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martes, 23 de julio de 2019

Monacato Bizantino femenino. Testimonio Vocacional.


En la entrada a las cuevas de un monasterio Ortodoxo en Kiev, Ucrania (Китаевская Пустынь)

Soy la Hermana Raquel, pecadora, monja bizantina por gracia de Dios.  Comencé a escribir este blog hace algunos años. En aquel tiempo visitaba frecuentemente un pequeño monasterio de rito bizantino, el Monasterio de la Transfiguración de Cristo, ubicado entre la ciudad de Pigüé y el Cerro Cura Malal, en el Sur de la Provincia de Buenos Aires, Argentina. Allí, con la ayuda de los monjes, fui introduciéndome en este fascinante mundo del Oriente Cristiano y recibí el llamado a la vocación monástica bizantina. 


He vivido los últimos años en Ucrania, en el Monasterio del Santo Manto Protector (Pokrov) en la ciudad de L’viv.  Allí con la bendición de la Higúmena (Madre superiora) pude seguir de una manera más formal mis pasos en la vida monástica dentro del rito bizantino. Luego de 4 años de formación (postulantado y noviciado),  y ya como monja rasófora, viajé al norte de Hungría, en donde estuve viviendo por un corto período en otro monasterio bizantino, hasta que el Señor me trajo nuevamente a la Argentina.

Pero…por qué irse tan lejos, a Ucrania?....Bueno, ese camino me lo fue señalando Nuestro Señor, a medida que iba conociendo más acerca del monacato bizantino y la imposibilidad de recibir en mi país, la formación más adecuada, es decir, que se conforme lo más posible a lo que el Señor había puesto en mi corazón. Mi padre espiritual, Hieromonje Dionisio, fue confirmando cada inspiración, y bendiciendo cada paso que iba tomando. Cuando él creyó que había llegado el momento, fui puesta bajo la protección paternal de nuestro Obispo, Mons. Daniel Kozelinski, Obispo-Eparca de la Iglesia Greco Católica Ucraniana en Argentina.

Había vivido toda mi vida hasta cerca de los 30 años en el rito latino. Pero la Providencia me llevó un día de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo a ese pequeño monasterio de monjes bizantinos, en el campo, cercano a las sierras. Y la solemnidad de aquella celebración de la Divina Liturgia de Navidad me tocó profundamente, incluso aunque el idioma con el que rezan es antiguo eslavo eclesiástico, no me importó, estaba impactada.  Esa forma de orar llegaba a mi corazón aunque no entendiera nada. Sentí que en aquel humilde monasterio vivía por primera vez la experiencia de sentir un poco lo que debería ser el Cielo. La liturgia cantada, el incienso, los iconos, todo me parecía tan celestial y a la vez tan cercano. Todo fluía de una manera tal, que hacía que mi alma y mi corazón sólo pensaran en Dios, olvidándome de todo. 

No sabía mucho acerca del rito bizantino. Tan solo una pequeña introducción en una charla que uno de los monjes había dado en mi parroquia latina unas semanas antes.  Fue un retiro de Adviento al que asistí providencialmente, y en el que me impactó la convicción y la fuerza con que ese monje nos transmitía el mensaje de Cristo. Recuerdo particularmente la charla acerca de tantos santos mártires que con su vida dieron testimonio de Cristo cuando Europa del Este estaba bajo el regimen comunista. Y me preguntaba: ¿Y yo, qué he hecho hasta ahora por Cristo?

Desde ese día  cuanto más conocía acerca del Oriente Cristiano, más se iba afianzando mi vocación. 
Pero me llamaba a su vez mucho la atención todo lo referente a las Iglesias Ortodoxas. Cada documental de monasterios de monjes y monjas ortodoxas que encontraba en internet, era una gran alegría para mí, y me los he visto todos. Vivía escuchando música bizantina. Comencé a rezar la Oración de Jesús, a rezar ante los santos iconos. Resumiendo: dejándolo todo me fui a vivir a la ciudad más cercana al monasterio bizantino de monjes. Trabajaba, y vivía en una pequeña casa como una monja, era como mi pequeño monasterio bizantino, aunque tenía la bendición de los monjes, no era algo oficial. En una de las habitaciones armé un gran rincón de oración, como un pequeño iconostasio con muchos iconos. Fue una etapa hermosa, de trabajo, de oración, de aprendizaje, visitas los domingos al monasterio y charlas con mi padre espiritual. 

Fui absorbiendo el rito bizantino de la manera más natural: viviéndolo.  

Descubrí el gran tesoro que hay en nuestra Iglesia Católica, quien respira con dos pulmones: Oriente y Occidente, es decir una Iglesia universal compuesta por 24 Iglesias “Sui Iuris” en plena y perfecta comunión. La parte Occidental de tradición latina, y la parte Oriental representada por 23 Iglesias, a las cuales pertenece la Iglesia Greco Católica Ucraniana.  A esta Iglesia comencé a pertenecer por mi cercanía al Monasterio de la Transfiguración de Cristo. Todas estas Iglesias forman parte del patrimonio de la Iglesia de Cristo, y si bien poseen tradiciones culturales, teológicas y litúrgicas diferentes, así como estructura y organización territorial propias, profesan la misma y única doctrina y fe, manteniéndose, por lo tanto, en comunión completa entre sí y con la Santa Sede. 

