, 23 de marzo de 2013

La estructura litúrgica de la Cuaresma



Para comprender las diversas peculiaridades litúrgicas del tiempo de Cuaresma, debemos tener en cuenta que ellos expresan y nos transmiten la significación espiritual del ayuno, y están relacionadas con la idea central del Ayuno, con su función en la vida litúrgica de la Iglesia. Es la idea del arrepentimiento. En la enseñanza de la Iglesia Ortodoxa, empero, el arrepentimiento como tal es mucho más que una mera enumeración de pecados y transgresiones realizada ante el sacerdote. La confesión y la absolución no son más que el resultado, el fruto, el “clímax” del arrepentimiento sincero. Y, antes de que se pueda alcanzar este resultado, transformado en algo verdaderamente válido y provisto de significado, uno debe hacer un esfuerzo espiritual, atravesar un largo período de preparación y purificación. El arrepentimiento, en la acepción ortodoxa, significa reevaluación profunda y radical de toda nuestra vida, de todas nuestras ideas, juicios, preocupaciones, relaciones mutuas, etc. Ella se aplica no solo a algunas “malas acciones”, sino a toda la vida en su conjunto, y es un juicio cristiano aplicado a ella, a sus presupuestos básicos. En cada momento de nuestra vida, pero especialmente durante cuaresma, la Iglesia nos invita a concentrar nuestra atención en los valores y metas últimas, a que nos midamos según los criterios de la enseñanza cristiana, a contemplar nuestra existencia en relación con Dios. Esto es el arrepentimiento y consiste, por lo tanto, antes que toda otra cosa, en la adquisición del espíritu de arrepentimiento, es decir, de un estado particular de la mente, en una disposición especial de nuestra conciencia y visión espiritual.

...El culto cuaresmal en sí mismo es así una escuela de arrepentimiento. Nos enseña qué es el arrepentimiento y cómo adquirir dicho espíritu. Nos prepara y nos conduce a la regeneración espiritual, sin la cual la “absolución” resulta sin sentido. Es, en pocas palabras, tanto la enseñanza sobre la regeneración y el camino del arrepentimiento. Y, ya que no puede haber vida cristiana sin arrepentimiento, con esta constante “reevaluación” de la vida, el culto cuaresmal es una parte esencial de la tradición de la Iglesia. La negación de esto, su reducción a unas pocas costumbres y obligaciones puramente formales, la deformación de sus reglas básicas constituye una de las mayores deficiencias de nuestra vida eclesial actual. El objetivo de este artículo es delinear al menos las estructuras más importantes del culto cuaresmal, y así ayudar a los cristianos ortodoxos a recuperar una idea más ortodoxa de la cuaresma.

(1) Domingos de Preparación

...Tres semanas antes de que comience propiamente la cuaresma, entramos a un período de preparación. Es una característica constante de nuestra tradición cultural, el que cada evento litúrgico principal – Navidad, Pascua, Cuaresma, etc., esté anunciado y preparado largamente de antemano. Conociendo nuestra falta de concentración, la “mundanidad” de nuestra vida, la Iglesia nos llama la atención sobre la seriedad del evento que se acerca, nos invita a meditar sobre sus distintas “dimensiones”; Así, antes de que podamos practicar el ayuno, se nos provee de la base teológica sobre el mismo.

...La preparación precuaresmal incluye cuatro domingos consecutivos previos al ayuno.

...1. Domingo del Publicano y del Fariseo



...En la víspera de este día, es decir, en el Oficio de Vigilia del sábado, el Triodio, el libro litúrgico del tiempo cuaresmal, hace su primera aparición y se agregan textos tomados de él, al material litúrgico usual del oficio de resurrección. Esos textos desarrollan el tema más importante de la ocasión: el de la humildad. La lectura del Evangelio del día (Lc. 18, 10-14) enseña que la humildad es la condición del arrepentimiento. Nadie puede adquirir el espíritu del arrepentimiento si no rechaza la actitud del Fariseo. Ahí se encuentra un hombre que está siempre complacido consigo mismo y piensa que él cumple con todos los requerimientos de la religión. Sin embargo, él ha reducido la religión a reglas puramente formales y mide su religiosidad por el monto de su contribución financiera al templo. La religión es para él una fuente de orgullo y autosatisfacción. El Publicano es humilde y la humildad lo justifica ante Dios.

