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martes, 23 de julio de 2019

Monacato Bizantino femenino. Testimonio Vocacional.


En la entrada a las cuevas de un monasterio Ortodoxo en Kiev, Ucrania (Китаевская Пустынь)

Soy la Hermana Raquel, pecadora, monja bizantina por gracia de Dios.  Comencé a escribir este blog hace algunos años. En aquel tiempo visitaba frecuentemente un pequeño monasterio de rito bizantino, el Monasterio de la Transfiguración de Cristo, ubicado entre la ciudad de Pigüé y el Cerro Cura Malal, en el Sur de la Provincia de Buenos Aires, Argentina. Allí, con la ayuda de los monjes, fui introduciéndome en este fascinante mundo del Oriente Cristiano y recibí el llamado a la vocación monástica bizantina. 


He vivido los últimos años en Ucrania, en el Monasterio del Santo Manto Protector (Pokrov) en la ciudad de L’viv.  Allí con la bendición de la Higúmena (Madre superiora) pude seguir de una manera más formal mis pasos en la vida monástica dentro del rito bizantino. Luego de 4 años de formación (postulantado y noviciado),  y ya como monja rasófora, viajé al norte de Hungría, en donde estuve viviendo por un corto período en otro monasterio bizantino, hasta que el Señor me trajo nuevamente a la Argentina.

Pero…por qué irse tan lejos, a Ucrania?....Bueno, ese camino me lo fue señalando Nuestro Señor, a medida que iba conociendo más acerca del monacato bizantino y la imposibilidad de recibir en mi país, la formación más adecuada, es decir, que se conforme lo más posible a lo que el Señor había puesto en mi corazón. Mi padre espiritual, Hieromonje Dionisio, fue confirmando cada inspiración, y bendiciendo cada paso que iba tomando. Cuando él creyó que había llegado el momento, fui puesta bajo la protección paternal de nuestro Obispo, Mons. Daniel Kozelinski, Obispo-Eparca de la Iglesia Greco Católica Ucraniana en Argentina.

Había vivido toda mi vida hasta cerca de los 30 años en el rito latino. Pero la Providencia me llevó un día de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo a ese pequeño monasterio de monjes bizantinos, en el campo, cercano a las sierras. Y la solemnidad de aquella celebración de la Divina Liturgia de Navidad me tocó profundamente, incluso aunque el idioma con el que rezan es antiguo eslavo eclesiástico, no me importó, estaba impactada.  Esa forma de orar llegaba a mi corazón aunque no entendiera nada. Sentí que en aquel humilde monasterio vivía por primera vez la experiencia de sentir un poco lo que debería ser el Cielo. La liturgia cantada, el incienso, los iconos, todo me parecía tan celestial y a la vez tan cercano. Todo fluía de una manera tal, que hacía que mi alma y mi corazón sólo pensaran en Dios, olvidándome de todo. 

No sabía mucho acerca del rito bizantino. Tan solo una pequeña introducción en una charla que uno de los monjes había dado en mi parroquia latina unas semanas antes.  Fue un retiro de Adviento al que asistí providencialmente, y en el que me impactó la convicción y la fuerza con que ese monje nos transmitía el mensaje de Cristo. Recuerdo particularmente la charla acerca de tantos santos mártires que con su vida dieron testimonio de Cristo cuando Europa del Este estaba bajo el regimen comunista. Y me preguntaba: ¿Y yo, qué he hecho hasta ahora por Cristo?

Desde ese día  cuanto más conocía acerca del Oriente Cristiano, más se iba afianzando mi vocación. 
Pero me llamaba a su vez mucho la atención todo lo referente a las Iglesias Ortodoxas. Cada documental de monasterios de monjes y monjas ortodoxas que encontraba en internet, era una gran alegría para mí, y me los he visto todos. Vivía escuchando música bizantina. Comencé a rezar la Oración de Jesús, a rezar ante los santos iconos. Resumiendo: dejándolo todo me fui a vivir a la ciudad más cercana al monasterio bizantino de monjes. Trabajaba, y vivía en una pequeña casa como una monja, era como mi pequeño monasterio bizantino, aunque tenía la bendición de los monjes, no era algo oficial. En una de las habitaciones armé un gran rincón de oración, como un pequeño iconostasio con muchos iconos. Fue una etapa hermosa, de trabajo, de oración, de aprendizaje, visitas los domingos al monasterio y charlas con mi padre espiritual. 

