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sábado, 20 de abril de 2013

Testimonio vocacional del Higúmeno Hieromonje David



Entrevista realizada por la Hna. Mónica Jaciuk, OSBM


1- ¿Cómo descubrió este don de bizantino e iconógrafo?

Querida madrecita, doy gracias por la familia que me ha concedido, que me ha criado en la fe católica y me ha dado la fe para vivirla desde que nací. Tanto mis padres como mis abuelos hemos crecido en el seno de la Iglesia. Para nosotros la fe siempre fue algo muy importante y parte de nuestra vida. Me he criado en un pequeño pueblo del sudeste de la Prov. de Buenos Aires, y en mi familia teníamos la costumbre de rezar juntos, p. ej. el Santo Rosario, leíamos la Biblia y la Vida de los Santos. Los sacerdotes que atendían mi pueblo siempre eran una parte más de la familia.

Cuando tenía cinco años quería ser monje y ya tenía una ermita en el hueco de un tronco con una pequeña estampa de la Madre de Dios de Vladímir, que había llegado providencialmente a mi familia. Mi vecina Doña Cecilia, de origen libanés, tenía un cuadro de un monje que me cautivaba, y me contaba acerca de él: San Charbel Makhlouf. Siendo ya más grande, a eso de los once años, pedí a mi padre un espacio para hacer una capilla en la casa. A mi regreso del colegio, todo estaba preparado, hasta el mobiliario.
En aquella época había algunas familias ortodoxas, que hablaban de los íconos, los que me atraían particularmente, especialmente el del Perpetuo Socorro que en casa era muy amado y venerado, y que mi bisabuelo había hecho traer dos copias que había donado a dos iglesias.

Yo ya sentía una profunda atracción cuyo origen desconocía hacia todo lo bizantino que llegaba a mis manos. Y crecía un deseo por algo que se hallaba encerrado en estas santas imágenes. Con veintidós años, una vez ingresado en el noviciado de Don Orione, mi padre maestro solía hacernos leer la vida de los santos. Cuando tocó mi turno, me dijo que no leyera la vida de santos occidentales, que ya conocía desde la niñez, y me hizo tomar un libro que decía era especial para mí, que algún día iba a entender por qué: la Vida de San Sergio de Radonezh, que hizo literalmente saltar mi corazón del pecho, lo que sumado después a la lectura de los Relatos de un Peregrino Ruso, encendieron en mí el deseo de poder abrazar este género de vida monástica en algún momento, que no parecía llegar nunca.

Por otra parte, siendo clérigo estudiante, mi entonces padre espiritual, un jesuita, ante mi insistencia con algunas escuelas místicas de Occidente, me dijo: “ese no es tu espíritu”, y me dio a leer los Apotegmas de los Padres del Desierto, que afinó la percepción de la Voluntad de Dios para mi alma. Pero habrían de transcurrir unos cuantos años todavía…hasta que la semilla puesta por Dios traída desde la Santa Rus’ germinara en mí.

Ya en el clero, en los últimos años de teología, conocí a mi compañero de camino, el actual hieromonje Diego, con quien compartíamos idéntica búsqueda. Comenzamos pues a procurarnos cuanto material hubiese disponible. La lectura de la Carta Apostólica Orientale Lumen nos confirmó plenamente y nos permitió saber que la tradición es algo vivo que nos transporta a vivir plenamente el don de Dios, donde lo antiguo y lo nuevo se integran en lo eterno. Diría que Dios toma el hilo de oro de nuestra vida y lo borda de eternidad.             

Es aquí cuando mi deseo de escribir íconos se materializó, ya que Dios puso en mi camino a una persona muy querida que me transmitió sus conocimientos no sólo de iconografía, sino del mundo espiritual de la Rus’ de Kyiv, idioma, costumbres…con los cuales llegué verdaderamente a identificarme.
Al poco tiempo, con la bendición de nuestro padre espiritual, mi compañero y yo nos pusimos a disposición de las autoridades de la Iglesia, ya no como candidatos al sacerdocio diocesano de la Iglesia Latina, sino como aspirantes a la vida monástica y sacerdotal en la Iglesia Bizantina. La Iglesia como Madre nos ha guiado y confirmado desde entonces hasta hoy día: hoy somos monjes y sacerdotes de la Iglesia Católica Bizantina Ucrania. Ella es nuestra casa.
         
2- ¿Cómo define qué es un icono?