  2. Domingo del Hijo Pródigo.



...La lectura evangélica de este día (Lc. 15, 11-32) nos da el segundo tema de cuaresma: el del regreso a Dios. No es suficiente con reconocer los pecados y confesarlos. El arrepentimiento queda sin fruto sin el deseo y la decisión de cambiar de vida, de regresar a Dios. El verdadero arrepentimiento tiene como fuente la belleza espiritual y la pureza que el hombre ha perdido. “Retornaré al Padre compasivo llorando con lágrimas, recíbeme como a uno de tus siervos”. En el Oficio Matutino de este día se agrega el Salmo 136, “Junto a los ríos de Babilonia, allí nos sentábamos y llorábamos, al acordarnos de Sión…¡si te olvido, Jerusalén, olvidada sea mi diestra!”, a los salmos usuales del Polieléi. “Alabad el nombre del Señor” (Salmo 134). El cristiano recuerda y sabe lo que ha perdido: la comunión con Dios, la paz y el gozo de su Reino. Él ha sido bautizado, introducido en el Cuerpo de Cristo. El arrepentimiento, por lo tanto, es una renovación del bautismo, un movimiento de amor, que lo trae de vuelta hasta Dios.

...3. Domingo del Juicio Final (Carnestolendas)


...El sábado que precede este domingo (sábado de carnestolendas) el Typikon prescribe la conmemoración universal de todos los miembros difuntos de la Iglesia. En la Iglesia, todos dependemos de los demás, pertenecemos el uno al otro, estamos unidos por el amor de Cristo. (Por lo tanto en la Iglesia ningún Oficio religioso puede ser “privado”). Nuestro arrepentimiento no estaría completo sin este acto de amor dirigido a todos aquellos, que nos precedieron en la muerte, ya que, qué es el arrepentimiento si no también la recuperación del espíritu de amor, que es el espíritu de la Iglesia. Litúrgicamente esta conmemoración incluye las Vísperas del viernes, Matutinos y Divina Liturgia del Sábado.

...El Evangelio del domingo (Mt. 25, 31-46) nos recuerda el tercer tema del arrepentimiento: la preparación para el juicio final. Un cristiano vive bajo el juicio de Cristo. Él nos juzgará por cuán seriamente hemos tomado su presencia en el mundo, su identificación con cada hombre, su don de amor. “Estuve preso, estaba desnudo…” Todas nuestras acciones, actitudes, juicios y especialmente relaciones con otras personas deben estar referidas a Cristo, y el llamarnos “cristianos” significa que aceptamos la vida como servicio y ministerio. La parábola del Juicio Final nos otorga un “término de referencia” para nuestra autoevaluación.

...En la semana siguiente a este domingo se prescribe un ayuno limitado. Debemos prepararnos y entrenarnos para el gran esfuerzo de la cuaresma. El miércoles y el viernes son días sin Liturgia con Oficios de ayuno (Cf. más abajo). El sábado de esta semana (Sábado de Lacticinios) la Iglesia conmemora a todos los hombres y mujeres que fueron “iluminados a través del ayuno” es decir, los Santos Ascetas o Ayunadores. Ellos son los modelos que seguimos, nuestros guías en el difícil “arte” del ayuno y el arrepentimiento.

...4. Domingo del Perdón (Lacticinios)

 Éste es el último día antes de la cuaresma. Su liturgia desarrolla tres temas:

(a) La “expulsión de Adán del Paraíso de delicias”. El hombre fue creado para el paraíso, es decir, para la comunión con Dios, para la vida con Él. Él ha perdido esta vida y su existencia sobre la tierra es un exilio. Cristo ha abierto a todos las puertas del paraíso y la Iglesia nos guía a nuestra patria celestial.

(b) Nuestro ayuno no debe ser hipócrita, una exhibición. Debemos “ser vistos no por los hombres cuando ayunamos, sino ante nuestro Padre que está en lo secreto” (Evangelio del domingo, Mt. 6, 14-21); y

(c) su condición es que nos perdonemos unos a otros como Dios nos ha perdonado – “Si perdonáis a los hombres sus transgresiones, vuestro Padre celestial también os perdonará”.

...En la tarde de ese día, en Vísperas, la cuaresma es inaugurada por el Gran Prokímeno: “No apartes tu faz de tu siervo, porque estoy en apuros; óyeme pronto. Atiende mi alma y líbrala”. Luego del Oficio, tiene lugar el rito del perdón y la Iglesia comienza su peregrinaje hacia el glorioso día de Pascua.

   El Gran Canon de San Andrés de Creta

...Los primeros cuatro días de cuaresma –de lunes a jueves– el Typikon prescribe la lectura del Gran Canon de San Andrés de Creta en Grandes Completas (es decir, después de Vísperas, dividido en cuatro partes. Este canon está enteramente dedicado al arrepentimiento y constituye, por decir así, la “inauguración de la cuaresma”. Se lo repite todo completo en los Matutinos del jueves de la quinta semana de cuaresma.

..(2) Días de semana cuaresmales – Ciclo diario.