Fui absorbiendo el rito bizantino de la manera más natural: viviéndolo.  

Descubrí el gran tesoro que hay en nuestra Iglesia Católica, quien respira con dos pulmones: Oriente y Occidente, es decir una Iglesia universal compuesta por 24 Iglesias “Sui Iuris” en plena y perfecta comunión. La parte Occidental de tradición latina, y la parte Oriental representada por 23 Iglesias, a las cuales pertenece la Iglesia Greco Católica Ucraniana.  A esta Iglesia comencé a pertenecer por mi cercanía al Monasterio de la Transfiguración de Cristo. Todas estas Iglesias forman parte del patrimonio de la Iglesia de Cristo, y si bien poseen tradiciones culturales, teológicas y litúrgicas diferentes, así como estructura y organización territorial propias, profesan la misma y única doctrina y fe, manteniéndose, por lo tanto, en comunión completa entre sí y con la Santa Sede. 

Se fue abriendo paulatinamente un mundo casi desconocido,  que me ponía más en contacto con las raíces de nuestra fe, al origen del cristianismo, a los Santos Padres, a esos primeros monjes que comenzaron a  vivir en los desiertos de Palestina y Egipto para seguir a Cristo dejando el mundo atrás. La alegría de descubrir el lugar que tiene el monaquismo en Oriente, considerado como el alma misma de las Iglesias Orientales, y los monjes como punto de referencia para todos los bautizados, en la medida de los dones que el Señor ha ofrecido a cada uno, presentándose así como una síntesis emblemática del cristianismo.

El Oriente Cristiano desempeña un papel único y privilegiado, por ser el marco originario de la Iglesia primitiva.

Fue una etapa de mucha sed de Dios que saciaba más y más a medida que era fiel a este camino del volver a las fuentes, de familiarizarme con un rito que lejos de ser algo anticuado o pasado de moda, me hizo contemplar una Tradición llena de vida, porque su fuente es Cristo, fuente de Vida, quien es el mismo, ayer, hoy y lo será por siempre.

El llamado de San Juan Pablo II en Orientale Lumen, hicieron eco en mi corazón, haciéndolas parte importante de ésta búsqueda y vocación.

Orientale Lumen es una carta apóstolica con un contenido riquísimo sobre el Oriente Cristiano y el monaquismo oriental como modelo para descubrir aquellos valores importantes que expresan la aportación del Oriente Cristiano al camino de la Iglesia de Cristo hacia el Reino. En ella se anima a los católicos orientales, a buscar incansablemente la Unidad de los cristianos, a dar a conocer la plenitud del tesoro de su venerable y antigua tradición a los hermanos de rito latino, a responder al grito de los hombres de hoy que quieren encontrar un sentido a su vida,  ofreciéndoles su propio modo de acoger, comprender y vivir la fe en el Señor Jesús, el amor con que realizan el culto litúrgico, principalmente la celebración eucarística, centro de la vida de todo fiel, cuyo fin es la participación en la naturaleza divina mediante la comunión en el misterio de la Santísima Trinidad.  

Y las siguientes palabras del Santo Padre, en particular, resonaron en mi interior:

“CON RESPECTO AL MONAQUISMO, TENIENDO EN CUENTA SU IMPORTANCIA EN EL CRISTIANISMO DE ORIENTE, DESEAMOS QUE VUELVA A FLORECER EN LAS IGLESIAS ORIENTALES CATÓLICAS Y SE APOYE A LOS QUE SE SIENTAN LLAMADOS A LLEVAR A CABO ESE AFIANZAMIENTO. EN EFECTO, EXISTE UN VÍNCULO INTRÍNSECO ENTRE LA ORACIÓN LITÚRGICA, LA TRADICIÓN ESPIRITUAL Y LA VIDA MONÁSTICA EN ORIENTE. PRECISAMENTE POR ESTO, TAMBIÉN PARA ELLOS UNA REANUDACIÓN BIEN FORMADA Y MOTIVADA DE LA VIDA MONÁSTICA PODRÍA SIGNIFICAR UN VERDADERO FLORECIMIENTO ECLESIAL. (…) ESE DESEO SE REFIERE TAMBIÉN A LOS TERRITORIOS DE LA DIÁSPORA ORIENTAL, DONDE LA PRESENCIA DE MONASTERIOS ORIENTALES DARÍA MAYOR SOLIDEZ A LAS IGLESIAS ORIENTALES EN ESOS PAÍSES, PRESTANDO, ADEMÁS, UNA VALIOSA APORTACIÓN A LA VIDA RELIGIOSA DE LOS CRISTIANOS DE OCCIDENTE”. (OL, 27)