Se fue abriendo paulatinamente un mundo casi desconocido,  que me ponía más en contacto con las raíces de nuestra fe, al origen del cristianismo, a los Santos Padres, a esos primeros monjes que comenzaron a  vivir en los desiertos de Palestina y Egipto para seguir a Cristo dejando el mundo atrás. La alegría de descubrir el lugar que tiene el monaquismo en Oriente, considerado como el alma misma de las Iglesias Orientales, y los monjes como punto de referencia para todos los bautizados, en la medida de los dones que el Señor ha ofrecido a cada uno, presentándose así como una síntesis emblemática del cristianismo.

El Oriente Cristiano desempeña un papel único y privilegiado, por ser el marco originario de la Iglesia primitiva.

Fue una etapa de mucha sed de Dios que saciaba más y más a medida que era fiel a este camino del volver a las fuentes, de familiarizarme con un rito que lejos de ser algo anticuado o pasado de moda, me hizo contemplar una Tradición llena de vida, porque su fuente es Cristo, fuente de Vida, quien es el mismo, ayer, hoy y lo será por siempre.

El llamado de San Juan Pablo II en Orientale Lumen, hicieron eco en mi corazón, haciéndolas parte importante de ésta búsqueda y vocación.

Orientale Lumen es una carta apóstolica con un contenido riquísimo sobre el Oriente Cristiano y el monaquismo oriental como modelo para descubrir aquellos valores importantes que expresan la aportación del Oriente Cristiano al camino de la Iglesia de Cristo hacia el Reino. En ella se anima a los católicos orientales, a buscar incansablemente la Unidad de los cristianos, a dar a conocer la plenitud del tesoro de su venerable y antigua tradición a los hermanos de rito latino, a responder al grito de los hombres de hoy que quieren encontrar un sentido a su vida,  ofreciéndoles su propio modo de acoger, comprender y vivir la fe en el Señor Jesús, el amor con que realizan el culto litúrgico, principalmente la celebración eucarística, centro de la vida de todo fiel, cuyo fin es la participación en la naturaleza divina mediante la comunión en el misterio de la Santísima Trinidad.  

Y las siguientes palabras del Santo Padre, en particular, resonaron en mi interior:

“CON RESPECTO AL MONAQUISMO, TENIENDO EN CUENTA SU IMPORTANCIA EN EL CRISTIANISMO DE ORIENTE, DESEAMOS QUE VUELVA A FLORECER EN LAS IGLESIAS ORIENTALES CATÓLICAS Y SE APOYE A LOS QUE SE SIENTAN LLAMADOS A LLEVAR A CABO ESE AFIANZAMIENTO. EN EFECTO, EXISTE UN VÍNCULO INTRÍNSECO ENTRE LA ORACIÓN LITÚRGICA, LA TRADICIÓN ESPIRITUAL Y LA VIDA MONÁSTICA EN ORIENTE. PRECISAMENTE POR ESTO, TAMBIÉN PARA ELLOS UNA REANUDACIÓN BIEN FORMADA Y MOTIVADA DE LA VIDA MONÁSTICA PODRÍA SIGNIFICAR UN VERDADERO FLORECIMIENTO ECLESIAL. (…) ESE DESEO SE REFIERE TAMBIÉN A LOS TERRITORIOS DE LA DIÁSPORA ORIENTAL, DONDE LA PRESENCIA DE MONASTERIOS ORIENTALES DARÍA MAYOR SOLIDEZ A LAS IGLESIAS ORIENTALES EN ESOS PAÍSES, PRESTANDO, ADEMÁS, UNA VALIOSA APORTACIÓN A LA VIDA RELIGIOSA DE LOS CRISTIANOS DE OCCIDENTE”. (OL, 27)

Fue como si el Espíritu me estuviera confirmando no sólo ese llamado que me movió a cambiar mi vida radicalmente, sino también marcándole un rumbo: viajar al corazón de una Iglesia Oriental, vivir en un monasterio bizantino, recibir una formación formal de la manera más auténtica, genuina y pura posible. 

Quiero vivir la Ortodoxia dentro de la Iglesia Católica universal, y vivirla como monja católica bizantina, sólo pido discernimiento para conocer la Voluntad divina, y seguirla,"lo que Dios quiera, como Dios quiera, donde Dios quiera". 

Qué importante es escuchar la Voz de Dios en nuestro interior y seguirla. Siempre me pregunto cómo sería mi vida hoy si no hubiera respondido a Su llamado. Todo ese mundo de santas relaciones que establecí con tanta gente hoy no existiría: vienen ahora a mi mente los rostros alegres de cada una de mis hermanas ucranianas y todos los momentos que compartimos juntas, charlas con Su Beatitud Sviatoslav, charlas espirituales con el Starets Olexander de la Lavra de la Santa Dormición, la enorme cantidad de nuevas amistades que me regaló el Señor, laicos, monjes y monjas de Ucrania, Bielorusia, Polonia, Latvia, Rusia, Rumania, Hungría, Austria, Croacia, Bosnia, Francia, Alemania, Suiza, Italia, Estados Unidos, Canadá, Australia; y la gran cantidad de santuarios, iglesias, monasterios y lugares santos que pude conocer. 

