![]() |
| Hieromonje Diego Flamini con el Santo Padre Francisco (en ese momento Cardenal Jorge Mario Bergoglio) |
En primer lugar, agradezco
el interés y el espacio para compartirles el don que he recibido. Mi nombre es
Diego Daniel Flamini, soy monje y sacerdote (hieromonje). He iniciado con mi
compañero y superior el Hieromonje David (1998) el Monasterio Católico
Bizantino de la Transfiguración de Cristo cerca de la ciudad de Pigüé en el sur
de la Argentina, y pertenezco a la Eparquía (diócesis) Ucrania de la Argentina,
integrante de la Iglesia Católica Bizantina Ucrania (Arzobispado Mayor de
Kyiv-Halych), la Iglesia Sui Iuris más numerosa de la Iglesia Católica. Su
Beatitud Sviatoslav, autoridad máxima de dicha Iglesia, ha erigido una
parroquia bizantina con sede en el monasterio, que abarca toda la Patagonia.
En 1995 el Beato Juan
Pablo II, promulgó la Carta Apostólica “Orientale
Lumen” – La Luz del Oriente - cuyos
extractos creo serán oportunos para presentar a muchos hermanos nuestra
vocación y destino de católicos orientales, y sus implicancias para todos los
demás católicos.
¿Cómo
entendemos en la Iglesia Católica de rito latino a las Iglesias Católicas de
rito bizantino?
“La venerable y antigua tradición de las Iglesias Orientales forma parte
integrante del patrimonio de la Iglesia de Cristo, la primera necesidad que
tienen los católicos consiste en conocerla para poderse alimentar de
ella y favorecer, cada uno en la medida de sus posibilidades, el proceso de la
unidad.”
En primer lugar la
riqueza de la Iglesia Bizantina en comunión con Roma es una riqueza a conocer y
valorar: repetidas veces los Papas nos han llamado a abrir la puerta e ingresar
en este mundo espiritual que además de ser patrimonio de los fieles que lo han
recibido como herencia, tiene un mensaje “terapéutico” para todos los católicos.
“Nuestros hermanos orientales católicos tienen plena conciencia de ser,
junto con los hermanos ortodoxos, los portadores vivos de esa tradición.”
Podemos preguntarnos, ¿en qué consiste esa cualidad
específica, considerada tan valiosa por los Papas, en favor nuestro?
En mi humilde opinión, podría sintetizarlo como el
don de conciliar realidades buenas y legítimas de la Iglesia, a veces,
percibidas como opuestos: La acción y la contemplación, la liturgia y la vida
cotidiana, la fiesta y la solemnidad, el recurso a los signos sin dispersarse
en las creaturas, la participación de todo lo humano en lo trascendente, la
penitencia con la alegría espiritual, la piedad tiernísima a la Madre de Dios
plenamente cristocéntrica…etc.
“Es necesario que también los hijos de la Iglesia católica de tradición
latina puedan conocer con plenitud ese tesoro y sentir así, al igual que el
Papa, el anhelo de que se restituya a la Iglesia y al mundo la plena
manifestación de la catolicidad de la Iglesia.”
¿Cómo
es la regla monástica de Oriente, la Estudita?
En Occidente conocemos
una inmensa variedad de carismas en beneficio espiritual y material de toda la
Iglesia: son las Órdenes monásticas, las Órdenes religiosas, las
Congregaciones, institutos, cada uno con su Regla propia, estatuto y fin
específico. Si bien al Oriente Católico han llegado a servir muchas de estas
Instituciones, el monacato propio de Oriente, que es el primero de todos, sigue
fiel a su condición original:
“En Oriente el monaquismo ha conservado una gran unidad, y no ha
conocido, como en Occidente, la formación de los distintos tipos de vida
apostólica.”
La Regla de San
Teodoro Estudita, es la Regla común, aunque no única, del Oriente Cristiano.
Ella comprende los distintos estados monásticos como expresión de una única
consagración en etapas.
“Las varias expresiones de la vida monástica, desde el cenobitismo
rígido, como lo concebían Pacomio o Basilio, hasta el eremitismo más riguroso
de un Antonio o de un Macario el egipcio, corresponden más a etapas diversas
del camino espiritual que a la opción entre diferentes estados de vida.”
¿Cómo
describe la misión de un monje católico bizantino?
Como la de alguien llamado
a ser puente entre Dios y sus hermanos, y entre los hermanos también: no
podemos amar lo que no conocemos, y la inmensa riqueza que es Cristo, la damos a
compartir en un ámbito como el bizantino, en el que muchas de las condiciones
de la vida cristiana original siguen vigentes.