Fue como si el Espíritu me estuviera confirmando no sólo ese llamado que me movió a cambiar mi vida radicalmente, sino también marcándole un rumbo: viajar al corazón de una Iglesia Oriental, vivir en un monasterio bizantino, recibir una formación formal de la manera más auténtica, genuina y pura posible. 

Quiero vivir la Ortodoxia dentro de la Iglesia Católica universal, y vivirla como monja católica bizantina, sólo pido discernimiento para conocer la Voluntad divina, y seguirla,"lo que Dios quiera, como Dios quiera, donde Dios quiera". 

Qué importante es escuchar la Voz de Dios en nuestro interior y seguirla. Siempre me pregunto cómo sería mi vida hoy si no hubiera respondido a Su llamado. Todo ese mundo de santas relaciones que establecí con tanta gente hoy no existiría: vienen ahora a mi mente los rostros alegres de cada una de mis hermanas ucranianas y todos los momentos que compartimos juntas, charlas con Su Beatitud Sviatoslav, charlas espirituales con el Starets Olexander de la Lavra de la Santa Dormición, la enorme cantidad de nuevas amistades que me regaló el Señor, laicos, monjes y monjas de Ucrania, Bielorusia, Polonia, Latvia, Rusia, Rumania, Hungría, Austria, Croacia, Bosnia, Francia, Alemania, Suiza, Italia, Estados Unidos, Canadá, Australia; y la gran cantidad de santuarios, iglesias, monasterios y lugares santos que pude conocer. 

Aunque generalmente nos tomamos nuestro buen tiempo, lo digo por experiencia, el Señor realmente escribe derecho en renglones torcidos. El Señor es fiel, y cuando nos decidimos, el granito de arena que ponemos lo convierte en montañas. Es tan grande el sin fin de bendiciones y sorpresas que nos regala cada día, que todo lo que hayamos vivido hasta ese momento, se transforma, cobra un sentido especial al ponerlo humildemente en sus manos, a la luz de la Resurrección. Y así sin mirar atrás, podemos avanzar presurosos hacia la meta, con entusiasmo y vigilantes, con alegría, paz, humildad, porque Él hace nuevas todas las cosas.


Publicado en la Fiesta de San Antonio de las Cuevas de Kiev.


Con Su Beatitud Sviatoslav Shevchuk, Patriarca de la Iglesia Greco Católica Ucraniana, y mis hermanas. Lavra de la Santa Dormición, Univ, Ucrania.
Así rezamos la Oración de Jesús en distintas melodías, con mis hermanas estuditas. El Padre Luca, hieromonje estudita, actualmente párroco de la Universidad Católica Ucraniana en la ciudad de L'viv, y quien iba a nuestro monasterio para enseñarnos canto bizantino durante los años que viví en Ucrania, tuvo un día la gran idea de grabarnos, y lo subió a su canal de youtube. La introducción la dice mi querida compañera de celda, la Hermana Olga, la más joven del monasterio, iconógrafa y quien me enseñó a hacer chotkys o rosarios ortodoxos, para rezar la Oración de Jesús:





Con la Hermana Olga, luego de tocar las campanas en la Fiesta de Pascua de Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Monasterio del Santo Manto Protector (Pokrov) de la Madre de Dios, L'viv, Ucrania.

Monasterio del Santo Manto Protector de las monjas de regla estudita en la ciudad de L'viv, Ucrania.







e-mail:   raquel_argentina@hotmail.com 

 Mi cuenta de Facebook (mensaje privado por messenger): Hermana Raquel (Рахиль Антонія)




lunes, 2 de septiembre de 2013

Entrevista al Hermano Ambrosio - Parte 1


Hermano Ambrosio, durante la entrevista

En el mes de agosto, el Monasterio Católico Bizantino de la Transfiguración de Pigüé, recibió la visita del Hermano Ambrosio, monje bizantino del Monasterio de la Santa Resurrección de San Nazianz, Wisconsin.