Aunque generalmente nos tomamos nuestro buen tiempo, lo digo por experiencia, el Señor realmente escribe derecho en renglones torcidos. El Señor es fiel, y cuando nos decidimos, el granito de arena que ponemos lo convierte en montañas. Es tan grande el sin fin de bendiciones y sorpresas que nos regala cada día, que todo lo que hayamos vivido hasta ese momento, se transforma, cobra un sentido especial al ponerlo humildemente en sus manos, a la luz de la Resurrección. Y así sin mirar atrás, podemos avanzar presurosos hacia la meta, con entusiasmo y vigilantes, con alegría, paz, humildad, porque Él hace nuevas todas las cosas.


Publicado en la Fiesta de San Antonio de las Cuevas de Kiev.


Con Su Beatitud Sviatoslav Shevchuk, Patriarca de la Iglesia Greco Católica Ucraniana, y mis hermanas. Lavra de la Santa Dormición, Univ, Ucrania.
Así rezamos la Oración de Jesús en distintas melodías, con mis hermanas estuditas. El Padre Luca, hieromonje estudita, actualmente párroco de la Universidad Católica Ucraniana en la ciudad de L'viv, y quien iba a nuestro monasterio para enseñarnos canto bizantino durante los años que viví en Ucrania, tuvo un día la gran idea de grabarnos, y lo subió a su canal de youtube. La introducción la dice mi querida compañera de celda, la Hermana Olga, la más joven del monasterio, iconógrafa y quien me enseñó a hacer chotkys o rosarios ortodoxos, para rezar la Oración de Jesús:





Con la Hermana Olga, luego de tocar las campanas en la Fiesta de Pascua de Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Monasterio del Santo Manto Protector (Pokrov) de la Madre de Dios, L'viv, Ucrania.

Monasterio del Santo Manto Protector de las monjas de regla estudita en la ciudad de L'viv, Ucrania.







e-mail:   raquel_argentina@hotmail.com 

 Mi cuenta de Facebook (mensaje privado por messenger): Hermana Raquel (Рахиль Антонія)




sábado, 12 de julio de 2014

En memoria de la Madre Ekaterina (1911 - 2010) (Higúmena del Monasterio ruso Uspensky de Roma)





Publicado el 18 de mayo de 2012 desde el Monasterio de la Dormición de María.
De la carta del monasterio de la Dormición de María, n. 45, 21 de noviembre 2010.


"Dios es amor; el que permanece en el amor, permanece en Dios y Dios en él." 
 Estas palabras de la primera epístola de San Juan (4,16), que a la Madre Ekaterina le gustaba decir en latín, es un buen resumen de su vida. El día de Navidad de este año (2010, n. del ed.) habría cumplido 99 años. Ella siempre se sintió profundamente ligada a sus raíces rusas, patria tan amada y tan sufriente que jamás pudo volver a ver; a pesar de todos los intentos, jamás pudo encontrar su lugar de nacimiento, Zatischie, puesto que en los mapas aparecen cinco lugares diferentes con ese nombre. A ella no le gustaba contar las dolorosas peripecias de su infancia. Siempre que algún visitante le preguntaba por su lugar de procedencia, su rostro se ensombrecía mientras decía que no sabía dónde estaba su ciudad natal, y hacía que una de sus co-hermanas presentes contara la historia de su infancia. Un misterioso designio de la Providencia la había ido despojando de todo, para atraerla hacia sí. Donó a Dios con fidelidad, alegría y con todo el corazón su vida entera: el 7 de diciembre 2010 habría cumplido 80 años de vida religiosa.

El 25 de diciembre, en el calendario ortodoxo es la fiesta de Santa Eugenia, por lo que en el bautismo recibió su nombre. En aquel entonces, hubo un incidente singular que siempre fue considerado como un signo de su futura vida consagrada a Dios: en el Bautismo en rito bizantino, los niños son llevados tras el iconostasio para hacerlos dar una vuelta en torno al altar, pero a las niñas no se las lleva. Por un descuido, la pequeña Eugenia se deslizó de los brazos de su madrina, rodando hasta más allá del iconostasio, dentro del santo de los santos.

Tuvo una infancia feliz, hasta que empezaron los tiempos tormentosos de la revolución comunista de los cuales vivió todo su dramatismo en primera persona, al ser hija de un oficial del Zar. En su familia recibió una educación muy estricta, pero también fuertemente cristiana. La madre Ekaterina contaba: "Mi familia era profundamente creyente. El Domingo de Carnaval, antes de comenzar la Gran Cuaresma, como era costumbre en las familias ortodoxas rusas, nos reuníamos y nos pedíamos perdón los unos a los otros, mamá a papá, y viceversa, luego nosotros los niños ... Mi mamá me enseñó a amar incluso a los que no nos aman, y no vengarse, sino a ponerlo todo en manos de Dios " . 

