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jueves, 1 de agosto de 2013

San Serafin de Sarov, imagen de la Santa Rusia


Hoy celebramos en el rito bizantino el Hallazgo de las Reliquias de San Serafin de Sarov en el año 1903. Tambien hoy el Blog Teóforos cumple 3 años. Cuando comenzé con el blog se lo encomendé a San Serafín de Sarov, un gran santo, monje, sacerdote, starets de la Iglesia Ortodoxa Rusa, y uno de los santos patronos del Monasterio Bizantino de la Transfiguración de Pigüé en Argentina, junto a San Sergio de Radonezh.

En este post quiero compartir un poco más acerca de su vida, y un resumen de sus enseñanzas o instrucciones espirituales.

Icono de San Sergio de Radonezh y San Serafin de Sarov

BREVE RESEÑA DE LA VIDA DEL SANTO:

Serafín de Sarov, ru. Серафим Саровский (Serafim Saróvskiy), en el mundo Прохор Исидорович Машнин (Prójor Isidórovich Mashnín), un monje ortodoxo, un stárets, uno de los santos más venerados en la Iglesia ortodoxa. Nació el 19 de julio de 1759 en la ciudad de Kursk en Rusia.

Siendo niño resultó indemne después de caer de un campanario, más tarde se curó de un mal grave por una aparición de la Virgen, y después de ello adquirió la habilidad de ver a los ángeles.

En 1777 ya es un novicio en el monasterio de Sarov. En 1786 tomó los hábitos y recibió el nombre de Serafín.

Profesión monástica de San Serafin de Sarov

 Durante muchos años llevó una vida de ermitaño en un bosque remoto. Por su vida santa en 1831 mereció con sus alumnos ver, por la segunda vez en su vida, la aparición de la Virgen, acompañada por Juan el Bautista y Juan el Evangelista.

Falleció en 1833 mientras oraba arrodillado en su celda en el monasterio de Sarov.

Serafín de Sarov fue beatificado por la Iglesia Ortodoxa Rusa el 29 de enero de 1903. Sus reliquias descansan en el monasterio de Divyevo cerca de Nízhniy Nóvgorod.


SAN SERAFÍN DE SAROV, UN GRAN SANTO, REFLEJO DEL ALMA RELIGIOSA RUSA.

A pesar de la multitud de peregrinos que se acercaban a verlo, el reverendísimo Serafín (en ruso “Serafim”) de Sarov siempre se dirigía con cariño a todos y para cada uno tenía una palabra de consuelo.


El nombre de Serafín, uno de los santos rusos más venerados, antes de tomar el hábito era Prójor Mashnín. Nació en 1754 en la familia de un comerciante de la ciudad de Kursk dedicado al negocio del ladrillo. A los tres años el niño perdió a su padre y su educación corrió a cargo de la madre, una mujer muy religiosa. Siguiendo su ejemplo, Serafín se convirtió en una persona profundamente piadosa.

A la edad de siete años Prójor se cayó desde un campanario pero sobrevivió al accidente. Es el primer milagro de los que se le atribuyen. Tres años después Prójor tuvo una aparición de la Virgen, que volvió a visitarlo en varias ocasiones en los momentos difíciles y de enfermedad.


Con la bendición de su madre, el joven se dirigió en peregrinaje a la ciudad de Kiev. En esa ciudad, la antigua capital del Estado ruso, se ubica uno de los monasterios principales del mundo ortodoxo, la lavra de las Cuevas. Durante esa peregrinación le fue anunciado el lugar de su futura vida religiosa: el monasterio de Sarov (una ciudad situada en la provincia de Nizhni Nóvgorod).

En noviembre del año 1778 llegó al monasterio y se quedó a servir en él. Finalmente, en agosto del año 1786 Prójor se convirtió en el hermano Serafín, uno de los monjes más devotos y humildes de la parroquia.


Permaneció muchos años en el monasterio y en el 1794 con el permiso de su abad se retiró a un frondoso bosque. En una pequeña ermita sin comodidades vivió dieciséis años, en los que solo se acercaba al monasterio para la comunión de los domingos. Durante un tiempo se alimentó solamente a base de hierbas y más tarde empezó a cultivar hortalizas.

 En su lucha contra las tentaciones, Serafín intensificó sus plegarias y actos píos: en los hombros llevaba cilicios; en la cintura, un cinturón de hierro. Durante tres años guardó voto de silencio y solía dormir sobre piedras.


En una ocasión el ermitaño fue atacado por salteadores que le propinaron una brutal paliza. Recibió golpes mortales pero otro milagro le salvó la vida. No tardaron en encontrar a los bandidos pero Serafín rogó que no les tocaran. Pronto los delincuentes se arrepintieron y pidieron el perdón de Serafín, quien inmediatamente se lo otorgó.


Serafín permaneció en la ermita hasta 1810, año en el que regresó al monasterio y a la vida secular. Para aquel momento la fama de sus milagros empezó a difundirse rápidamente por Rusia y a su celda comenzaron a acudir peregrinos.

Al principio recibía a pocas personas pero en el año 1825 se le apareció la Virgen y le indicó que aplicara todas sus fuerzas a ayudar y consolar a la gente. Desde aquel entonces las puertas de su celda permanecieron abiertas para todo el mundo. Entre los peregrinos estuvo el emperador de Rusia Alejandro I.


Además de la importancia que tuvo el monje en la relevancia que adquirió el monasterio de Sarov, la figura del padre Serafín fue determinante también en el proceso de formación de uno de los más destacados recintos religiosos rusos: el monasterio femenino de la Santísima Trinidad de Divyevo, en la provincia de Nizhni Nóvgorod.

Monasterio femenino en Divyevo, fundado por San Serafín

Hacia el final de su vida, Serafín se convirtió en stárets, maestro y consejero de gran veneración en la Iglesia ortodoxa. Además era profeta: predijo, en particular, el periodo de la persecución de la Iglesia ortodoxa y su futura resurrección. Efectivamente, el clero ruso fue cruelmente perseguido tras la revolución bolchevique del año 1917 y la resurrección paulatina comenzó en los años 50 del siglo XX. Serafín de Sarov predijo también la muerte violenta de la familia imperial rusa, profecía que se hizo realidad a principios del siglo XX. El último emperador, Nicolás II, su familia y sus sirvientes fueron fusilados por los bolcheviques en el año 1918. El santo también predijo que Rusia resurgiría a partir del año 2003 y que volvería a ser una gran potencia mundial.


 A unos cien años de esta fecha, en el año 1903, los jerarcas de la Iglesia ortodoxa rusa decidieron abrir la tumba de Serafín, que falleció en el año 1833 y estaba sepultado en el monasterio de Sarov. Se celebró la ceremonia de “recuperación de las reliquias”, en la que los restos óseos fueron descritos detalladamente y devueltos a su sepultura. A pesar del tiempo transcurrido tras el fallecimiento del monje, al monasterio de Sarov continuaban llegando peregrinos en búsqueda de consuelo físico y moral y al lado de la tumba ocurrían milagros con sanaciones súbitas de enfermos.