Enviado por su Abad, luego de una estadía en Brasil con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud, pasó unos días en el monasterio de Pigüé, para estrechar lazos de fraternidad y hermandad entre las comunidades monásticas.

El hermano Ambrosio, es un monje de 35 años de edad, nacido en Los Ángeles, California. Tuve la oportunidad de conocerlo un domingo, y luego de la Divina Liturgia, y antes de partir nuevamente hacia su monasterio, aceptó gustosamente responder a un par de preguntas que le he hecho para compartir en este blog.

En esta primera parte comparte acerca de su monasterio. En el próximo post de Teóforos, subiré una segunda parte con su testimonio vocacional completo.

Hno. Ambrosio, Raquel y Hno. Jonathan, frente a la Iglesia del Monasterio de la Transfiguración de Pigüé
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Hermano Ambrosio, ¿Puede compartir con nosotros algo acerca de la historia de su monasterio, y algunos aspectos del apostolado y las actividades que se desarrollan en torno al mismo?.

El Monasterio de la Santa Resurrección o Holy Resurrection Monastery, como es conocido en inglés, es una comunidad monástica que fue establecida en 1994. Originalmente estaba en el norte del estado de California, empezó un grupo de tres hombres los cuales estaban discerniendo, al principio tres australianos y más tarde se junta otro laico quien había vivido en Grecia por un año, y durante esta experiencia se encontró con las Iglesias Ortodoxas y de ahí un amor hacia el rito bizantino.

De los otros tres australianos, dos continuaron en el proyecto y forman una comunidad monástica, sin estatus jurídico al principio, en la zona de San Francisco. Luego se mueven al sur de California, en el Desierto de Mojave, un lugar árido con temperaturas de hasta 50°C, ráfagas de viento de 80-90km por hora. Un lugar árido, áspero, difícil. Pero la comunidad se mantiene ahí desde 1994/1995 hasta aproximadamente el 2005. Y en ese período, la comunidad estaba bajo la jurisdicción de la Iglesia Rutena, y posteriormente se transfiere a la jurisdicción de la Iglesia Greco Católica Rumana, con el actual Obispo John M. Botean.


Desde la izquierda: Fr. Basil, Fr. Maximos, Abbot Nicholas, Fr. Moses, Br. Ambrose, Deacon Patrick Firman (visitante), junio 2013.

Eventualmente, nuestro monasterio se muda a Wisconsin, adquirimos una propiedad que es un tanto más habitable, que al principio era un orfanato y un hospital, y después pasó a ser un convento, al cual se le añadió una capilla en 1906, posteriormente otra extensión, donde está ahora la trápeza o comedor. La propiedad del monasterio fue establecida en 1860, entonces tiene ya bastantes años, estamos hablando de casi 150 años, aproximadamente. Y nosotros nos mudamos a esta propiedad en octubre del 2011.

El carisma de nuestro monasticismo en particular, es muy similar a lo que se está haciendo aquí, en la comunidad de Pigüé.
Para nosotros el carisma es, en primer lugar, mantener la tradición del rito bizantino, y presentárselo a los católicos romanos en particular, los cuales no conocen mucho acerca del rito, o de la vida del Oriente Cristiano.

Interior de la Iglesia del Monasterio de la Santa Resurrección

En segundo lugar, nuestro carisma es enriquecer la Iglesia latina para que pueda redescubrir nuevamente sus raíces y el amor a la Liturgia, a través del respeto al rito bizantino.




Somos una comunidad tradicional monástica, similar a esta comunidad, en la cual nos abstenemos de ciertos alimentos, ayunamos los miércoles y los viernes durante el año, dependiendo de la festividad. Y durante otros períodos del año no hay ayuno de acuerdo al calendario establecido por la costumbre del rito bizantino.

