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jueves, 19 de abril de 2012

Carta pastoral de Su Beatitud Sviatoslav al clero, religiosos y fieles de toda la Iglesia Greco Católica Ucrania


"Una parroquia viva -lugar de encuentro con Cristo vivo".



Queridos hermanos en Cristo!

Introducción

En el día de su ascensión al cielo, Jesucristo se volvió hasta sus discípulos, diciendo: "Id pues, y haced discípulos a todas las gentes, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y estad seguros que yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo" (Mt 28, 18-20).

Este envío de Cristo a predicar el evangelio, no es privilegio solamente de los primeros discípulos de Cristo -los apóstoles - más también de toda la Iglesia, en todos los momentos hasta el fin del mundo. La Iglesia Greco Católica Ucrania, procurando cumplir esta tarea otorgada por el Divino Salvador, hace cinco años, a través del Santo Sínodo de los Obispos, sublimaba el objetivo de su misión: "La santidad como punto de unión del pueblo de Dios". La santidad -es un don de Dios-, la vocación es de todos los cristianos. "Dios quiere vuestra santificación" -recuerda San Pablo en la Carta a los Tesalonicenses (1 Tes4, 2-3).

La Parroquia es el lugar donde crece y se fortifica la vocación a la santidad de cada cristiano. Por esto, el Sínodo de los Obispos de la UGCC, del año 2011, mirando la renovación espiritual de nuestra Iglesia, prestó especial atención a la parroquia -parte fundamental del pueblo de Dios, que, con la orientación del obispo, como padre y maestro de la fe, camina hacia la santidad. El programa, aprobado por el Santo Sínodo, se denomina: "Una parroquia viva - lugar de encuentro con Cristo vivo". El objetivo de este programa pastoral es ayudar a todos los fieles de nuestra Iglesia a aprender a "vivir comportándose para agradar a Dios" (1 Tes 4,1) con el fin de crecer en la santidad y en unidad en Cristo Jesús.

En esta carta pastoral, quiero reflexionar sobre los principales elementos de la vida de una parroquia.


La Palabra de Dios

"Que la Palabra de Cristo resida en ustedes con toda su riqueza. Instrúyanse en la verdadera sabiduría, corrigiéndose los unos a los otros" - Advierte a nosotros el apóstol San Pablo en la Epístola a los Colosenses (Col 3,16)-. A través de la Palabra de Dios, conocemos a Cristo, nos encontramos con Él y establecemos relaciones vivas con Él. "Ignorar las Escrituras -es ignorar a Cristo"- dijo San Jerónimo. En nuestras parroquias queremos seguir el ejemplo de los primeros cristianos, para que la Palabra de Dios se torne en el fundamento de la vida eclesial, parroquial, familiar, comunitaria y personal.


Recomendamos especialmente que los pastores preparen homilías fundamentadas en la Palabra de Dios, así que la Palabra se convierta en acciones "vivas y actuantes" en la vida de nuestras parroquias, que pueda alimentar a todos, dando respuestas a los problemas actuales, inspirando a todos al servicio para las cosas de Dios.
 
La Palabra de Dios debe producir frutos visibles en nuestra vida diaria, ya que solamente aquellos que la preservan, es decir la practican, serán llamados felices por el Señor (Cf. Lc 11,28). La Biblia -la Palabra de Dios- debe estar presente en todas las familias de nuestras parroquias. Invito a todos los fieles a la lectura diaria de las Sagradas Escrituras, a la participación en los círculos bíblicos parroquiales y a la lectura orante en las familias. Otro libro imprescindible para nuestro crecimiento espiritual es el catecismo "Cristo -Nuestra Pascua", recientemente publicado por la UGCC. Este debe ser el libro (manual), de la fe, para todos los fieles de nuestra Iglesia -niños, jóvenes y adultos. El Metropolita Andrei Sheptytsky llamaba al Catecismo como el libro fundamental de la vida cristiana.