Un día el Apóstol Felipe le pidió a Nuestro Señor Jesucristo ¡muéstranos al Padre!, a lo que el mismo Señor respondió: “Felipe: Quien me ve a mí, ve al Padre”. Dios se ha hecho visible. El fundamento de todo ícono es el hecho que el Hijo de Dios se ha hecho hombre. Dios se ha hecho representable, al asumir nuestra condición, excepto en el pecado, sin dejar de ser Dios.

Un ícono no es una mera obra de arte, sino una ventana que nos abre al Misterio y a la unión con lo trascendente; un lugar de encuentro con lo Eterno que nos ilumina continuamente para hacernos dirigirnos a la plenitud para la que hemos sido creados, a su imagen y semejanza. Un ícono es un espejo que refleja la Luz Divina y que nos muestra a todos los que han sido transfigurados.
El ícono es sacramental de la Iglesia, acaso el más poderoso sobre la Tierra: hace presente a quien está representado en él. Y cuando oramos ante él, o encendemos una lámpara, sabemos por la fe, que la mirada infinitamente bondadosa de Dios se posa sobre nosotros.

3- ¿Qué oración reza antes de escribir un icono?

Las oraciones iniciales “Rey Celestial, hasta el padrenuestro” y las demás prescritas para los iconógrafos.
Continuamente es conveniente rezar la Oración de Jesús, también llamada ‘del corazón’ o ‘noera, noética’.
Además de orar mientras se trabaja, en algunos momentos alguien lee sobre temas espirituales de los Santos Padres, siempre que podemos oímos los cantos litúrgicos aprovechando la tecnología, con grabaciones de distintos monasterios.

4- Cuando escribe un icono ¿piensa en llegar a un destinario o público determinado? ¿Por qué?

Ante todo, cuando escribo un ícono, lo hago pensando en hacer presente ante el mundo a aquellos que están representados: Cristo, la Madre de Dios, los Santos, los Ángeles, y así en embellecer la Iglesia de Dios y sabiendo que como son sacramentales, son medios de santificación y presencia en la iglesia, en las celdas de los monjes, en los hogares y en todo lugar en que estén para la oración. El Señor, al hacerse hombre sin dejar de ser Dios es el arquetipo, el modelo de todo ícono, y con su presencia santifica el cosmos y lo ennoblece, ennobleciendo así nuestra vida cotidiana y santificando todo.

5- ¿Qué le motiva a escribir un icono? ¿Buscar responder a las necesidades que tiene la gente?

Si por necesidad de la gente entendemos la urgencia para cada uno de entrar en servicio del Dios viviente, el ser liberado del pecado para vivir bajo la dulce obediencia del Padre celestial, entonces cada ícono es un embajador de la presencia de Dios, verdadera respuesta a todas nuestras necesidades. Cuando se escribe un ícono, en mi caso como monje, sólo se piensa en la presencia de Dios y en la necesidad que tenemos de vivir unidos a Él. 


6- ¿Escribió algún icono de la Sagrada Familia? ¿Por qué? 

Todavía no. Pero si escribí el ícono que funda la Sagrada Familia, es decir, el icono de la Natividad de Nuestro Señor y Salvador Jesucristo, que es Dios que se hace hombre sin dejar de ser Dios.
Porque en este tiempo de relativismo en el que vivimos, en el que la familia es socavada en su centro neurálgico – la unión amorosa y fecunda del varón y la mujer como reflejo del amor trinitario – es necesario centrarse en el icono de la Natividad, que nos reúne en torno al Misterio de la Redención, la Encarnación del Verbo de Dios: Al contemplar las personas que allí se encuentran, nos vemos identificados todos los hombres, con sus inquietudes y desafíos, y encontramos respuesta en el Amor Humanado, que nos hace Familia de Dios.

7- ¿Qué mensaje del icono de la Sagrada Familia le cautiva más?

Dios nos presenta qué es la familia según su Plan Divino y nos la ofrece como modelo, escuela de humanidad y santidad para nuestro bien eterno.

8- Para Ud. Padre David, ¿qué considera como importante tener en cuenta cada día de nuestra vida?

Tenemos que orar y trabajar continuamente tomados de la mano de Dios para que su Reino sea instaurado en el mundo. Dios quiere nuestra salvación y hemos de fatigarnos día tras día para alcanzarla, tal como nos manda el Señor. En Él está nuestra esperanza.

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Parte de la Película Documental "The Hushed Music": 













Notas:

* Fotos tomadas por Raquel y Mirta Carballedo