A diferencia de esta comunidad de Pigüé, nosotros utilizamos el calendario juliano reformado. Es decir que las fechas fijas de fiesta para la Iglesia latina, nosotros participamos en ellas. Por ejemplo el 25 de diciembre que es Navidad también para nosotros, o por ejemplo la Asunción de la Santísima Virgen el 15 de agosto. Sin embargo las fechas que coinciden por ejemplo, con respecto a la Pascua, el día de Pentecostés, los ayunos correspondientes a la Pascua, y así sucesivamente, estan regidos por el calendario juliano reformado, nuevamente en el cual mantenemos las fechas que son en base a la Pascua, de acuerdo al calendario antiguo, como lo hacen aquí. Y esto nos da una polaridad positiva, en el aspecto que permite, por ejemplo, al Obispo de la diócesis latina, u otros obispos o sacerdotes de las diócesis latinas, puedan participar cuando la Pascua no coincida. Afortunadamente o desafortunadamente los siguientes dos años son en la misma fecha. Después en el 2016 ya será otra fecha distinta, y nuevamente esto nos permite tener un ecumenismo para poder enriquecer nuestras iglesias en base a esta comunión.


Con respecto a nuestra vida monástica, el monasterio también en este caso, en primer lugar es un centro de hospitalidad, en el aspecto que está compuesto por tres pisos. En el segundo piso es donde hay un albergue. Hay trece cuartos, uno de ellos tienen camas dobles, cuatro de ellos tienen camas sencillas y tenemos retiros que estan agendados durante los 12 meses del año, hay un retiro cada semana, que está programado y tiene un tema que se desarrolla entre un viernes, sábado y domingo. Y en los cuales los feligreses o los que deseen participar en el retiro pueden entonces inscribirse y quedarse durante este período.





Hay dos cosas que suceden:

- En primer lugar la experiencia del rito bizantino en un monasterio, el cual son muy reducidos en los EE.UU. Monasterios como el nuestro solamente hay otro en el norte de California también, digo también porque el nuestro se había generado cerca de esa zona. Hay un monasterio de mujeres que depende de nuestro monasterio (Holy Teophany Monastery) y otro monasterio que por ahora no tiene estatus jurídico, pero se está formando, y ya son tres mujeres con una postulante, y ellas estan en Ohio, y es el Christ the Bridegroom Monastery, que traducido pobremente significa Cristo el Novio de la Iglesia, algo así sería más o menos la traducción. Y hay otra pequeña asociación de monjes que estan en Michigan que depende también del monasterio que está en California.
Entonces, ya hay cuatro comunidades monásticas católicas bizantinas. Comunidades monásticas ortodoxas hay bastante, pero católicas ortodoxas solo hay algunas.

Entonces, retomando el tema de la hospitalidad, esto le permite a católicos que quieran enriquecerse con el rito bizantino, que esten en una zona geográfica más aledaña a la nuestra, participar en la vida monástica, ayunar si vienen en el período de ayuno, vivir la agenda que tenemos durante el día y al mismo tiempo enriquecerse espiritualmente al participar en un retiro.






- El segundo aspecto que tenemos es: las misiones en las diócesis latinas. El Ordinario de las Diócesis latinas, el Obispo David Ricken, tiene una afinidad con las Iglesias Orientales muy profundo. Y él nos ha dado un contrato en el cual nos apoya económicamente. Podemos ir a visitar sus distintas parroquias. Nos ha involucrado en el ecumenismo diocesano para hablar con iglesias evangelistas o protestantes, y también nos ha invitado a participar en el Departamento de Educación Religiosa, para nosotros poder presentar la fe, no nada más desde la perspectiva romana latina, sino también desde la perspectiva oriental bizantina.


¿En los seminarios latinos tienen incluída la temática de las Iglesias Orientales?

Depende del seminario. Nosotros hemos tenido la oportunidad de ir a visitar el Seminario de la Arquidiócesis de Los Ángeles del Arzobispo José Gómez que es de Monterrey, México, en el cual sí se toca el tema de las Iglesias Orientales; en el Seminario de la Arquidiócesis de Chicago que es del Cardenal George. Y los seminaristas de la diócesis latina de Green Bay, que es donde estamos nosotros, ellos tienen la oportunidad de ir a visitarnos.
Entonces, no es en todos los seminarios donde se presenta el tema de las Iglesias Orientales, pero ciertamente en algunos de los seminarios más grandes sí está presente.