Siendo todavía pequeña, Eugenia no comprendía bien lo que estaba pasando, pero se daba cuenta de pequeñas cosas que gradualmente iban cambiando la vida del pueblo ruso: en la escuela no se podía rezar más, y en su casa antes de comer sus padres se recogían en silencio unos instantes haciendo una pequeña señal de la cruz en el pecho, a escondidas por temor a que los niños pudieran verlo y hablasen fuera de casa. La comida comenzaba a escasear, pero su mamá siempre compartía el pan con los que no lo tenían. La niña visitaba a dos hermanas, monjas ortodoxas clandestinas, que trabajaban como costureras para sustentarse, de las cuales aprendió la importancia de la oración.

En 1920, la familia Morosoff se vio obligada a huir de Rusia, en busca de refugio en el extranjero: Eugenia tenía sólo nueve años. Durante la huida hacia Polonia perdió a toda su familia: su padre fue capturado por los bolcheviques y fusilado en Tula; su madre, presa de una enfermedad repentina, murió durante el viaje. El golpe más duro para ella, sin embargo, fue la muerte de su hermanito Iván, de cinco años, agotado probablemente por el hambre y la huida. Había quedado sola en el mundo, en un país extranjero, y no contaba con nadie más. Eugenia enfermó gravemente y fue ingresada en el hospital con unas fiebres altísimas. Una vez dada de alta del hospital, fue llevada a un orfanato en Sulejuwek, en las afueras de Varsovia, para su convalescencia, donde los niños vivían en barracas y dormían sobre unas tablas desnudas con sólo una manta por abrigo. Allí permaneció por cerca de dos años.

En mayo de 1922, Eugenia fue trasladada a Jodoigne (Bélgica), a una escuela-colonia para niños huérfanos rusos organizada por la Reina de Bélgica. Los administradores y los maestros de la escuela eran todos rusos, todas las clases se impartían en ruso, razón por la cual no olvidó su lengua materna. Aquí permaneció hasta el 5 de septiembre de 1924. La Reina de Bélgica cuidaba personalmente de su educación y a menudo iba a visitarlos. A partir de entonces, hasta los 19 años, las niñas fueron recibidas en el Instituto San José en Verviers, en un hogar para jóvenes de las Hijas de la Caridad. El 29 de junio de 1927, con otros niños hizo su paso de la ortodoxia al catolicismo, con el permiso, por decreto del mismísimo Sumo Pontífice, para mantener el rito bizantino.

El 7 de diciembre de 1930, en la víspera de la festividad de la Inmaculada Concepción, Eugenia entró en la Compañía de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paula en Bélgica. Al estar sola en el mundo, las Hijas de la Caridad se habían convertido en su familia en todo sentido. El 8 de marzo de 1932 fue destinada al Hospital Civil de Nivelles, donde emitió sus votos el 16 de marzo 1936, tomando por nombre de profesión, Cecilia. Trabajó en varios departamentos del hospital de Nivelles hasta septiembre de 1957 como enfermera profesional.

La Madre Ekaterina a menudo rememoraba los episodios de su vida como enfermera, realizada con tanto amor y dedicación, y de las vicisitudes de muchos pacientes ella recordaba incluso los detalles. Ella contaba: "Por la mañana nos despertábamos a las 4, y si estábamos de turno noche en el hospital, trabajábamos un día y una noche seguidas. Una vez, habiendo terminado el turno noche, estaba tan cansada que cuando me arrodillé en el suelo para recitar la oración, me caí hacia adelante y la superiora me encontró dormida, con la nariz pegada al suelo".

Ella tenía una relación especial con los niños. Una vez una niña muy pequeña fue a verla al convento, pero no era horario de visitas. Cuando la madre superiora se rehusó a llamar a la Hna. Cecilia, la niñita se arrodilló ante una imagen de San Vicente, pensando que era San José, y rogaba: "San José, haz que yo pueda saludar a la Hna. Cecilia". Al ver esto, la superiora se conmovió, y la llamó. 

Cuando la Sagrada Congregación para las Iglesias Orientales quiso fundar en Roma el monasterio de la Dormición de María, siguiendo el deseo del Santo Padre Pío XII, se comenzó a buscar y a visitar a algunas religiosas de origen ruso que se encontraban en monasterios y congregaciones de rito latino. El Cardenal Tisserant, gran conocedor de Oriente y entonces Prefecto de la Sagrada Congregación para las Iglesias Orientales, quería un monasterio de rito bizantino en el que se viviese de acuerdo a las costumbres y tradiciones de los monasterios ortodoxos para orar por la entonces difícil situación de la Iglesia en Rusia bajo el yugo comunista, y para rezar por la unidad de la Iglesia, sobre todo con nuestros hermanos ortodoxos. Con esto, se pensaba darles a las monjas rusas la oportunidad de vivir una vida monástica más adaptada a sus orígenes y su mentalidad. 