Todo cambió con la llegada al poder de los bolcheviques, que profesaban el ateísmo beligerante. En el año 1920 la tumba de Serafín de Sarov fue abierta y sus restos exhumados y enviados al Museo de Religión y Ateísmo, que se encontraba, primero, en Moscú y después en Leningrado (actual San Petersburgo). En 1990 en la catedral de Kazán, sede entonces del Museo de la Religión, fueron hallados en uno de los depósitos unos restos humanos sin identificar que no figuraban en el inventario del museo. Una comisión especial de expertos y del clero ruso comparó los restos óseos con la descripción que se hizo en el año 1903. Se llegó a la conclusión de que las reliquias olvidadas durante 70 años pertenecían al santo.

Los restos fueron devueltos a la Iglesia ortodoxa rusa y de nuevo descansan en la iglesia principal del monasterio de la Santísima Trinidad de Divyevo, donde vuelven a ser el destino de numerosos peregrinos.

Desde septiembre del año 2007 Serafín de Sarov es además el santo patrón de los trabajadores de la industria militar atómica de Rusia. Su protección a este gremio se debe a que en la época soviética la ciudad de Sarov no existía oficialmente: fue excluida de todas las estadísticas e informes. Su nombre secreto era Arzamás-16 y ahí se fabricó en 1949 la primera bomba atómica de la URSS.


INSTRUCCIONES ESPIRITUALES.



BREVE COMENTARIO: Símbolo viviente, el starets Serafin de Sarov no escribió nada. Sin embargo, nos quedan de él algunas instrucciones espirituales. Primitivamente, incluídas en una biografía manuscrita, redactada en 1837 por un hieromonje de Sarov, Sergio, ellas no fueron impresas más que dos años más tarde, como apéndice a un pequeño opúsculo titulado: "Una breve percepción de la vida de un starets  del Desierto de Sarov, Marcos, monje y anacoreta" (se trataba de uno de los eremitas, contemporáneos del Padre Serafín, que vivieron al mismo tiempo que él, en el bosque de Sarov). En cuanto a la biografía del santo, propiamente dicha, recién en 1841, ocho años después de su muerte, recibiría el "imprimatur" del Santo Sínodo, como resultado de las numerosas tratativas efectuadas por el Metropolita Filareto de Moscú.
Este mismo prelado, deseando apresurar su publicación, había revisado los "consejos Espirituales", tal como lo testimonia una carta escrita a su vicario y amigo, el archimandrita  Antonio, Higúmeno de la Lavra de la Trinidad y San Sergio.
Dada la enorme cantidad de citas, resulta evidente que el espíritu de starets, estaba sumergido efectivamente (según una expresión que le era muy cara), en las Sagradas Escrituras. La numeración de los salmos se sigue segun la Biblia griega que poseía San Serafín, pero la traducción está tomada de la Biblia de Jerusalén, fuera de algunas excepciones.


 Sobre Dios

Dios es el fuego que calienta e inflama a los corazones y las entrañas. Por eso si sentimos frío en nuestros corazones, éste proviene del diablo (porque él es frío); llamemos al Señor y Él vendrá y calentará nuestro corazón con un amor perfecto, no solo hacia Él, sino también hacia nuestros prójimos. Y por el calor de Su rostro huirá el frío del que odia el bien.

Donde está Dios no hay mal. Todo lo que proviene de Dios es útil, trae paz y lleva al hombre a condenar sus defectos y a ser humilde.

Dios demuestra Su amor a los hombres no solo cuando hacemos el bien, sino también cuando Lo ofendemos con nuestros pecados. ¡Con qué enorme paciencia soporta Él nuestras faltas! Y cuando nos castiga, ¡con qué misericordia lo hace! El beato Isaac dice: "No llames Justo a Dios, porque en tus hechos no se ve Su justicia. Es verdad que David Lo llamaba justo y derecho, pero el Hijo de Dios nos hizo ver que Dios es aún más benigno y misericordioso. ¿Dónde esta Su justicia? Fuimos pecadores y Cristo murió por nosotros" (san Isaac el Sirio, discurso 90).

Las causas de la venida de Cristo:
  1. El amor de Dios al género humano "De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a Su Hijo Unigénito" (Jn. 3:16).
  2.  Restablecimiento en el hombre caído de la imagen y semejanza Divinas.
  3. La salvación de las almas humanas: "Porque no envío Dios a Su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvado por Él" (Jn. 3:17).
Nosotros, en concordancia con los objetivos de Nuestro Salvador, debemos vivir de acuerdo a Su Divina enseñanza, para salvar con esto nuestras almas.

La fe

Según dice San Antíoco, la fe es el comienzo de nuestra unión con Dios: el creyente verdadero es una piedra del templo Divino, preparado para el edificio de Dios Padre, elevado a la altura con la fuerza de Jesucristo, o sea, con Su cruz y con la ayuda de la Gracia del Espíritu Santo.

"La fe sin obras es muerta" (Jac. 2:26). Obras de la fe son: el amor, la paz, la paciencia, la benevolencia, la humildad, llevar la cruz y vivir espiritualmente. La fe verdadera no puede quedar sin obras buenas. Quien cree sinceramente, invariablemente hace también obras de bien.

La Esperanza

Todos, los que tienen una firme esperanza en Dios, se elevan a Él y se iluminan con el resplandor de la luz eterna.

Si el hombre no se ocupa demasiado de sí mismo por el amor a Dios y para las obras de virtud sabiendo que Dios se ocupa de él, entonces su esperanza es verdadera y sabia. En cambio, si el hombre confía solamente en sí mismo y sus actos y se dirige a Dios solo cuando tiene grandes e inesperadas dificultades y solo cuando ve la insuficiencia de sus medios empieza a confiar en la ayuda de Dios, entonces tal esperanza es vana y falsa. La verdadera esperanza busca sólo al Reino de Dios y está segura de que todo lo necesario para la vida temporal le será dado siempre. El corazón no puede tener paz hasta que logre tal esperanza. Ella es la que lo apacigua totalmente y le da alegría. Sobre este tipo de esperanza dijo nuestro Salvador: "Venid a Mí todos los que estáis trabajados y cargados, y Yo os haré descansar" (Mt. 11:28).

El amor a Dios

Aquel que logra un perfecto amor a Dios vive esta existencia como si no perteneciera a este mundo. Ya que él se siente extraño para lo visible y espera con paciencia lo invisible. El se cambió por entero en el amor a Dios y dejo todos sus vínculos mundanos.

El que ama realmente a Dios con todo su ser, se considera como peregrino y extranjero en esta tierra ya que ve sólo a Dios debido a su tendencia a buscarlo.