Volviendo al tema de nuestras actividades, tenemos el tema de los retiros, tenemos una hospedería y un tercer aspecto:

- Grupos parroquiales que vienen para un día de retiro de recogimiento. También llegan a participar de nuestra vida monástica. Tienen un tema que nosotros desarrollamos, el cual lo presentamos desde la espiritualidad oriental.

- También tenemos una panadería, o servicio de respostería. Aproximadamente cada seis semanas estamos vendiendo pan al público, diferentes tipos de pan, pizzas, galletas, etc. Y pues, es una fuente de ingreso que nos saca de muchos apuros. Afortunadamente tenemos una cocina industrial que nos permite hacer ese tipo de trabajo.


LA VIDA EN EL MONASTERIO



La vida en el monasterio es similar a aquí en Pigüé, porque no se celebra la Eucaristía todos los días.
La Eucaristía se celebra en el monasterio todos los miércoles, sábados y domingos, por bastantes razones. Hay razones históricas que en el monasticismo no se celebra siempre la Eucaristía. También porque no tenemos muchos monjes que son sacerdotes. Solamente somos cinco monjes en total, de los cuales dos son sacerdotes y hay un diácono. Y pues, celebrar la Eucaristía todos los días sería algo difícil para la vida de la comunidad.




Nuestra vida de oración, los días que no hay liturgia se organiza de la siguiente manera:


5.30hs: comenzamos a la mañana con las oraciones de la medianoche

6hs a 6.20hs: Oración contemplativa, la Oración del Corazón u Oración de Jesús.

6.20hs a 6.40hs: descanso, para tomar un café, o preparar algo que se tenga que preparar.

6.45hs a 8.15hs: nuevamente oraciones, en las cuales se incluyen las matutinas y la hora prima.

8.15hs a 9.30hs: se incluye el desayuno, el cual es opcional. Es el único alimento en el cual no es necesario presentarse, ni pedir permiso del Abad. En ese mismo período, tal vez hay una junta, o hay algo personal, como por ejemplo salir a hacer ejercicio, yo en particular voy a correr por una hora y regreso.

9.30hs a 12hs: estudio, preparación para algún proyecto, trabajos, o alguna obediencia asignada por el Abad. En el caso de los sacerdotes, si hay feligreses visitando, tal vez es dirección espiritual, o si hay charlas, alguna charla que se tenga que facilitar.

12hs a 12.30: oraciones, hora tercia y sexta, con la lectura del típikon y el Evangelio generalmente.

12.30hs a 1pm: almuerzo

1pm a 2pm: limpieza

2pm a 4.50pm: distintas obediencia

4.50pm a 6.15pm: novena, oración contemplativa por 20 minutos y las vespertinas

6.15pm a 7pm: cena,luego limpieza, y hasta las 8hs compartir en comunidad.

8pm a 8.30pm: oraciones de la noche

8.30pm en adelante: se puede leer un libro, y acostarse cada uno a la hora que lo vea adecuado.










En resumen eso sería. Si añadimos la Divina Liturgia, pues se le añade ahí, una hora y media aproximadamente más, al horario de oraciones.


 Video "Inside Holy Resurrection Monastery":





Notas:

Fotos de la página en Facebook del Holy Resurrection Monastery

domingo, 30 de junio de 2013

Entrevista a Hieromonje Diego Daniel Flamini


Hieromonje Diego Flamini con el Santo Padre Francisco (en ese momento Cardenal Jorge Mario Bergoglio)

En primer lugar, agradezco el interés y el espacio para compartirles el don que he recibido. Mi nombre es Diego Daniel Flamini, soy monje y sacerdote (hieromonje). He iniciado con mi compañero y superior el Hieromonje David (1998) el Monasterio Católico Bizantino de la Transfiguración de Cristo cerca de la ciudad de Pigüé en el sur de la Argentina, y pertenezco a la Eparquía (diócesis) Ucrania de la Argentina, integrante de la Iglesia Católica Bizantina Ucrania (Arzobispado Mayor de Kyiv-Halych), la Iglesia Sui Iuris más numerosa de la Iglesia Católica. Su Beatitud Sviatoslav, autoridad máxima de dicha Iglesia, ha erigido una parroquia bizantina con sede en el monasterio, que abarca toda la Patagonia.