Nuestro Patriarca Sviatoslav enseñando el nuevo Catecismo de la UGCC: "Cristo - Nuestra Pascua"
Quiero también destacar que cada creyente tiene el deber de ir profundizando sus conocimientos sobre las verdades de la santa fe durante toda su vida, y el clero no puede evitar la obligación de enseñar la fe a sus fieles, no sólo a través de la predicación, sino también  en el ejercicio del ministerio catequético. Cuando tratamos de la catequesis, hablamos del continuo proceso del ingreso de las personas en el misterio de la Iglesia, y no solamente en la preparación de los niños para la recepción de los sacramentos de iniciación cristiana. Es indispensable para una parroquia de vida activa, una continua y constante catequesis para las diversas etapas de vida del cristiano: niños, jóvenes, adultos y mayores.
Por último, quisiera destacar que así como las Sagradas Escrituras, también el Catecismo de nuestra Iglesia debe ser un libro de lectura constante para todos los miembros de nuestras comunidades, porque es un instrumento muy valioso para la adecuada comprensión y lectura de la Palabra de Dios.




Los Sacramentos y la Oración

La Palabra de Dios es el fundamento de la vida cristiana, y su fuente mayor, la Sagrada Eucaristía.
Reunidos en la celebración de la Divina Liturgia, la comunidad parroquial se une a su Cabeza invisible -Cristo con todos los santos y los ángeles, creando una unidad sacramental entre el cielo y la tierra, actual y eterna. La Santa Misa, que el sacerdote legítimamente ordenado, celebra en unidad y en nombre de su obispo, es también la construcción de la Iglesia -Cuerpo Místico de Cristo, cuya Cabeza es el propio Señor. No existe momento más precioso en nuestra vida terrena que la Divina Liturgia. Por esto el domingo, día del Señor, debe ser respetado por todos los cristianos, y la participación en la Divina Liturgia no debe ser sólo una obligación, que el cristiano debe cumplir por mandato de la Iglesia, mas debe ser asumido como la recepción del don del propio Señor, que desea encontrarse con nosotros para colmarnos de su gracia y amor. "¡No podemos vivir sin el domingo!" -afirmaban los cristianos de los primeros siglos. No aceptando las presiones de los paganos, que los forzaban al trabajo los domingos, muchos cristianos fueron martirizados. Nosotros, los cristianos del siglo XXI, debemos asumir este lema como propio, y así, progresivamente, proteger la santidad e inviolabilidad del día del Señor.

Los miembros de una parroquia viva participan de la vida sacramental con regularidad, si es posible todos los días. Se reunirán para adorar, glorificar a nuestro Padre Celestial, confesando con frecuencia y tomando la Santa Comunión. En la vida parroquial, los movimientos organizados deben combinar sus actividades con la oración, sacando de ésta su fuerza e inspiración. No menos importante es también nuestra oración personal y familiar, que es la continuación de la oración litúrgica de la Iglesia. Nuestras parroquias, y junto a ellas nuestras familias, deber tornarse nuevamente escuelas de oración para todos los fieles.


La caridad fraterna

Otro elemento importante, que expresa la naturaleza propia de la Iglesia y muestra cuánto una parroquia es vital o no, es el servicio de Diaconía: el ministerio del amor fraterno o "las actividades de caridad". El servicio de la caridad surge de nuestras raíces en Cristo. Amar al prójimo es la vocación y tarea obligada de cada cristiano. Sólo la fe, a través de la práctica de la caridad fraterna, nos lleva a la salvación (Gal 5,6). En cambio, la fe sin obras, está muerta (St 2,26). "Os aseguro que cuanto hicisteis a uno de éstos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis" (Mt 25,40) -dice el Señor Jesús.

Miremos a nuestro alrededor: ¡Cuánta miseria y pobreza, soledad y tristeza, dolor y sufrimiento hay en el mundo!. Todas estas lamentables evidencias de nuestra vida terrena, son para nosotros una invitación a la práctica de la caridad fraterna, que debe ser una expresión viva de nuestra fe. El Señor quiere abrir nuestros ojos a la miseria del mundo, para que aprendamos a amar de verdad y evidenciemos a nuestro prójimo el amor de Dios, con nuestra atención a él, la compasión sincera, el apoyo con palabras de consuelo y confort, y lo más importante, con las obras de misericordia. Solamente así seremos cristianos activos y nuestras parroquias serán el lugar donde se ocupan de los huérfanos, interceden por las viudas, ayudan a los pobres y comparten el sufrimiento de los enfermos. Así le mostraremos al mundo el rostro materno de la Iglesia y nos convertiremos en un signo vivo de la presencia de Dios entre los hombres, de acuerdo con las palabras de San Agustín: "Donde se vive la caridad (el amor), vive la Santísima Trinidad".