A principios de 1956, se hizo venir a cinco de ellas desde Bélgica, Alemania, Francia, a Roma, donde se reunieron con algunos clérigos deseosos de la nueva fundación, que expusieron el proyecto del monasterio. Este tiempo les sirvió para conocerse y reflexionar sobre su propuesta de una nueva vida monástica oriental. Fue adaptada para monasterio una casa de campo en una propiedad comprada para ese fin por el Cardenal Tisserant en Via della Pisana 342. Después de esta experiencia, las hermanas regresaron a sus monasterios para volver luego definitivamente a Roma el año siguiente.

Sor Cecilia llegó a Roma desde Bélgica a principios de octubre de 1957. El 7 de octubre, se celebró la primera Divina Liturgia en el Pontificio Colegio Russicum en la capilla de Santa Teresa del Niño Jesús, patrona de Rusia. Ella amaba la vida de consagración con las Hijas de la Caridad y le costó mucho tener que dejarla para venir a fundar el monasterio en Roma. De su parte fue un acto puro de obediencia a la Iglesia y a los superiores, pero una vez realizado, nunca se volvió para mirar atrás y enfrentó todas las dificultades repitiendo su "fiat" todos los días, a la vez que mantenía un vínculo estrecho con las Hijas de la la caridad, que siempre y en todos los sentidos han ayudado al monasterio, especialmente durante los difíciles años de su nacimiento.

El 14 de diciembre de 1957, cuando las instalaciones estaban preparadas para recibirlas, las monjas se dieron cita en el monasterio Uspensky, y 15 de diciembre de 1957 se celebró la primera liturgia. El 16 de marzo de 1958, junto con otras tres hermanas, hizo su consagración como rasofóra (votos temporales) y el 8 de septiembre de 1959, la consagración del pequeño hábito (votos perpetuos) tomando el nombre de Ekaterina. Fue superiora de la pequeña comunidad desde 1959, y más tarde fue elegida de por vida.
Siempre ayudaba a las hermanas iconógrafas Irene y Cristina a escribir iconos, incluso también ella escribió algunos. Cosía ornamentos, confeccionaba mitras, especialmente para el rito bizantino. En la comunidad siempre se ocupó de la sacristía, de la preparación del pan eucarístico (prósforas), del jardín, de la limpieza y del gallinero. En el silencio de su celda elaboró muchos chotki (rosarios de lana anudada), sobre todo, cuando, entrada en años, tenía dificultades para moverse y ya no podía ocuparse de otras cosas.

Cantaba muy bien y en la iglesia hacía la segunda voz, aunque forzadamente ya que su voz era la de soprano. Tenía una gran pasión por las cuestiones literarias y sobre todo por el idioma ruso: a menudo consultaba el diccionario para encontrar la palabra correcta o aprender sus matices.

El 8 de diciembre de 1981, Su Excelencia Monseñor Miroslav Stefan Marusyn, Secretario de la Congregación para las Iglesias Orientales, durante una celebración en la iglesia del Russicum le impartió la bendición de Higúmena (abadesa), entregándole la cruz pectoral. La falta de vocaciones para el monasterio la afligía, aunque rara vez hablaba de eso. El gran mérito de la Madre Ekaterina ha sido el de ser capaz de mantener unida a una comunidad ciertamente no fácil, con hermanas que habían sufrido mucho, con profundas heridas en el alma y provenientes de experiencias de vida y de comunidades religiosas diferentes.


A lo largo de su vida, rezó y ofreció muchísimo. Cuando ya era anciana y tenía serias dificultades de movilidad (además por una dislocación congénita de la cadera), entraba en el santuario detrás del iconostasio y permanecía allí durante horas orando por las muchas intenciones confiadas a ella. Cuando tenía muy pocas fuerzas siquiera para orar, se la veía a menudo tomar en sus manos su cruz pectoral de Higúmena, o la de su rosario, y besar las cinco llagas del crucifijo en silencio, pero con una ternura que conmovía. En el cuello, oculto bajo el velo, siempre llevaba un grueso rosario, porque, decía: "Así, cuando estoy en compañía de alguien, puedo seguir orando." Las privaciones sufridas desde edad temprana fueron la causa de muchos dolores, especialmente de los huesos, que soportó con gran espíritu de sacrificio. Para quien la ayudara por su inmovilidad, siempre se mostraba agradecida, dando a cambio una gran sonrisa. En los momentos en los que tenía menos dolores, bromeaba, contaba anécdotas, cantaba canciones rusas y recitaba poesías y oraciones aprendidas cuando niña. Le pesaba ser una carga para los demás y decía que quería morir por no dar tanto trabajo y preocupaciones.
En su funeral, los presentes decían que se respiraba mucha esperanza: nada había de oscuro ni de oprimente, tal como era ella, siempre alegre, serena, que jamás se desalentaba y que ponía toda su preocupación en Dios. Falleció el 18 de mayo, que este año (2010 n. d. ed.) ocurrió entre la Ascensión y Pentecostés, y de manera significativa la Iglesia Católica y ortodoxa celebraron la Pascua el mismo día. 