La preocupación por el alma. El cuerpo del hombre se parece a una vela prendida. La vela debe quemarse y el hombre debe morir. Pero su alma es inmortal y por esto nuestra preocupación debe ser mayor por el alma que por el cuerpo: "¿Qué aprovechara al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiera su alma? O ¿qué recompensa dará el hombre por su alma?" (Mt. 16:26), por la cual nada en el mundo puede servir de recompensa. Si un alma, por sí sola, es más preciosa que todo el mundo y el reino terrenal, entonces, es sin duda más precioso el Reino de los Cielos. Consideramos el alma como lo más valioso porque - como dice san Macario el Grande - Dios no se dignó a comunicarse ni a unirse con Su naturaleza espiritual a ninguna criatura visible, a excepción del hombre, al cual ama más que a todas Sus criaturas.

Amor al prójimo

A los prójimos hay que tratarlos amablemente, no hay que mostrar nunca ni siquiera disgusto, aún si nos ofenden. Si nos alejamos de alguien o lo ofendemos, sentimos como una piedra sobre nuestro corazón. Hay que animar el espíritu de un hombre triste o abatido con palabras de amor. Cuando vez a tu hermano pecando - cúbrelo, como aconseja san Isaac el sirio: "Extiende tu capa sobre el pecador y cúbrelo."

Con respecto a nuestros prójimos, debemos ser puros de palabra y pensamiento y tratarlos a todos por igual; si no convertiremos nuestra vida en algo inútil. Hay que saber amar al prójimo no menos, que a nosotros mismos, según el mandamiento del Señor: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Lc. 10:27). Pero no de manera tal que el amor al prójimo exceda los límites y nos aleje del cumplimiento del primer y más importante mandamiento: el de amar a Dios. El mismo Señor nos enseña: "El que ama a padre o madre mas que a mí, no es digno de Mí; el que ama a hijo o hija mas que a mí, no es digno de Mí" (Mt. 10:37).

La misericordia

Hay que ser misericordioso hacia los pobres y los peregrinos; sobre esto se preocupaban mucho los Padres y las grandes luminarias de la Iglesia. Con respecto a esta virtud tenemos tratar, por todos los medios, de cumplir los siguientes mandamientos de Dios: "Sed misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso" y "Misericordia quiero, y no sacrificio" (Lc. 6:36; Mt. 9:13). Los sabios escuchan estas palabras salvadoras y los necios no las escuchan; por eso la recompensa no será igual, como fue dicho: "El que siembra escasamente, también segara escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segara" (2 Cor. 9:6).

Que el ejemplo de Pedro Dador de pan, quien por un pedazo de pan ofrecido a un mendigo, recibió el perdón de todos sus pecados (lo que le fue mostrado en una visión), nos inspire a ser misericordiosos con los prójimos, ya que incluso una pequeña limosna ayuda mucho a obtener el Reino de Dios.

Hay que ofrecer la limosna con buena disposición del alma; como dice san Isaac el Sirio: "Si das algo a quien te lo pide, que la alegría de tu rostro preceda a tu dádiva y con palabras benignas consuela su pena."

No juzgar y perdonar las ofensas


No se debe juzgar a nadie, incluso aunque hayas visto con tus propios ojos sus pecados y sus transgresiones a los mandamientos de Dios. Como dice la palabra Divina: "No juzguéis, para que no seáis juzgados" (Mt. 7:1). "¿Tu quién eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio Señor esta en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme" (Rom. 14:4). Es mucho mejor recordar las palabras del Apóstol: "El que piensa estar firme, mire que no caiga" (1 Cor. 10:12).

No hay que sentir ni odio ni ira a una persona que está enemistada con nosotros, por el contrario hay que amarlo y tratar de hacerle tanto bien como nos sea posible, como Dios nos enseña: "Amad a vuestros enemigos... haced bien a los que os aborrecen" (Mt. 5:44). Si tratamos con todas nuestras fuerzas de cumplir este mandamiento podemos tener la esperanza de que la luz Divina brille en nuestros corazones, que nos ilumine el camino hacia el Jerusalén Celestial.

¿Por qué acusamos a nuestros prójimos? Es porque no tratamos de conocernos a nosotros mismos. Quien esta ocupado en conocerse a sí mismo no tiene tiempo para criticar las faltas de los demás. Júzgate a ti mismo - y dejaras a juzgar a los demás. Condena la mala acción, pero no a aquel que la comete. Asimismo hay que considerarse como el peor de los pecadores y perdonar cualquier acción mala del prójimo. Hay que odiar únicamente al diablo pues éste fue quien lo sedujo. Además una acción del prójimo puede parecernos mala pero ser en realidad una buena obra por sus buenas intenciones. Por otro lado la puerta de la penitencia está abierta para todos y no se puede saber quien entrará primero por ella: si tú, quien acusa o el juzgado por ti.

La penitencia


El que desea salvarse, debe tener su corazón siempre dispuesto al arrepentimiento y la contrición: "Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciaras tu, oh Dios" (Sal. 51:17). Con el espíritu humilde, el hombre puede evitar con facilidad todas las trampas astutas del diablo, quien se esfuerza a alterar el espíritu del hombre y sembrar sus cizañas, según las palabras Evangélicas: "¿Señor, no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña? Él les dijo: Un enemigo ha hecho esto" (Mt. 13:27-28). Cuando el hombre trata de tener el corazón humilde y guarda paz en sus pensamientos, todas las maquinaciones del enemigo son vanas. Ya que donde hay paz en los pensamientos reposa el mismo Dios; se dijo: en la paz esta Su lugar (Sal.76:2).

Nosotros, durante toda la vida, ofendemos la grandeza Divina con nuestras caídas en pecado; por eso debemos pedirle con humildad perdón al Señor por nuestros pecados.

El ayuno

Nuestro Señor Jesucristo, Jefe de las hazañas espirituales y Salvador Nuestro, antes de empezar la hazaña de la redención del genero humano, se fortificó con un prolongado ayuno. Todos los ascetas antes de comenzar a trabajar para el Señor, se armaban con ayunos y sólo en ayuno empezaban el camino de la cruz. Sus progresos en el ascetismo medían con sus éxitos en el ayuno.

Con todo esto, los santos ascetas sorprendían a todos al no conocer la debilidad, siempre permanecían briosos, fuertes y listos para la acción. Las enfermedades entre ellos eran muy raras y sus vidas eran muy prolongadas.

Mientras el cuerpo del ayunante se vuelve ligero y más delgado, la vida espiritual se perfecciona y se muestra en fenómenos sobrenaturales. Entonces el espíritu actúa como en un cuerpo incorpóreo. Los sentidos externos se cierran y la mente, apartándose de lo terrenal, se eleva hacia el cielo y se sumerge completamente en la contemplación del mundo espiritual. Pero no todos pueden seguir esta regla muy severa de contención en todo y de privación de todo lo que puede servir para aliviar las dolencias. "El que sea capaz de recibir esto, que lo reciba" (Mt. 19:12).

Se debe ingerir una cantidad de comida para que el cuerpo se fortifique y sea un ayudante y amigo del alma en hacer el bien; en caso contrario un cuerpo debilitado puede debilitar el alma. Los días miércoles y viernes, especialmente durante las cuatro abstinencias anuales, sigue el ejemplo de los Padres y come una sola vez por día y el Ángel del Señor estará siempre contigo.