Dirección

La parroquia es la comunidad de los fieles, que bajo la dirección del obispo y sus sacerdotes realizan su vocación de unirse con Dios Padre, por medio del Señor Jesucristo en el Espíritu Santo. El Señor Jesús constantemente opera en nuestras comunidades a través del Espíritu Santo, enviándoles sus dones para la construcción y crecimiento de su Cuerpo -la Iglesia. San Pablo nos enseña: "Y Él (Cristo)- comunicó a unos el don de ser apóstoles, a otros profetas, a otros predicadores del Evangelio, a otros pastores o maestros. Sí organizó a los santos para la obra del ministerio, en orden a la edificación del Cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de laf e y del conocimiento del Hijo de Dios, al estado de hombre perfecto y a la madurez que corresponde a la plenitud de Cristo" (Ef 4, 11-13).

La dirección de la comunidad parroquial se completa bajo la guía del obispo como su pastor y padre. Cada parroquia debe ser una comunidad organizada, en la que, bajo la tutela y dirección de su párroco, y en cooperación con él, cada uno pueda servir al prójimo, de acuerdo con los dones que recibió del Señor.

Por lo tanto, la dirección de la Iglesia no es el cumplir con una tarea administrativa, es sobre todo -servicio al Dios y al prójimo. En la práctica esto significa que en cada parroquia debe existir un activo y dinámico consejo administrativo y parroquial. Además, también es indispensable contar en la parroquia con laicos bien instruídos y maduros, que puedan auxiliar al Sacerdote ayudándolo a conducir las escuelas de catequesis, los movimientos o hermandades eclesiásticas, las instituciones filantrópicas, las organizaciones juveniles y los grupos de oración. Una de las tareas más importantes de los líderes de la comunidad parroquial es poder identificar la Voluntad de Dios y la búsqueda de las mejores maneras para implementarlas en la práctica. 


La unidad y el servicio

El libro de los Hechos de los Apóstoles muestran la profunda unidad que existía entre los miembros de la primera comunidad de discípulos de Cristo: "La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y un solo espíritu. Nadie consideraba sus bienes como propios, sino que todo era común entre ellos" (Hch 4,32). Este estado espiritual de la primera comunidad cristiana puede expresarse por la palabra: "comunión/koynonia", que indica la unidad, la aceptación y la convivencia.

Ser Iglesia -es estar en comunión con el Espíritu Santo, en la gracia con el Señor Jesús y en el amor de Dios Padre. La unidad de la Iglesia es, pues, un icono de la unidad de la Santísima Trinidad. Esta unidad se manifiesta en diferentes niveles, a nivel de la Iglesia universal y local, de las diócesis y de cada parroquia. A veces, a causa de nuestra debilidad y pecaminosidad, no reflejamos siempre nuestra unidad. Conscientes de esto, todos debemos valorar y cuidar esta unidad, manteniendo la plena comunión con el sucesor del apóstol Pedro -El Santo Padre, con la jerarquía de nuestra Iglesia, con los obispos locales y los pastores que actúan en nombre de ellos.

La parroquia es una comunidad de comunidades. En ella, existen varios grupos: de oración, hermandades y organizaciones juveniles. Todos están llamados a fortalecer la unidad y el amor entre los miembros de la comunidad parroquial. Apoyándose mutuamente a través de la oración, compartiendo los dones de Dios y cooperando en el espíritu del ministerio de Cristo, podremos realizar el programa del Sínodo de los Obispos: "El pueblo de Dios unido en Santidad".

No podemos ser indiferentes delante la desunión y el distanciamiento existente entre los hijos del bautismo de Volodymyr. Cristo en la Última Cena oró al Padre Celestial por sus discípulos: "Para que todos sean uno" (Jn 17,21). A la luz de éstas palabras de Cristo, deseo hoy sinceramente exhortarlos: oremos por la unidad de la Iglesia, por la unidad de todas las Iglesias que siguen la tradición de Kyiv, y sobre todo, en el espíritu del amor de Cristo, procuremos evitar cualquier declaración o acción que pueda dañar a nuestros hermanos y hermanas en Cristo u ofenderlos. Aunque a veces nosotros somos objeto de abuso y persecución, evitemos la tentación de responder al mal con mal. Sea para nosotros, ejemplo la oración de Cristo por sus agraviadores y enseñanza la del Apóstol de las gentes: "No te dejes vencer por el mal, por el contrario, vence al mal haciendo el bien" (Rom 12,21).