...La cuaresma consiste de seis semanas o cuarenta días. Comienza el lunes después del Domingo de Lacticinios y finaliza el viernes por la tarde antes del Domingo de Ramos. El Sábado de la Resurrección de Lázaro, el Domingo de Ramos y la Semana Santa formal un ciclo litúrgico especial no analizado en este artículo. Los días de semana – de lunes a viernes- tienen una estructura litúrgica muy diferente de la de los sábados y domingos. Trataremos sobre estos dos días en un apartado especial.

...El ciclo cuaresmal de la semana, a pesar de que consiste en los mismos oficios, tal como están prescritos para el resto del año (Vísperas, Completas, Nocturno, Matutinos, Horas Menores) tiene sin embargo algunas peculiaridades importantes:

...(a) Posee su propio libro litúrgico – el Triodio. A lo largo del año los elementos variables de los oficios diarios –troparios, stijiras, cánones– se toman del Octoíj (Libro de la semana) y de la Minea (el libro del mes, que da el oficio del santo del día) La regla básica de la cuaresma es que el Octoíj no se utiliza en los días de semana, sino que es reemplazado por el Triodio, que cada día aporta:

...— en Vísperas – una serie de stijiras (3 para “Señor, a ti he clamado” y 3 para el “Apóstija”) y 2 lecturas o “parimias” del Antiguo Testamento.

...— en Matutinos – 2 grupos de “katismas” (“Sedalny,” himnos breves cantados después de la lectura del salterio) un canon de tres odas (o “Triodio” que le da su nombre a todo el libro) y 3 stijiras en las “alabanzas”, es decir, cantadas al final de los salmos matutinos ordinarios 148, 149 y 150. En la Hora Sexta se agrega una “parimia” del Libro de Isaías.

...La conmemoración del santo del día (Minea) no se omite, sino que es combinada con los textos del triodio. Estos últimos son principalmente, si no exclusivamente penitenciales en su contenido. Especialmente profundos y bellos son los “idiomela” (“samoglasni”) stijira de cada día (1 en Vísperas y 1 en Matutinos). Y es un hecho triste que tan poco del Triodio haya sido traducido al inglés.

...(b) El uso del salterio se duplica. Normalmente el salterio, dividido en veinte katismas es leído una vez por semana: (un katisma en Vísperas y dos en Matutinos). Durante la cuaresma es leído dos veces (uno en Vísperas, tres en Matutinos, uno en cada Hora Menor, Tercia, Sexta y Nona). Esto se hace, por supuesto, principalmente en los monasterios, sin embargo es importante saber que la Iglesia considera que los salmos son un “alimento espiritual” esencial del tiempo cuaresmal.

...(c) Las rúbricas de cuaresma hacen hincapié en las postraciones. Se las prescribe al final de cada Oficio con la oración cuaresmal de San Efrén el Sirio, “Oh Señor y Soberano de mi vida”, y también después de cada uno de los troparios especiales de cuaresma en Vísperas. Ellos expresan el espíritu de arrepentimiento como “ruptura” de nuestro orgullo y autosatisfacción. También hacen participar a nuestro cuerpo del esfuerzo de la oración.

...(d) El espíritu de cuaresma está también expresado en la música litúrgica. Son ejecutados tonos especiales de cuaresma o melodías en la música litúrgica. Se usan tonos especiales de cuaresma para las respuestas a las letanías y en los “Aliluias” que en Matutinos reemplazan el solemne canto del “Dios es el Señor, y se nos manifestó”.

...(e) Un signo distintivo de los oficios cuaresmales es el uso del Antiguo Testamento, ausente normalmente del ciclo diario. Cada día a lo largo de la cuaresma son leídos tres libros: Génesis, Proverbios en Vísperas, Isaías, en Hora Sexta. El Génesis nos cuenta el relato de la creación, la caída y los comienzos de la historia de la salvación. Proverbios es el libro de la sabiduría, que nos conduce a Dios y a sus preceptos. Isaías es el profeta de la redención, la salvación y el Reino Mesiánico.

...(f) Los ornamentos litúrgicos que se usan en días de la semana de cuaresma son oscuros, teóricamente, purpúreos.

...El orden de los oficios cuaresmales de la semana se lo encuentra en el Triodio (“Lunes de la primera semana de Ayuno”). De especial importancia son las regulaciones concernientes al canto del canon. Cuaresma es el único tiempo del año litúrgico que ha preservado el uso de las nueve odas bíblicas, que formaban parte de la estructura original del canon.