La paciencia y la humildad

Siempre hay que soportar todo lo que pasa y recibirlo como enviado por Dios y con agradecimiento. Nuestra vida es un minuto en comparación con la eternidad. Por esto, como dice el apóstol: "las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse" (Rom. 8:18).

Soporta en silencio cuando te ofende un enemigo y sólo al Señor abre en ese caso tu corazón. Al que te humilla o denigra tu honor, trata por todos los medios de perdonarlo con todo tu corazón, según la palabra Evangélica: "Al que tome lo que es tuyo, no pidas que te lo devuelva" (Luc. 6:30).

Cuando la gente nos insulta, debemos considerarnos indignos de halagos y debemos pensar que si fuéramos dignos, todos nos respetarían. Debemos siempre portarnos humildemente con todos los hombres, como nos dice san Isaac el Sirio: " Sé humilde y veras la Gloria de Dios en ti."

Las enfermedades

El cuerpo es el esclavo del alma, que es la reina. Por eso, ocurre a menudo que por la misericordia Divina nuestro cuerpo se debilita con enfermedades y con ellas nuestros vicios pierden fuerza y el hombre vuelve en sí. Además la misma enfermedad corporal puede ser consecuencia de nuestras pasiones y nuestros vicios. A quien soporta la enfermedad con paciencia y agradecimiento la enfermedad se le computa como una hazaña espiritual o incluso más que esto.

Un monje anciano, que sufría de hidropesía, decía a los hermanos, que lo venían a curar: "Padres oren para que mi alma no sufra de semejante enfermedad. Ruego a Dios que no me libere de mi actual dolencia de repente ya que mientras mi persona externa se consume, el hombre interno se renueva" (2Cor 4:16).

La paz del alma

La paz del alma se logra sufriendo penas. Las Escrituras dicen: "Pasamos por el fuego y por el agua, y nos sacaste a abundancia" (Sal. 66:12). Para los que desean complacer a Dios, el camino transcurre a través de muchas penas. ¿Cómo podemos alabar a los santos mártires por sus sufrimientos que pasaron por Dios si no sabemos siquiera aguantar una fiebre?

Para lograr la paz interna nada es mejor a permanecer en silencio, preferentemente conversando consigo mismo y muy poco con los demás. Es señal de vida espiritual cuando una persona penetra en su mundo interior y trabaja secretamente en su corazón.

Esta paz, como un tesoro invaluable, dejo nuestro Señor Jesucristo a sus discípulos antes de Su muerte, diciendo: "La paz os dejo, Mi paz os doy" (Jn. 14:27). También el apóstol lo dice: "La paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús" (Filip. 4:7). "Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor" (Heb. 12:14).

Por ello debemos dirigir todos nuestros pensamientos, deseos y actos para el recibimiento de la paz Divina y siempre clamar con la Iglesia: "Señor Dios nuestro, Tu nos darás paz" (Is. 26:12).

Es necesario, por todos los medios, tratar de conservar la paz del alma y no indignarse por las ofensas de otra gente. Para eso es menester evitar la ira y con atención proteger la mente y el corazón de vacilaciones incorrectas.

Las ofensas hay que soportarlas con indulgencia y aprender a tomarlas como si no nos afectaran. Este ejercicio puede darle la calma a nuestro corazón y hacerlo morada del Mismo Dios.

Vemos un ejemplo de tal ausencia de ira en la vida de san Gregorio el Milagroso. Una ramera le exigía públicamente que le pagara por un supuesto pecado cometido con ella. Él no se enojó con ella y le dijo mansamente a su amigo:" Dale enseguida el precio que ella exige." La mujer, tan pronto recibió el pago injusto, se tornó poseída por un demonio. Entonces el Santo, con oraciones, expulsó al demonio de ella.

Si es imposible evitar indignarse, como mínimo hay que detener la lengua, según la palabra del rey David: "Estaba yo quebrantado, y no hablaba" (Sal. 77:4).

Podemos seguir en este caso los ejemplos de san Spiridón de Trimifun y de san Efremo el Sirio. El primero soportó una ofensa así: una vez, tras ser llamado por el rey de Grecia, quería entrar en el palacio y uno de los servidores, tomándolo por un mendigo, no lo dejaba entrar, se reía de él y hasta lo abofeteó. San Spiridón que era manso, le presentó la otra mejilla, como indica el Evangelio (Mt. 5:39). San Efremo, que vivía en el desierto, se quedó sin comida una vez cuando su discípulo rompió sin querer por el camino la vasija que la contenía. El santo, viéndolo muy triste, le dijo: "No te aflijas, hermano, si la comida no quiso llegar a nosotros, iremos hacia ella." Y el santo fue, se sentó al lado de la vasija rota y comió lo que se había caído. ¡Hasta tal punto era su mansedumbre y su falta de ira!

Para mantener la paz del alma, hay que apartar de uno la tristeza y tratar de tener el espíritu alegre, según la palabra del sabio Sirah: "La tristeza mató a muchos y no hay utilidad en ella" (Sir. 30:25).

Para conservar la paz del alma hay que evitar también criticar a la gente. Con el silencio y la condescendencia hacia el hermano se conserva la paz del alma. Encontrándose en este estado es posible recibir revelaciones Divinas.

Para no caer en la condenación de los prójimos, no hay que aceptar malos comentarios de nadie, estar como muerto para esos dichos y escuchar nuestro interior.

Para la paz espiritual hay que entrar en sí mismo más a menudo y preguntarse: ¿Dónde estoy? Además hay que estar atento para que los sentidos corporales, sobre todo la vista, sirvan al hombre interno y no lo distraigan con objetos sensuales o sensoriales. Hay que recordar que los dones de gracia lo reciben solamente aquellos que trabajan internamente y cuidan sus almas.

Las hazañas espirituales

A los discípulos que trataban de hacer hazañas excesivas, san Serafín les decía, que soportar mansamente y sin quejas las ofensas son nuestras pesadas cadenas y pesas y nuestra vestimenta pesada hecha de áspero material (que algunos monjes usaban para dominar su cuerpo).

No hay que emprender hazañas desmedidas y hay que tratar de que nuestro cuerpo nos sea fiel y nos ayude en ser virtuosos. No hay que desviarse ni a la derecha, ni a la izquierda, tomando el camino del medio (Sabid. 4:27), dándole al espíritu lo espiritual y al cuerpo lo corporal, lo necesario para mantener nuestra vida temporal. Tampoco hay que negarle a la vida social lo que ella exige, como dicen las Sagradas Escrituras: "Dad al Cesar lo que es de Cesar, y a Dios lo que es de Dios" (Mt. 22:21).

Hay que ser condescendiente con nuestra alma por sus debilidades e imperfecciones y soportar sus fallas, así como las de nuestros prójimos; pero no podemos tornarnos perezosos y debemos obligarnos permanentemente a mejorar.