La tradición oriental dice que cuando alguien parte de este mundo entre Pascua y Pentecostés, encuentra las puertas del Paraíso  abiertas. El día de su funeral, el 20 de mayo por la tarde, se realizó en la sala Nervi un concierto ofrecido por el Patriarca de Moscú con orquesta y coro sinodal ruso, en presencia del Santo Padre y Metropolita Hilarión como parte de las "Jornadas de la cultura y de espiritualidad rusa en el Vaticano".

El domingo después de Pentecostés en el rito bizantino se celebra la fiesta de Todos los Santos, y el que le sigue, la festividad de todos los santos rusos en especial. Pensamos a nuestra Madre en la liturgia celestial sin fin, junto con los santos y tantos mártires rusos del siglo XX, con su familia, sus hermanas con las que compartió la consagración total a Dios, en primer lugar entre las Hijas de la Caridad y luego en el monasterio.

En el tropario de la solemnidad de la Dormición de María se canta: "En tu dormición no has abandonado al mundo, porque eres la Madre de Dios." Queremos creer que la Madre Ekaterina, durante tantos años madre amorosa y solícita de la comunidad de la Dormición de María, seguirá las huellas de la Madre de Dios, y que tampoco ella desde el cielo va a abandonar a ninguno de los que pidan su auxilio.
 Quiero dar gracias a todos los que de diversas maneras nos han mostrado su cercanía y amistad, les deseo un Adviento sereno y una Santa Navidad con el recíproco recuerdo en la oración mutua, Sor Elena Maria.

Roma , 21 de noviembre de 2010, la Fiesta de la entrada al templo de la Ssma . Madre de Dios


Para las ofrendas o intenciones:

Banca Intesa San Paolo, Roma rama 06 (00445) a nombre de Monasterio ruso Uspensky

IBAN: IT74 I030 6903 2061 0000 0011 513 BIC: BCITITMM

Oración de la Madre Ekaterina

El Señor ha establecido su reinado, vestido de esplendor

Sal 92,1


¡Dios, Jesús, es obra tuya el adornarme, soy tuya para siempre!

En cumplimiento de mi servicio a la comunidad,

dame todo lo que necesito tanto a mí como a las hermanas que me has confiado.

Tú lo sabes, hazme fuerte,

Obra en mí aquello que debo cumplir por ti.

Oh Señor, dame las palabras de tu amor,

haz me olvide de todo lo que destruye el amor,

y para seguir amando, Señor, como Tú me amas .

Hazme comprender, Señor, tu amor,

en mí tu amor se manifiesta sin límites.

¡Soy tuya, hágase tu voluntad!

Santísima Madre de Dios, Tú eres mi Madre,

Tómame entre tus brazos, y custódiame.



 Nota original publicada en: http://www.dormizione.it/?p=1
(Traducida del italiano por Hieromonje Diego Flamini, del Monasterio de la Transfiguración de Cristo, Pigüé, Argentina.)


miércoles, 26 de marzo de 2014

USPENSKIJ: Un monasterio de monjas rusas en Roma


Capilla del monasterio
A quince minutos de autobús desde la Plaza San Pedro, este pequeño monasterio femenino ruso, tiene como primer finalidad el seguir una vida de contemplación, liturgia y oración de acuerdo con la gran tradición del monaquismo cristiano oriental.

Fue establecido por la Congregación de las Iglesias Orientales con el apoyo del Papa Pío XII, de acuerdo a un proyecto presentado por el entonces secretario de la Congregación, Cardenal E. Tisserant.
Como la Catedral de Moscú y muchas otras iglesias rusas a lo largo del mundo, el monasterio está dedicado a la Madre de Dios manifestado en el misterio de su Uspenie o Dormición, literalmente “está dormida” de acuerdo con la tradición cristiana oriental, y la Asunción de acuerdo a la tradición cristiana occidental. Así el nombre en italiano de esta fundación es Monastero russo della Dormizione (Monasterio ruso de la Dormición).
Hay una capillita muy atractiva dedicada a la Dormición de la Theotokos y preparada de acuerdo al uso litúrgico ruso. La lengua de oración es el eslavo eclesiástico, los idiomas de los miembros de la comunidad son ruso, en algunos casos italiano e inglés.


UN CONVENTO RUSO EN ROMA

En 1957 a la gran variedad de instituciones religiosas que enfatizan el carácter sagrado de la ciudad en la cual se encuentra el Santo Padre, se le agregó esta casa. 

Icono de la Dormición de la Madre de Dios
Roma deseaba tener una casa en la cual las vírgenes consagradas a Dios, por la oración asidua y la práctica de las virtudes implorasen la misericordia de Dios para los pueblos rusos, como Su Eminencia Cardenal E. Tisserant escribe en el prefacio de las constituciones de este convento. En el mismo documento el Cardenal explica cómo en una audiencia el 11 de abril de 1956 en su capacidad como secretario de la Sagrada Congregación para las Iglesias Orientales, él remitió a Su Santidad Papa Pío XII el plan para la fundación del convento, para el cual él recibió aprobación y apoyo.
Fue la Sagrada Congregación para las Iglesias Orientales la que deseó hacer la fundación, debido en particular a la amabilidad de Su Eminencia el asesor Rvo. Padre Coussa, el cual al transformarse en cardenal continuó mostrando su interés paternal, encontrando una casa que alcanzara para comenzar a quince minutos en ómnibus (808/881) desde la Plaza de San Pedro.