En 1995 el Beato Juan Pablo II, promulgó la Carta Apostólica “Orientale Lumen” – La Luz del Oriente -  cuyos extractos creo serán oportunos para presentar a muchos hermanos nuestra vocación y destino de católicos orientales, y sus implicancias para todos los demás católicos.


 ¿Cómo entendemos en la Iglesia Católica de rito latino a las Iglesias Católicas de rito bizantino?

“La venerable y antigua tradición de las Iglesias Orientales forma parte integrante del patrimonio de la Iglesia de Cristo, la primera necesidad que tienen los católicos consiste en conocerla para poderse alimentar de ella y favorecer, cada uno en la medida de sus posibilidades, el proceso de la unidad.”

En primer lugar la riqueza de la Iglesia Bizantina en comunión con Roma es una riqueza a conocer y valorar: repetidas veces los Papas nos han llamado a abrir la puerta e ingresar en este mundo espiritual que además de ser patrimonio de los fieles que lo han recibido como herencia, tiene un mensaje “terapéutico” para todos los católicos.

“Nuestros hermanos orientales católicos tienen plena conciencia de ser, junto con los hermanos ortodoxos, los portadores vivos de esa tradición.”

Podemos preguntarnos, ¿en qué consiste esa cualidad específica, considerada tan valiosa por los Papas, en favor nuestro?

En mi humilde opinión, podría sintetizarlo como el don de conciliar realidades buenas y legítimas de la Iglesia, a veces, percibidas como opuestos: La acción y la contemplación, la liturgia y la vida cotidiana, la fiesta y la solemnidad, el recurso a los signos sin dispersarse en las creaturas, la participación de todo lo humano en lo trascendente, la penitencia con la alegría espiritual, la piedad tiernísima a la Madre de Dios plenamente cristocéntrica…etc.

“Es necesario que también los hijos de la Iglesia católica de tradición latina puedan conocer con plenitud ese tesoro y sentir así, al igual que el Papa, el anhelo de que se restituya a la Iglesia y al mundo la plena manifestación de la catolicidad de la Iglesia.”


¿Cómo es la regla monástica de Oriente, la Estudita?

En Occidente conocemos una inmensa variedad de carismas en beneficio espiritual y material de toda la Iglesia: son las Órdenes monásticas, las Órdenes religiosas, las Congregaciones, institutos, cada uno con su Regla propia, estatuto y fin específico. Si bien al Oriente Católico han llegado a servir muchas de estas Instituciones, el monacato propio de Oriente, que es el primero de todos, sigue fiel a su condición original:


“En Oriente el monaquismo ha conservado una gran unidad, y no ha conocido, como en Occidente, la formación de los distintos tipos de vida apostólica.”

La Regla de San Teodoro Estudita, es la Regla común, aunque no única, del Oriente Cristiano. Ella comprende los distintos estados monásticos como expresión de una única consagración en etapas.

“Las varias expresiones de la vida monástica, desde el cenobitismo rígido, como lo concebían Pacomio o Basilio, hasta el eremitismo más riguroso de un Antonio o de un Macario el egipcio, corresponden más a etapas diversas del camino espiritual que a la opción entre diferentes estados de vida.”


  ¿Cómo describe la misión de un monje católico bizantino?

Como la de alguien llamado a ser puente entre Dios y sus hermanos, y entre los hermanos también: no podemos amar lo que no conocemos, y la inmensa riqueza que es Cristo, la damos a compartir en un ámbito como el bizantino, en el que muchas de las condiciones de la vida cristiana original siguen vigentes.

Así pues, el monje es el hombre de la renuncia al mundo creado por Dios, para dedicarse por entero al Dios que ha creado al mundo y cuanto contiene. Y como modelo de todo creyente (el ser monje es una profundización del misterio bautismal), el monje es un hombre que vive la Presencia del Reino, y espera su plenitud; un vigía que guarda la Ciudad de Dios que es la Iglesia. Su retiro no es una separación de las necesidades del prójimo, sino un centrarse en el combate espiritual propio, y de todos los miembros del Cuerpo eclesial.


   ¿Qué significa la palabra “Teóforo”?