Si comiste de más o hiciste otra cosa por debilidad humana, no te turbes y no le agregues mal al mal, sino con empeño trata de corregirte y guardar la paz del alma, como dijo el apóstol: "Bienaventurada el que no se condena a sí mismo en lo que aprueba" (Rom. 14:22). El mismo sentido tienen las palabras del Salvador: "Si no os volvéis y os hacéis como niños, no entrareis en el Reino de los Cielos" (Mt. 18:3).

Cualquier éxito lo debemos atribuir al Señor y decir con el profeta: "No a nosotros, no a nosotros Señor, si no a Tu nombre da la Gloria" (Sal. 115).

La pureza del corazón

Tenemos que proteger siempre nuestro corazón de pensamientos e impresiones indecentes, como dice el autor de las Parábolas: "Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida" (Prov. 4:23).

De una larga protección del corazón, nace en éste la pureza, para la cual es accesible ver al Señor, según la afirmación de la Verdad eterna: "Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios" (Mt. 5:8).

Lo mejor que tenemos en el corazón no lo debemos mostrar sin necesidad, ya que lo obtenido sólo está a salvo de los enemigos visibles e invisibles cuando es conservado como tesoro en el fondo del corazón. No le descubras a todos los secretos de tu corazón.

Como reconocer los movimientos del corazón

Cuando el hombre recibe algo Divino se alegra en su corazón; en cambio cuando recibe algo diabólico, se siente confundido y turbado.

Cuando el corazón del cristiano recibe algo Divino no necesita confirmar por otro medio que esto proviene del Señor; se convence solo de que proviene del Señor ya que siente en sí los frutos espirituales: "amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza" (Gal. 5:22-23). En cambio el corazón por el diablo, aunque se disfrace de Ángel de luz (2 Cor. 11:14) o presente pensamientos de la mejor apariencia, siempre sentirá algo incierto, inquietud en los pensamientos y confusión de los sentidos.

El diablo, que "como un león, se esconde en su cueva" (Sal. 10:9), en secreto pone sus redes de pensamientos sucios e indecentes. Apenas los notamos, debemos destruirlos con la oración y pensamientos piadosos.

Necesitamos una gran atención y esfuerzos para que durante el canto de los salmos, nuestra mente este de acuerdo con el corazón y la boca y para que en nuestra oración no se mezclen malos olores con el incienso. Dios rechaza al corazón con pensamientos impuros.

Durante día y noche, siempre, con lagrimas, acudamos a la misericordia Divina, para que Él purifique nuestros corazones de cualquier pensamiento malo, para poder ofrecerle dignamente los dones de nuestro servicio. Hacemos bien cuando no aceptamos pensamientos malos inducidos por el diablo.

El espíritu impuro tiene influencia fuerte solo sobre los apasionados, a los purificados de pasiones los toca solo en forma parcial o externa. Una persona joven no puede no turbarse por pensamientos corporales. Pero él debe rezar al Señor Dios para que se apague el fuego de pasiones viciosas desde el principio. Entonces la llama no se fortalecerá.

La excesiva preocupación por lo mundano

La preocupación excesiva por las cosas de la vida es característica para un hombre no creyente y pusilánime. ¡Y pobre de nosotros, si pensando en nosotros mismos, no depositamos la esperanza en Dios, que se preocupa de nosotros! Si los bienes visibles que usamos en el presente no se lo atribuimos a Él, ¿cómo podemos esperar de Él los bienes prometidos para el futuro? No seamos así poco creyentes y busquemos mejor en primer término al Reino de Dios y todas estas cosas nos serán añadidas, según la palabra del Salvador (Mt. 6:33).

La tristeza

Cuando el espíritu malo de la tristeza se apodera del alma, la llena de amargura y desagrado, no le deja orar con la dedicación necesaria, dificulta la lectura de escritos espirituales, la priva de bondad, mansedumbre y buen humor en las relaciones con la gente y rechaza toda conversación. Porque el alma, llena de tristeza, se vuelve como alienada y exaltada, no puede recibir con tranquilidad ningún consejo bueno, ni contestar mansamente a las preguntas. Ella huye de la gente, como si fueron ellos los causantes de su estado y no entiende que su enfermedad es interna. La tristeza es un gusano en el corazón, que roe a su propia madre.

Quien venció a sus pasiones también venció a la tristeza. En cambio, el vencido por las pasiones no evitara la tristeza. Como un enfermo se distingue por el color de su rostro, el poseído por una pasión se manifiesta por la tristeza. Quien ama al mundo no puede evitar la tristeza. El que desprecia el mundo está alegre siempre. Así como el fuego purifica al oro, la tristeza por Dios (el arrepentimiento) purifica al corazón pecador.

La vida activa y la contemplativa

El hombre consta de alma y cuerpo y por eso su camino de vida debe comprender las acciones corporales y las del alma, de vidas activa y contemplativa.

La vida activa está compuesta por el ayuno, la contención, la vigilia, la oración, el arrodillamiento y otros esfuerzos corporales, que constituyen un camino estrecho y penoso de sacrificios, que lleva a la vida eterna, según el Evangelio (Mt. 7:14).

La vida contemplativa incluye el direccionamiento de la mente hacia Dios, el corazón atento, la oración concentrada, con lo que se llega a la contemplación de objetos espirituales.

El que desea tener una vida espiritual, debe empezar por la vida activa, porque sin la vida activa no podrá entrar en la vida contemplativa.

La vida activa sirve para purificarnos de las pasiones viciosas y nos eleva a un escalón de una perfección de acción, que nos abre el camino a la vida contemplativa. Solamente los purificados de pasiones y perfectos pueden acercarse a esta otra vida(la contemplativa), como se ve de la Sagrada Escritura: "Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios" (Mt. 5:8) y de las palabras de san Gregorio el Teólogo: "Hacia la contemplación pueden acercarse, sin peligro, solo los perfectos, por su experiencia."

Si no tenemos un maestro para dirigirnos a la vida contemplativa, hay que guiarse por las Sagradas Escrituras, ya que el mismo Señor Jesucristo nos ordena aprender de Ellas: "Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros les parece que en ellas tenéis la vida eterna" (Jn. 5:39).

No se debe dejar la vida activa ni siquiera después de haber tenido tanto éxito y haber llegado a la contemplativa porque ésta es ayudada y enaltecida por la vida activa.

La luz de Cristo


Para recibir y sentir en el corazón la luz de Cristo, hay que alejarse lo más posible de las acciones visibles. Luego de purificar el alma con la penitencia y obras de bien, y con una fe sincera en el Crucificado, cerrando los ojos, hay que sumergir la mente en el interior del corazón, clamar y llamar, sin cesar, el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Entonces, en la medida del esfuerzo y del ardor del espíritu hacia el Bienamado (Luc. 3:22), el hombre encuentra en el nombre invocado una dulzura que provoca sed de conocimiento superior.

Cuando el hombre internamente ve la luz eterna su mente se torna limpia y libre de imágenes sensoriales. Estando todo concentrado en la admiración de la belleza no creada, olvida todo lo sensorial, no se quiere ver tampoco a sí mismo, quiere esconderse en el núcleo de la tierra, solo para no perder a este verdadero Bien: a Dios.