Un Typicon “Ustav” o constitución fue compuesto en latin y en ruso, de acuerdo al esquema tradicional de los monasterios rusos y en base a la ley canónica de las Iglesias Orientales. Ambas partes de este documento -Typicum Ktetoricum y Typicum Asceticum- fueron aprobados por la Sagrada Congregación de las Iglesias Orientales, el 29 de junio y el 15 de Agosto de 1958.
Al mismo tiempo, cuatro monjas rusas pertenecientes a diferentes Órdenes y Congregaciones y de varios países para las cuales el ideal de esta fundación había sido propuesto, comenzaron su nueva vida monástica en Roma.

El 10 de julio de 1959, el Papa Juan XXIII, en virtud de su autoridad como Prefecto de la Sagrada Congregación para las Iglesias Orientales, se complació en elevar la institución a la dignidad de derecho pontificio y admitir a los votos solemnes a las monjas ya reunidas en este pequeño convento, el cual como está escrito en el documento de fundación, es de alguna manera un ornamento de la diócesis, un símbolo y un anticipo de unión.

La benevolencia particular de los soberanos pontífices fue una vez más hecha manifiesta cuando el Papa Pablo VI recibió a las monjas en una audiencia especial cuando ellas vinieron a traerle como regalo un icono de San Pablo pintado por una de las monjas. El Papa bendijo a las monjas y a sus intenciones agregando una palabra de estímulo “ustedes son la raíz en vista al futuro” les dijo, prometiéndoles oraciones especiales.


El Papa Juan Pablo II también también invitó a la comunidad a su capilla privada para la celebración de la Santa Misa.

Como la Catedral del Moscú y miles de otras iglesias rusas, el Convento está dedicado a la Dormición de la Madre de Dios, honrada en el misterio de su “Uspenie” (o Asunción como el mundo occidental prefiere llamarla).

El principal fin del monasterio es la vida litúrgica y contemplativa, y cada día la pequeña comunidad de la Dormición de Roma, recita o canta el oficio divino en el antiguo idioma eslavo, usando libros impresos en Rusia.

El silencio y la soledad favorecen la continua búsqueda de la perfección evangélica y la intimidad con Dios, en la oración, alternada con trabajo. Por el momento las monjas se dedican particularmente a hacer ornamentos litúrgicos para los diferentes ritos orientales, a la escritura de iconos, a la traducción, etc.

En el monasterio Uspenskij de las monjas rusas se les han unido algunas jóvenes y monjas de diferentes nacionalidades que se sienten atraídas particularmente por el monaquismo oriental, por el rito bizantino y por el amor por el ideal y la forma de vida de esta comunidad. Su asistencia espiritual está facilitada por la presencia en Roma de dos instituciones: el Pontificio Instituto Oriental y el Seminario Pontificio Ruso (el Russicum), cuyos sacerdotes han estado dedicados tanto con amabilidad y competencia a este monasterio desde el inicio.

Los pasos progresivos de la vida monástica son los observados en la tradición rusa. Hay unos tres años de noviciado precedido por algunos meses de prueba, un rasoforado o profesión menor, en si perpetua, pero en la cual deben pasarse al menos cinco años. Luego viene la profesión mayor con el Pequeño Hábito, microskema, el cual a veces, después de al menos 30 años de vida religiosa ejemplar de las personas más dedicadas a la oración y a la penitencia, puede ser completada por el megaloskema o prefesión del Gran Hábito.

UN SOLO REBAÑO, UN SOLO PASTOR.

En la pequeña capilla, que es el corazón del monasterio, la figura de Cristo pintado en el iconostasio sostiene el Evangelio abierto en la página sobre la cual está escrito el ardiente deseo de Cristo por la unidad de su Iglesia, como dice Juan 10,16  y nos ha llegado hasta nosotros.

Estas palabras recuerdan a las  hermanas que ellas deben orar en orden para que los obstáculos que retrasan la restauración de la unidad entre cristianos sea hecha hacia un lado. La pequeña Dormición en Roma desea ser una respuesta a la invitación celestial de la Bienaventurada Virgen en Fátima. Más aún, al concluir estas breves notas informativas, las monjas piden a todos que tengan la ocasión de leerlas, que oren para que ellas puedan corresponder más plenamente cada día al plan misericordioso de Dios, continuando con su vida escondida en Cristo.





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En inglés:

Fifteen minutes by bus from the Piazza San Pietro, this small Russian monastery for women has as its primary scope the pursuit of a life of contemplation, liturgy and prayer according to the grand tradition of Eastern Christian monasticism. 

It was established by the Congregation for the Eastern Churches with the encouragement of Pope Pius XII according to a project presented by the then secretary of the Congregation, Cardinal Tisserant.