Así pues, el monje es
el hombre de la renuncia al mundo creado por Dios, para dedicarse por entero al
Dios que ha creado al mundo y cuanto contiene. Y como modelo de todo creyente
(el ser monje es una profundización del misterio bautismal), el monje es un
hombre que vive la Presencia del Reino, y espera su plenitud; un vigía que guarda
la Ciudad de Dios que es la Iglesia. Su retiro no es una separación de las
necesidades del prójimo, sino un centrarse en el combate espiritual propio, y
de todos los miembros del Cuerpo eclesial.
¿Qué
significa la palabra “Teóforo”?
La palabra “Teóforo” significa “portador de Dios”,
y es así como el cristiano comprende su ser y su misión: Llevamos a Dios
realmente, cuando vivimos según los mandamientos de Cristo y estamos
reconciliados con el Padre por el perdón. Celebramos continuamente esta
misericordia practicando la "oración de Jesús” u “oración del corazón”
(Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador).
“En Oriente el monaquismo no se ha contemplado sólo como una condición
aparte, propia de una clase de cristianos, sino sobre todo como punto de
referencia para todos los bautizados, en la medida de los dones que el Señor ha
ofrecido a cada uno, presentándose como una síntesis emblemática del
cristianismo.”
¿Cómo
llega a América Latina la Iglesia Bizantina?
Con
las emigraciones del S. XIX y XX, llegaron inmigrantes de casi todas las
naciones cristianas orientales a diversos puntos de América Latina; en
particular ucranios (bizantinos)a Brasil y Argentina y árabes (maronitas y greco-melkitas)
y armenios a México, Colombia, Centroamérica, Venezuela, Brasil y Argentina .
Allí formaron comunidades hasta el día de hoy que, en general, se limitan a
mantener la atención pastoral de las respectivas comunidades. Entre ellos está
la Misión Católica Rusa y Rumana de Buenos Aires y la Misión Ítalo-griega, y en
Brasil, la comunidad siro-antioquena de Belo Horizonte.
Debido
a los trágicos sucesos de Oriente Medio, es muy posible que más hermanos
cristianos que desean conservar su ser, vengan a nuestro amado continente. Al
acogerlos sepamos valorar lo que tienen para compartir con nosotros.
¿Qué
propone la Iglesia para el futuro?
” Con respecto al monaquismo, teniendo en cuenta su importancia en el
cristianismo de Oriente, deseamos que vuelva a florecer en las Iglesias
orientales católicas y se apoye a los que se sientan llamados a llevar a cabo
ese afianzamiento(66).”
“Ese deseo se refiere también a los territorios de la diáspora oriental,
donde la presencia de monasterios orientales daría mayor solidez a las Iglesias
orientales en esos Países, prestando, además, una valiosa aportación a la vida
religiosa de los cristianos de Occidente.”
Nuestra fundación de
un monasterio bizantino en un recóndito lugar de la Argentina es una respuesta
a ese apremiante llamado, hemos sido acogidos y estimulados por la autoridad de
la Iglesia, y damos gracias a Dios por ello. Es pues, a la Iglesia en general
que se dirige nuestro quehacer: a los bizantinos de origen y de vocación para
que alcancen la plenitud de su llamado, a nuestros hermanos latinos para que
crezcan en conocimiento y experiencia del Tesoro de Cristo de la fe católica, y
a todos aquellos hermanos de tradición que aún no gozan de la plenitud de la fe,
para hacer un llamado a la Unidad que el Señor quiere.
¡Cristo viene hacia nosotros, caminemos hacia Él!
Los hijos de la Iglesia católica ya conocen los caminos que la Santa
Sede ha señalado para que puedan alcanzar ese objetivo: conocer la liturgia de
las Iglesias de Oriente(62); profundizar el conocimiento de las tradiciones
espirituales de los Padres y de los Doctores del Oriente cristiano(63); tomar
ejemplo de las Iglesias de Oriente para la inculturación del mensaje del
Evangelio; combatir las tensiones entre Latinos y Orientales e impulsar el
diálogo entre Católicos y Ortodoxos; formar en instituciones especializadas
para el Oriente cristiano a teólogos, liturgistas, historiadores y canonistas
que puedan difundir, a su vez, el conocimiento de las Iglesias de Oriente;
ofrecer en los seminarios y en las facultades teológicas una enseñanza adecuada
sobre esas materias, sobre todo para los futuros sacerdotes(64). Son
directrices siempre muy válidas, en las que deseo insistir con particular
fuerza.
![]() |
| Iglesia del Monasterio Bizantino de la Transfiguración, Pigüé, Argentina. |
![]() |
| Catedral-Basílica de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza, España. |
![]() |
| Seminario católico bizantino de Nyíregyháza, Hungría |
![]() |
| Eslovaquia |
* En rojo, citas de la carta apostólica Orientale Lumen.



