La adquisición del Espíritu Santo

(Extraído de las conversaciones con Motovilov).



La verdadera finalidad de nuestra vida cristiana consiste en la adquisición del Espíritu Santo de Dios. El ayuno, la vigilia, la oración, la limosna y toda obra de bien, hecha en nombre de Cristo, son medios para recibir el Divino Espíritu Santo. Sólo las obras de bien hechas por Cristo nos traen los frutos del Espíritu Santo.

Algunos dicen que la escasez de aceite en las lámparas de las vírgenes insensatas hace referencia a la escasez de virtudes (parábola de las diez vírgenes, Mt. 25:1-12). Esta interpretación no es del todo correcta. ¿Tienen ellas falta de virtudes si, a pesar de ser nominadas insensatas, son llamadas vírgenes ? La virginidad es una virtud altísima, como un estado similar al angelical y podría por sí sola suplir a otras virtudes Yo pienso humildemente que les faltaba precisamente gracia del Santísimo Espíritu Santo. Ellas obraban bien pero creían, por errores espirituales, que en eso solo consiste el cristianismo. Cuando hicieron una obra de bien creyeron que hicieron también una obra Divina y no se preocuparon si recibieron la Gracia de Dios o si la alcanzaron. Justamente era la gracia del Espíritu Santo, simbolizada por el aceite, la que hacía falta a las Vírgenes necias. Ellas son llamadas "necias" porque se olvidaron del fruto necesario de la virtud, que es la gracia del Espíritu Santo, sin la cual nadie puede ni podrá salvarse ya que "toda alma es vivificada por el Espíritu Santo y elevada por la pureza y es iluminada por la Unidad de la Trinidad de manera sagrada y misteriosa" (Antífona antes del Evangelio en el servicio matutino). El Espíritu Santo Mismo viene a habitar en nuestras almas; y esta residencia y la coexistencia en nosotros del Todopoderoso, de su Unidad Trinitaria con nuestro espíritu, no nos son dadas más que a condición de trabajar, por todos los medios en nuestro poder, para la obtención del Espíritu Santo y esto prepara en nuestro cuerpo y nuestra alma una morada digna de este encuentro, un trono para la coexistencia del Dios que todo creó con nuestro espíritu. Como dice la palabra inmutable de Dios: "Habitaré y caminaré en medio de ellos; seré su Dios y ellos serán mi pueblo" (2 Cor. 6:16; Lv. 26:11-12; Ez. 37:27).

Este es el aceite que las prudentes tenían en sus lámparas, que fue capaz de alumbrar por muchas horas y que les permitió a éstas vírgenes recibir la llegada del Esposo a medianoche y entrar con Él al castillo del goce eterno. Las Vírgenes necias, al ver que la luz de sus lámparas estaba por extinguirse, fueron al mercado en busca de aceite, pero no tuvieron tiempo de regresar pues la puerta se había cerrado. El mercado es nuestra vida. La puerta del palacio, cerrada e impidiendo el acceso al Esposo es nuestra muerte humana; las vírgenes prudentes y necias son las almas cristianas. El aceite no simboliza nuestras acciones buenas sino la gracia del Espíritu Santo que obtenemos por ellas, gracia que transforma lo perecedero en imperecedero, la muerte del alma en vida espiritual, las tinieblas en luz, el establo donde están encadenadas como bestias y animales nuestras pasiones, en templo de Dios, en un radiante castillo de alegría eterna por Jesucristo, Nuestro Señor, Creador y Salvador.

Grande es la compasión que Dios tiene por nuestra desgracia, es decir por nuestra negligencia hacia Su solicitud cuando dijo: "Mira que estoy de pie junto a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo" (Ap. 3:20); por "puerta" debemos entender el curso de nuestra vida aún no detenido por la muerte.

Video corto sobre la vida de San Serafin de Sarov - en español:




 Video documental Monasterio femenino de Divyevo fundado por San Serafin:






Notas:

- wikipedia
- Rusopedia
- San Serafin de Sarov, Irina Gorainof, Ed.Paulinas

lunes, 1 de agosto de 2011

Starets y Paternidad Espiritual. Video Entrevista completo con un santo starets.


La paternidad espiritual es uno de los elementos más importantes de la vida espiritual del Oriente Cristiano.
Todos seguramente conocemos alguna figura destacada del monaquismo oriental, aquellos padres o guías espirituales, generalmente ancianos, llamados starets por los eslavos o geronta por los griegos. Podemos mencionar en primer lugar a San Serafin de Sarov, ya que hoy se celebra en el rito bizantino el Hallazgo de sus reliquias en el año 1903.

San Serafin fue un monje de la Iglesia Ortodoxa Rusa, y poseyó aquellas virtudes propias de la antigua tradición que, heredada de los Padres de la Iglesia, es fortísima en el Oriente: la vida monástica, la dirección espiritual, la ascesis y el retiro lejos de los hombres. Llevó una vida totalmente consagrada a Dios y a los hermanos. Dios lo enriqueció con numerosos dones, algunos extraordinarios, y él supo, a costa de perseverantes y humildes sacrificios, hacerlos fructificar en rededor suyo.

 Podemos citar también al starets San Siluan del Monte Athos y a su discípulo Sophrony Sakharov, al starets Paisios del Monte Athos, y a tantos otros que hasta el día de hoy, en la actualidad siguen ejerciendo esta misión fruto del Espíritu, desde el silencio, hombres dotados de grandes dones como el de profecía y discernimiento de los espíritus, entre otros.

San Siluan del Monte Athos
Es bien sabido con qué energía ya los maestros del monacato primitivo hicieron hincapié en la necesidad de la dirección espiritual, de la apertura de la conciencia, o mejor, de la apertura del alma, que es mucho más que la simple confesión de los pecados. En efecto, para orientar al padre espiritual y para que su dirección sea efectiva, no sólo se le deben manifestar las faltas y caídas, sino también -y ante todo- los logismoi, esto es, los pensamientos, las inclinaciones, las sugestiones, los impulsos interiores. No hubo doctrina más común entre los monjes antiguos. San Antonio era tan exigente en esta materia, que no dudaba en afirmar que el hermano debe aclarar absolutamente todo a su "anciano"; incluso, si fuera posible, cuántos pasos ha dado y cuántas gotas de agua ha bebido. San Basilio no permite que nadie, en el cenobio, tenga escondido "en su fuero interno ningún movimiento del alma; todos los monjes deben descubrir los secretos de su corazón a aquellos hermanos que han recibido la misión de cuidar a los enfermos con simpatía y comprensión". Y esta declaración hay que hacerla cuánto antes mejor. Pues, cuando el logismoi ha repercutido en un acto externo u obtenido el consentimiento de la voluntad, la manifestación del alma llega demasiado tarde, el pecado que se quería evitar está ya cometido, y lo único que puede hacer el padre espiritual es intentar curar las llagas del alma. Es preciso atacar al enemigo en cuanto empieza a manifestarse, hay que aplastar la cabeza de la serpiente apenas asoma, matar a los hijos de Babilonia apenas nacidos, extirpar los malos hierbajos antes de que empiecen a echar raíces.