La palabra “Teóforo” significa “portador de Dios”, y es así como el cristiano comprende su ser y su misión: Llevamos a Dios realmente, cuando vivimos según los mandamientos de Cristo y estamos reconciliados con el Padre por el perdón. Celebramos continuamente esta misericordia practicando la "oración de Jesús” u “oración del corazón” (Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador).

“En Oriente el monaquismo no se ha contemplado sólo como una condición aparte, propia de una clase de cristianos, sino sobre todo como punto de referencia para todos los bautizados, en la medida de los dones que el Señor ha ofrecido a cada uno, presentándose como una síntesis emblemática del cristianismo.”


¿Cómo llega a América Latina la Iglesia Bizantina?

Con las emigraciones del S. XIX y XX, llegaron inmigrantes de casi todas las naciones cristianas orientales a diversos puntos de América Latina; en particular ucranios (bizantinos)a Brasil y Argentina y árabes (maronitas y greco-melkitas) y armenios a México, Colombia, Centroamérica, Venezuela, Brasil y Argentina . Allí formaron comunidades hasta el día de hoy que, en general, se limitan a mantener la atención pastoral de las respectivas comunidades. Entre ellos está la Misión Católica Rusa y Rumana de Buenos Aires y la Misión Ítalo-griega, y en Brasil, la comunidad siro-antioquena de Belo Horizonte.

Debido a los trágicos sucesos de Oriente Medio, es muy posible que más hermanos cristianos que desean conservar su ser, vengan a nuestro amado continente. Al acogerlos sepamos valorar lo que tienen para compartir con nosotros.


¿Qué propone la Iglesia para el futuro?


” Con respecto al monaquismo, teniendo en cuenta su importancia en el cristianismo de Oriente, deseamos que vuelva a florecer en las Iglesias orientales católicas y se apoye a los que se sientan llamados a llevar a cabo ese afianzamiento(66).”

“Ese deseo se refiere también a los territorios de la diáspora oriental, donde la presencia de monasterios orientales daría mayor solidez a las Iglesias orientales en esos Países, prestando, además, una valiosa aportación a la vida religiosa de los cristianos de Occidente.”

Nuestra fundación de un monasterio bizantino en un recóndito lugar de la Argentina es una respuesta a ese apremiante llamado, hemos sido acogidos y estimulados por la autoridad de la Iglesia, y damos gracias a Dios por ello. Es pues, a la Iglesia en general que se dirige nuestro quehacer: a los bizantinos de origen y de vocación para que alcancen la plenitud de su llamado, a nuestros hermanos latinos para que crezcan en conocimiento y experiencia del Tesoro de Cristo de la fe católica, y a todos aquellos hermanos de tradición que aún no gozan de la plenitud de la fe, para hacer un llamado a la Unidad que el Señor quiere. ¡Cristo viene hacia nosotros, caminemos hacia Él!

Los hijos de la Iglesia católica ya conocen los caminos que la Santa Sede ha señalado para que puedan alcanzar ese objetivo: conocer la liturgia de las Iglesias de Oriente(62); profundizar el conocimiento de las tradiciones espirituales de los Padres y de los Doctores del Oriente cristiano(63); tomar ejemplo de las Iglesias de Oriente para la inculturación del mensaje del Evangelio; combatir las tensiones entre Latinos y Orientales e impulsar el diálogo entre Católicos y Ortodoxos; formar en instituciones especializadas para el Oriente cristiano a teólogos, liturgistas, historiadores y canonistas que puedan difundir, a su vez, el conocimiento de las Iglesias de Oriente; ofrecer en los seminarios y en las facultades teológicas una enseñanza adecuada sobre esas materias, sobre todo para los futuros sacerdotes(64). Son directrices siempre muy válidas, en las que deseo insistir con particular fuerza.


 Iglesia del Monasterio Bizantino de la Transfiguración, Pigüé, Argentina.

Catedral-Basílica de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza, España.

Seminario católico bizantino de Nyíregyháza, Hungría


Basílica San Esteban, Budapest, Hungría.
Iglesia antigua de madera, Eslovaquia.

Eslovaquia



(Entrevista a cargo de Mary Dorantes, México)

* En rojo, citas de la carta apostólica Orientale Lumen.