El espíritu misionero de la comunidad parroquial

Jesucristo dijo a sus discípulos: "Vosotros sois la sal de la tierra...la luz del mundo" (Mt 5, 13-14) -así también nos convocó a todos a salir de la propia comunidad, para llevar al mundo la doctrina de Cristo, para cambiar el mundo con el Espíritu de Cristo. Renovada en el Espíritu Santo, la comunidad eclesial , por su propio origen, tórnase palabra viva de Cristo, presente en ella.

Es oportuno mencionar aquí una de las expresiones favoritas del Beato Juan XXIII, que dice: "La parroquia es un manantial en medio del poblado, donde todos se aproximan para saciar su sed". Queremos que nuestras parroquias se conviertan en tales manantiales espirituales, a los que las personas se vayan acercando y encuentren allí la fuerza, el amor y la gracia de Dios, en una palabra, la salvación.

Retornando a la apelación del Señor, con la cual iniciamos esta nuestra carta, afirmamos: Jesucristo nos enseña que debemos ser sus testigos no solamente con nuestro testimonio de vida, sino también con la palabra. Hoy en día, a menudo se da el caso que los cristianos se avergüenzan de admitir su fe, conservándola en silencio y pasivamente, donde deberían defender con coraje a la Iglesia de Cristo, los derechos humanos y la dignidad de las personas. Nuestras iniciativas pastorales, la catequesis, el culto, la lectura de la Palabra de Dios, deben hacernos fuertes y firmes en la fe, y "estén siempre dispuestos a defenderse delante de cualquiera que les pida razón de  la esperanza que ustedes tienen" (1 Pe 3,15).

Con un especial reconocimiento y gratitud quisiera recordar a aquellos sacerdotes y personas consagradas que, guiados por el espíritu misionero, prestan la atención espiritual a nuestros fieles que estan fuera de la madre patria, de un modo especial a los emigrantes, como también a aquellos que proclaman la Palabra de Dios a los prisioneros, soldados y a todos los que aún no conocen y no han encontrado a Cristo. Toda la Iglesia debe apoyarlos e implorar las gracias y bendiciones del Espíritu para que puedan desenvolverse bien es este importante ministerio.

¡Queridos hermanos en Cristo! Leyendo éstas líneas, muchos de ustedes pueden pensar: "¿Quién debe realizar estas tareas tan importantes y necesarias?. ¡¿Quién debe organizar nuestras parroquias para que sean realmente vivas?. ¿Tal vez el obispo?. ¿Tal vez el párroco con sus sacerdotes auxiliares?. ¿Tal vez los catequistas o las personas consagradas, cuyos monasterios estén situados en el territorio de la parroquia?. La respuesta a estas preguntas es simple: todos somos responsables por el renacimiento de la parroquia. Los mandamientos de Cristo se aplica a todos los fieles, sin excepción. Todos formamos la Iglesia una, santa católica y apostólica. Es por ello que todos debemos ser las "piedras vivas" en la construcción de nuestras parroquias, que son la encarnación de esta Iglesia en nuestra localidad.

Por lo tanto, os convoco a todos: ¡Abrid las puertas de vuestras almas y de sus hogares a Cristo, permitamos a su Espíritu Santo que nos pueda cambiar, limpiar y fortalecer en el amor de Dios! Invito a todos -laicos, personas consagradas y clero- a trabajar en la revitalización de la vida de nuestra Iglesia en la patria y en la diáspora. Fortalecidos por la gracia de Dios y en la confianza a su Santa Providencia, que desde siempre dirige y protege a nuestra Iglesia, ¡comenzemos a trabajar!.

Confío a todos vosotros, amados hermanos en Cristo, a la Protección maternal de la Santísima Virgen. ¡Ella, nuestra Madre Celestial, que nos conduzca a su Divino Hijo!. Intercedan por nosotros los santos patronos de las tierras ucranianas, y sobre todo -los nuevos mártires del siglo pasado. Ellos, que padecieron toda suerte de sufrimientos, y sobre todo con el sacrificio de sus propias vidas, tornaron a nuestra Iglesia de las catacumbas, en realmente viva y actuante (vivificante). Su ejemplo y su intercesión sean para nosotros el símbolo de la esperanza y la certeza de la bendición del Señor en nuestra tarea.

¡La bendición del Señor esté con todos ustedes!

+ Sviatoslav



Nota:

Fuente: LA VOZ. Periódico Religioso Cultural de la Eparquía Ucrania.

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