No sólo es un privilegio, sino un estricto deber, del hombre que se retira a la soledad, el llamar a la puerta de los varones espirituales en busca de dirección. Está escrito: "Pregunta a tu padre y te lo dirá". Nuestro maestros consideraban este precepto como si se dirigiera particularmente a los monjes. Y no admitían excepción de ninguna clase. Los escritos legados por el monacato primitivo nos permiten comprobar cómo los monjes noveles sometían a la crítica de los ancianos espirituales sus prácticas ascéticas, sus planes, sus intenciones; cómo les confiaban sus caídas, sus tentaciones, las sugerencias de sus pasiones. Incluso a veces, solos o formando pequeños grupos, emprendían largos viajes a pie a fin de consultar sus problemas interiores con los padres más eminentes por su díacrisis. ¡Ay de aquellos que rechazaban la dirección espiritual o no eran plenamente sinceros con sus "ancianos"!. Se exponían a caer en las ilusiones, exageraciones y errores funestos. Ya San Antonio se veía obligado a declarar: "He visto a monjes que, después de muchos años de trabajos, cayeron y llegaron hasta la locura por haber contado con sus propias obras y no haber aceptado el mandamiento de Dios que dice: 'Interroga a tu padre y te lo enseñará' ".

Los Apotegmas de los Padres del Desierto nos permiten vislumbrar cómo se realizaba en la práctica esta dirección, puesto que muchos de ellos no son otra cosa que la escueta narración de una consulta hecha a un padre espiritual. Se nos habla simplemente de una visita, de una pregunta y de una respuesta. A lo que parece, aun suponiendo que la narración abrevia, todo transcurría en pocas palabras. La austeridad de la profesión monástica, el temor a hablar inútilmente, y sin duda, también el deseo de ser claro, de facilitar el recuerdo de la respuesta y hacerla más eficaz, el respecto que imponía un ministerio considerado como de orden superior, todo ayudaba a imponer una gran sobriedad y gravedad. Son realmente impresionantes consultas. Y es que, además de las razones a que acabamos de aludir, había una causa superior que excluía toda palabrería, toda chanza, toda superficialidad: la convicción profunda de que las palabras de los ancianos eran verdaderamente inspiradas, esto es, que Dios mismo hablaba por su boca. Siendo así las cosas, no se debía discutir con ellos. Los que iban a consultarles, se limitaban a recoger con inmensa reverencia sus palabras como verdaderos oráculos. A lo más, cuando éstos se revestían de formas oscuras y sibilinas, se podía pedir una explicación; pero incluso ésta se daba en estido conciso. Sólo cuando el padre espiritual prefería responder en forma de apólogo, el discurso se alargaba un poco. Pero nunca se discutía. Si el discípulo se mostraba terco, el anciano espiritual se limitaba a pedir a Dios que tocara su corazón o a excogitar alguna estrategma para hacerle entrar en razón y volver al buen camino.

Es así, que hasta el día de hoy en las Iglesias Orientales, la paternidad espiritual es considerada como el servicio exterior más importante del monaquismo al mundo.

Santos Antonio y Teodosio de las Grutas de Kyiv
Los grandes starets sabían ver en otro hombre su propiedad exclusiva, inconfundible y sabían dar a este hombre, y a otro, y a otro más la posibilidad de ser también él mismo y no la réplica de este starets o, peor aún, su repetición estereotipada. Tomemos un ejemplo de la historia de la Iglesia de la Rus' de Kiev: el de Antonio del monasterio de las Cuevas de Kiev, y Teodosio. Este fue educado por aquél, pero Antonio era asceta y Teodosio fundó la vida cenobítica. Diríase: ¿cómo pudo Antonio prepararlo para que fuese un hombre que él mismo no había querido ser y para que hiciese lo que él mismo no hubiese hecho, a lo que Dios no le había llamado? En este caso hay que distinguir muy bien entre el deseo de hacer a un hombre semejante a uno y el  deseo de hacerlo semejante a Cristo.
Lo propio de un starets es un bendito don, es la genialidad espiritual, y por eso nadie de nosotros puede pensar en comportarse como starets. Pero existe también un intermedio: la paternidad (en occidente esta figura es conocida mas bien como director o guía espiritual).

Es importante aclarar aquí, que si bien los "ancianos" o starets son padres o maestros espirituales generalmente de edad avanzada, este ministerio no está supeditado solamente a ellos. Es cierto que por su edad y experiencia de vida ascética son quienes más tienen dones especiales frutos de una vida entera de lucha y sacrificios, pero también es cierto que es pura gracia divina, en toda la historia de la Iglesia ha habido mucho de ellos que quizás ni conocían las obras de los Santos Padres, pero que el Espíritu mismo los instruía y les daba discernimiento y una sabiduría aún quizás sin haber llegado a la vejez. Pero teniendo en cuenta que la espiritualidad es la manifestación de lo que se opera misteriosamente en nosotros por la acción del Espíritu Santo, un padre espiritual puede serlo también quien sepa vigilar esta acción en su hijo espiritual, y despierte su obra, protegiéndolo contra las tentaciones o caídas, contra las faltas de fe. Por lo tanto, un sacerdote, que recibió la gracia del sacerdocio, tiene tanto el derecho como la bendita fuerza de administrar los sacramentos de la Eucaristía, el Bautismo y la Comunión, como así también de la Confesión y con éste de guiar hacia la reconciliación con Dios.

Starets Paisios del Monte Athos
Entonces el ser "starets" es concedido por la gracia de Dios, es un fenómeno carismático. Pero la "paternidad" consiste en que una persona (que puede ser sacerdote o no) engendra para la vida espiritual a otra persona. Ésta, habiendo escrutado a aquélla, vio -como reza un viejo proverbio- el resplandor de una vida eterna en sus ojos y en su rostro y por eso pudo acercársele y pedir que fuese su pedagogo y director. Lo segundo que distingue al padre es que éste parece ser de una misma sangre y un mismo espíritu que su discípulo y puede conducirlo.

La obediencia en esta relación padre-hijo tiene un papel muy importante.

La obediencia supone que el hijo espiritual, después de haberse elegido un pedagogo en quien cree incondicionalmente y en quien ve lo que busca, no sólo atiende a cada palabra de éste, sino que también hace el caso al tono de su voz y procura, a través de todo en que se minifiesta la personalidad de este starets y su experiencia espiritual, hacerla suya y sobrepasar a sí mismo, rebasar los límites de la medida que hubiera podido alcanzar con sus propios esfuerzos.