Like the cathedral in Moscow and several other Russian churches throughout the world, the monastery is dedicated to the Mother of God as manifested in the Mystery of her "Uspenie" or Dormition (lit. "Falling asleep") according to the Eastern Christian tradition and the "Assumption" according to the Western Christian tradition, thus the name (in Italian) of this foundation is Monastero russo Uspenskij  (the Russian Monastery of the Dormition).         

There is an attractive little chapel dedicated to the Dormition of the Theotokos and arranged according to the Russian liturgical usage. The language of prayer is Church Slavonic; the languages of the members of the community are Russian, and some Italian and English.

         
A RUSSIAN CONVENT IN ROME

In 1957 a further addition was made to the great variety of religious institutions which emphasize the sacred character of the city housing the Holy Father. Rome wished to have a house in which “virgins consecrated to God by assiduous prayer and practice of the virtues implore the mercy of God for the Russian peoples,” as His Eminence Cardinal E. Tisserant writes in the preface to the Constitutions of this convent.

In the same document the Cardinal explains how, in an audience on April 11th, 1956, in his capacity as Secretary of the Sacred Congregation for the Eastern Churches, he submitted to His Holiness Pope Pius XII the plan for the foundation of the convent, for which he received approval and encouragement.
It was the Sacred Congregation for the Eastern Churches which desired to make the foundation. Due, in particular, to the kindness of His Eminence, the Assessor, Rev. Father Coussa, who on becoming a Cardinal continued to show his paternal interest, a house was found which sufficed for a start (it is 15 minutes distant by bus–nos. 808 or 881–from St. Peter’s Square).

A “Typicum” (‘Ustav’ or Constitution) was compiled in Russian and in Latin, according to the traditional scheme of Russian convents and on a basis of Eastern Catholic Canon Law. Both parts of this document–Typicum Ktetoricum and Typicum Asceticum–were approved by the Sacred Congregation for the Eastern Churches on June 29th and August 15th, 1958.

At the same time, four Russian nuns belonging to different Orders and Congregations and from various countries, to whom the ideal of this foundation had been proposed, commenced in Rome their new monastic life.

On July 10th, 1959 Pope John XXIII, in virtue of his authority as Prefect of the Sacred Congregation for the Eastern Churches, was pleased to raise the institution to the dignity of pontifical right and to admit to solemn vows the nuns already assembled in the little convent, which, as is written in the document of establishment, “is in some way an ornament of the diocese, a symbol, an invitation and a token of union”.

The particular benevolence of the Sovereign Pontiffs was once more manifest when Pope Paul VI received the nuns in special audience when they came to present him with an icon of St Paul painted by one of the nuns. The Pope blessed the nuns and their intentions, adding word of encouragement “You are the root in view of the future,” he said, and promising special prayers. Pope John Paul II also invited the community to his private chapel for the celebration of Holy Mass.
Like Moscow’s cathedral and thousands of Russian churches, Icon of the Dormition of the Theotokos the convent is dedicated to the Most Holy Mother of God, honoured in the mystery of her “Uspenie” or “Falling asleep” (her Assumption, as Western world prefers to call it).

The principal aim of the monastery is the contemplative and liturgical life, and each day the little community of Roman ‘Uspenskij’ recites or sings the Divine Office in the ancient Slav language, using books printed in Russia.

Silence and solitude favour the continual seeking of evangelical perfection and intimacy with God, in prayer, alternated with work. For the moment the nuns devote themselves particularly to making liturgical vestments for the different Eastern rites, to painting icons, translating, etc.

In the ‘Uspenskij’ convent the Russian nuns have been joined by some young women and nuns of different nationalities who are particularly attracted by Eastern monasticism, by the Byzantine rite and a love for the ideal and the form of life of this community. Spiritual assistance is facilitated for these by the presence in Rome of two institutions, namely, the ‘Pontifical Oriental Institute’ and the ‘Russian Pontifical Seminary,’ whose priests have been devoted with both kindness and competence to the convent from the outset.

The progressive stages of the monastic life are those observed in the Russian tradition. There are three years of novitiate preceded by several months of trial; rjasophorat, or minor profession, in itself perpetual, but in which at least five years must be spent. Then comes major profession with the little habit, microscheme, which sometimes, after at least 30 years of exemplary religious life on the part of those more dedicated to prayer and penance, may be completed by the megaloscheme or profession of the great habit.

“One flock, one shepherd.” In the little chapel which is the heart of the convent, the figure of Christ painted on the iconostasis holds the Gospel open at the page on which is written the ardent desire of Christ for the unity of his Church, as St John (Jn. 10: 16) has passed it on to us.

These words remind the Sisters that they must pray in order that the obstacles which delay the restoration of unity among Christians may be overcome. The little Roman Uspenskij wishes to be a response to the heavenly invitation of the Blessed Virgin of Fatima. Moreover, in concluding these brief informative notes, the nuns ask all who have occasion to read them to pray that they may correspond more fully each day to God’s merciful plan, by continuing their life “hidden with Christ in God”. 




Notas:

*  http://rumkatkilise.org/listing.htm

* http://www.dormizione.it/


* Traducción del inglés por Hmje. Diego Flamini