   (3) Días sin Liturgia

...La Liturgia de los Dones Presantificados

...En días de semana en Cuaresma (de lunes a viernes) la celebración de la Divina Liturgia está estrictamente prohibida. Son días sin Liturgia, con la posible excepción – la Fiesta de la Anunciación (entonces se prescribe la Liturgia de San Juan Crisóstomo después de Vísperas). La razón de esta regla es que la Eucaristía es por su propia naturaleza una celebración festiva, la gozosa conmemoración de la Resurrección y presencia de Cristo entre sus discípulos. (Para una elaboración más avanzada de este punto cf. Mi nota “Eucaristía y Comunión” en St. Vladimir’s Quarterly, Vol. 1, Nº 2, abril de 1957, pp. 31-33) Sin embargo, dos veces a la semana, los miércoles y viernes, la Iglesia prescribe la Iglesia la celebración después de Vísperas, es decir, en la tarde, de la Liturgia de los Dones Presantificados (cf. el orden de este oficio en I. Hapgood, The Service Book, pp. 127-146.) Consiste en Grandes Vísperas solemnes y la comunión de los Santos Dones consagrados el domingo previo. Siendo estos días de estricto ayuno (teóricamente de abstinencia completa) son coronados con la participación del Pan de Vida, el último cumplimiento de todos nuestros esfuerzos.

...Uno debe reconocer el trágico abandono de estas reglas en muchas parroquias estadounidenses. La celebración de las así llamadas “liturgias de réquiem” en días en que no deben celebrarse, constituye una violación flagrante de la tradición universal de la ortodoxia, y no pueden ser justificadas por puntos de vista ni teológicos o pastorales. Son remanentes de “uniatismo” en nuestra Iglesia celebración, y están en contradicción tanto con la doctrina ortodoxa de la conmemoración de los difuntos, como con la doctrine ortodoxa sobre la Eucaristía y su función en la Iglesia. Todo debe ser hecho en orden a restaurar los principios litúrgicos reales de la Cuaresma.

...(4) Sábados de Cuaresma

...Sábados de cuaresma, con la excepción del primero –dedicado a la memoria de San Teodoro de Tyron y del quinto– el Sábado del Acatisto, son días de conmemoración de los difuntos. Y, en vez de multiplicar las “liturgias privadas de réquiem” los días en que están prohibidas, sería bueno restaurar esta práctica de una conmemoración universal por semana de todos los cristianos ortodoxos que partieron de esta vida, de su integración en la Eucaristía, que siempre es ofrecida “por todos y por todo”.

...El Sábado del Acatisto es la conmemoración anual de la liberación de Constantinopla en el año 620. El “Acatisto”, es un hermoso himno a la Madre de Dios, y se canta en Matutinos.

...(5) Domingos de Cuaresma

...Cada Domingo de cuaresma, aunque mantiene su carácter de fiesta seminal de la Resurrección, tiene su tema específico, el Triodio se combina con el Octoíj.

...1er Domingo — “Triunfo de la Ortodoxia” —conmemora la victoria de la Iglesia sobre la última gran herejía– el iconoclasmo (842).




...2º Domingo — está dedicado a la memoria de San Gregorio Palamás, gran teólogo bizantino, canonizado en 1366.



...3º Domingo —“de la Veneración de la Santa Cruz”– En Matutinos la Cruz es traída en solemne procesión desde el santuario y puesta en el centro de la Iglesia donde permanecerá por toda la semana. Esta ceremonia anuncia la proximidad de la Semana Santa y la conmemoración de la Pasión de Cristo. Al final de cada oficio tiene lugar una veneración especial de la Cruz.


...4º Domingo — San Juan Clímaco, uno de los ascetas más grandes, que en su “Escala Espiritual” describió los principios básicos de la espiritualidad cristiana.



...5º Domingo — Santa María Egipcíaca, el más maravilloso ejemplo de arrepentimiento.

...Los Sábados y Domingos –días de celebración eucarística– Los ornamentos oscuros son reemplazados por claros, las melodías de cuaresma no se usan, y la oración de San Efrén con las postraciones es omitida. El orden de los oficios no es del tipo de cuaresma, aunque el ayuno permanece como regla y no puede ser roto (cf. mi artículo “Ayuno y liturgia”, en St. Vladimir’s Quarterly, Vol. III, Nº 1, Invierno 1959). Cada domingo a la noche, se prescribe Grandes Vísperas con un Gran Prokímeno especial.

...En la conclusión de esta breve descripción de la estructura litúrgica de Cuaresma, permítanme insistir una vez más, que el culto cuaresmal constituye uno de los elementos más profundos, más hermosos y más esenciales de nuestra tradición litúrgica ortodoxa. Su restauración en la vida de la Iglesia, su comprensión de parte de los cristianos ortodoxos, constituye una de las tareas urgentes de nuestro tiempo.



Protopresbítero Alexander Schmemann

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...Aparecido en The Russian Orthodox Journal, Marzo de 1959, págs. 6-8. Traducción del inglés de Hieromonje Diego (Flamini).


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