La obediencia es ante todo el don de atender. Atender aplicando no sólo el oído, sino también la inteligencia, todo el ser, abriendo el corazón y contemplando piadosamente el misterio espiritual de otro hombre. Y el padre espiritual, si es que puede serlo para uno, debe mostrar una profunda piedad por lo que en uno obra el Espíritu Santo. El padre espiritual debe ser capaz de ver en el hombre la inalienable belleza de la imagen de Dios. A veces esto puede costar esfuerzos, atenciones serias y actitud piadosa hacia aquel que acude a él. Si es incluso un hombre deteriorado por el pecado, el padre espiritual debe ver en él un icono damnificado por las condiciones de vida, por la negligencia o por el sacrilegio de los hombres; debe ver en él un icono y admirar lo que de este icono queda. Y sólo por eso, sólo por la divina belleza que tiene, debe trabajar para eliminar cuanto deforma esta imagen de Dios. Pero si el director espiritual no es capaz de ver en el hombre esta belleza celestial, ver que empieza a materializar ya su vocación de hacerse Hombre Dios según la imagen de Cristo, no puede dirigirlo. Por eso al hombre no lo construyen, no lo hacen, sino que le ayudan a crecer a medida de su propia vocación.

Aquí cabe aclarar un poco más la acepción del vocablo "obediencia". Por lo general hablamos de la obediencia como de la supeditación, la sujeción y muy a menudo incluso del avasallamiento al confesor, al que completamente en vano y en perjuicio del sacerdote mismo hemos llamado "padre espiritual" o "starets". Entretanto, la verdadera obediencia que consiste en prestar la atención con todas las fuerzas del alma compromete por igual tanto al director espiritual como al dirigido. El director espiritual debe atender con toda su experiencia, con todo su ser, con todas sus oraciones ,y más aún, con toda la acción que realiza en él la gracia del Espíritu Santo lo que este último obra en la persona que se le ha confiado al director espiritual.

Este debe seguir los caminos del Espíritu Santo en esta persona, debe venerar lo que Dios obra, sin procurar educarla según su propia imagen o tal como cree que debe desarrollarse, y no convertirla en víctima de su dirección espiritual. Se necesita la mansedumbre por ambas partes. Esperamos la mansedumbre por parte del hijo espiritual, pero ¡cuánta mansedumbre debe tener el director espiritual para no irrumpir jamás en el dominio sagrado, para tratar el alma humana tal como fue ordenado a Moisés tratar la tierra alrededor de la zarza ardiendo! En potencia o en realidad cada hombre es ya esta zarza y cuanto lo rodea es una tierra santa que el director espiritual puede pisar sólo habiendo desatado el calzado. Debe sentirse como el publicano que está a la puerta del templo, mira en el templo y sabe que es un dominio del Dios vivo, que es un lugar santo, y él tiene derecho a entrar únicamente si el mismísimo Dios se lo manda y le sugiere qué hacer y qué decir.

Una de las tareas del padre espiritual consiste en educar al hombre en la libertad espiritual, en la regia libertad de los hijos de Dios. No debe mantenerlo en el infantilismo toda vida, haciéndolo acudir a él por cualquier bagatela, sino que debe enseñarle a que él mismo oiga lo que el Espíritu Santo reza con verbos inefables en su corazón. Pensemos en lo que significa la "humildad". "Humildad" es la conformidad, quiere decir, que el hombre se ha conformado con la voluntad de Dios, entregándosele sin reserva, con plenitud y alegría y diciendo: "Señor, haz lo que quieras conmigo". Y en consecuencia se ha conformado también con todas las circunstancias de su propia vida. Todo -lo bueno y lo terrible- es don concedido por Dios. Dios nos ha llamado a ser sus mensajeros en la tierra y nos envía adonde están las tinieblas para que seamos luz, adonde está la desesperanza para que seamos esperanza, adonde la alegría se ha extinguido para que seamos alegría, etcétera. Y nuestro puesto no está sólo donde existe serenidad -en el templo, cuando se celebra la liturgia y donde estamos protegidos por la presencia de Dios-, sino también allí donde nos encontramos solos como presencia de Cristo en la oscuridad del mundo deformado.

San Teófano el Recluso
Por otra parte el vocablo latino "humildad" es derivado del vocablo "humus", cuyo significado es "tierra vegetal". San Teofano el Recluso escribe a este propósito: piensen lo que es la tierra. Yace silenciosa, abierta, indefensa, vulnerable frente al cielo. Del cielo recibe la aridez, los rayos del Sol, la lluvia y el rocío, pero recibe también lo que llamamos abonos, o sea, estiércol y cuanto echamos en ella. ¿Y qué pasa? Aporta frutos, y cuanto más soporta lo que nosotros llamamos humillación, ofensa, tanto mayores son los frutos. Pues la humildad estriba en abrirse ante Dios en plenitud y no protegerse en absoluto contra Él, contra la acción del Espíritu Santo, contra la imagen de Jesucristo, contra Su doctrina; la humildad estriba en ser vulnerables a Su gracia igualmente que lo somos a las manos de los hombres, a sus palabras hirientes, a sus hechos crueles, a sus mofas. La humildad estriba en entregarnos a Dios para que tenga derecho, según nuestro propio deseo, a obrar con nosotros lo que El quiera, en aceptarlo todo, en abrirnos y en dar la libertad al Espíritu Santo para conquistarnos.

Si también el padre espiritual va a aprender la humildad en este sentido: ver la belleza sempiterna en el hombre y conocer el puesto que le corresponde (y este puesto es tan sagrado, tan divino: el del padrino del novio que asiste al encuentro de los novios), podrá ser realmente acompañante de su hijo espiritual, podrá marchar sobre los pasos de él, protegiéndolo, apoyándolo y no irrumpiendo jamás en el dominio del Espíritu Santo. En este caso la dirección espiritual se hace parte de la espiritualidad, parte del crecimiento de la santidad a que está llamado cada uno de nosotros y que cada padre espiritual debe ayudar a consumarlo a sus hijos espirituales.

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Quiero agradecer enormemente a todos los que visitan este blog. Hoy Teóforos cumple un año de vida. Aprovecho para saludar a sus seguidores. Y para culminar este post, les comparto como obsequio aniversario, este video del Starets Tadej, un monje ortodoxo serbio, considerado por muchos como santo. Dio esta entrevista un año antes de su muerte. (+1914-2003). Hace un tiempo había visto este video en YouTube, pero sólo se encontraba subtitulada una pequeña parte de la entrevista. Ahora con gran alegría encontré la entrevista completa con subtítulos en español. Observen su mirada, sus expresiones, su komboskini (rosario ortodoxo) en su mano, orando constantemente la Oración de Jesús. En la entrevista contesta preguntas sobre muchos temas de la actualidad. 

Al final de la entrevista hay una frase del starets que no está traducida, y dice lo siguiente:

"En la manera que son tus pensamientos, es la manera en que será tu vida" (Monje Tadej)



Entrevista con un santo starets 





Notas:

Para esta publicación se tomaron ciertos conceptos y partes de: 
- " El monacato primitivo"  Editorial BAC.
- LA ESPIRITUALIDAD Y LA DIRECCIÓN ESPIRITUAL. Antonio, Metropolitano de Sourozh. Informe pronunciado el 19 de mayo de 1987 en la Conferencia Eclesiástica Científica Internacional "La teología y la espiritualidad de la Iglesia Ortodoxa Rusa" reunida en el Departamento Editorial del Patriarcado de Moscú.